Maleva en Dubai: una ciudad que asombra a cada paso / Siete situaciones para disfrutarla (y entenderla)

Un destino que impacta en todo momento y donde todo es en grande/Crónica de viaje/Su dimensión foodie bomba (¿se imaginan una fusión entre la cocina árabe y la hindú)/Sus playas de aguas turquesas/Arquitectura desmesurada y edificios que son obras de arte/Además: ¿dónde ir de shopping y por qué es una gran coordenada como escala en un viaje hacia el lejano oriente?

La «Fuente de Dubai» y su coreografía de luces y aguas danzantes 

 

Maleva en Dubai: una ciudad que asombra a cada paso. Siete situaciones para disfrutarla (y entenderla). Por Santiago Eneas Casanello, desde los Emiratos Árabes Unidos (texto y fotos).

Dubai no es una Orlando o una Miami, pero con alfabeto árabe y a orillas del Golfo Pérsico. Antes de viajar a este punto dorado de Medio Oriente, rodeado de países tan intrigantes y exóticos como Omán o Arabia Saudita, y que está más cerca de la India que de Europa, tenía ese prejuicio. La idea que tenía me la había formado por las fotos que había visto en las redes sociales, por algún conocido (mi novia Estefanía, por ejemplo), quien – en su viaje hacia el sudeste asiático – había hecho una corta escala en el emirato, o por alguna nota que había leído.

Una exageración urbana, de acero, palmeras y autos de lujo, lograda por el precio del barril del petróleo, que había surgido en medio del desierto. También sabía de las descomunales islas artificiales que habían construido en medio del mar, con forma de palmera e incluso un archipiélago que imita a un mapamundi, con todos los continentes. Y del partido de tenis que Roger Federer había jugado en una cancha montada en la punta de un rascacielos. Pero cuando viajé a principios de este mes junto a la Aerolínea Emirates, que vuela desde Buenos Aires hasta el que es el aeropuerto con más trafico a nivel global (¡41, 3 millones de pasajeros en la primera mitad de 2019!), me encontré con un destino cautivante y original y mucho más interesante de lo que preveía. 

Dubai, para empezar, es una ciudad real de tres millones y medio de habitantes, con alma propia, y que se mueve al ritmo de autopistas, de una sofisticada red de transporte público (un moderno sistema de metro, tranvías, monorieles), y su paisaje de edificios desmesurados, que parecen diseñados para asombrar, no conforman una escenografía hueca, sino que son obras de arquitectura increíbles. Una maravilla moderna que viene naciendo hace treinta años.

También posee una cultura fuerte y seductora, de la que están orgullosos, y que para los viajeros, es la posibilidad de una inmersión tranquila y segura, en el mundo árabe. Con sus bazares laberínticos, su aroma a especias y a Narguile, sus pulcras mezquitas y también el llamado a la oración, que se transmite incluso dentro de los centros comerciales.

El rostro de Dubai es más asiático que europeo: la mayor parte de la población proviene de la India, de Pakistán, de Tailandia, y de muchos otros países de Asia y el lejano oriente. Personas que – con sus distintas realidades – llegaron en búsqueda del “sueño emiratí”. La gente del país es la menos: una de cada cinco personas. Y se los reconoce porque se visten a la manera tradicional: los hombres con impecables túnicas blancas, sandalias y turbantes (aunque los más jóvenes pueden reemplazarlos por gorras de baseball), y las mujeres con túnicas negras y un pañuelo del mismo color que les cubre el cabello. Pero no se imaginen una actitud solemne. Es un estilo tradicional que viene con I-Phone. Un estilo de vestimenta que tiene que ver con preceptos religiosos (el Corán insta a evitar las modas llamativas) pero también con una adaptación inteligente al clima de sol intenso y para protegerse (en otras épocas, desde ya) de los vientos de arena.

Dubai es uno de los siete emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos, y, a diferencia de la capital Abu Dhabi, decidió apostar como política de Estado, por el turismo. Y es una ciudad que – prepárense – es una sobredosis de estímulos diarios. Por sus construcciones futuristas, por sus playas con un mar tranquilo y templado de color turquesa, por su cocina que es una fusión explosiva entre la tradicional árabe y la hindú, por la cantidad de planes geniales y, nada que ver uno con el otro, que hay para encarar. ¿Quieren subir al edificio más alto del mundo? ¿Esquiar, y esquiar en serio, en un surrealista centro de esquí bajo techo? ¿Hacer un safari al desierto, trepando dunas en camioneta e ingresando a un territorio místico? ¿Visitar museos muy logrados y originales como el de la Ilusión (el paraíso para Instagram) o el del café? Lo que sigue, son las siete impresiones y dimensiones que capté de los días que pasé en Dubai y que sirven para responder afirmativamente a la pregunta que todos me hicieron al regresar: ¿está bueno para ir?

