Cocinas de autor, barras con personalidad y proyectos que entendieron cómo seducir a un comensal pilarense que no tiene más ganas de hacer cuarenta kilómetros para comer bien: ahora pide calidad con localismo. El suceso despierta aperturas y escapadas gastro a este nuevo destino gourmet de zona norte.

Pilar se planta en la mesa: seis restaurantes top que demuestran que también se puede comer bien en el tercer cordón. Por Clara Cattarossi para MALEVA
Los que vivimos (o hemos vivido) en la periferia de la Ciudad conocemos el limitado repertorio de opciones gastronómicas en nuestros pagos. En el caso de Pilar -que hace unas décadas explotó como la ciudad más codiciada para vivir en el norte de la Provincia de Buenos Aires- hasta hace poco únicamente abundaban franquicias y raras ofertas originales. Esto implicaba –muchas veces– hacerse el tramo para salir a comer o tomar algo hasta otras ciudades, y mayormente a la Capital. En cierto punto, para mí, las largas distancias y el tiempo prolongado se volvían una norma: no había nada potable a menos de treinta minutos, y ya lo asumía. Ir a cenar por un cumpleaños implicaba empezar a prepararse a media tarde, casi como se tratara de un súper evento que conllevaba mucha anticipación.
El éxodo pospandémico de la ciudad al verde impulsó un crecimiento de restaurantes y bares que ahora también está dando frutos en Pilar. La demanda creció y, con ella, una oferta diferencial. Por eso, desde MALEVA te contamos las últimas novedades pilarenses –y con mucha onda– para que no tengas que cruzar la General Paz (o para que lo hagas, si venís desde Capital):
1) Crudo: el omakase que le pone su propio “chimichurri” al pescado / La Aldea, Panamericana km 44
Los omakase llegaron para quedarse, eso lo sabemos. Pero Crudo no sólo es el primer restaurante que ofrece este servicio en Pilar, sino que le da una vuelta única. Piezas clásicas de sushi vienen con lo que en esta barra llaman su propio “chimichurri”: nigiris de trucha con alioli spicy y jengibre crunch, o flambeada con aceite de trufa, chile y lima, o con chili garlic, polvo de hibiscus y huevas de trucha; handrolls de pesca blanca nacional, furikake ahumado tajín y negui, o de atún rojo con nikiri y sésamo blanco.
Crudo también se diferencia del resto por su ambiente y su estética. Lógicamente, la barra es la gran protagonista del lugar, hecha de materiales nobles, y es allí donde se concentra toda la experiencia culinaria: una dinámica a la que los pilarenses no están tan acostumbrados, con la preparación de los platos a la vista y en diálogo directo con los cocineros.
El clima del espacio envuelve al comensal en un minimalismo urbano dentro del verde pilarense, a tono con el ecosistema rústico y calmo de La Aldea, el paseo comercial donde encontramos Crudo.
“Yo soy de Pilar de toda la vida. Nuestro grupo (Grupo Doblevé) opera y vive acá, así que empezamos a detectar una necesidad clara: salir un poco de la lógica de las marcas de franquicia y buscar algo propio y con onda”, le confiesa Alan Waldhorn a MALEVA, quien también es el responsable de creaciones pilarenses.
“Yo soy de Pilar de toda la vida. Nuestro grupo opera y vive acá, así que empezamos a detectar una necesidad clara: salir un poco de la lógica de las marcas de franquicia y buscar algo propio y con onda”, le confiesa Alan Waldhorn a MALEVA, quien también es el responsable de creaciones pilarenses.
2) Querida All Day & Café: combina el factor “club social” con cocina mediterránea y platos caseros / Estación Pilará (General Lavalle y Sor Teresa)

