Obras con atmósferas irrepetibles, inspiración lúdica y viajes a Japón: entrevista a la sorprendente artista Mariela Vita

La curadora y cronista de arte Melisa Boratyn conversó con la artista/Muestra en del Infinito e instalación en arteba 2023/Su potente iconografía, las residencias en Japón y la presión sobre los artistas/¿Por qué se aparta de los caminos ya recorridos por otros?

Mariela Vita en plena entrevista con MALEVA. 

Obras con atmósferas irrepetibles, inspiración lúdica y viajes a Japón: entrevista a la artista Mariela Vita. Por Melisa Boratyn para MALEVA. Fotos: Alexis García Sánchez.

Los trabajos de Mariela Vita tienen una atmósfera irrepetible. Un «no sé qué», que nos atrapa y deja con ganas de quedarnos a vivir ahí adentro. Son amables y utópicas, remiten a muchas cosas y al mismo tiempo se mantienen abiertas para permitirnos fantasear. Su propuesta es profundamente singular y no sólo se destaca dentro del campo del arte local, sino que lo mismo podría suceder en cualquier parte del mundo. Vinimos a sumergirnos en «GEJIGEJI», su más reciente instalación de sitio específico, presentada en Del Infinito. La excusa perfecta para hacerle muchas preguntas. En la edición arteba de 2023, también propone una de las instalaciones más llamativas. 

Hace tiempo sigo lo que hacés y me gusta mucho, por lo que me sorprendió la propuesta pensada para la galería, que tiene algunas características diferentes a las de tus obras anteriores. ¿Cómo surgió el proyecto?

Julián Mizrahi (director de la galería) me contactó para invitarme a pensar algo y aunque estaba un poco ajustada con los tiempos, me entusiasmaba armar una muestra individual. Tenía pautada una residencia en Japón, por lo que todo se gestó y definió a la distancia con Carla Barbero, la curadora, a través de encuentros virtuales, con muchas horas de diferencia y viviendo en climas opuestos. De mí lado hacía mucho calor, algo que quizás se ve reflejado en el espíritu más veraniego y vibrante en las obras.

¿Cómo fue esa experiencia en Japón?

Muy linda. Originalmente había quedado seleccionada en dos residencias que se pospusieron por la pandemia. Una en el sur de Japón, en un villa de arte, que finalmente fue cancelada y esta segunda que seguía pendiente. Así que cuando este año ví que me podía acomodar, no quise perder la oportunidad. La residencia se hizo en simultáneo con artistas de otras partes del mundo, por lo que compartí la experiencia con una chica de Indonesia y una pareja de Rusia, aunque después hice una parte sola para recorrer y conectarme con otras personas.

Te confieso que Japón me atrae mucho y es un gran pendiente en mí lista de viajes. ¿Es un destino que recomendas? Ya fuiste varias veces, por lo que podría considerarte una experta en el tema.

Es un lugar posible y no es más caro que otras ciudades cosmopolitas como Nueva York. Hay miles de opciones para comer, el transporte público funciona de forma impecable, hay muchos parques, templos y podés mandarte a caminar por horas. También hay decenas de museos, por ejemplo esta vez fui al de Tezuka Osamu, el creador de Astroboy. Además es super limpia y la gente es amable. Y si bien los tiempos de Tokio son veloces, también podes irte a Kioto, donde todo es hermoso y más tranquilo.

«Pienso y planteo escenarios que podrían provenir de leyendas, como la de los dos conejos que están en la luna amasando bolas de arroz. Me gusta desescalar los objetos y por eso lo que creo puede ser para un humano o para una criatura miniatura. Todo tiene que ver con no saber cual es la escala real, tanto de de las cosas como de los espacios…»

Volviendo a tus obras ¿Ya venías arrastrando y evidenciando en ellas una conexión con esa cultura? ¿Qué es lo que más te atrae?

Siempre fui buscando cosas que me conectaran. En el secundario hice un bachillerato artístico, donde elegí grabado y me interesé por la estampa japonesa. En el viaje que realicé en 2018, armé una especie de mapa arquitectónico y de lugares que me gustaban mucho. Esa vez me lancé y fui sola, pero no sabía si iba a poder comunicarme o si iba a extrañar hablar español ni cómo sería la dinámica del día a día. De aquella experiencia guardé ese mapa virtual como un archivo y fuente de investigación. Hay muchas cosas de la cultura japonesa que me interesan.

¿De dónde viene la iconografía tan potente y particular que vemos en las instalaciones, donde podemos encontrar desde objetos inanimados con rostros tiernos, hasta grandes frutas, como sucede acá, piletas, escaleras y singulares arquitecturas?

Pienso y planteo escenarios que podrían provenir de leyendas, como la de los dos conejos que están en la luna amasando bolas de arroz. Me gusta desescalar los objetos y por eso lo que creo puede ser para un humano o para una criatura miniatura. Todo tiene que ver con no saber cual es la escala real, tanto de de las cosas como de los espacios.

Cuando hablamos antes, mencionaste que también existe una conexión con los videojuegos. ¿Es un aspecto que forma parte de tus procesos y experimentaciones hace mucho? ¿Dónde podemos encontrarla?

