Gin con artistas / Martina Elisa, del arte viviente a obras con desechos reciclados (como cápsulas de café): «se puede sacar belleza del caos».

Su gran carrera empezó en el cuarto, cuando se animó a pintar a una amiga con la técnica del arte viviente: desde ahí no paró / En plena búsqueda de hacer arte que perdure, se enamoró de la capacidad de transformar caos (objetos desechables) en belleza / Nos presentó su última y gran obra: una cola de sirena construida con más de mil cápsulas de café recicladas.

Entrevista entre gin tonics en su taller a fines del invierno en las afueras de Buenos Aires.

Gin con artistas / Martina Elisa, del arte viviente a obras con desechos reciclados (como cápsulas de café): «se puede sacar belleza del caos». Por Lenchu Rodríguez Traverso. Fotos: Azul Zorraquin.

Con solo abrir la puerta de su taller, ya te envuelve un aura de luz. No solo porque el sol le da con una intensidad divina a la tarde, sino porque hay algo en la energía que irradia Martina Elisa que no pasa inadvertida. Nos recibió con una sonrisa entusiasta y una calidez acogedora – como si estuviéramos visitando a una amiga de toda la vida -, para mostrarnos la avant première de su última gran obra: la magnífica cola de sirena que creó usando más de mil cápsulas de café recicladas. Y para relatarnos con detalle la historia de su camino como artista plástica, donde trabajó con marcas como Pinterest, Ginebra y Pantene.

Autodidacta, inquieta y exploradora, nació haciendo arte y este la fue acompañando a la par, mientras transitaba sus distintos procesos personales. Desde su boom con el arte viviente – la técnica donde convierte a personas en obras dinámicas -, hasta la reciente búsqueda de hacer algo bello reciclando y transformando objetos que irían a la basura; Martina se abrió con MALEVA y, con unos gin tonics de por medio, nos contó qué es el arte para ella, cómo lo retroalimenta con su carrera humanística y cómo vive emocionalmente sus procesos creativos.

«Durante mucho tiempo luché por sentirme entendida y de pronto empecé a pintar a gente en mi mundo de colores y ya nos entendíamos, no a través del lenguaje sino de esta técnica (de arte viviente).»

¿Estudiaste arte?

Cuando terminé el colegio sabía que quería ser artista pero no quería estudiarlo de la manera convencional. Empecé a ir a diferentes talleres, con profesores muy grosos, y fui aprendiendo diferentes técnicas, tomando un poquito de cada uno. Después estudié una carrera humanística, counseling, que siento que fue clave para desarrollarme como persona pero también como artista porque me permitió conocerme, entenderme y usarme como herramienta para lo que pueda crear después

Tu boom fue el arte viviente. ¿Fue a propósito o sin querer?

Pinto desde muy chiquita y siempre estaba experimentando con diferentes materiales. Un día vi en la televisión esta técnica que me llamó mucho la atención, acá no la había visto nunca, y dije: la quiero probar. Me contacté con la artista que hacía esto para preguntarle qué materiales usaba y ella me explicó todo. Muy experimental, agarré a una amiga mía y le dije: vení que te pinto. El arte viviente empezó en mi cuarto, me encanta contar esto porque cuando uno tiene ganas, las formas se encuentran

Y ahí te metiste de lleno en la técnica.

No pude parar. En esa época yo no paraba de crear, era como algo compulsivo. Y lo que entendí años después fue algo muy revelador: durante mucho tiempo luché por sentirme entendida y de pronto empecé a pintar a gente en mi mundo de colores y ya nos entendíamos, no a través del lenguaje sino de esta técnica.

«Solemos enfocar al reciclaje desde un lugar fatalista, pero a mi lo que me gusta recalcar de esto es que todo puede transformarse y eso está a nuestro alcance. Me gusta cómo ese desecho puede convertirse en algo bello a través de un proceso de transformación.»

¿Cómo fue tu vida en la pandemia como artista?

Fue compleja pero me sirvió mucho, porque hice una pausa y empecé a estudiar historia del arte. Hasta ese momento, si bien entendía mucho de técnica, no tenía tanto conocimiento de las diferentes vanguardias. Me la pasaba viendo videos, leí un montón y profesionalicé mi trabajo: empecé a analizarlo más, a entender por qué hago lo que hago y que es lo que quiero decir con lo que hago. Ahí arrancó un camino mucho más profundo.

¿Todo autodidacta?

