Rescatar patrimonio arquitectónico y hacerlo gastronómico. Enaltecer la cafetería de la esquina y el orgullo barrial. Entre quiet luxury y street food cosmopolita, esta ola de aperturas también trae influencias asiáticas y norteamericanas, helados para pasar el invierno, la segunda sede de un éxito y un estreno inminente que esperamos todos.
Sandos japoneses, cafecitos que honran a su barrio, casonas que se recuperan para ser tremendas barras y más / nueve aperturas de Parque Chas a San Isidro. Por Benjamín García para MALEVA.
La escena gastronómica de Buenos Aires no da respiro: en los últimos meses, el mapa incorporó variadas propuestas que entienden a la perfección lo que el público busca hoy. Un equilibrio entre buen producto, identidad muy marcada y espacios donde verdaderamente den ganas de quedarse. Desde casonas históricas que aprovechan su espectacular mobiliario de época para transformarse en cálidos refugios de coctelería hasta la reivindicación absoluta del código postal con cafeterías que llevan el nombre de su barrio. Salimos a recorrer las calles porteñas y llegamos hasta zona norte para traerte esta hoja de ruta con los estrenos y coordenadas inminentes que tenés que tener en el radar.
1) Mansión Mihura: un refugio cosmopolita en una casona que se consolida como una plataforma de quiet luxury / Av. Gral. Las Heras 1725 – Recoleta

La recuperación de patrimonio siempre es una buena noticia para la ciudad, pero lo que sucede en Mansión Mihura va un paso más allá. El proyecto entiende que el lujo actual no es meramente contemplativo, sino que requiere reactivar un espacio para que dialogue con nuestro presente. Definido como un «refugio cosmopolita», esta casona de arañas de cristal, paredes con molduras y tremendos detalles de estilo se consolida como una plataforma de quiet luxury donde confluyen gastronomía, diseño, arte y una propuesta donde la música ocupa un lugar clave, respaldada por equipos de primer nivel y una colección de vinilos única.
La cocina está en manos del reconocido chef Maximiliano Matsumoto, quien reinterpreta clásicos con fuerte influencia francesa, destacando los langostinos gratinados al horno de leña o el chuletón con salsa charcutière. A esta alta cocina se le suma una propuesta paralela de platitos en formato fast food cosmopolita: opciones sumamente elaboradas que redefinen el género y ofrecen la más alta calidad que se puede probar en Buenos Aires. Para el cierre dulce, un espiral de merengue con yogur y peras o un affogato con vainilla intensamente cremoso.
Por supuesto, un menú de esta talla exige una bebida a la altura. La jefa de barra, Guillermina Usqueda, diseñó combinaciones precisas: un Bianco Collins herbal para los frutos de mar, una fresca picnic sangría para el cerdo, y un clásico espresso martini para potenciar el postre. Junto a esta coctelería de autor, el lugar cuenta con una ecléctica colección de vinos de distintas regiones del mundo, minuciosamente seleccionados por la sommelier de la casa para coronar la experiencia con elegancia.
2) Cala Bar: una esquina coctelera y conceptual en el bajo de Zona Norte / Primera Junta 702 – San Isidro

Aunque no seas de por acá, pasaste por esta esquina mítica que da la bienvenida al bajo de San Isidro. Un local icónico donde supieron afincarse grandes éxitos gastro hoy se renueva con este estreno. Lejos de los menúes tradicionales, Cala Bar irrumpe con una carta estructurada a partir de un paisaje. Así, la cocina se divide en la orilla, la profundidad y la rompiente. Mientras que los cócteles se inspiran en la roca, la costa, la marea y el viento, creando una narrativa estética y conceptual súper coherente.
El lugar físico es fundamental para entender la propuesta. Se instalaron en una casona que les permitió jugar con la arquitectura y dividir el recorrido en momentos íntimos y distintos. Así nacen La Cueva (la barra, que es la verdadera vedette del bar), La Cala (el patio) y La Caverna (el VIP). La apuesta es clara, no quieren que el cliente solo vaya a tomar un trago, sino que habite y fluya por cada uno de estos espacios.
3) Café Ortuzar: café colombiano y pastelería artesanal en el boulevard /Av. de los Incas 4001 – Villa Ortúzar