1) LA CIUDAD: TODO PARA DESLUMBRAR (O CÓMO LLEVAR LA ARQUITECTURA Y LA INGENIERÍA AL LÍMITE)

Todas las ciudades emblemáticas tuvieron su “momento cero”, en el que se sentaron las bases que las hicieron únicas. París cuando el Barón Hausmann construyó sus bulevares en el siglo XIX, Nueva York con rascacielos como el Chrysler o el Empire State, y también nuestra ciudad, Buenos Aires, cuando se propuso ser “La París del Sur”. Dubai está en ese momento. Hay una diferencia entre el canon estético europeo y el asiático: para el primero, que es al que estamos acostumbrados, lo más importante es la funcionalidad. Para el segundo, un edificio puede tener como primera finalidad el impacto y la belleza. Ser, directamente, obras de arte en tamaño descomunal. Como el Burj Khalifa, el edificio más alto del planeta o, y esto suena más fuerte y también es verdad, la estructura más cercana al cielo construida por el hombre. Mide 828 metros y es el símbolo de la ciudad. Su diseño está inspirado en la geometría de una flor, e, inaugurado en 2010, hacerlo realidad costó cuatro mil millones de dólares. El momento perfecto para visitarlo es al atardecer, cuando el sol se esconde en el golfo Pérsico y, por el ángulo de la luz, se logran las mejores fotos. Se puede subir a un piso panorámico (el 125) en ascensores que tardan menos de un minuto. Luego queda tiempo para recorrer el Dubai Mall, que se encuentra justo abajo y es el shopping más grande del mundo. Con mil doscientos locales y tiendas como Lafayette, Bloomingdale (ambas sucursales son las únicas fuera de sus países) o Eataly. De noche, no se vayan muy lejos, y quédense para ver el show de música y aguas danzantes y las proyecciones en la fachada completa del Burj Khalifa. Un punto estratégico para contemplarlo es en la terraza del restaurante de cocina árabe Abd El Wahab. Otro edificio que es una locura es The Frame. Un hito de la ingeniería que es un marco de ciento cincuenta metros de altura cuyo simbolismo es “enmarcar”, a la obra misma que es la ciudad de Dubai. Arriba hay un puente de cristal de noventa y dos metros y la gracia es desafiar al vértigo caminando sobre su piso transparente. La tercera joya – que en este momento está en construcción pero ya se puede apreciar la silueta – es el “Museo del Futuro”, que se va a convertir en un nuevo ícono de Dubai con su estructura de acero ovalada adornada con caligrafía árabe.

2) ¿QUIEREN PLAYA Y AGUAS TURQUESAS?


Dubai es un magnífico destino de playa, que, con un litoral de decenas de kilómetros, propone muchísimas opciones. Y a las que se puede llegar de manera muy simple. ¿Cómo son las playas? Muy tranquilas, perfectas para descansar, para broncearse bajo un cielo que está despejado casi todos los días del año, con arena blanca como harina y un mar calmo y transparente. Esa es la atmósfera: super relajada. Por otra parte, la mayoría son playas abiertas, en la que ofrecen servicios como reposeras y sombrillas. Visité tres con estilos diferentes: “JBR”, en el sector de la Marina, con paradores, cafés y una cinta acolchada para correr (sólo en Dubai); Jumeirah que es mucho más amplia y popular y custodiada por el Burj al Arab, el hotel con forma de vela que es conocido como el “único siete estrellas del mundo”, y The Pointe, en “La Palmera”, frente al hotel Atlantis, y que ofrece puffs, reposeras y sombrillas de colores, todo gratuito. Un dato importante: pese a ser un país de mayoría musulmana, nadie les va a decir cómo ir vestido. Tranquilos con eso.

3) UN MARAVILLOSO DESTINO FOODIE: ACÁ SE ABRAZAN LA COCINA ÁRABE Y LA HINDÚ


Es tan grande la población hindú o pakistaní – casi la mitad del país del país – que la cocina de los Emiratos está muy influenciada por la de estas naciones. Es decir: curries increíbles y un sinfín de especias maravillosas. Platos con cordero y leche de camello, como dos ingredientes fundamentales. En los restaurantes o bares que dan a la calle, está prohibido el consumo de alcohol pero esta limitación que no se aplica en los bares y restaurantes de los hoteles tiene como correlato que en Dubai hay una variedad sorprendente de jugos y mocktails. ¿Dónde comer? Una coordenada imperdible para ir al mediodía es The Arabian Coffee House. Platos abundantes y sabrosos recién salidos de un horno tradicional y un patio al aire libre bajo una lindísima ramada. Es uno de los restaurantes más famosos de la ciudad. Hasta el Papa Francisco estuvo allí en su reciente visita a los Emiratos. No todos lo saben o lo recuerdan, pero el café es originario de la península arábiga, por lo cual en Dubai lo consideran algo muy de ellos. No dejen de ir a conocer su historia al Museo del Café. Y prueben el “Gahwa”, el café típico de Dubai, con cardamomo y azafrán. Un café con onda, es Kupagwha, minimalista y a pasos del mar. Si ustedes son más del té, pídanse el Karak. Dubai es una ciudad de bares en rooftops, hay casi treinta, todos muy cancheros. Uno que se pone a pleno, con carta de cócteles y DJ Sessions, además de una panorámica extraordinaria, es el 40 Kong, en el hotel “H”. No es económico, pero si pueden, vale la pena ir a cenar a alguno de los restaurantes de “Madinat Jumeirah”, a los que te llevan en góndolas. Pai Thai es uno filipino que está muy bien, tiene un deck increíble pegado al agua, y sus curries son gloriosos. Por algo colecciona galardones de Trip Advisor.

