¿Qué hacer en un finde en Rosario? Estos son los imperdibles de una ciudad cada vez más interesante

Crónica en primera persona y llena de data de un recorrido a full por ¨La Chicago argentina¨ / Coordenadas llenas de historia, panorámicas, una costanera sorprendente, una vida nocturna envidiable, jardines y una escena foodie que la rompe / Todo sobre una escapada muy genial por pagos rosarinos

Además de una animada vida nocturna, arquitectura cautivante y una escena gastronómica genial, hay actividades al aire libre muy copadas en el río

¿Qué hacer en un finde en Rosario? Estos son los imperdibles de una ciudad cada vez más interesante

“Cuidado que Rosario enamora”, me advirtieron apenas puse un pie en su aeropuerto. Si la adrenalina nos suele invadir al bajar de un avión, caminar por la pista de aterrizajes con un carry on en la mano y la mirada puesta en el horizonte hiperboliza la experiencia. Y es que, en el Aeropuerto Internacional Rosario Islas Malvinas Argentinas, todo se resuelve en planta baja, razón por lo cual no cuenta con manga alguna. Así fue como la terminal ganó el ingenioso apodo de “Musculosa”.

“Todo periplo debiera empezar así”, pensé por dentro. Porque sin importar si se trata de vuelos domésticos o internacionales, cada oportunidad de escaparse de la rutina es única, y merece una entrada así de triunfal en territorios desconocidos. Además, tenía ganas de conocer Rosario desde que escuché por primera vez “Mariposa Technicolor”. ¿Quién no soñó alguna vez recorrer con nostalgia las calles que inspiraron a Fito Páez en su infancia? 

“La Chicago argentina” es conocida por sus románticos bulevares, su cultura cosmopolita, su intensa movida nocturna y su arquitectura moderna, pero, sobre todo, por haber sido la cuna de grandes hombres y mujeres. Tenía la expectativa de conocer aquel café donde Fontanarrosa se sentaba a pasar sus ratos libres en la metafórica “mesa de los galanes”, escenario de sus mejores cuentos. Aspiraba dominar el arte de la improvisación como Olmedo, apreciar paisajes suburbanos como Berni e imaginarme al número uno del fútbol y la leyenda del hockey dando sus primeros pasos en algún club. Rosario no deja de crearse y recrearse a sí misma. Y yo quería hacerlo con ella. 

La ciudad se abrió paso con verde por doquier, invitándome a caminarla. Contaba únicamente con dos días para conocerla y no quería perder el tiempo.

1) DÍA 1: ARQUITECTURA DESLUMBRANTE, MUCHA HISTORIA Y MERCADOS FOODIES CON MÚSICA EN VIVO (¡ATENCIÓN AL TRAGO ICÓNICO!)

¨Al llegar a la politizada Plaza 25 de mayo, transité las huellas del pasado. Conocí por primera vez el Pasaje Juramento y el Monumento Nacional a la Bandera. Si de vistas panorámicas se trata, el mirador de este último es el mejor lugar para apreciar la ciudad desde lo alto. Reconstruí la historia de los edificios más emblemáticos como el Palacio del Correo, con la particularidad de aquel error en el número “4”  de su reloj y el Palacio de los Leones, actual sede de la Municipalidad de Rosario. Visité la Iglesia Catedral y me detuve a mirar sus columnas…¨

Primer objetivo, el casco histórico. Pero mi marcha se detuvo con cada cúpula que surgió entre las nubes. Quedé sorprendida por la riqueza de sus estilos, fruto del aporte migratorio de intelectuales y el poderío económico que representaban. “No todos los que deambulan están perdidos”, dijo sabiamente Tolkien alguna vez. ¿Y cómo no hacerle honor a esta idea con semejantes estructuras de exquisitos refinamientos y exóticas ornamentaciones luciéndose en las alturas? 

Al llegar a la politizada Plaza 25 de mayo, transité las huellas del pasado. Conocí por primera vez el Pasaje Juramento y el Monumento Nacional a la Bandera. Si de vistas panorámicas se trata, el mirador de este último es el mejor lugar para apreciar la ciudad desde lo alto. Reconstruí la historia de los edificios más emblemáticos como el Palacio del Correo, con la particularidad de aquel error en el número “4”  de su reloj y el Palacio de los Leones, actual sede de la Municipalidad de Rosario. Visité la Iglesia Catedral y me detuve a mirar sus columnas.

¨Por la tarde me dirigí al Mercado del Patio, un paseo gastronómico diferente, frente a la terminal de ómnibus de la ciudad. Repleto de productores y emprendedores dispuestos a compartir los secretos de la elaboración de sus productos frescos y naturales, comprobé al instante que el diferencial de este recorrido era su cálida experiencia de compra: recetas de la abuela se fusionan con nuevas creaciones, invitando a los transeúntes a celebrar el “boom” de la gastronomía rosarina…¨

Por la tarde me dirigí al Mercado del Patio, un paseo gastronómico diferente, frente a la terminal de ómnibus de la ciudad. Repleto de productores y emprendedores dispuestos a compartir los secretos de la elaboración de sus productos frescos y naturales, comprobé al instante que el diferencial de este recorrido era su cálida experiencia de compra: recetas de la abuela se fusionan con nuevas creaciones, invitando a los transeúntes a celebrar el “boom” de la gastronomía rosarina. Mermeladas gourmet (¡con sabores como manzana con mango, ciruela y miel y durazno con maracuyá!), quesos ahumados, vinos, alfajores santafesinos, y tantas otras delicatessen tentaban a cualquiera con sus aromas. Si lo que buscás es degustar una gran variedad de sabores de la región, a muy buen precio, este lugar es ideal. Al obsevar la fachada del mercado evidencié su pasado como estación ferroviaria. Como si fuera poco, en el Mercadillo (su feria gastronómica al aire libre) tocan por la noche bandas en vivo.  

