Bistrós Vietnamitas, tiendas de arte cosmopolitas, cafés modernos y mostradores dulces: Belgrano bajo una oleada de novedades como nunca antes / Las diez direcciones flamantes e imperdibles

De las vías hacia el Bajo, Belgrano se volvió un imán para proyectos con onda /¿Por qué hay tantas aperturas? / Sigue pisando la impronta asiática, con una novedad de Roy Asato, un café vietnamita y la nueva sede del “choribao”/ Además: un nuevo restaurante con mucho pescado, un café que se perfila como favorito y un nuevo boom pastelero/Bonus: una tienda de diseño y arte digna de una gran capital. 

Neko Restaurante, la segunda apuesta de Lucas y Antonella, es un viaje nikkei en sabores y ambientación.

Bistrós Vietnamitas, tiendas de arte cosmopolitas, cafés modernos y mostradores dulces: Belgrano bajo una oleada de novedades como nunca antes / Las diez direcciones flamantes e imperdibles. Por Lenchu Rodríguez Traverso. Fotos: Matías Quintana para MALEVA.

De a poco se va desvaneciendo el recuerdo de los alrededores de esa estación de tren sombría, en una zona que era mejor atravesar rápido durante la noche. Desde que se elevó – con aires a obra “primermundista” -, la estación de tren Belgrano C y el florecer de Pasaje Echeverría como uno de los polos gastros y urbanos más originales de la Ciudad (Pony Pizza y Orei fueron dos de sus locales pioneros), esta cuadra de Belgrano empezó a irradiar un atractivo y una personalidad que se terminó de expandir al resto del barrio, sobre todo hacia el bajo. 

Si hacemos zoom este último año, podemos decir que Belgrano, de las vías hacia Figueroa Alcorta, está en, tal vez, su etapa más atractiva. Apertura tras apertura. Proyectos cuidados e inteligentes eligieron este barrio para instalarse, y lo convirtieron de golpe en un epicentro cosmopolita, centro de nuevas tendencias, como si reflejara un cambio urbano generacional. 

A los clásicos vecinos de siempre se le sumaron jóvenes seducidos por la nueva escena. Hay algo para todos, sea lo que sea que busques; desde un espacio divino para instalarte con la computadora mientras te hacen refill de café, hasta una ventanita para disfrutar de un buen bowl de noodles, baratito y al paso o uno de los locales de arte y productos editoriales más lindos y logrados de toda la ciudad porteña. 

«Si hacemos zoom este último año, podemos decir que Belgrano, de las vías hacia Figueroa Alcorta, está en, tal vez, su etapa más atractiva. Apertura tras apertura. Proyectos cuidados e inteligentes eligieron este barrio para instalarse, y lo convirtieron de golpe en un epicentro cosmopolita, centro de nuevas tendencias, como si reflejara un cambio urbano generacional…»

Con MALEVA salimos a patear este Belgrano renovado, y encontramos diez aperturas que hacen que valga la pena acercarse al barrio más de una vez. Desde un sushi moderno, un mostrador de “patisserie” mega cuidado y un café vietnamita, hasta un localcito al paso que creó un producto ensamblando lo más popular de Argentina y Asia.

1) Monoblock: la nueva tienda “best seller” de la marca (todo diseñado por artistas) / Echeverría 1663.

Hace un año y medio, Pablo Galuppo se sentó en un café sobre el pasaje Echeverría y dijo: “Yo quiero que Monoblock esté acá”. Unos meses después, apareció un local a la vuelta  (que le pareció una idea aún mejor) y lo convirtió en su tienda best seller. Después de mucha remodelación, armaron un espacio que perfectamente puede estar en cualquiera de las ciudades más importantes del mundo. Paredes de colores, arcos para separar los sectores y todos sus objetos exhibidos con una lógica de color que cautiva. Vamos a admitirlo; es muy difícil entrar a la quinta tienda de Monoblock y salir con las manos vacías.

El diferencial de esta sede está ni bien entrás, en el primer sector. “Queríamos que este local tuviera un espacio de exhibición, para hacer muestras y las presentaciones de los nuevos lanzamientos”, explica Pablo, el creador de la marca junto a Vik Arrieta. El cambio en el color del piso y de las paredes anuncia el paso a la tienda propiamente dicha, donde encontramos de todo; cuadernos, libretas, agendas, postales, tazas, libros (su pata editorial está pisando fuerte), tote bags, láminas, hasta mantas para el invierno. Todo diseñado por artistas, como lo pensaron desde el principio. Y, si te ponés a buscar, hay algunos guiños divertidos al Barrio Chino.

