«Me gusta iluminar lo menos conocido»: Sorrel Moseley-Williams / Inglesa, referente en la escena local gastro ¿Cómo es su historia y su propio proyecto de vinos?

Periodista, enamorada de la gastronomía y sommelier, Sorrel – conocida por muchísimos chefs y bodegueros de Argentina -, ahora apuesta por sus propios vinos/Procedencia: Chapanay; cómo surgió el emprendimiento y con quién; amor por el Cabernet Franc y el sueño de exportar.

Sorrel y las marcas que llevan su impronta, desde el vino hasta el gin tonic. 

«Me gusta iluminar lo menos conocido»: Sorrel Moseley-Williams / Inglesa, referente en la escena local gastro ¿Cómo es su historia y su propio proyecto de vinos? Por Paula Bandera. Fotos: Ana Pareta para MALEVA.

Trabajaba en una ONG que asistía a infancias vulnerables y bebía vino solo de forma muy ocasional; casi nadie apostaría que esa descripción alguna vez cuadró bien con Sorrel Moseley-Williams, la periodista y sommelier inglesa que recaló en Argentina en 1998 y se volvió una figura clave en la escena gastro local.

¿Por qué decidiste viajar a la Argentina y vivir acá?

Yo cursaba Estudios Hispanos en Londres y tenía que pasar el tercer año de cursada en el exterior, elegí Argentina porque me iba muy mal con el español, entonces tenía que mejorar. Me postulé a una ONG acá porque, aunque no conocía nada de este país, Perú me parecía demasiado exótico y España era cerca de Londres, si iba sabía que terminaría volviendo rápido, así que vine acá y me fui a vivir a Oberá, Misiones, donde estaba la sede de la ONG, y después me trasladaron a Mar del Plata.

Y ahí se dio el flechazo y no te fuiste más…

En realidad, cuando terminó la experiencia volví a Londres y en 2006 fue que regrese a la Argentina y ya nunca más volví salvo por vacaciones.

¿Y cómo fueron tus inicios en periodismo? Porque hasta ahora ni nombraste la palabra.

En Londres yo había trabajado como periodista en secciones de economía y negocios, pero más que escribiendo hacia producción. Cuando vuelvo a la Argentina no conocía a nadie en capital, pero conseguí trabajo en el Buenos Aires Herald y ya el primer día me dieron la sección Comunidad, cubría actividades de embajadas, ongs, colectividades, una página que nadie quería hacer, pero a mi me dio muchas relaciones sociales.

«Me fui del Buenos Aires Herald y me puse a estudiar la carrera de sommelier en CAVE, no escribí ni una palabra sobre vino hasta que me recibí. Fue muy gracioso porque reprobé coctelería, la única materia en la que me fue mal, y hoy soy Chair en los 50 Best Bars América del Sur. Ahí empecé un blog de vinos, Come Wine with me, donde hacia entrevistas a enólogos y después, en 2015, hice Come Wine With Us, un encuentro itinerante con selección de vinos por copa, algo que en esa época no se usaba, era novedoso…»

Llegamos al periodismo entonces, pero no a la gastronomía todavía.

Es que no fue fácil, después de eso pasé a espectáculos, la primera nota fue a Duran Duran. Fui a la conferencia de prensa, en el Faena, y todos preguntaban en español y alguien traducía, hasta que me tocó el turno y pregunté en inglés, cuando hablé todos se dieron vuelta y me miraron, se preguntaban quién era yo… me dieron entradas para ver el show. De ahí me pasaron a Economía, fue una depresión, y me abrí un blog donde subía reseñas de restaurantes por mi cuenta, también empecé a escribir freelance para Time Out, mis colegas leían mi blog y un día llegó a oídos del editor; en ese momento había un periodista histórico del Herald, Derek Foster, que cubría gastronomía, pero él ya era un señor mayor, salía a comer solo al mediodía, entonces mi editor me pidió que también empezara a cubrir aperturas, noche y ahí comenzó el mundo de las invitaciones y me empecé a rodar del ambiente gastro.

Y todavía no eras sommelier…

No, a esa altura yo todavía no sabía nada de vino. Me fui del Herald y me puse a estudiar la carrera de sommelier en CAVE, no escribí ni una palabra sobre vino hasta que me recibí. Fue muy gracioso porque reprobé coctelería, la única materia en la que me fue mal, y hoy soy Chair en los 50 Best Bars América del Sur. Ahí empecé un blog de vinos, Come Wine with me, donde hacia entrevistas a enólogos y después, en 2015, hice Come Wine With Us, un encuentro itinerante con selección de vinos por copa, algo que en esa época no se usaba, era novedoso.

«En Inglaterra, la alta sociedad toma gin tonic a las 5 de la tarde, en los pubs hay tanto gin tonic como pintas de cerveza; yo tengo recuerdos, por ejemplo, de ir a la casa del papá de la pareja de mi papá, o sea mi abuelastro, y tomar gin tonic a las 6 de la tarde, yo tomaba mucho gin tonic de joven, tanto que una noche tomé demasiado, me asqueé y recién volví a reencontrarme con el gin tonic estando acá…»

Y de ser sommlier a tener tu gin tonic enlatado y tu vino. ¿Cómo fue?

