“En el fondo de mí corazón, sólo quería dibujar», entrevista a Pum Pum, una de las primeras artistas urbanas de Buenos Aires (que es una bocanada de aire fresco en medio de la jungla citadina)

Fue una de las primeras artistas en aparecer en la escena del arte urbano, cuando a principios de los años 2000 eran pocos los que se animaban a intervenir las calles de Buenos Aires. Desde entonces lo ha hecho todo, desde inmensos murales alrededor del mundo hasta ilustraciones de libros infantiles, siempre fiel a su estilo y abrazando los cambios que surgen cuando ingresan sus grandes pasiones, como la naturaleza, la literatura o la música.

“En el fondo de mí corazón, sólo quería dibujar», entrevista a Pum Pum, una de las primeras artistas urbanas de Buenos Aires (que es una bocanada de aire fresco en medio de la jungla citadina). Por Melisa Boratyn para MALEVA.

Pum Pum es una enamorada de la gráfica japonesa, los cuadernos chiquitos donde recolecta bocetos y frases, las plantas y el mar. Aunque es discreta y de perfil bajo, tiene una fuerza imparable. Optimista y profundamente atenta, su obra transmite los aspectos más nobles de la humanidad y es una bocanada de aire fresco en medio de la jungla citadina.

Empiezo con una pregunta que le hago a todos los artistas. ¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba el arte? 

De chica me encantaba dibujar, algo que parece obvio en la niñez, pero que con el paso de los años continuaba presente. Mi papá es pintor y escultor, por lo que ir a museos, muestras y estar rodeado de arte, materiales y libros era parte de nuestra cotidianeidad. Cuando terminé el colegio, caí en la incertidumbre frente a qué estudiar, aunque en el fondo de mi corazón, sólo quería dibujar. Visité facultades, entre ellas la FADU, que me enamoró por su enormidad y porque en todas partes había gente pintando, haciendo collage, maquetas, lo que fuera. Así que, sin saber mucho acerca de la carrera de diseño, me mandé y aunque me gustaba mucho, todas las noches llegaba a mi casa con una necesidad muy grande por hacer algo manual.

«Así que, sin saber mucho acerca de la carrera de diseño, me mandé y aunque me gustaba mucho, todas las noches llegaba a mi casa con una necesidad muy grande por hacer algo manual.»

¿Cómo fueron esos primeros años dedicada al diseño, dónde tu trabajo se mezcló con la música, una de tus grandes pasiones? 

Además de dar clases en la FADU, mi primer trabajo fue en un estudio que se llamaba «Zona de Obras», que diseñaba tapas de discos durante la época de gloria del CD. Fueron años de mucho amor hacia mi carrera porque estaba vinculada a algo que me gusta mucho, donde no paraba de ver bandas y conocer a artistas. Creo que fui muy afortunada de formar parte de ese momento, aunque la pulsión por el dibujo seguía. Escuchando eso, a principios de los 2000 empecé a hacer tags y stickers caseros que pegaba en los tachos de basura y las paredes, ya que sentía que en la calle estaba surgiendo algo. Conocí a diferentes grupos de artistas con los que me juntaba y que venían del mundo de lo gráfico, del stencil que estaba muy a full en ese entonces o que eran muralistas. Fue una etapa hermosa, donde pasaba de todo, con movidas que se generaban de manera orgánica, sin pensar mucho y una sensación de comunidad que encendió la escena urbana.

¿Cómo aparece la identidad de Pum Pum, tu nombre artístico, y cómo empezaste a compartirle al mundo lo que estabas haciendo?

