¿Cómo es Real Absoluto, la espectacular muestra de Nicola Costantino en el museo MAR de Mar del Plata?

Esta temporada, Mar Del Plata hospeda, además de turistas, una muestra espectacular de la reconocida artista contemporánea / Tres instalaciones (una de ellas inédita) inspiradas en “El jardín de las delicias” de El Bosco / ¿Cómo es y qué representa? / Jardines, océanos, paraísos y apocalipsis, diseño 3D, dos pinturas panorámicas y más

¿Cómo es Real Absoluto, la espectacular muestra de Nicola Costantino en el museo MAR de Mar del Plata?

La frase, algo cliché, “sumergirse dentro de un cuadro” nunca fue tan cierta hasta ahora. Lo que hoy se expone en el emblemático Museo MAR no son obras, sino mundos. En “Real Absoluto”, una casi bíblica saga de tres capítulos, la reconocida artista contemporánea Nicola Costantino invita a cuestionar nuestros límites e incluso pone en duda el concepto de felicidad con la exhibición de estas tres instalaciones, una de ellas inéditas. Porque para Nicola “el artista tiene una función específica, el arte tiene que mostrar las cosas que no se muestran y la obra no puede dejar ileso al que lo ve”.

Dividida en dos salas y con técnicas y materiales modernos, se trata de dos cycloramas –pinturas panorámicas de gran escala que se contemplan desde el interior, con una visión 360 que encierra al espectador- que ya fueron expuestos previamente en el Centro Cultural Kirchner y en la Usina del Arte y Abisal, la obra creada especialmente para esta muestra.

“Considero de gran relevancia poder exhibir este trabajo en forma completa y de algún modo como una retrospectiva, y así estrenar una pieza en Mar del Plata y abrir las puertas de Nicola a los visitantes de Museo Mar. En enero ya nos visitaron más de 30 mil personas y ellos se sorprenden gratamente al ver esta muestra”, le dijo a MALEVA Micaela Saconi, directora del museo…”

“Para mí, la obra máxima de la historia del arte es El Jardín de las delicias de El Bosco”, confesó alguna vez Costantino. Y en esa misma pieza legendaria se inspiró en “El verdadero jardín nunca es verde”, en la sala I, el primer micromundo en el que nos adentramos. Un desierto, creado a partir de impresiones directas sobre madera basadas en el Valle de la Luna, funciona como el paisaje apocalíptico ideal para sus personajes andróginos, con hocicos de cerdo y cogotes de pollo, (algunos incluso interpretados por la artista misma, donde casualmente siempre algo le tapa la cara). “Nunca me atreví a hacer algo relacionado con esa pintura monumental de El Bosco; un poco por el profundo respeto que me inspiraba, y otro poco porque no encontraba una conexión con mi obra a través de la cual abrirme paso. Esa conexión tan ansiada se dio, finalmente, cuando imaginé un grupo de andróginos. Sentí que esos andróginos tenían la densidad y también el humor que tienen sus personajes e invité a un grupo de artistas jóvenes a que los encarnaran y a que compartieran la escena conmigo”.

“La fuente de la vida, con su simetría monstruosa, hecha de huesos, colmillos, cuernos, plantas, crustáceos y huevos se alza como producto de una geometría divina, que en forma de antena capta ondas de una entidad superior”, explica la artista. “El nombre lo dice “El verdadero jardín nunca es verde”, es decir, “la verdadera felicidad no es lo que tenemos como concepto de felicidad”.

Sin embargo, la pieza principal no es el horizonte, pero lo que este cerco encierra: La Fuente de la Vida. Una visión que El Bosco tuvo espontáneamente pero que Costantino quiso recrear como un hallazgo arqueológico. Para esto, creó una réplica verosímil de lo que se ve en la pintura a través del diseño 3D. “La fuente de la vida, con su simetría monstruosa, hecha de huesos, colmillos, cuernos, plantas, crustáceos y huevos se alza como producto de una geometría divina, que en forma de antena capta ondas de una entidad superior”, explica la artista. “El nombre lo dice “El verdadero jardín nunca es verde”, es decir, “la verdadera felicidad no es lo que tenemos como concepto de felicidad”.

En la sala II, nos aguarda “Pardés”, un paraíso (su nombre en hebreo), opuesto al ecosistema apocalíptico anterior y que nos sumerge en un bosque de 300 metros cuadrados. Un mural 360 que en su interior protege un grupo de orquídeas, flor que simboliza el sistema siempre cambiante y entrelazado de la naturaleza: la belleza de la orquídea atrae al humano y al hombre que, seducidos, transportan su polen y se convierten en piezas de este mundo, el de la naturaleza, sin diferencias ni límites. Los andróginos que habitan este jardín protagonizan escenas y series para crear un gran banquete.

“Considero de gran relevancia poder exhibir este trabajo en forma completa y de algún modo como una retrospectiva, y así estrenar una pieza en Mar del Plata y abrir las puertas de Nicola a los visitantes de Museo Mar. En enero ya nos visitaron más de 30 mil personas y ellos se sorprenden gratamente al ver esta muestra”, le dijo a MALEVA Micaela Saconi, directora del museo.

En esta misma sala aguarda Abisal, una obra creada especialmente para el Museo Mar. Una impresión 3D que da vida a una figura que parece haber salido de las profundidades del agua, aquella misma que aguarda a solo media cuadra del museo, sus olas rompiendo sobre las playas de Mar del Plata. Las dos instalaciones anteriores preparan al espectador, explicitando las limitaciones del humano en la apropiación de la naturaleza, para sumergirse en este nuevo universo, el océano. Un contexto inhóspito para el humano al que la artista nos permite acceder. Por primera vez en público, esta obra de espejos y luminarias que brillan en la oscuridad da fin al recorrido que nos propone Nicola, y ya es una de las favoritas.

“Considero de gran relevancia poder exhibir este trabajo en forma completa y de algún modo como una retrospectiva, y así estrenar una pieza en Mar del Plata y abrir las puertas de Nicola a los visitantes de Museo Mar. En enero ya nos visitaron más de 30 mil personas y ellos se sorprenden gratamente al ver esta muestra”, le dijo a MALEVA Micaela Saconi, directora del museo. ¿Quién dijo que a Mar del Plata solo se va a la playa?

Fotos: gentileza Museo MAR