Es el favorito de los vecinos del barrio privado Pilará –el cual se encuentra a pocos metros–, pero la realidad es que, a medida que se corrió la bola, el resto de los pilarenses también se fueron acercando a conocer esta propuesta que combina el factor “club social” con cocina mediterránea y platos caseros.
Desde milanesas y pastas hasta trucha y ensaladas mediterráneas, la oferta de Querida es muy clara: la simpleza de comer como en casa pero con una presentación de otro nivel. Y es que no vemos esto únicamente en su colorida carta, sino en la vajilla, los muebles y la ambientación que, sin dejar de transmitir esa sensación hogareña, se nota que cada detalle está pensado e intencionado.
Si bien esta cantina funciona con un horario que abarca todo el día (de 10 a 00 hs), el plan ideal de lo que queda del verano es almorzar algo liviano (como un wrap de pollo o una hamburguesa de quinoa gratinada con espinacas) y acompañarlo con su imperdible tinto de verano.
“La idea era poder quedarse en Pilar y tener una buena copa de vino —bien servida, en una linda copa—, buenos platos, vajilla de calidad y una experiencia mucho más integral –refuerza Alan–. Muchas veces, si alguien se iba a comer a Capital, era simplemente por la pereza de no encontrar eso mismo acá. Ese fue un poco el disparador”.
3) Culto Cocina: donde el fuego es protagonista sin dejar de lado la pastelería / La Aldea, Panamericana km 44

Anteriormente ubicado en el complejo Skyglass, Culto Cocina reabrió en La Aldea, justo detrás de Crudo, con una propuesta renovada. Si bien conserva el espíritu de alta cocina de su etapa anterior, hoy el restaurante suma un espacio más amplio y un nuevo equipo –ahora comandado por Guido Casalinuovo al frente de la brigada– y panaderos y pasteleros que amplían el foco más allá de lo gastronómico tradicional. La idea es lucirse también en desayunos y meriendas y, desde ahora, con un brunch los sábados, domingos y feriados, de 10 a 15 hs (abren de lunes a domingo, de 8.30 a 00 hs).
En sintonía con esa búsqueda, Culto propone una experiencia sensorial 360: el nuevo espacio resulta tan atractivo en lo culinario como en lo visual. De día, la luz natural entra de lleno y eleva la energía del lugar; de noche, el clima se vuelve más cálido e íntimo. El diseño acompaña con muebles que dialogan en una paleta armónica de azules, turquesas y la calidez de la madera.
Entre sus hits gastronómicos conviven platos como el T-bone (mitad lomo y mitad ojo de bife) con manteca de chimichurri flambeada, los ñoquis de remolacha con queso azul y cebolla frita o la trucha al kamado, junto a opciones más clásicas como la milanesa de bife de chorizo o la doble smashed cheeseburger con papas fritas. Para los fanáticos de lo dulce, elaboran helados artesanales a la vista, una torta vasca con durazno irresistible y un cremoso de chocolate semiamargo con cerezas confitadas. La barra acompaña con una cuidada selección de vinos y tragos que invitan a quedarse: vermú, tinto de verano, negroni, caipiroska o el infalible campari con soda.
“La idea, en definitiva, es que la gente no tenga que irse hasta Capital para vivir una buena experiencia. Y quién te dice, también, que alguien de Capital quiera venir a conocernos: eso ya es lo máximo”, concluye Alan.
4) Mess: del Medio Oriente a Pilar y con una huerta sin escalas / Los Crisantemos 392

El restaurante Mess, de la pareja de chefs Celeste Rizian y Guido Casalinuovo, fue de los primeros en escuchar la demanda de los pilarenses. Abrieron sus puertas hace tres años en el complejo Skyglass, y fue para todos una noticia: un restaurante cool, como los de Capital, abría en Pilar.
En la carta, el Medio Oriente aparece como punto de partida, pero nunca como lugar de llegada. Hay clásicos que dialogan con producto local y guiños inesperados: desde el keppe crudo hasta los arayes de cordero con chile y limón. Entre los platos medianos, el queso halloumi con shorbat de sandía y tomates resume bien el espíritu de Mess, mientras que en los principales brillan combinaciones más osadas como la trucha patagónica con duraznos y harra o el koshari de langostinos, donde la tradición egipcia se reversiona con técnica y producto local. Para el final, los postres siguen el mismo camino: la baklava de avellanas con helado convive con opciones más livianas y estacionales como sandía, melón y rosas.
Este crecimiento de la propuesta gastronómica en la zona no es casual. Para Guido Casalinuovo, “Pilar está viviendo una expansión grande a nivel demográfico: más gente, más tránsito peatonal y más consumo”, y eso eleva inevitablemente la vara. “El cliente está más exigente que nunca y con sentido. Buenas propuestas gastronómicas en la zona era lo que faltaba para darle a la gente un lugar donde quedarse y no tener que viajar a Capital”, le cuenta a MALEVA.
En Mess, esa idea de cercanía se traduce también en la experiencia y en el producto. “Sentirse bien y a gusto cerca de casa vale oro. Pasar horas arriba del auto para comer termina quitándole protagonismo al disfrute”, reflexiona el chef. A eso se suma un trabajo concreto con el entorno: alrededor del 40% de la materia prima que utilizan en la cocina proviene de su propia huerta, ubicada a pasos del salón, un gesto que refuerza la identidad del proyecto y acompaña el ritmo tranquilo y abierto que define a Pilar.
“Sentirse bien y a gusto cerca de casa vale oro. Pasar horas arriba del auto para comer termina quitándole protagonismo al disfrute.”
5) Pimentón: luz baja, agua de fondo y sobremesas largas / Farm Club, colectora este, km 46

