Mucho más que Rock en Baradero: escapada épica a la ciudad del encuentro/ 10 pistas para un recorrido supremo

A hora y media del centro, en la ciudad más antigua de la provincia de Buenos Aires -que se hizo famosa por sus festivales-, hay muchas propuestas nuevas que igual son un viaje en el tiempo. Un recorrido en donde todo transcurre más lento, y con sonidos más amenos, más naturales. Todo lo que se puede ver, probar y gozar tierra adentro.

Mucho más que Rock en Baradero: escapada épica a la ciudad del encuentro/ 10 pistas para un recorrido supremo. Por Paz Moltedo para MALEVA.

Al llegar a la entrada de Baradero un cartel da la bienvenida: Ciudad del Encuentro. Se la llama así porque históricamente fue un lugar donde se encontraban culturas, y sobre todo músicos, por diferentes festivales que desde hace años convocan a gente de todos lados: desde el Folklore, hasta el rock, y el automovilismo. Es la ciudad más antigua de Buenos Aires, fundada en 1615. Antes de ser un lugar para visitar, fue un territorio indígena, un enclave colonial y un punto estratégico sobre el río Paraná. A mediados del siglo XIX llegaron familias suizas y fundaron la primera colonia agrícola del país. Esa huella puede verse en apellidos y ciertas construcciones como la Casa Suiza, o Colonia Suiza, un pueblo rural aledaño, como Alsina, uno aún más despojado. El río, los buques, la plaza, la iglesia, los empedrados, las calles arboladas con fresnos, lapachos y tipas, las fachadas coloniales que aún se conservan. Una identidad construida de a capas: profundamente calma y al mismo tiempo con energía festiva, como la que genera Rock en Baradero. Maleva fue a descubrirlo, para encontrarse con mucho más. 

La ciudad del encuentro: históricamente fue un lugar donde se encontraban culturas, y sobre todo músicos, por diferentes festivales que desde hace años convocan a gente de todos lados: desde el Folklore, hasta el rock, y el automovilismo.

La gran excusa para ir: la música

Una razón inevitable para hacer la expedición a este pueblo mágico es Rock en Baradero, la ceremonia para todos aquellos que lleven el rock nacional en la sangre y en el alma. En su edición número 12, congregó a más de 25 mil personas de distintos puntos del país, que se sumaron esta fiesta de dos días, donde las bandas más deseadas despliegan su música. Las treinta que tocaron esta vez, fueron una mejor que la otra, llevándonos a todos a cantar, saltar, emocionarnos y sentirnos realmente vivos. Las calles del pueblo palpitan el rock en cada esquina. Los que vienen de afuera, se juntan a hacer previa en los bares, y los nacidos y criados, sacan sus reposeras al patio de adelante, para ver a las masas deambulando. La peregrinación para llegar es adorable: solo basta con caminar un par de cuadras por las calles más antiguas, empedradas, adornadas con casas coloniales, hasta llegar al Anfiteatro Municipal Pedro Carossi. 

A la vera del río, entre carteles que venden carnada, lombriz, anguila, y también cervezas y fernet, sonidos rockeros de parlantes de bares aledaños, se leen entre las copas de los árboles, pasacalles fluorescentes con frases míticas de los distintos temas que sonarán: “Mejor abrir los ojos para saber lo que te gustaría hacer”, salido de un tema de Turf; “Qué rídiculo es que pienses, que todo es tuyo inclusive yo”, salido de un hit de Babasónicos; “No ignores la belleza de este mundo extraño”, de El Mató un Policía Motorizado. El rock va entrando por los ojos, hasta llegar a los tres grandes escenarios donde todo sucede: Pogo, el que hace que nadie deje de saltar; Ritual, donde suenan bandas que hacen cantar a todos abrazados; y Parque, el más bailable, emplazado en un parque diseñado por Carlos Thays, con diferentes especies de árboles que funcionan casi como un techo verde. 

Dentro del lugar, todo es hiper estimulante: instalaciones artísticas fluorescentes, que parecen juegos de plaza, pero hechos como de algodón de azúcar, metegoles, pegatinas por doquier y murales negros para escribir con tizas de colores, oráculos del rock con frases que marcan el destino de la noche, tragos, bebidas, cafecitos, alfajores y todo para el bajón: desde choris hasta panchitos, pizzas, hamburguesas, crépes, sándwiches de bondiola: todos de locales emblemáticos de Baradero. 

