"SER TOP MODEL ES UNA CUESTIÓN DE SUERTE": ANTONELLA GRAEF

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Antonella ahora disfruta a pleno sus estadías en Buenos Aires

 

«Ser top model es una cuestión de suerte»: entrevista a antonella graef. por gonzalo sánchez segovia. fotos: jacinto freixas.

Antonella Graef es muy alta (1, 81); tiene las piernas largas y finas, cara angulosa y ojos celestes muy claros, transparentes. Está posando para las fotos en la plazoleta de enfrente de la la Embajada de Francia. Se revuelve el pelo con una mano y mira de costado, directo a la cámara. Prueba, busca el perfil. Camina unos metros y gira con naturalidad. El fotógrafo le pide que guiñe un ojo y ella se ríe porque no le sale.  Cuando tenía 18 años, Antonella abrió un desfile para Givenchy en París. Fue su primer trabajo en el exterior. Hacía casi cinco años —desde los 14— que era modelo. Viajaba a Buenos Aires para trabajar al mismo tiempo que terminaba el secundario en Puerto Rico, Misiones, una ciudad de 20 mil habitantes, la mayoría descendientes de inmigrantes alemanes.
Además de ser figura exclusiva de Givenchy durante dos años, trabajó con diseñadores como Alexander Wang, Rodarte (“dos hermanas que todo lo que hacen es magnífico”) y Versace. También estuvo en la Fashion Week de Nueva York, donde vivió tres años “entre idas y vueltas”.
¿Cómo fue ese primer trabajo afuera?
No entendía nada. Me había tomado un año sabático porque no sabía bien qué estudiar y no estaba muy convencida de este trabajo. Mi agente me dijo: “Tenés un desfile la semana que viene. Te vas”. No me preguntó si quería o no. Fue en París. Conocía la ciudad pero fue una experiencia totalmente diferente. Cuando te bookean así por ahí llegás, te ven en persona, no se convencen y te volvés. Fui, me vistieron, me vio el diseñador y dijo “sí, que se quede”. Fue un alivio. Estaba muy nerviosa, me pusieron para abrir el desfile y pensaba que si algo salía mal iba a ser mi culpa. Fue una experiencia re linda, yo estaba segura caminando, no le tenía miedo a los tacos. La primera vez que me los puse necesitaba dos personas de cada lado para que me ayuden a caminar.
¿Siempre quisiste ser  modelo?
!No! Nunca quise ser modelo. De hecho me costó empezar, no quería. Me reclutaron en un típico scouting y mi familia me dijo que no dejara pasar la oportunidad sin ver de qué se trataba, porque desde afuera se ve muy diferente el trabajo.

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Antonella es súper alta, 1,81; le gusta la moda pero no es ultra fashionista y está estudiando psicología

 

«Recuerdo que Riccardo Tisci, el diseñador de Givenchy, se sentaba en cada área por dónde pasaba la pasarela e iba cambiando los nombres de los asientos para saber quién vería la primera imagen de cada outfit. Está en todo. Donatella Versace te pide que te sientas magnífica en el desfile, una diva.»

¿Y cómo es desde adentro?
Es un trabajo más. Con la diferencia de que no trabajás todos los días, pero tenés que cumplir con distintas obligaciones. Tiene sus pros, sus contras. Al comienzo quizás lo sufrí. Estar en Nueva York y querer volver a mi casa. Una vez me dijeron que, aunque no sepa lo que iba a venir, tenía que tratar de disfrutarlo. “Estoy en New York, tengo que aprovechar porque no sé cuándo me voy ni cuándo voy a volver”. También está bueno tener metas: trabajar con tal fotógrafo, por ejemplo.
¿Tenés alguna meta?
Nunca hice un desfile de Chanel y Karl Lagerfeld es una leyenda. Estaría bueno. Tal vez pase. Tampoco muero por eso. Ahora estoy estudiando psicología y estoy muy enfocada. Me gustaría recibirme algún día. Voy de a poco, a pasitos.
¿Te ves trabajando de psicóloga cuando dejes el modelaje?
No. Este es un trabajo relativamente fácil y tiene la ventaja de que no trabajás todos los días. Vivo de esto, así que mientras pueda lo voy a hacer. Te permite hacer dos cosas al mismo tiempo.

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De espaldas y en plena sesión de fotos con MALEVA en las afueras de la Embajada de Francia

«Ser top model es una cuestión de suerte. Ser diferente, rebelde, y descontracturar algo en la moda, como hizo Cara Delevingne, puede pasar como no, tiene que ver con la fortuna.»

¿Te pasó de estar en algún lugar y no poder creerlo?
Todo el tiempo. Nunca podría haberme ido a vivir a New York o París por mi cuenta. Quizás estás en París y te dicen: “La semana que viene te vas a Turquía”. Me pasó, y me fui a Capadocia. Adentro de las cuevas estaba adentro con una mujer que vivía ahí y me contaba cómo era. Le das mucho valor a eso. Son cosas que no esperás y te tocan porque este trabajo es así.
Y al contrario, ¿alguna vez quisiste dejar todo?
Si hacés castings doce horas por día y no conseguís resultados positivos, la verdad te querés volver. La competencia afuera es muy alta. Pero todo el mundo dice que en este trabajo tenés que aprender a no tomarte las cosas de manera personal. Te bajan de un desfile y querés saber qué hiciste mal. Pero no, no encajabas con lo que el diseñador necesitaba en ese momento. Es difícil eso.