Si. Me metí muy para adentro, que era un poco a lo que te obligaba el contexto, y mucho collage. Ahí empecé con los CD. Compartí en mis redes sociales que estaba buscando más porque me faltaban algunos para completar la obra. ¡Y me empezaron a mandar cantidades! Fue lindo porque también fue una manera de seguir estando en contacto con la gente en un momento donde nos obligaban a estar separados. De repente llegaban elementos que ni yo esperaba, ni había pedido, y eso después resultaba un disparador creativo.

¿Por qué te interesaste por hacer arte reciclando objetos?

Solemos enfocar al reciclaje desde un lugar fatalista, pero a mi lo que me gusta recalcar de esto es que todo puede transformarse y eso está a nuestro alcance. Me gusta cómo ese desecho puede convertirse en algo bello a través de un proceso de transformación. Por eso también me gusta manipular el material, le doy una vuelta de rosca para mostrar cómo una cosa puede convertirse en otra. Y teniendo tanto en el planeta para resignificar, ¿para qué usar más cosas nuevas?

¿Dejaste un poquito de lado el arte viviente para volcarte en obras que perduren?

Algo se transformó cuando hice mi libro de arte viviente. Mi búsqueda era poder inmortalizar tantas horas de trabajo en algo que perdure y ahí me empecé a enganchar con lo más duradero. Llegaron las obras, empecé a recolectar diferentes elementos – ese intercambio con el público súper rico – y empecé a trabajar con Cata Ruiz en dos series: Siembra y Marina. 

«Agarré a una amiga mía y le dije: vení que te pinto. El arte viviente empezó en mi cuarto, me encanta contar esto porque cuando uno tiene ganas, las formas se encuentran».

¿Cómo es tu vida como artista? 

Es increíble y es intensa. Hace mucho tiempo que tengo la escuela – el taller “Motivarte” lo creamos hace doce años con una amiga – y es un placer porque es lo que me permite crear sin tener que pensar siempre en comercializar. Crear con libertad para mí es clave: tener la menor cantidad de limitantes posibles. 

Los talleres que das, ¿son para niños? 

Niños y jóvenes. Los niños son increíbles, me nutren muchísimo en el proceso creativo. Esa espontaneidad, esa no limitante para crear y explorar sin miedo, ese arriesgarse… me inspira mucho. Y me encanta ver el proceso creativo de las personas y todo lo que pasa a nivel humano también; las frustraciones, el no saber para dónde seguir, qué es lo que estoy buscando, qué es lo que quiero decir, todo ese viaje y todo lo que sale de ahí es maravilloso. 

Tu arte entonces está siempre conectado con este costado humano que te dio la carrera de counseling, ¿no?

Por lo menos para mí, el cerebro es mi gran herramienta de trabajo. Si bien físicamente puedo hacer un montón de cosas, todo pasa por tener ese laburo mental desarrollado. Por eso siempre digo que fue tan importante conocerme como persona, entenderme, porque a partir de ahí lo que nace es desde un lugar más profundo. Me gusta pensar que somos un instrumento: cuanto más libres y despojados estemos, más vamos a poder canalizar algo que es mucho más grande que nosotros. Hay un proceso un poco espiritual en las creaciones.

¿Cómo sos como artista?

Mi historia me marcó mucho como artista. Mi papá murió cuando yo tenía seis años y fue muy duro, crecí con ese miedo de que, de un día para el otro, todo puede derrumbarse. Pero el arte un poco me salva porque empiezo a crear lo que tengo ganas de ver, conecto con otra cosa que me hace olvidar un rato de todo eso que me duele. Ahí entendí que se puede sacar belleza del caos, transformar algo muy traumático y duro en algo valioso. Me pasa lo mismo con el reciclaje; algo que uno quiere desechar porque “no sirve” en definitiva sí, porque si uno lo puede transformar, termina siendo algo valioso. Me encanta esa ironía de mostrar un objeto que iba a ir a la basura y que de golpe parece algo que tiene un valor enorme. 

«Siempre digo que fue tan importante conocerme como persona, entenderme, porque a partir de ahí lo que nace es desde un lugar más profundo. Me gusta pensar que somos un instrumento: cuanto más libres y despojados estemos, más vamos a poder canalizar algo que es mucho más grande que nosotros…»

Hablemos de esta nueva obra alucinante. ¿Cómo se te ocurrió trabajar con cápsulas?

Un día dije: me fascina el material, me parece una locura que se tire, quiero hacer algo con esto. Empecé a juntar y estuve meses limpiándolas pero no tenía ni idea a dónde iba. Y bueno, la sirena me tira al océano. Hay una simbología en la sirena que me gusta, en lo profundo, lo místico. Me gusta el humano que puede ir a las profundidades. ¡Y para mí las sirenas existen!