En el barrio que se sigue posicionando como próximo fav gastro, los sábados a la tarde hay movida de jazz, cerámica, libros y fotografía en formato feria, con latte en mano. Y cualquier otro día también está bueno detenerse en esta esquina por una pausa cafetera en el Boulevard de Los Incas. Un espacio simple sin más expectativas que convertirse en el ritual diario de los vecinos. Con café de especialidad y pop ups de pastelería artesanal, además de la horneada en el día, la idea es que pases con el perro, te lleves tu flat white y sigas tu camino, sintiendo que el lugar es una extensión de tu casa.
4) Café Chas: con orgullo por el código postal /Ávalos 1554 – Parque Chas

Hay una tendencia hermosa que pisa cada vez más fuerte, el orgullo barrial llevado a la gastronomía. La lógica se repite con una vuelta de tuerca comunitaria en Café Chas. El objetivo es la conexión, el factor humano, para que pidas lo que pidas, te sientas a gusto. Este mismo lema también está en la gestión del local, ya que le dan la oportunidad a quienes cocinan y elaboran productos dentro de Parque Chas de tener una vidriera para mostrar lo que hacen.
5) Nicky Cheese Bake House trae una nueva sede de su auténtico ADN norteamericano / Migueletes 688 – Las Cañitas

Nicky Cheese ya conquistó los paladares con su American Bistro en la calle Montañeses, como epicentro del auténtico cheesecake; pero ahora sube el volumen con su flamante Bake House. Este nuevo espacio está íntegramente dedicado a la pastelería y panadería de Estados Unidos. Si estabas buscando donas perfectas, pretzels, pop tarts, smore’s -el sandwich de dos galletas- o el viralísimo banana pudding, este es el lugar.
La apertura funciona también como el corazón productivo de la marca, garantizando que todo lo que llega a las mesas esté fresco y mantenga esa identidad norteamericana que la gente tanto busca y comparte. Y atención al spoiler, desde la marca adelantaron que pronto abrirán un Steakhouse con foco nocturno.
6) Suki y la revolución del sando japonés en el Barrio Chino / Arribeños 2217 – Belgrano

Ubicado en una zona que invita constantemente a descubrir, Suki llega con un formato fast casual que logra algo muy difícil, equilibrar la velocidad con una experiencia que tiene alma. La propuesta se centra en llevar los famosos sándwiches de miga a otra dimensión a través de los sandos japoneses, tanto en versiones saladas como dulces. Todo esto acompañado por una sólida línea de bebidas a base de matcha y café de especialidad.
El local, impulsado por una pareja de emprendedores (ella dejó el mundo corporativo para darle vida a esta idea), no se queda solo en lo gastronómico. Sumaron un detalle lúdico y encantador, un pequeño ritual de omikuji inspirado en los templos de Japón para que los visitantes conozcan su fortuna.
“En un viaje a Japón conectamos mucho con esa forma de hacer: simple, precisa, sin exceso. Volvimos con la idea de reinterpretar eso desde Buenos Aires”, explican sus creadores. El Barrio Chino les brinda el flujo y la apertura mental perfecta para un público dispuesto a probar una reversión cuidada, con rellenos gourmet, que pone el foco absoluto en las texturas y la consistencia.
7) Bochinche y la nueva era de la cocina ítalo porteña / Santos Dumont 4056 – Chacarita