Lo de los juegos tiene un poco que ver con la infancia. No digo que me pasaba el día jugando, pero estaba presente a través de mí hermano y amigos, cuando salieron las primeras consolas, nos íbamos a los fichines o jugábamos en red. Lo que se presentaba en ese tipo de situaciones era la opción de formar parte de diferentes escenarios y eso estaba muy bueno. En algunos juegos eras chiquito, en otro grande e invencible. Quedabas dentro de un espacio y al toque aparecías en otro completamente diferente y así las posibilidades se volvían infinitas.

Podríamos entonces decir que hay un aspecto lúdico en lo que haces…

Casi todo lo entiendo así, en especial cuando pienso cómo se relacionan los personajes y las cosas entre sí. Hay algo de hacerlos jugar, así como también está presente el animismo, que no es sólo ponerle facciones a algo, sino creer o pensar que el objeto, sea el que sea, tiene alma o espíritu. Ahí es cuando se les asigna un rol y ese proceso lo tengo muy incorporado. A veces se percibe de forma más visible y otras menos, pero siempre está.

«Lo de los juegos tiene un poco que ver con la infancia. No digo que me pasaba el día jugando, pero estaba presente a través de mí hermano y amigos, cuando salieron las primeras consolas, nos íbamos a los fichines o jugábamos en red. Lo que se presentaba en ese tipo de situaciones era la opción de formar parte de diferentes escenarios y eso estaba muy bueno. En algunos juegos eras chiquito, en otro grande e invencible…»

¿Y en qué momento asumís el desafío de ocupar los espacios?

Cuando tuve un lugar más grande para producir. Primero me invitaron a hacer una vidriera en el Centro de Artes de La Plata, que no tenía ni pared ni fondo, por lo que pensé en un espacio que también fuera soporte. Me interesa mucho la arquitectura y me adueño de los espacios sin miedo, incluso de sus accidentes. No los evito, sino que los capitalizo y transformo.

Me gustaría que cuentes la historia detrás del título de la muestra, que demuestra que sos una persona muy atenta a los detalles y lográs encontrar historias interesantes en lo que otros podrían considerar detalles imperceptibles.

Para eso hay que volver al viaje. Venía caminando muchos kilómetros y estaba agotada, así que un día decidí ir a un parque para sentarme y no hacer nada más. Cuando llegué a la entrada había un teleférico que me llevó a la cima, donde apareció un cienpiés que me llamó la atención por cómo se movía. Entonces escucho que detrás mío alguien dice GEJIGEJI y pregunté cómo se escribía esa palabra. El cienpiés parecía una máquina, con las patas hiper sincronizadas y un brillo parecido al de una pana. Esa sincronicidad se parecía mucho a la manera en la que habíamos trabajado con Carla para que la muestra sucediera y por eso me interesó tanto.

«Japón es un lugar posible y no es más caro que otras ciudades cosmopolitas como Nueva York. Hay miles de opciones para comer, el transporte público funciona de forma impecable, hay muchos parques, templos y podés mandarte a caminar por horas. También hay decenas de museos, por ejemplo esta vez fui al de Tezuka Osamu, el creador de Astroboy. Además es super limpia y la gente es amable. Y si bien los tiempos de Tokio son veloces, también podes irte a Kioto, donde todo es hermoso y más tranquilo…»

Tus trabajos, al menos desde mí visión, son tremendamente únicos. Están muy pensados y ejecutados y tiene algo que difícil de encontrar en la escena local. Hay algo que te diferencia y demuestra que estás muy comprometida y entregada. ¿Vos detectas eso? ¿Cuáles son tus prioridades y necesidades a la hora de trabajar?

Lo que decís me parece muy importante, porque a veces uno está tentado de hacer ciertas cosas, porque es obvio que van a funcionar, como me pasa con el esfumado por ejemplo, que trato de no repetir justamente por eso. En un momento digo lo quiero hacer porque hace cinco años que le tengo ganas, pero cuando son aspectos que son muy propios de otros artistas, intento correrme. Me gusta mirar y encontrar a las personas en sus obras, pero también hay una realidad y es que los artistas estamos muy presionados y se espera que tengamos obras inéditas y siempre seamos originales, lo que lleva una enorme dedicación y mucho dinero. Uno dedica su vida para responder a esas exigencias, pero llega un momento en el que se vuelve mucho. Y cuando te llegan las oportunidades, algo que está buenísimo y que se desea, también tomamos la decisión de darlo todo. Y cuando te manifestás de esa forma, se percibe en tu trabajo, pero para distinguirse hay que tener un tiempo para pensar, otro para producir y entender que las cosas pasan cuando tienen que pasar. Por eso me gusta rodearme de gente que tiene algo que lo mueve en la vida, sin importar lo que sea, así como otras veces se me desvanece el interés por algunos artistas, si no veo sus almas en las obras.

Galería: 

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En MALEVA hacemos fotos y videos para nuestras coberturas y notas con los equipos de MOTOROLA Edge 30, Moto g200 5G, Moto g52 y moto g41.