¿Cuántas cápsulas usaste para esta obra?

Hay más de mil cápsulas en la cola.

¿Y son todos los colores originales? 

¡Si! La cápsula es un material muy noble en ese sentido porque tiene unos colores increíbles que ni necesitan que los pinte arriba. 

¿Esta es una obra única o la idea es seguir trabajando con cápsulas y hacer una serie?

Hay cápsulas para rato. Es un material que me está gustando mucho y hay mucho para seguir explorando, según cómo la cortás o como la aplastás. Ahora estoy probando fundirlas y armar algo con esos metales que quedan alrededor.

¡Es tremendo cómo quedan las cápsulas fundidas! Jamás se me hubiera ocurrido.

Hay algo en mi personalidad muy exploradora. Me gusta investigar y probar y no le tengo miedo a confundirme. Siempre fui muy mandada y me animaba a exponer cuando hacía cosas que hoy las veo y no entiendo cómo me animé. Se me daba fácil eso. Ahora por ahí me lo tomo bastante más en serio y, si voy a armar algo que voy a compartir, me gusta tener un sustento y entender por qué lo estoy haciendo. 

«Estamos tan acostumbrados a que todo sea inmediato y a lo efímero, que por ahí es un poco ir a contracorriente dedicarle tiempo a un trabajo. Me parece interesante entender el proceso y a la vez genera controversia porque estás yendo en contra de lo que la sociedad impone cada vez más fuerte…»

Y eso es lo más difícil: cuando hacés arte expresás algo tan propio y tan vulnerable que resulta difícil mostrarlo y abrirte a la posibilidad de que alguien te lo critique. Hay gente que no se anima y por eso nunca lo hace.

Sí, eso me da mucha pena, por eso es algo que me gusta trabajar mucho con mis alumnos. Primero, entender que sos único y necesitás tener mucho amor hacia lo que hacés. En estos contextos donde de repente se ve tanta crueldad, me parece muy fundamental la mirada amorosa hacia la creación que es algo tan genuino y tan propio.

¿Qué es lo más lindo del arte para vos?

Para mí el arte es el lenguaje más abundante y más expansivo de todos. Es la mejor manera de comunicarme con otros. Cuando tengo que hablar del arte me resulta muy difícil, porque ya en el lenguaje de la palabra se pierden un montón de cosas. Cualquier cosa que diga siento que siempre va a quedar corta. Cuando hago arte siento que me expando.

¿Y por qué esta nueva búsqueda del arte que dure?

Estamos tan acostumbrados a que todo sea inmediato y a lo efímero, que por ahí es un poco ir a contracorriente dedicarle tiempo a un trabajo. Me parece interesante entender el proceso y a la vez genera controversia porque estás un poco yendo en contra de lo que la sociedad impone cada vez más fuerte. Pero a mí me parece muy lindo cuando le dedico mucho tiempo a algo y finalmente lo termino, es como que estoy ganándole al tiempo. 

«Para mí el arte es el lenguaje más abundante y más expansivo de todos. Es la mejor manera de comunicarme con otros. Cuando tengo que hablar del arte me resulta muy difícil, porque ya en el lenguaje de la palabra se pierden un montón de cosas que no se pueden explicar para algo que es tan enorme…»

La cápsula está hecha para dar café, vos le estás dando un uso nuevo. ¿No te da satisfacción esa inquietud que tenés que te lleva a lugares inexplorados?

Si, creo que mis procesos personales y mis obras de arte están todo el tiempo dialogando. El camino más importante para lo que sea que quieras emprender en tu vida es conocerte: es la herramienta más valiosa. Invertir tiempo, invertir lo que tengas en poder desarrollarte como persona. Y así como no cerrarte a terapias también siento que no hay que cerrarse a personas; siempre hay alguien que tiene algo para decirte que te puede llevar a un lugar copado

¿En qué otros ámbitos buscás inspiración, además del artístico?

Obviamente que me inspiro un montón en la historia del arte, en artistas, me apasiona, voy a muestras y estoy muy activa en todo lo que es ese mundo. Pero me gusta mucho absorber personas de otras disciplinas también. De repente salirme y escuchar la vida de un navegador, por ejemplo, que cruzó el océano y ver su forma de ver la vida me nutre un montón. 

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En MALEVA hacemos fotos y videos para nuestras coberturas y notas con los equipos de MOTOROLA Edge 30, Moto g200 5G, Moto g52 y moto g41.

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