En Las Patriotas, que en ese momento era de Tato Giovanonni, me invitan a hacer un ciclo que se llamaba Invasiones Inglesas y combinaba platos y cócteles típicos de Inglaterra, ahí creé el Dill Tonic, que era con gin macerado en enebro, porque yo quería algo más herbáceo y fresco. Y durante la pandemia, mi socio que ya estaba enlatando un gin tonic, me animó a enlatarlo.

¿Por ser inglesa te resulta más natural empezar con un gin tonic que con un vino?

No sé, sucedió así. En Inglaterra, la alta sociedad toma gin tonic a las 5 de la tarde, en los pubs hay tanto gin tonic como pintas de cerveza; yo tengo recuerdos, por ejemplo, de ir a la casa del papá de la pareja de mi papá, o sea mi abuelastro, y tomar gin tonic a las 6 de la tarde, yo tomaba mucho gin tonic de joven, tanto que una noche tomé demasiado, me asqueé y recién volví a reencontrarme con el gin tonic estando acá.

«Chapanay es una zona calurosa, de suelo arcilloso, este Cabernet Franc viene de un viñedo que es mezcla de parral con espaldero. Me parece importante hacer un vino de esa zona porque es darle identidad a un lugar que nadie le había dado, es mi trabajo iluminar lo menos conocido, al chiquito, el productor pequeño; lo mismo con Dill, nadie le daba bola al níspero ni al eneldo…»

Y cómo nació Sorol, tu marca de vino…

Conocí al japo (N. del R. Mauricio Vegetti, enólogo y responsable de Lui Wines) en una cata de sus vinos, y yo caté el vino como correspondía, le di un buen feedback, pero todos los demás lo único que decían era “qué rico vino”, entonces le llamó la atención mi feedback y ahí pegamos buena onda, eso fue en 2015 más o menos, yo hasta entonces no tenía un proyecto de tener “mi vino”, pero después nos hicimos amigos y no sé, se dio natural, estuvimos durante 3 o 4 años diciendo de hacer un vino hasta que lo hicimos.

¿Eligieron juntos qué hacer?

Él me dio a probar a ciegas, yo no sabía que estaba tomando, y cuando tomé el Cabernet Franc de Chapanay me tiraba a un merlot, era muy suave; el otro, el de Gualtallary, era una bomba de fruta fresca, linda acidez, eran los dos muy diferentes, pese a que ambos eran Cabernet Franc; lo que pasa es que tenemos un vino que viene del Este de Mendoza, Chapanay, a 700 metros de altura, y otro a 1300, en Gualtallary.

Nunca había escuchado hablar de Chapanay.

Es una zona calurosa, de suelo arcilloso, este Cabernet Franc viene de un viñedo que es mezcla de parral con espaldero. Me parece importante hacer un vino de esa zona porque es darle identidad a un lugar que nadie le había dado, es mi trabajo iluminar lo menos conocido, al chiquito, el productor pequeño; lo mismo con Dill, nadie le daba bola al níspero ni al eneldo.

«Mi idea es llegar a exportar. Por ahora son pocas botellas, 1100, pero sí, quiero vender afuera. Este año estaba en un restaurante de una estrella, en Italia, y le conté al sommelier de mis vinos y sin probarlo ya quería comprar, le llamaba la atención y quería tener Cabernet Franc de estas zonas en su carta, pero bueno, no tenía, imaginate lo alta que está mi autoestima (risas)…»

Los nombres Chapate a Cabernet Franc y Gualter Cabernet Franc y las etiquetas llaman la atención, ahí entra en juego tu expertise como comunicadora.

En realidad, iban a tener otro nombre, se iban a llamar “de una” por ser dos vinos de una cepa, pero estaba registrado y nos tuvimos que reinventar, tampoco pudimos poner “Chapanay”, lo que yo lloré en todo ese proceso del nombre… cuatro veces tuve que cambiar de nombre para poder registrar la marca.

¿Siempre vas a elaborar vinos de esa zona?

No, no, de hecho eso fue en 2021, en 2022 el viñedo de Chapanay no nos vendió más la uva, así que en 2022 hicimos otros dos Cabernet Franc, también con 12 meses en barrica, uno de Valle de Uco y otro de alto Agrelo, y en 2023 hicimos uno de alto Agrelo y otro de bajo Agrelo.

Los vinos quebraron stock, hay que esperar a la 2023, ¿ya pensás en exportar?

Es que son pocas botellas, 1100, pero sí, quiero vender afuera. Este año estaba en un restaurante de una estrella, en Italia, y le conté al sommelier de mis vinos y sin probarlo ya quería comprar, le llamaba la atención y quería tener Cabernet Franc de estas zonas en su carta, pero bueno, no tenía, imaginate lo alta que está mi autoestima (risas).

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