2) Pampa Café: una nueva coordenada para ir todos los días e instalarte en una esquina aterrazada a plena luz y rodeada de árboles / La Pampa 1117.

En la esquina de La Pampa y Cazadores, escondido detrás de un universo de plantas, nació un café que tiene todas para convertirse en el favorito del barrio. Contrario a la tendencia del momento – locales minúsculos que “te despachan” terminado tu café – Tomás Couriel y Lucas Canga (las cabezas detrás de Piedra Pasillo, entre otros emprendimientos) querían dar vida a un espacio amplio, lindo y que invite a quedarse. “La idea es que la gente venga con su computadora y se instale, todas las mesas tienen enchufe y tenemos la propuesta del batch del día”, cuenta Tomás a MALEVA. “Podés pedir un café filtrado y hacer refill, lo mismo con el té”.

Con un concepto integral, le ponen gran énfasis a todo por igual; su café, pastelería, el menú de mediodía, el brunch y el servicio. También se destacan en la creatividad con que pensaron la movida y en que producen todo 100% en casa. Al mediodía, la mesa-mostrador exhibe varias guarniciones que cambian todas las semanas y que se pensaron para acompañar sus 5 opciones de proteína. A la mañana y a la tarde, el mostrador se llena de pastelería – las medialunas son su gran hit y orgullo – y en la carta encontrás todo por separado para armarte el plato como quieras. Cuatro opciones de panes, palta, huevos, trucha curada, quesos, yogurt, y más. “Consideramos que el producto llega mejor de esa forma y te cobramos solo lo que consumís”, nos explica su creador.

Hay gente – como Coty, su clienta más fiel – que viene casi todos los días. Y ahí sonríen: están haciendo las cosas bien. Esa es la energía que se ve también en el equipo, al que capacitan para que pueda suceder esa magia de pedir “lo de siempre” y que efectivamente llegue lo que esperabas.

3) Noodles by Orei: la nueva ventanita de “asian bowls (BBB)” de Roy Asato / Montañeses 2074.

Sobre Montañeses, un frente chico color negro con una ventanita con marco de madera anuncia el segundo local de Orei. Todo empezó cuando Roy Asato importó una máquina para hacer sus propios fideos de ramen y este espacio nació como un pequeño centro de producción. Pero, jugando, se dio cuenta de que con esos fideos se podía hacer algo distinto y así nació “Noodles”; un formato kiosquito, como Orei, para pedir por la ventana algún bowl de noodles y comer medio al paso en las mesas de afuera. Ah, y algo no menor: precios accesibles.

Un gran hit con mucho sabor asiático y un picor sutil que te envuelve el paladar: el “Osobuco 5 especias”. Noodles con carne y brotes, cebollas, pak choi con hinojo, furikake gomashio y aceite de chiles. Otro que gusta mucho, y remite en ciertos momentos a algo un poquito más occidental, es el “Noodles Chicken Peanut” con pollo y hijiki con aceite de trufa y albahaca, cebolla, umeboshi y cilantro. Tienen, además, cuatro opciones vegetarianas y algunos combos donde le suman bebidas, cervezas y vinos.

4) Neko Restaurante: una fiesta japonesa de estímulos / La Pampa 1395.

No solo por afuera (está justo abajo del edificio de diseño de HIT Pampa) sino también por dentro, Neko Restaurante es una fiesta de estímulos. Su gatito con anteojos – el logo que se volvió personaje de la marca – está por todos lados, decorando con humor los banderines que cuelgan sobre la barra del sushiman, y los que cierran el espacio íntimo de afuera. El gong, la estructura del tejado japonés sobre el salón… todo te lleva en un viaje instantáneo a esa isla oriental. Es el segundo de Lucas Ferrari y Antonela Baldi (el primero es Neko Sushi, en Villa Crespo) y no va a ser el último, porque piensan ampliar este universo por otros barrios, con la cocina nikkei como hilo conductor.

