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Identikit de una mujer que tiende a esquivar las presentaciones

Me cuesta presentarme, además, porque cuando lo hago no puedo evitar preguntarme un montón de cosas: ¿Qué nos define, qué nos hace ser lo que somos? ¿El nombre que nos pusieron? ¿El contexto en el cual aterrizamos en este mundo? ¿Nuestro cuerpo, nuestra edad? ¿Nuestros roles cotidianos? ¿Nuestras vivencias? ¿La profesión que elegimos? ¿Nuestra situación sentimental? ¿El lugar, ó los lugares, que habitamos? ¿Nuestros gustos? ¿Nuestra forma de bailar? ¿Nuestros anhelos? ¡Que difícil! ¿Cómo delimitar, con unas pocas palabras, algo tan intangible y profundo? ¿Cuál es la mejor manera de contar quien es uno cuando lo cierto es que somos, todos, un poquito de un montón de cosas?

Cine Club Mon Amour, un subsuelo encantador

Queda en el Hotel Elevage, en la calle Maipú. Afuera hay una foto de Juliete Binoche, en un plano strapless, con cara de estar harta, harta de lo bueno, o sea satisfecha, oh sí, y así me había llegado al mail, en la cartelera diaria del cineclub Buenos Aires Mon Amour que, como sucede con las cosas lindas y buenas, que resultaron lindas y buenas en algún momento, cansan un poco con la cantidad de gacetillas que llegan al respecto, tooodos los días un mail de BAMA; una empieza a borrarlos sin leer, hasta que una tarde poco prometedora hace click de nuevo, y ahí está, encadenada al mailing con cariño, obediente, apurándose por no llegar tarde a ese subsuelo encantador.

Un más que aceptable Festival de la Bici

Soy un asiduo usuario de la bicicleta. Y además de usarla, la defiendo con vehemencia como estilo de vida. Lo puedo resumir en una frase (que no dudo, ya debe figurar en otros textos de mi autoría, dotando de su aspecto característico a la insistencia): La bici es el transporte sustentable, autopropulsado, saludable, que reduce los accidentes hasta su mínimo imaginable. Y que iguala a todos los integrantes de una comunidad en tránsito, no habiendo en el espacio público jerarquías ni estamentos, más que la cualidad de ser todos ciclistas.Esta pasión que se cuela por mis venas y a veces me llena de manchas de grasa la botamanga, me llevó el fin de semana al Festival de la Bici.

Les voy a contar mis aventuras desde New York, la ciudad que nunca duerme (y rara vez me deja dormir bien)

Mi novio de ese momento consiguió trabajo en Miami y me avisó que se iba. Él aterrorizado de irse por primera vez del país, yo ansiosa por la gran experiencia que él iba a vivir. “¡Me voy con vos!” le dije convencidísima. Me miró con cara de “estás loca?” y se fue sin mirar para atrás. Y entonces se despertó el bichito. Me di cuenta que necesitaba un cambio. Inconscientemente apliqué a la mejor universidad de periodismo del mundo y antes que tuviera tiempo de procesar lo que había hecho tenia un mail de aceptación en mi bandeja de entrada del mail. Habían pasado 8 años desde mi llegada a Buenos Aires y yo estaba en un avión con destino a Nueva York. Y acá estamos hace dos años y medio.

Un sueño, Los Soprano y los spaghettis con meatballs

Y sin presumir, hasta hace unos días, yo creía que esta comida era mi especialidad, que me salía muy bien y que, a través de ella, podía conquistar los paladares más indomables y rebuscados. Y digo pensaba, porque en un sueño revelador, de esos que te acompañan durante todo el día, la mujer más respetada por la mafia ítaloamericana, la mismísima Carmela Soprano, se apareció en mi cocina para criticar mi pasta. – ¡Jesus Christ, Bárbara! A las albóndigas les falta perejil y a la salsa albahaca fresca…La mujer del mafioso más recordado de New Jersey me quitaba la cuchara de las manos y comenzaba a revolver la salsa.

Un año después, salgo a correr de nuevo

Es como decirle a la tropa dispersa que una es, a todos los asuntos pendientes y las fobias y los pensamientos amotinados y las alergias de octubre: bueno, basta, vamos todos para allá. Me siento muy blanca, muy radiografiada por el sol de las cuatro de la tarde, con el short adidas y la musculosa verde de algodón, con olor a suavizante fiesta floral. Estoy como desnudada en un grado de desnudez inquisidor. Ato fuerte los cordones, miro la hora exacta, dieciséis diez, pongo The National en los auriculares y hago una promesa corporal, digo: despacito, de a poco, ahí va; el sonido de las llaves tintintin en el bolsillo de atrás.

Fue una grata sorpresa conocer a Mompox

Con un fuerte sostén en los teclados y en el alto registro de su cantante, Mompox es una banda que se destaca por motivos que pueden ser enumerados. El primero de ellos es su enorme sensibilidad, notable en temas líricos con un sonido muy inglés que me lleva directo a los Beatles. Confieso que he llorado con The story of a palm tree.Mucha gente critica a la banda el hecho de que sólo canten en inglés. Quizá pasan por alto que en sus shows hay subtítulos en español para todos los temas. Pero aun más lejos, ¿por qué deberían cantar en castellano? Con Mompox, la música es más universal que nunca.

Las golosinas sólo son un sumum de placer en la tierra de Peter Pan

Perdida en el deseo, pero con la convicción de quien sabe qué busca, esa tarde del 98 me adelanté a mi hermana y corrí a la cocina. Quedaba sólo una barra de chocolate y partirlo no estaba en mis planes. Después de todo, tenía información privilegiada: una fuente de primera mano me había confesado que el Nussini se sacaría del mercado.Fue así. Al igual que ocurrió con dibujos animados como Charly Brown, los muñecos Trolls o Pumper Nic, el Nussini se fue esfumando de las góndolas. Al menos esa tarde, consciente de la realidad, disfruté como nunca de la mejor oblea rellena de avellanas que recuerdo de la biografía de Milka. Y hoy no hay caso. Todavía cuando voy al kiosco sigo buscando golosinas que ya no se fabrican.

Recorrido para empezar a conectar con el arte. Parada 2: el señor museo Macba.

Sabemos que San Telmo es como el Montmartre de nuestra Capital Federal. Calles adoquinadas, caserones coloniales, construcciones antiguas y ese aire bohemio que caracteriza y define a este barrio tan típicamente porteño y donde hoy se alza un nuevo proyecto museístico de la mano del economista y coleccionista Aldo Rubino: MACBA (Av. San Juan 328), que a partir del 1° de septiembre forma parte del circuito de cultural de la ciudad. Una nueva excusa ¡Y no sólo para un domingo! Dentro de este moderno edificio vidriado, el museo cimienta su patrimonio desde focos diversos que recorren vertientes contemporáneas.

El clásico de mi abuela o los libros de recetas con imprecisiones

En mi biblioteca gastronómica me faltaba el clásico de la cocina argentina: el Doña Lola. Era una cocinera que se llamaba Dolores Clotilde y en los cincuenta y sesenta era algo así como la competencia de Doña Petrona. Este diccionario gourmet atesora cientos de recetas criollas y no tanto. En mi familia hay varios platos que ya son un clásico en reuniones y cumpleaños. Un clásico es el budín de coco «Mima» que hace mi abuela casi todos los fines de semana. Es extraño pero nunca antes de recibir el libro había leído la receta original. Cuando la leí me quedé un poco sorprendida por su imprecisión.