La nostalgia suele ser el camino fácil cuando se habla de comida italiana en Argentina, pero Bochinche eligió la ruta de la innovación. Este neo restaurante aborda la herencia ítalo-porteña desde el presente. El espíritu del lugar replica la idea de un hogar vivido, lleno de risas y movimiento, pero en un ambiente estéticamente canchero. Y mucho más arriba de lo que nos tienen acostumbradas las cantinas porteñas.
Comandado por el chef Gaspar Natiello, el menú brilla por su técnica y estacionalidad, elaborando diariamente más de diez tipos de pastas que se cruzan tanto con salsas clásicas (amatriciana, pesto) como con combinaciones más atrevidas de cerdo y langostinos. Los postres rescatan reliquias olvidadas, como los huevos quimbo y el chajá, pero con una ejecución moderna.
“Bochinche sale de una idea simple: hacer el lugar al que me gustaría ir a comer. Un restaurante relajado, sin poses, donde la pasta se haga en el local todos los días y se coma bien, sin libreto italiano”, resume Natiello. A esto se le suma un compromiso real con la sostenibilidad, utilizando el sistema digital Foodprint para medir y monitorear en tiempo real consumos, residuos y el impacto ambiental de sus proveedores.
8) Runfla y el necesario refresh gastronómico en Las Cañitas / Báez 315 – Belgrano

Runfla surge a partir de una necesidad bastante clara de renovar la propuesta de Las Cañitas. Si bien es un barrio con mucho movimiento, muchos de sus formatos gastronómicos habían quedado funcionando en piloto automático. El proyecto viene justamente a darle a la zona ese ansiado refresh. La intención de sus creadores fue aportar algo distinto: un espacio con identidad propia, más contemporáneo, donde convivan la buena gastronomía, el vino y la música desde un lugar relajado y actual, mucho más conectado con cómo nos gusta salir hoy.
Más que una especialidad puntual, lo que define a Runfla es el formato. Trabajan con una carta corta de «platitos» diseñados para compartir al centro de la mesa, que va rotando constantemente según la temporada y la inspiración de su chef. Se trata de una cocina ecléctica, de mucha técnica y excelente calidad de producto, pero llevada a un ámbito más descontracturado, demostrando que se puede comer a un nivel altísimo sin que la experiencia se vuelva rígida o solemne.
El recorrido se completa con una cuidada selección de vinos ligeros y de cuerpo medio, sumado a una coctelería fresca, todo pensado a medida para acompañar la propuesta.
9) Gaviota: de la ventanita de Cuervo a su propio local / Beruti 3336 (Palermo Off) – Palermo
Después de casi cuatro años de pruebas y desarrollo en la ventanita de Cuervo Café en Juramento, Gaviota Helados ya tiene local propio en Palermo Off (en el ex Paseo del Sol). Buscan rescatar el clásico ritual de la heladería de barrio, pero con una vuelta de tuerca: una estética más actual y una identidad gráfica de espíritu punk y descontracturado.
En lugar de marear con vitrinas infinitas, la carta se cierra en solo 12 sabores, entre fijos y de estación. Todo pasa por el producto y el trabajo manual. Tuestan sus propios frutos secos, arman las pastas con molino de piedra y hornean los cucuruchos y capelinas en el día.
El gran destacado es el chocolate Gaviota, hecho desde cero a partir de nibs de cacao puro. Obviamente, no faltan los intocables de siempre —pistacho, dulce de leche, sambayón—, ni las opciones más frescas para el calor, como lima o mandarina. El guiño a sus orígenes cafeteros aparece con un helado de Cold Brew con chocolate que vale la pena probar.
10) Bonus track: llega Aci2 Bar

Para cerrar, una de las aperturas más esperadas de los próximos meses. De los creadores de Ácido, llega Aci2 Bar. Si en el restaurante la premisa era «no nos tomes tan en serio», en este nuevo huequito porteño el lema evoluciona a «tomamos en serio».
Van a ir con todo (all-in, aseguran) en materia de cócteles y vinos, acompañados por una carta de snacks disruptivos de bar. Pero la gran noticia es que la legendaria e idolatrada hamburguesa de Ácido se muda exclusivamente a este nuevo mostrador, estrenando además nuevas versiones. Incluso prometen una opción más cocida, textualmente, «por si vivís equivocado y no querés probar la OG». Aci2 promete ser la síntesis perfecta, alta calidad de producto y servicio, pero con cero pretensiones y mucha diversión.