Este restaurante tiene su foco en la cocina. Un hit: las gyozas que reversionan el lomo saltado, clásico plato peruano. Además del sushi, también hay baos, tempuras, currys, chaufa y ceviches; el de wasabi con esa sutileza de picor, pesca blanca y langostinos es una experiencia que vale la pena vivir (y repetir). Ahora incorporaron unas opciones más “mediodía friendly” y tienen dos eventos que gustan mucho: el omakase de niguiris el jueves a la tardecita – te sentás en la barra y probás 15 niguiris, novedades fuera de carta, mientras degustás cinco vinos de alguna bodegay el mediodía de handrolls libres los viernes. ¿Su objetivo? Que el que venga tenga siempre algo distinto por conocer.

5) Ultramarinos: un nuevo restaurante que celebra al pescado / Arribeños 1980.

Traer sabores del otro lado del mar. Ese es el lema detrás de Ultramarinos, la nueva apertura de Maximiliano Rossi (creador también de Picarón) que se esconde en el Barrio Chino y ya está en boca de muchos en el mundo gastro. El nombre viene de esas tiendas españolas que, en su momento, vendían los productos que traían los barcos del otro lado del agua. Hay un jueguito de palabras. Sí, hay un gran foco en el pescado, pero no es lo único del menú. Parte de la esencia está en combinar cositas que va “trayendo” de diferentes partes del mundo. Por eso las navajas se presentan con una salsa un poco asiática, las cholgas con un escabeche muy español y el tiradito con sabores peruanos.

En una ciudad con poca propuesta de pescado fresco, no hay dudas de que esta apertura atrae. El foco está en el producto, “no hay mucho vuelo de sabores locos, acá encontrás buenas navajas, buen langostino, excelentes anchoas y pescado a la parrilla”, explica Maxi a MALEVA. La carta se divide en cuatro: snacks, crudos y curados (viene trabajando con Cesar Sagario de Corte desarrollando charcutería de mar, como el leberwurst de chernia), vegetales, plancha & brasa. Además; una cava con gran selección de vinos, una barra de tragos y un ambiente con diseño estilo industrial, elegante e íntimo.

6) Tallarica: un mostrador que atrae a los amantes de lo dulce / Av. del Libertador 6025.

Con un gran local de doble altura sobre Libertador, a pocos metros de Juramento, Daniela Tallarico cumplió su sueño de emprender. Después de más de diez años en el Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires, donde trabajó con Damian Betular, se armó una marca con una identidad memorable y un mostrador no apto para los hambrientos que lo ven por Instagram. Los Petits – las mini tortas individuales que parecen obritas de arte – son lo primero que se ve al entrar. El de pistacho y frambuesa (con una capa generosa de pistachos frescos por encima) y el de pochoclo relleno de toffee son los favoritos. Ahí al lado, las cookies hacen su parte y los divertidos envases de los chocolatines – con el personaje del logo en distintas situaciones -, también llaman la atención.

En las mesas de cualquiera de sus dos pisos podés sentarte a comer algo mientras ves el cuadro dinámico de la avenida por la ventana. No solo hay pastelería; también tienen croissants y budines, desayunos y cositas para el mediodía como el sándwich de roast beef o el prensado de portobellos, ensaladas, quiches y algunos platos que se preparan en su horno de barro a la vista.  

7) Ăn Café & Viet Bistró: un “banh mi” y un “ca phe phin”, como en las callecitas de Vietnam / Blanco Encalada 1402.

Juan Pedro Benito vivió en Australia, trabajó en cocinas con vietnamitas y conoció Vietnam en un viaje por Asia. Cuando volvió, se dio cuenta de que en Buenos Aires había poco y nada de su cocina auténtica. Lo que lo terminó de motivar a abrir Ăn, es el “banh mi”; un clásico sándwich donde convergen su influencia francesa (el pan francés con paté) y su identidad local (el relleno con pickles, pepino y cilantro). “Quería hacer conocido este producto súper fresco que, para mí, podía funcionar muy bien acá”, cuenta su creador a MALEVA. Pero un monoproducto desconocido era una apuesta ambiciosa, así que decidió ampliar apenas su menú. Y así hizo llegar hace apenas un mes -, en una simpática esquina color rojo – un poco de la cultura de las calles de Vietnam en Belgrano.

Al banh mi – en el que se puede elegir la proteína, desde jamón y queso de chancho pasando por un omelette hasta gírgolas a la plancha -, se le suman los “nem” (arrolladitos de cerdo en papel de arroz fritos), los “goi cuon” (arrolladitos frescos de vegetales), unos buñuelos de mandioca y dos ensaladas viet. Y, por último, la cafetería. Si sos clásico, tienen café de especialidad. Si querés vivir la full experience; el filtrado vietnamita. Se prepara en la mesa, lleva su tiempito porque es extracción por gravedad y se termina mezclando con un poquito de leche condensada. Hay croissants, rolls, cookies y alfajores para acompañar.

