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Llegó mi turno, como todo en la vida, y me preguntaron: ¿Qué aroma le encontrás al vino?

Igualmente, más allá de la motivación, me sentía perdida. Recuerdo en nuestra primera clase de cata: agarrar la copa, sentir el vino. Y nos preguntaban qué huelen, qué sienten. Cada uno tenía que decir un descriptor. De todo escuché: frutilla, vainilla, chocolate, cuero, aroma a la mermelada casera de mi abuela, y yo intentaba girar la copa despacito por miedo a volcar el vino y salpicarme, acercaba mi nariz ¿Y qué sentía? ¡Alcohol! Pensaba que no podía decir eso, un papelón. No sirvo, me voy, no sirvo. Estaba sentada atrás de todo (la timidez me duró dos clases, al mes estaba sentada en primera fila con mi listita de preguntas).

Hago stand up, pero no lo soporto como espectador

Dejemos de lado que la mayoría se hacina en el Paseo La Plaza, donde una horda de volanteros te da la bienvenida invitándote a espectáculos ignotos y evasivos de cualquier sensibilidad. Muchas veces los volanteros son los mismos artistas, habiendo dejado su orgullo en el camarín. Omitamos también la evidencia que sugiere que sus títulos con juegos de palabras como “Stand Locos”, “Para-dos”, “Stand-raperos” están destinados al tacho de basura de la humanidad. No sé si notaron., pero, a jugar por los monólogos, a los comediantes les molesta todo, absolutamente todo.

Uruguay siempre es un paraíso (en y fuera de temporada)

Y fuera de temporada es otro paraíso. Lo que es incuestionable es el amor que sentimos J y yo por el Uruguay que me llevó a conocer Rocha, Minas, Soriano, Colonia, Aguas Dulces y tantos otros pueblos charrúas llenos de encanto. Cada road trip es distinto. Nunca mejor aplicada la frase «the journey is the destination». Muchas veces agarramos el mapa y elegimos las rutas no pavimentadas para descubrir lugares nuevos. Y Uruguay no te decepciona, siempre aparece algo con esa estética tan característica de la República Oriental. ¡Tengo varios lugares secretos que quiero que sigan manteniéndose así por eso no pienso tirar ni una punta!

Los peligros de la felicidad prolongada

La felicidad es una pasta base y una pasta superestructura y tiene que ser en dosis chiquitas, ajustadas a las células terrícolas, para no caer en una de las dos opciones trágicas para la supervivencia de la especie: que una de a poco se vuelva bahiana y se acostumbre y necesite más y más y se pase de rosca, al bando del mal, al delito o a pelearse a las piñas por hombres indiferentes, para que otra adrenalina, la de la discordia y el peligro, haga de la vida una cosa vivible, con matices, otra vez.

Es gracioso cuando un hombre y una mujer no están de acuerdo

Mi amigo, por ejemplo, en esa pelea me tildó de dramática. Touché. Algo de eso quedó resonándome por todo el cuerpo. Sin embargo, yo estaba tratando de explicarle – con demasiada vehemencia, tal vez – cosas que para mí eran importantes. Y él no las podía comprender. Después de un rato de diálogo sinuoso lo sentí sensible; levemente herido. Y, de a poco, comenzaron a aflorar temas personales de cada uno que probablemente habían dejado la escena bien preparada como para que este choque se produjera y escale. Así y todo ninguno dio el brazo a torcer.

Chau ojotas

¡Un taxi por favor! Gritaba. Ninguno frenaba, sólo pasaban lleno de pasajeros felices sin ninguna gota de agua. En cambio, yo maldiciendo el día que elegí ponerme ese par de ojotas. Caminé descalza unas dos cuadras, sí, descalza, rubia y desprolija. Parecía que me había fugado del loquero. Ya tenía los pies negros de la ciudad de la calle y mi falda ya parecía de modal gastada de esas que usás para sacar al perro a la mañana temprano. En fin, terminé odiando esas malditas ojotas. Así, que amigas, va a empezar el frío, que nuestras ojotas vuelvan a los roperos, para alivio nuestro y del glam.

Cómo ingresé a la escuela de sommeliers (sin cupo) y con 18 añitos

No no no, discúlpame tiene que haber alguna forma de meter a una persona más. Yo necesito empezar este año, sí o sí, no puedo esperar hasta el 2007. Voy a perder un año. Paz, muy empática con lo que me estaba pasando, me decía, ay, yo te entiendo pero no se puede, el curso ya está lleno. Y ahí, le dije: – ¿Tenés 3 minutitos que te explico? Mirá, acabo de llegar de San Rafael, descubrí mi amor por el vino, tengo 18 años recién cumplidos, mi papa si no estudio me mata así que definitivamente tiene que ser este año.

No todos los amores son sanos

Nos perdimos el rastro varias veces. Pero tarde o temprano algo- una charla entre amigas, una celebración especial, el pasaje de algún libro, una bebida espirituosa, un momento de transición- me hacía pensarte, extrañarte y buscarte (en ese orden). Nuestro adiós fue hasta ahora solamente un amague; un punto y aparte. Nunca el final verdadero. Y otra vez lo mismo: mi mano sobre vos; vos en mi mano. Y esa tramposa y adictiva sensación de calma. Acá seguimos, años después, bailando a nuestro propio ritmo. Postergando una despedida necesaria. No debería ser tan difícil, pienso.

El ojo y la máquina

La muestra de Farocki ya está en Buenos Aires, más exactamente en el único lugar en La Boca que supera por su atributo pintoresco a las fachadas multicolores bosteras: la Fundación Proa. Se trata de una serie de video instalaciones articuladas en dos ejes: el primero, la interacción entre la tecnología y las capacidades humanas para el ejercicio del poder. ¿Un bio-poder o microingeniería del poder, como le gustaría a Michel Foucault? Quizá. El segundo eje, la evolución en la representación de la realidad a través de la tecnología.

Vimos a Violet y no dudamos (o sobre lo que significa adoptar una mascota en N.Y)

Un feriado hace semanas atrás me puse a buscar cachorros online. Llegamos decididos a conocer a Violet pero no había nadie. Tuvimos que dar vueltas durante una hora, que pareció eterna. Novio ya me había avisado que no necesariamente íbamos a adoptarla ese día, que primero quería conocerla. Poco le duró ese discurso. Violet es muy inteligente y a los segundos de tenerla a upa nos empezó a tirar lengüetazos de amor. Hoy convivimos con una cachorra mezcla de Jack Russell y Corgi de 4 meses llamada Violet. Todavía le falta aprender muchas cosas para las cuales estamos yendo a clases con una profesora y otros cachorros (solo en Nueva York, lo sé) pero es amor con patas.