Algo que une a las nuevas propuestas de Pilar es que todas tienen su magia tanto de día como de noche, y Pimentón no es una excepción. Ubicado en la entrada del barrio Farm Club, sobre colectora este entre las bajadas de Lagartos y Lomada (términos de un léxico propio pilarense), encontramos este restaurante que tiene menos de un año de vida.
La que se roba las miradas es la laguna que da al patio de atrás de la instalación, que se puede apreciar tanto desde adentro como desde afuera. El ambiente es alegre y verde, a pocos metros de la Panamericana pero alejado de todo ruido, lo que recuerda un poco a los primeros años de Pilar. Cuando cae el sol, Pimentón toma otro color: baja la luz, se prenden las velas de los candelabros de pie y el ambiente se torna más íntimo; invita a encuentros y charlas que se sueltan un poco con su tinto de verano de cortesía, claro.
El sentido que más se hace presente es el del gusto, tanto al mediodía como a la noche. Con una carta inspirada en la cocina mediterránea y local, sus impecables platos son un verdadero diferencial en esta ciudad: su hit indiscutido son los ravioles de cordero braseado en reducción de Cabernet Sauvignon y procesado con queso sardo y crema de leche, acompañada de salsa mediterránea (con tres tipos de aceites de ajo, romero y tomillo, emplatada con tomates confitados, tomates cherrys y albahaca); pero tampoco se pueden perder la ceja de bife con guarnición de revuelto de gramajo y dip de criolla, o las gambas al ajillo cocinadas con en salsa de tomate, aceite de ajo y emplatadas con guindillas.
¿Su bonus track? Una vez por semana, los miércoles o jueves (a veces los dos días) pasan música en vivo géneros principalmente nacionales que van desde el rock hasta el folklore.
6) La Suerte Casa de Quesos: cuando el queso se convierte en el centro de la experiencia / La Aldea, Panamericana km 44

Seguimos en La Aldea con sus nuevas propuestas; en este caso, con sólo cuatro meses, encontramos los quesos La Suerte. Un proyecto con 25 años de historia, nacido en el oeste bonaerense, donde una familia con larga tradición agropecuaria decidió transformar la leche de su propio tambo en quesos de identidad y calidad, inspirados en la tradición europea.
“Más que un restaurante, funcionamos como una casa de quesos, donde el objetivo es la divulgación, informar al público en el consumo del queso: explicar variedades, procesos, sabores, puntos de maduración y hasta la temperatura correcta para disfrutarlos –le cuenta Constanza Bosc, responsable del restaurante, a MALEVA–. A través de degustaciones guiadas y platos pensados junto a cocineros reconocidos, el lugar propone aprender a comer queso, afinar el gusto y entender qué hay detrás de cada pieza”.
Como su nombre deja entrever, los platos —creados por chefs reconocidos— giran alrededor del queso: empanadas fritas de cebolla con Lincoln y cheddar de Francis Mallmann; croquetas de cheddar y jamón crudo con salsa tatemada de Mecha Solís; albóndigas de cerdo y carne vacuna con salsa pomodoro y Reggio; y fainá gratinada de Toti Quesada con raclette, brócoli y hierbas.
Esta casa no ofrece una experiencia única en Pilar, sino en todo el Gran Buenos Aires. ¿Cuántos pueden decir que el corazón de su propuesta es el queso? Y es que además, los jueves hacen cata de quesos.
En una ciudad con más de 400 mil habitantes, y con una superficie tan vasta como de 350 km², parece mentira que recién ahora esté floreciendo una camada de restaurantes que estén a la altura de lo que encontramos en la Capital. Es realmente emocionante para una pilarense como yo ver cómo otros vecinos tuvieron una lectura tan atinada a la hora de escuchar la demanda.
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Fotos: Gentileza para prensa de los lugares mencionados.