8) Casa Nueza: el universo pastelero plant based de las hermanas Azcuy llega a Belgrano / Migueletes 1762.

Las hermanas Catalina y Agustina “Tini” Azcuy – una pastelera y la otra diseñadora y profesora de yoga – son veganas desde muy chiquitas y crecieron en una casa que comía casero y natural. Cuando el café de especialidad estaba en pleno auge, descubrieron que no había propuestas veganas que estuvieran a la altura. Así nació Casa Nueza; en un local chiquito en plena pandemia, con la idea de hacer un take away de sus recetas personales. Comida hecha a base de plantas, natural, saludable, con materia prima orgánica y, sobre todo, rica. Lo que no se imaginaron era que iba a ser tan bien recibido, llevándolas a abrir dos locales más grandes; uno en Palermo y el más reciente, en Belgrano.

La pastelería que tienen exhibida es su gran fuerte. Cookies (la de chips con escamas de sal explota), trufas, alfajores, laminados, budines y las tortas, que ya son sus clásicos, como la «sublime», una carrot cake rellena de frosting de cajú, nueces caramelizadas y salted caramel o la “golosa” con chocolate, frambuesa y praliné de pistachos. Todo vegano. Acompañan un menú bien completo otros desayunos y meriendas, como tostones, revueltos y bowls, y también tienen la cocina abierta al mediodía con sándwiches, ensaladas y unos platos calentitos. Para un mimo en taza: muchos cafés, lattes saborizados, tés, cold brew y leches vegetales caseras.

9) Obun: choribaos, empanadas de kimchi y un hornazo en una fusión sabrosa entre la cocina criolla argentina y asiática / Olazabal 1780.

Obun es “horno” en vietnamita. Pero ese horno de barro que destaca sobre el nuevo paseo Via Viva, bajo las vías del tren Mitre, saca empanadas y choris. Es que Obun – una de las aperturas del polo gastronómico pegado al tren -, nació con la idea de fusionar lo más popular de Asia y Argentina. Y esa semillita sembró lo que se convirtió en su producto estrella: el choribao. Chorizo asado envuelto en ese pan “nube” de bao. Tienen 3 versiones: la asiática, que viene con pickles, maní y cilantro; la argentina que sale con chimichurri, y la simple, para que le agregues la salsa que quieras.

Pero para no encerrarse en un único producto, metieron un poquito más de los dos mundos. Empezando por empanaditas salteñas – emblema de “La Morena”, otro local que tienen en Recoleta -, con nuestros sabores clásicos y una innovadora receta con kimchi; chipá correntino y chipá relleno. A Asia lo representan otros baos, más clásicos, que pueden venir con cerdo, con pollo y veganos. Obun es al paso. Te comés algo diferente que sale rapidito, quizás te tomás una cerveza Kira y seguís camino a descubrir nuevos secretos del Barrio Chino.

10) Deniks Bakery: una galería de arte de lo dulce / Migueletes 1717.

Denu Alvaro – pastelera, ingeniera química y chocolatera – aprovechó la pandemia para empezar su emprendimiento. A pulmón y en modo casero, armaba cajas de pastelería y las mandaba a toda la ciudad. Pero funcionó tanto que hace casi un año apareció “Casa Deniks”, su espacio soñado – con producción a la vista – para vivir una experiencia más personal con su pastelería. “Siempre imaginé un mostrador donde la gente vea, pregunte de qué sabores son y vaya eligiendo”, explica. Sus estrellas son los petit fours – las tortitas clásicas en miniatura, para comer en uno o en dos bocados – que te permiten probar un poquito de todo.

Pero no terminó ahí. Hace poco nació la chocolatería. Una línea absolutamente impecable de bombones pintados a mano, trufas, habanos, marrocs y grajeas que vende en cajas para regalar y también los produce a la vista. En el local – blanco y minimalista – hay mesitas para sentarse a tomar un café, elegir un petit four del mostrador o algún macarrón y están muy próximos a lanzar un menú de mediodía.

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Las fotos de Ultramarinos, Ăn, Casa Nueza y Deniks son gentileza de prensa de los lugares.

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