El primer día fue el turno de bandas como La Vela Puerca, Turf, Dancing Mood, El Plan de la Mariposa, Las Pelotas, Guasones, La Delio Valdez, Los Espíritus y Kapanga. Con un calor de 30 grados, todos transpiramos, los gritamos y bailamos hasta que la lluvia cayó. La tormenta duró varias horas, y caía en gotas generosas mientras sonaban los temas más épicos de estos legendarios del rock y el pogo. Cuando parecía que no podía ser mejor el line up, llegó la segunda jornada, que hizo subir al escenario a bandas como, Indios, Gauchito Club, Marilina Bertoldi, El Zar, Catupecu Machu, Ilán Amores, Rata Blanca, El Kuelgue, Los Tabaleros, Babasónicos, El Mató un Policía Motorizado, Los Pericos y Peces Raros. La euforia de esos dos días se desplegó por todas las calles, en una mezcla de alegría, comunión y pasión por tanta buena música. 

Cuando el volumen del festival baja, llega un gran bonus track: Todo lo que se puede ver, probar y gozar en el pueblo: 

1) Comer y tomar en casonas de 1920 que son reinterpretadas con modernidad / Casa Boedo: Anchorena 1053

En esta casa de 1920 se crió Catalina con su familia. Junto con su mamá, María Eugenia, cocinera y dueña de restaurantes en Baradero, ex jefa de cocina en un restaurante de Suiza, decidieron transformar el hogar familiar en un lugar para que cualquiera pudiera ir a comer, con la sensación de estar en casa. En el jardín, de día pega un sol divino entre sus árboles y plantas, en el living, donde antes hacían reuniones familiares, hoy se sientan desconocidos a comer y admirar detalles como el piso damero original, un mueble gigante de una farmacia antigua, con vajilla de todas partes del mundo. La casa se transformó sin dejar de ser casa. La carta es estacional y todos los fines de semana hay platos nuevos. Tienen entradas como milanesa de provoleta con mermelada de morrones, principales como ñoquis de ricota con crema de pesto de castaña de cajú o tapa de asado con papas rústicas; y postres como la isla flotante con semifreddo de sambayón y praliné de nueces. Todo es casero y cada plato tiene una vuelta creativa.

@casaboedo 

2) Pasados de amor: cafecitos, pastelería y panadería / Santo Groove – Santa María de Oro 436

Valentin sintió que faltaba un café de especialidad más conceptual en el pueblo, y así fue como transformó su local de ropa en un bar de café. Además de su selección de prendas urbanas, ofrece café de Fuego Tostadores y Modo Barista, en distintas versiones: desde flat White o doppio, hasta café bombón: espresso doble con leche condensada. Su chipá relleno está muy bueno. También tienen cafés fríos, matcha latte y tragos. Abren desde la mañana hasta la noche, con djs sets, y buena música. 

@santogroove_ 

3) Estación Greña / San Martín 2062

Justi es pastelera y su novio es gastronómico. En pandemia empezaron a hacer panes de masa madre, medialunas y laminados y a vender por Instagram. Sin darse cuenta generaron una comunidad cada vez más grande, al punto que decidieron abrir su local a la calle: el garage de uno de sus abuelos. A la tarde, la gente entra y sale sin parar, embriagada del aroma a masa, pan y facturas en pleno horneado. En su cocina a la vista se ve a un equipo de diez personas elaborando sin parar. Hoy venden más de 1500 panes y más de 4000 medialunas por semana. El chipá es otro de sus hits. Su secreto es la consistencia: aman lo que hacen, y siempre buscan alcanzar la mejor calidad en el producto. 