4) DE LA NIEVE (SÍ, DE LA NIEVE)  AL DESIERTO EN UN MISMO DÍA 


¿Pudieron haber hecho un centro de esquí en un lugar en el que la temperatura en verano promedia los cuarenta grados, en invierno los veinticinco, y la cordillera más cercana está a quinientos kilómetros? En Dubai son tan descarados que sí, lo hicieron. Se encuentra en el Mall of The Emirates, cuenta con cinco pistas, una de cuatrocientos metros, y la nieve y la inclinación permiten esquiar (o hacer snowboard)…en serio. Sacan el pase, les dan las botas, los esquíes y también las prendas térmicas. Es tan surrealista que hasta hay un café, tipo refugio, en el medio “del cerro”. Para tomarse un chocolate caliente. Da para ir dos o tres horas. Por la tarde, en mi caso, hicimos una excursión al desierto. Lo ofrecen muchas empresas y es un plan obligado en Dubai. A una hora de la ciudad, empieza el paisaje infinito de dunas y las camionetas 4×4 “se hacen camino al andar”, en modo adrenalina y no tan recomendado si se marean. Por la ventana: camellos, gacelas y algunos árboles bíblicos que hunden sus raíces treinta y cinco metros bajo la arena. El safari se hace al atardecer para poder ver el sol ponerse, majestuoso, como una bola naranja, en el horizonte.

5) ¿QUÉ ONDA QUE SEA UN PAÍS MUSULMÁN? ¡NADA QUE TEMER!


Por más abierta que esté al turismo, y por más cosmopolita que sea, esta es una ciudad árabe, musulmana, y no todo es futurista (por suerte). El centro es mucho más sencillo, abigarrado, y tiene el bullicio clásico que uno espera en medio oriente. Aunque no deja de ser prolijo y seguro, como todo en Dubai. “Piérdanse” por los mercados del oro y de las especias. Y regateen con los vendedores, como debe ser. Dubai es la menos conservadora de las ciudades de los Emiratos, y respecto a las normas islámicas, no se le exige ninguna a los extranjeros, es decir, una mujer no va a tener ningún problema en hacer lo que quiera. Ni para caminar sola, ni para usar el cabello suelto, ni para recorrer la ciudad a cualquier hora.

6) DATA (NO TAN OBVIA) PARA IR DE SHOPPING ¡ANOTEN! 

Las compras podrían ameritar una nota completa. ¿Qué marca no hay en Dubai? ¿Qué no se consigue? Desde Forever 21 hasta Ikea o las marcas más exclusivas. Así que mejor les revelo algunos lugares no tan obvios. Si les interesan los ingredientes étnicos, vayan a los supermercados Lu-Lu, para comprar tecnología la cadena Sharaf, para conseguir un poco de todo a precios ridículos no se pierdan una (poco glamorosa) visita a Day to Day. Otro planazo es hacerse tiempo para deambular obnubilado entre las góndolas del Carrefour del Mall of The Emirates. Cada sector es pura sofisticación y su góndola de chocolates mide casi una cuadra.

7) DUBAI 2020: SE VIENE UNA FIESTA COLOSAL 


El año próximo, Dubai se propuso “asombrar al mundo” una vez más. Como sede la próxima Exposición Universal, se está construyendo en el desierto una nueva ciudad, donde van a estar los pabellones de los casi doscientos países que van a participar. 192 pabellones para ser exactos. Con firmas detrás como la de Norman Foster. Esta exposición va a ser un imán para el turismo. Se prevé que haya doscientos restaurantes, sesenta shows por día, y el foco va a estar puesto en presentar nuevas tecnologías disruptivas (como la del Hyperloop por mencionar una). Del 20 de octubre a abril 2021.

¿CÓMO LLEGAR A DUBAI? ¡EN EMIRATES DESDE YA! Y DIRECTO DESDE BUENOS AIRES: UNA AEROLÍNEA DONDE EN SERIO QUIEREN QUE LA PASES BIEN 

En una próxima nota les voy a contar cómo fue viajar en esta aerolínea nacida en Dubai, y célebre por el servicio maravilloso que dan. Su primera clase y su clase business son legendarias, pero también en turista el pasajero está en el centro. Asientos confortables, con una distancia humana entre uno y otro, carta de cócteles durante todo el viaje, gastronomía más que digna. Hay un vuelo diario Buenos Aires – Dubai con escala – corta, ni siquiera hay que baja del avión – en Río de Janeiro. Por su ubicación, Dubai es la escala ideal para quedarse dos o tres días, rumbo a unas vacaciones al Asia más lejana y que el periplo en el aire no sea tan denso. 

Fotos: todas las fotos de la nota fueron realizadas con el celular #ONEVISION de MOTOROLA