Cuando las otras se dormían un rato: ahí me daban ganas de llorar. En un minicomponente teníamos un cd de Miranda!, y empecé a escuchar atenta una novedad, un sonido que me sorprendía en el medio del disparate emocional. En el Luna Park nos paramos de golpe cuando apareció Miranda!, y un chico con anteojos en la fila de adelante, pegado a la cintura de una mujer de rulos, se dio vuelta en el margen de maniobra que le permitía estar amorosamente sujeto por ella de su polarcito gris.
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Diálogo en New York con el genial escritor inglés Martin Amis
Desde el primer momento, percibí ese sentido del humor tan característico de los ingleses. Según Amis, hay 4 categorías de personas: John, Paul, George y Ringo. Él era, de acuerdo a su mujer, un Paul que quería ser un John, pero que en realidad era un George encubierto. Amis nos dijo que estuvo viviendo tres años en Uruguay, en un pueblo muy chiquito. ¿José Ignacio? ¡Sí!
Recorrido para empezar a conectar con el arte. Parada uno: Malba (y sus artistas argentinos)
Siempre digo que la poca conexión con el arte tiene una raíz pedagógica. Desde aquí entonces, pondré manos a la obra para cambiar eso. Empecemos por el Malba, fundación Costantini.
¿Sabían que en el corazón del museo hay un inmenso rompecabezas de tinte “POP” de Jorge de la Vega, blanco y negro, al cual, detalle, le falta una única pieza para completarse que está en manos de un coleccionista americano que pedirá fortunas antes de desligarse de una pieza tan codiciada (Rompecabezas, 1968)?
El cristo de Borja es un engendro chic
Cecilia se encuentra conmovida por todo el jaleo que se armó y está sufriendo un cuadro (¿?¡!) de ansiedad. La defensa de la anciana es tan brillante como su obra: “No me dejaron terminarla”. Pobre, la trataron como una loca; seguramente le dijeron: “Noooo, no sigas. Si está hermosa, está divina. Ni una pincelada más, dejala así que está bárbara”. El alegato de Cecilia se pone más jugoso sobre el final: “Hice lo que pude… y utilicé los mejores óleos”. Como si el niño que es reprendido por su madre por haber dibujado las paredes del living adujese haber usado Faber Castell.
Métro, Boulot, Dodo (y como buscar color en Buenos Aires)
En estas últimas semanas, me refugié en Paul Auster para buscar mis azules y violetas en las páginas de la “La trilogía de Nueva York”. Luego de leer su Brooklyn Follies y enamorarme de la película Smoke, espero terminar el libro con suspiros o, al menos, un nudo en la garganta. De vez en cuando, encuentro mis verdes y naranjas en los macarrones de limón y frambuesa que venden en una casa de té a la vuelta de mi casa. Esos casi alfajores, crocantes por fuera y blandos por dentro, son monedas arrojadas desde el cielo para premiar la gracia humana.
Sé el más limpio, el más elegante, el más cordial, el más fino, en todo momento y lugar
Les voy a compartir el decálogo de Don Pichín. Pichín ya no está ( se murió a los 98 en enero de 2010) pero nos dejó, además de tragos con nombres geniales como Antesala del infierno, Don Cleptómano, Dirás cómo fue, Jupiteriano o Hurry up!, el decálogo del barman que copio a continuación: 1: El barman es un artista y la coctelería un arte que se nutre de espíritu, sabor, aroma color, genio y fantasía.
El tabú de la frivolidad
Es viernes y estoy en un evento lleno de humo, pero el olor a Halloween de un grupo de hombres con tiradores me llega igual: debe ser calculado, debe ser un perfume para prevalecer. Hay una banda que toca en el escenario, la distancia necesaria para admirar. Un chico con jopo enrulado me dice qué hermosos zapatos mandarina, devolviéndome el color con precisión frutal en el medio de esa oscuridad, qué lindo pelo, qué linda pollera. Lo celebro con grititos de emoción.
La pelu de los jedis
Luego me enteré a qué respondía tan agradable ambiente: según me confesó Agustín, quien se encarga de mis cabellos, la peluquería incorporó un principio organizativo basado en la filosofía de Star Wars. ¿Un modelo de negocios inspirado en la Guerra de las Galaxias? La frase me sacudió y necesité saber más al respecto.
Será mejor que me presente
El año pasado tuve la oportunidad de hacer un curso de verano en Harvard con énfasis en Tecnología y Sociedad. Conocí gente muy copada de distintos lugares del mundo, que me hicieron reflexionar sobre nuestra conducta digital y nuestros avatares.A pesar de buscarlo, no encontré a Mark Zuckerberg. Me dijeron que tampoco vive en Silicon Valley como se cree. Al parecer, descubrió la manera de emigrar al ciberespacio para siempre y dejar un par de hologramas a cargo de Facebook.
Algunos olfatean oportunidades y otros entran al restaurante cuando ya está abierto
Puede pasar que nos encontremos con gente que terminamos pensando que son “chapados a la antigua” y nos sentimos incómodos. ¿Pero saben qué? Yo llegué a la conclusión de que no hay que dejar que los inquilinos experimentados nos quieran de alguna manera “sobreproteger”. De ellos tenemos que tomar lo que nos sirva, lo mejor, pero seguir adelante.