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Con unos ojazos celestes, casi transparentes, cautivó a los diseñadores más importantes

 

«El Central Park se extraña. Vivía cerca, iba a caminar y a correr. Hay un lugarcito en el East Village que se llama Bianca. También el Coffee Shop de Union Square, que era un punto de encuentro porque está en el medio de la ciudad. Ahí íbamos a comer hamburguesas. Hay un sushi en el que siempre pedía delivery, un lugarcito lindo, Hana, también en el East Village.»

¿Te gusta la moda?
Sí. El trabajo me enseñó que detrás de cada campaña hay un montón de personas. Me gustó ver eso. Hojear una revista y no ver sólo la ropa, sino también el concepto. No soy fashionista al extremo, pero me gusta.
¿A los diseñadores los conocés?
En los desfiles están ahí, controlando que todo salga bien. Algunos se involucran más, otros menos. Recuerdo que Riccardo Tisci, el diseñador de Givenchy, se sentaba en cada área por dónde pasaba la pasarela e iba cambiando los nombres de los asientos para saber quién vería la primera imagen de cada outfit. Está en todo. Donatella Versace te pide que te sientas magnífica en el desfile, una diva. Cada diseñador tiene lo suyo y lo aprendés.
¿En qué ciudades viviste?
El año pasado estuve un mes en Hamburgo, que es increíble. Parece chiquita, medio pueblo, porque el centro es así, pero después están los alrededores. También en Milán y París. En Londres siempre estuve poquito.

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Antonella asegura que nunca pensó en ser modelo pero que hoy disfruta varios aspectos de su carrera, sobre todo viajar y conocer lugares increíbles

 

«Nunca hice un desfile de Chanel y Karl Lagerfeld es una leyenda. Estaría bueno. Tal vez pase. Tampoco muero por eso. Ahora estoy estudiando psicología y estoy muy enfocada. Me gustaría recibirme algún día. Voy de a poco, a pasitos.»
 

De todos los lugares donde viviste y trabajaste, ¿tenés favoritos?
Me gustó mucho más vivir en Nueva York, por la variedad, pero hay lugares en París que son increíbles. Versailles es un lugar espectacular. Cuando me armé un grupo de amigos, aproveché para viajar, ir a todos los parques, los monumentos. Estar en Nueva York e ir a conocer Boston un día, por ejemplo.
¿A dónde te gusta ir en Nueva York?
El Central Park se extraña. Vivía cerca, iba a caminar y a correr. Hay un lugarcito en el East Village que se llama Bianca. También el Coffee Shop de Union Square, que era un punto de encuentro porque está en el medio de la ciudad. Ahí íbamos a comer hamburguesas. Hay un sushi en el que siempre pedía delivery, un lugarcito lindo, Hana, también en el East Village.
¿Y en Buenos Aires?
En Buenos Aires siempre estuve de paso, casi cinco años, ir y venir. Desde el año pasado vivo acá más tiempo y me parece increíble. Es más linda de lo que pensaba. Hay domingos en los que con mi novio nos hacemos los turistas y vamos a caminar por San Telmo. Tiene algo de New York, está lleno de lugarcitos italianos, españoles, comida japonesa. Antes me daban ganas de ir a comer unos ravioles a Bianca y ahora tengo ganas de ir a un lugar que descubrí en San Telmo que se llama L’atelier de Céline.

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«Ser top model tiene mucho que ver con la fortuna»

 

«Hay domingos en los que con mi novio nos hacemos los turistas y vamos a caminar por San Telmo. Buenos Aires tiene algo de New York, está lleno de lugarcitos italianos, españoles, comida japonesa. Antes me daban ganas de ir a comer unos ravioles a Bianca y ahora tengo ganas de ir a un lugar que descubrí en San Telmo que se llama L’atelier de Céline.»

¿Qué lugar elegirías para viajar por placer?
No conozco Tulum y me encanta la playa. Para mí, las vacaciones son no hacer nada. Una ciudad que conozco y a la que volvería por placer es París, también el sur de Alemania.
Cara Delevingne dijo: «Veo tantas chicas que me dicen ‘quiero ser una top model, es lo único que quiero’, y pienso que no está mal, está todo bien, pero en serio ¿no pueden aspirar a algo un poco más que eso?». ¿Qué te parece?
Ser top model es una cuestión de suerte. Ser diferente, rebelde, y descontracturar algo en la moda, como hizo Cara Delevingne, puede pasar como no, tiene que ver con la fortuna. Yo nunca quise serlo, así que no puedo decir que aspiré a eso. Si aspirás a ser un buen médico y estudiás un montón es probable que se cumpla. Pero no una top model. No depende mucho de uno.
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