@estaciongrena 

4) Vinoteca Vinos y Cía / Sáenz 987

En una casona antigua con un frente colonial, azulejos y piso con mosaicos, Beto, estudioso del vino y expatriado de Capital Federal, decidió ponerse esta vinoteca que ofrece etiquetas de bodegas boutique y producciones pequeñas. Además, los fines de semana da degustaciones y experiencias de maridaje guiados por diferentes sommeliers. La gente va, tal vez sin conocerse, para terminar siendo amigos y aprendiendo algo nuevo sobre este maravilloso universo.  
@vinotecavyc 

5) Lo de Greys: Entre Escuela N°12 y Figueroa Salas (Camino a Alsina)

Carlota es una anfitriona que ante todo, quiere mimar a sus invitados. Todos pensarían que Greys es su nombre, pero no, ella se presenta, y enseguida invita a vivir una experiencia distinta en su quinta, un poco más alejada del pueblo, a la que se llega por un sendero arbolado. En su lugar, se pueden festejar desde un casamiento hasta una despedida de soltero, o solo juntarse con amigos, parejas, familias o incluso desconocidos, para ir a pasar un día de campo o quedarse a dormir. En su parque no hay nada más que una pileta, caballos y palmeras alrededor. Para quienes elijan pasar solo un día, ella prepara un desayuno, el almuerzo con comidas bien caseras, el té, y después abre su espacio de relax, con sesiones de masajes y tratamientos de belleza. 

@lodegreys 

6) Almacén de Pasteles / Laprida 1201

Agostina Pelorosso es pastelera y fue la primera en abrir un café de especialidad con pastelería en Baradero. Abrió en 2019 en una esquina donde la gente, sorprendida por la novedad hacía filas para entrar. Su marido es barista, y juntos ofrecen desayunos y meriendas, con especialidades como scons de queso fontina, chocolatería casera y tortas como bruce, carrot cake, lemon pie, cookies y más delicias. 

@almacendepasteles 

7) Dulce final: el souvenir de los alfajores Entre Espigas / Malabia y Laprida

Facundo es el alma mater de estos alfajores que enloquecen a quienes tienen la suerte de probarlos. Él es chef, y empezó haciendo roscas de pascuas y teniendo una pequeña panadería a la calle, en el local gastronómico de sus padres. En pandemia empezó a explorar el universo de los alfajores, y a vender alfajores de chocolate rellenísimos de dulce de leche, de a docenas. En poco tiempo tuvo que ponerse una fábrica porque no daba abasto con su producción. Además de ese hit, que elabora artesanalmente más allá de usar máquinas para producir en cantidad, desarrolló otros sabores como nuez, frutos rojos, pistacho y más. Hoy es el elegido por estaciones de servicio y hoteles de todo Baradero, y están en pleno proceso de expansión a otras ciudades y provincias. No puede uno irse del pueblo sin llevarse una caja. 

@entre_espigasbaradero 

8) Descansar entre bandadas de pajaritos, senderos de árboles, caminos de trigales, frutales, y caballos / Sisu Hotel & Spa – RN9 Km 139.

Tomás y su mamá son los dueños de esta ex casona familiar, que con los años se transformó en un hotel al que la gente llegaba solo por el boca en boca. Un oasis de tres hectáreas de verde, donde se puede ir para recargar energías. “Sisu” es un concepto de origen finlandés que representa la fuerza interior, la resiliencia y la calma frente a los desafíos, y la búsqueda de un equilibrio interior. Sin duda todo eso se encuentra en este lugar despojado de todo, y cargado de árboles de pomelos, cerezas, naranjas, manzanas, limones, higos, ciruelas, sobre los que deambulan todo tipo de pájaros y colibríes. Bicis para recorrer los distintos senderos, atardeceres naranjas, suites con bellas vistas; un living enorme con un piano, libros de arte y filosofía de todo el mundo, un circuito de spa con piscinas indoor, sauna, jacuzzi, masajes y tratamientos de belleza; actividades como el wine & art, donde los huéspedes pueden pintar y degustar distintas etiquetas de vino, desayunos mirando al bosque y más. Se puede ir a pasar el día de spa u hospedarse y dormir.

www.sisuhotelyspa.com

9) Experiencia Ganesha, sanación con caballos / Sesarego 9680


Vero Kenigstein es escritora, terapeuta relacional y creadora de la Lectura de vínculos interespecies. Tras muchos años de estudio y prácticas fue desarrollando una técnica propia, que enseña a otros a sanar, empoderarse y reconectarse junto a los animales. El concepto principal de su espacio, es la “presencia en silencio, para volver a uno mismo”. Además de hospedarse en la casona en medio de la naturaleza, Vero ofrece una experiencia de sanación con caballos que puede vivirse tanto individual como grupalmente. “Los caballos son seres extremadamente sensibles. Dependen de esta sensibilidad para sobrevivir. Y para los humanos esto es un gran recurso de autoconocimiento porque nos funcionan como espejos para procesos en los que muchas veces no sabemos cómo actuar. Una manada de caballos que viven en libertad, funciona como un espejo de patrones que las personas tenemos, y nos muestran nuestras emociones, nuestras actitudes, sobre todo las que no vemos. Y responden a ellas sin juicio y con mucha presencia”.