Movida nocturna hay de sobra. Su oferta abarca desde pubs con teatro hasta boliches de moda para dejarlo todo. Los bares merecen una mención aparte. ¿Dónde? El mercado de Pichincha, en aquella zona que vio nacer al actor y humorista Alberto Olmedo, hoy es un circuito de gastronomía, arte y diseño, repleto de pubs de cerveza artesanal. Pero el aperitivo que sigue ganando popularidad en las barras es el famoso Amargo Obrero, que nació en 1887 como una reacción contra las bebidas dulces que tomaban las clases burguesas. Avenida Pellegrini, el Boulevard Oroño y la franja ribereña también despliegan un extenso abanico de opciones donde tomar buenos tragos.

2) DÍA 2: MOVIDA NAUTICA, PARQUES ROMÁNTICOS, RELAX Y EL PARAÍSO DE LAS HELADERÍAS ARTESANALES

A la mañana siguiente recorrí la costanera. Allí el aire cambió, y se experimentaba un contraste fascinante con el ritmo urbano. Al otro lado del Paraná, las costas de arena en las islas son ideales para el disfrute y la tranquilidad. Para los amantes de la naturaleza, las opciones son variadas: paseos en barco, recorridos en lancha. Incluso podés navegar en veleros. Si tu interés es el deporte, una gran alternativa es recorrer la inmensidad del río remando en kayak. Desde el balneario La Florida se ofrecen experiencias imperdibles que se adentran en el silencio del delta isleño. ¿Un lugar donde almorzar? En Parrilla Escauriza se conjugan platos clásicos de pescados de río y de mar con imponentes guarniciones y una vista a la costa que no tiene precio.

Por la tarde caminé por los tranquilos senderos del Parque de la Independencia. Este se extiende en el corazón de la ciudad. Los locales paseaban en botes a pedal por su lago  y disfrutaban la caída del sol con el espectáculo de las Aguas Danzantes.

¨A la mañana siguiente recorrí la costanera. Allí el aire cambió, y se experimentaba un contraste fascinante con el ritmo urbano. Al otro lado del Paraná, las costas de arena en las islas son ideales para el disfrute y la tranquilidad. Para los amantes de la naturaleza, las opciones son variadas: paseos en barco, recorridos en lancha. Incluso podés navegar en veleros…¨

Sus puentes románticos y el Jardín Francés inspirado en los típicos jardines palaciegos de tierras galas son los spots ideales para una postal. Este pulmón verde que, como porteña es inevitable no asociar con los Bosques de Palermo (¡y hasta cuenta con un Rosedal!), también da lugar al emblemático estadio de Newell’s que viste de rojo y negro la pasión futbolera. Y, como si fuera poco, ofrece la posibilidad de combinar sus caminatas con visitas al Museo de la Ciudad y el Museo Histórico Provincial Julio Marc, que se encuentran dentro del mismo. Para completar la experiencia como una auténtica local y aficionada foodie, coroné el momento con un cucurucho.

¿Sabías que Rosario es la capital del helado artesanal? De sus 190 heladerías, ¡150 son artesanales! Familias italianas trajeron y difundieron la producción artesanal, transmitiendo sus recetas de generación en generación. En las firmas pioneras que hasta hoy continúan, como Catania, Río Helados y Esther, es posible encontrar a aquellos primeros clientes, que hoy son abuelos, tomando un helado con sus nietos. Anualmente en la ciudad se consumen aproximadamente 10 kilos de helado por persona. Tal es la devoción por las heladerías, que en avenida Pellegrini es posible encontrar 10 en menos de 20 cuadras. El paraíso debe ser algo así.

¨¿Sabías que Rosario es la capital del helado artesanal? De sus 190 heladerías, ¡150 son artesanales! Familias italianas trajeron y difundieron la producción artesanal, transmitiendo sus recetas de generación en generación. En las firmas pioneras que hasta hoy continúan, como Catania, Río Helados y Esther, es posible encontrar a aquellos primeros clientes, que hoy son abuelos, tomando un helado con sus nietos. Anualmente en la ciudad se consumen aproximadamente 10 kilos de helado por persona…¨

Y como es bien sabido, todo viaje debe terminar con un banquete tan exquisito que deje al explorador con hambre de regresar. En este caso, la cita obligada es con el legendario restaurante Sunderland. Las buenas lenguas cuentan que sus orígeneres se remontan a los años 30´. Por aquel entonces, el viejo bar garantizaba a los tripulantes que bajaban de los barcos a vapor “minutas a todas horas”, cambio de dinero y, por supuesto, la posibilidad de emborracharse. En el 89´, un incendio destruyó el edificio y recién en el 2012 reabrieron sus puertas para escribir un nuevo capítulo de su historia. Sin dudas, toda su esencia sigue intacta.

Me despedí de la ciudad como quien saluda a un viejo amigo; sabiendo que nos ibamos a volver a ver. Al final Fito tenía razón: Rosario siempre estuvo cerca.

Fotos: Jazmín Gorosabel, Pixabay y Rosario Turismo