«Una fuerza demoladora: así viví el privilegio de ser una de las primeras personas en estar frente a la obra récord de Frida Kahlo en Malba…»

Una experiencia fantástica frente a una Frida vulnerable/¿Cómo es estar frente al último autorretrato de Kahlo y la obra más valiosa del arte de América Latina en su desembarco (que aún provoca incredulidad) en Buenos Aires? Un espacio para únicamente doce personas y un pañuelo con un auténtico beso suyo.

Diego y yo es el último autorretrato que realizó la artista antes de morir en 1954.

«Una fuerza demoladora: así viví el privilegio de ser una de las primeras personas en estar frente a la obra récord (el Tercer Ojo) de Frida Kahlo en Malba…»

Ayer me sentí especial, como si hubiera sido parte de una película. El arte, para mí, es magia y encontrarme con la fuerza creativa de Khalo, fue una experiencia justamente fantástica. Rodeada de negro, Frida Kahlo me mira. La miro y admiro. Todo es silencio y reverencia a mi alrededor. Estoy sola en una pequeña sala dedicada a una de las artistas más grandes del arte latinoamericano, y por qué no, mundial. Estoy sola frente a una Frida vulnerable que llora. Tímidas lágrimas escapan sus ojos, mientras nos presenta el semblante inmutable de Diego Rivera, su pareja. Entre ceja y ceja lo contiene, como ese tercer ojo que guió siempre su vida. 

Con la emoción a flor de piel por el privilegio de haber participado de un recorrido de prensa, y por lo tanto ser de las primeras personas en encontrarme cara a cara con esta obra que hizo historia, intento absorber cada sensación. Diego y yo es el último autorretrato que realizó la artista antes de morir en 1954. Y a su vez, es la obra más cara de la historia del arte latinoamericano, adquirida el año pasado por el fundador del Malba, Eduardo Constantini, para su colección personal por casi 35 millones de dólares. 

Fascinación: el primer grupo que pudo presenciar la obra durante la visita de prensa de la que participó MALEVA. 

«El espacio tiene un aforo para 12 personas, por lo que esperé para poder ingresar. La expectativa no hacía más que crecer, pero las ganas de entrar sola y permitirme disfrutar del momento tranquila fueron más grandes. Al lograr entrar, la intimidad del espacio y su cercanía me absorbió. Apreciar la grandeza con que la obra fue pintada quedó en un segundo plano, ya que la pieza en sí conmueve…»

La salita del museo en que se presenta el retrato, contiene parte de la esencia de esta artista que supo forjar su propio destino. Las paredes en negro hacen que las piezas expuestas resalten aun más. Impactan con su luz y proyectan una fuerza demoledora. Diego y yo está acompañada por Autorretrato con chango y loro, una de las obras de Kahlo que forma parte de la colección permanente del museo desde sus comienzos.

A su vez, encontramos fotos originales de la artista, cartas, tarjetas personales, una blusa que le perteneció y hasta un pañuelo que contiene un beso suyo en lápiz labial. “La capilla es de Frida”, le contó a MALEVA María Amalia García, curadora en jefe del Malba, al realizar la recorrida de prensa. Y justamente es esta sensación de respeto, de lo sagrado e incomprensible, el aura que rodea la experiencia. 

El espacio tiene un aforo para 12 personas, por lo que esperé para poder ingresar. La expectativa no hacía más que crecer, pero las ganas de entrar sola y permitirme disfrutar del momento tranquila fueron más grandes. Al lograr entrar, la intimidad del espacio y su cercanía me absorbió. Apreciar la grandeza con que la obra fue pintada quedó en un segundo plano, ya que la pieza en sí conmueve. Su magnetismo es tal, que me perdí en las figuras, en su historia amorosa – hoy sería seguramente catalogada de tóxica -, a la vez que como ecos cercanos me llagaban vestigios de todos esos artistas que la rodearon y crearon a la par. 

Eduardo Costantini, creador del Malba y el responsable de traer a Buenos Aires una obra de tal magnitud, durante la presentación de Tercer Ojo. 

«Rodeada de negro, Frida Kahlo me mira. La miro y admiro. Todo es silencio y reverencia a mi alrededor. Estoy sola en una pequeña sala dedicada a una de las artistas más grandes del arte latinoamericano, y por qué no, mundial. Estoy sola frente a una Frida vulnerable que llora. Tímidas lágrimas escapan sus ojos, mientras nos presenta el semblante inmutable de Diego Rivera, su pareja…»

Salí de allí con hambre de más y el Malba no me desilusionó. Si no que su nueva exposición, que combina por primera vez su acervo y la colección privada de Constantini, me dio la posibilidad de ver por primera vez en vivo esculturas de Victor Brechereto volver a maravillarme con Wilfredo Lam, y la presentación de Omi Obini (hace 30 años que no aparecía en escena un trabajo de este artista), apreciar Autoretrato de Alice Rahon o Urso de Vicente do Rego Monteiro. Encontrarme con estas obras claves de la modernidad latinoamericana fue emocionante. 

“Tercer ojo surge de la obra de Kahlo, pero alberga además la ilusión de que ese ojo interno guíe nuestros modos de habitar y transformar el mundo” afirmó Guadalupe Raquena, directora institucional del Malba, en la inauguración de la muestra. Y yo, luego de haberla recorrido, lo creo posible. El arte alberga una fuerza creadora sutil pero muy poderosa. Nos permite conectar con lo sensible de nuestra existencia, en un mundo que parecería cada vez más impersonal.

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Fotos: son todas gentileza del Malba – Soledad Álvarez Campos.