@vero.habloconanimales.escuela @espacioganeshabaradero 

10) Bares con mucho pasado y nuevas historias por contar / Kilómetro Cinco –  Puerto

Motoqueros de todas las ciudades y provincias y hasta turistas de otras partes del mundo llegan a este colectivo lleno de música, colores, sonidos y sabores, que salieron de la imaginación de Rober, un habitante de Baradero que fue quien puso una especie de foodtruck en la Costanera del río en 1996, cuando ni siquiera existía el concepto. Primero tuvo un carro, adonde solo los locales se acercaban los domingos tipo tres de la tarde, para tomar algo, comer sus suculentos sándwiches y quedarse hasta largas horas de la noche charlando y escuchando música. Ese ritual se volvió costumbre, y contagió a visitantes que empezaron a llegar por la buena energía del lugar. Años después, compró un colectivo de la línea 168 y lo convirtió en lo que es hoy este bar andante: Un lugar repleto de patentes y adornos de todo el mundo, que los fans del lugar le traen a él y a sus hijos, hoy están al frente del negocio. Uno puede perderse un buen rato entre frases como “Mantiene tu espíritu con humor”, neones, grafitis, y las 450 patentes que cuelgan como estandartes (de Cuba, Suiza, Vermont, Panamá, Texas). Solo sirven comidas rápidas: “mondiola”, “sándwich de aves de corral”, “milanesa” y papas fritas, todo elaborado con buenos productos. La cerveza la sirven en el clásico porta botellas de Telgopor que remonta a playa brasileña. En el techo hay una escultura de una mujer llamada Yolanda, sentada mirando el río, a la que le cambian el look a diario. 

@kilometrocinco 

11) Café Bar De Los Angelitos / Anchorena 1053

Declarado patrimonio histórico y cultural, abrió en 1890, convocando a todos los “malandras” del pueblo, a los que irónicamente se los llamaba los “angelitos”. Durante solo iban quienes quisieran escapar de la ley, y solo podían ingresar hombres, las mujeres no eran admitidas, y solo había alcohol, café, juego y apuestas. En 1970 Carlos lo reabrió, con un nuevo espíritu, más inclusivo, como una cafetería bar, pero sin que pierda su esencia ni su mobiliario. En 2013, Salvador, su hijo, retomó el negocio y lo hizo crecer aún más, reintrepretando la historia y dejándola a la vista en fotos, cuadros, publicidades viejas, afiches de festivales de tango históricos, pisos, botellas y cartelería antiguas, pero con una propuesta de platos de bodegón reinventados: desde una milanesa con ñoquis caseros, hasta un vermut hecho íntegramente en casa, con ingredientes naturales. Hoy es el lugar a donde los músicos eligen ir a comer, y también uno por el que la gente viaja desde otros lugares, por su mística, sus súper pastas caseras, buñuelos, milanesas, y carnes. 

@cafebardelosangelitos 

12) Helado, Plaza y Ritual: Heladería Plaza Mayor – Anchorena 944

Justo frente a la plaza Mitre, desde hace 26 años existe esta creación de Fabián Amoros, heladero con más de 45 años de experiencia, que estudió en Argentina y en Italia. Como toda heladería clásica, abre en primavera, verano y otoño, y cierra en invierno. Un clásico, comprarse un heladito de algunos de sus gustos totalmente artesanales (como el de higos a la crema, con higos de verdad), y contemplar un rato la plaza y su ritmo calmo, o la Parroquia Santiago Apóstol, una construcción neogótica, piedra fundacional de Baradero, declarada monumento histórico. 

@plazamayor.heladeria 

///

Fotos: Gentileza de los lugares mencionados y autora.