Tenía unos amigos que me llamaban así. Empecé usándolo como mi tag personal y mi marca a través de la cual empezaron a suceder un montón de cosas. Por aquellos años éramos pocos los que salíamos a la calle, no como hoy, por lo que cualquier cosa llamaba la atención y generaba un impacto fuerte. Si pegabas un sticker, a los dos días aparecían 10 alrededor, como si se tratara de un código de aval y convivencia. De la mano de eso vino una pata más tecnológica, que fue el surgimiento de Flickr y Fotolog, espacios virtuales donde subía mi obra y que rápidamente se llenaron de gente que dejaba comentarios, porque en esa época las redes eran muy orgánicas y atraían a los artistas, por lo que el circuito se ampliaba un montón. Así fue como conocí a mucha gente sin un algoritmo que torciera y condicionara.

«Por aquellos años éramos pocos los que salíamos a la calle, no como hoy, por lo que cualquier cosa llamaba la atención y generaba un impacto fuerte. Si pegabas un sticker, a los dos días aparecían 10 alrededor, como si se tratara de un código de aval y convivencia.»

¿Y qué te llevó a dar el salto hacia obras más grandes como los murales? Uno de tus sellos más característicos, que te llevó a viajar por muchas partes del mundo y que de alguna manera catapultó tu carrera.

Entre toda esa gente que conocí, están dos de mis mejores amigos, Nerf y Jaz (Franco Fasoli), que como ya pintaban en la calle, me invitaron a sumarme. Ellos me dijeron que lo que hacía en el papel lo podía trasladar a la pared. Así que sin ningún plan ni pretensión, empecé a probar y me volví loca con la escala grande. Pero como todo en mi carrera, fue un proceso que se dio de manera muy natural porque sentía que estaba haciendo dibujos aunque me iba enganchando con elementos nuevos, como la línea negra como contorno de las imágenes, el uso de planos de colores y otras cosas que me permitían hacer algo nuevo.

Decime si estoy confundida, pero en esos años eran muy pocas las mujeres que salían a la calle, ¿no? Creo que por eso siempre te ví cómo una precursora del arte urbano, en un contexto que todavía era muy incipiente. 

Cuando miro hacia atrás, entiendo que era un mundo muy masculino, ya que cuando salíamos a pegar o pintar con estos grupos que mencionaba antes, como mucho, éramos una o dos mujeres. Y si bien en otras partes del mundo empezaban a aparecer artistas urbanas destacadas, acá todavía no se daba. El momento de inflexión sucedió más tarde, cuando surgieron más artistas y los diferentes mundos con sus disciplinas propias se fueron mezclando. También cuando las marcas empezaron a mirar lo que pasaba en la calle, lo que nos dio un empujón para poder mostrar lo que hacíamos y nos ayudó a armar una carrera de algo que había empezado de manera inconsciente y lúdica, al menos en mi caso, casi sin darnos cuenta. 

«Cuando miro hacia atrás, entiendo que era un mundo muy masculino, ya que cuando salíamos a pegar o pintar con estos grupos que mencionaba antes, como mucho, éramos una o dos mujeres.»

Después de la primera década de los 2000, la escena creció muchísimo y el arte urbano local se volvió un referente. ¿Cómo se manifestó todo eso en tú carrera?

Hubo momentos que fueron importantes, como cuando me entrevistaron en el suplemento SÍ de Clarín, que yo consumía mucho y me encantaba. Ahí empezó algo que fue explotando aunque vuelvo a decir que yo no era muy consciente. Esos primeros momentos de reconocimiento por parte de los medios o de marcas al principio me parecían casi extrañas. Además, surgieron espacios que no formaban parte del circuito establecido y que eran referentes para nosotros, como Hollywood in Cambodia, así como las primeras muestras importantes dedicadas al arte urbano en instituciones como el Palais de Glace o el Centro Cultural Recoleta, que se volvieron muy receptivos a lo que hacíamos.

Ya hablamos del contexto macro y ahora me gustaría poner el foco en lo micro y preguntarte cuales son tus referencias y que te inspira.

Soy muy fanática de la gráfica japonesa desde chica, cuando me enamoré de Hello Kitty y My Melody. Me atrapan sus dibujos simples y los plenos de colores. Mi paso por la FADU también está presente en todo lo que hago, desde una ilustración para un libro hasta una pintura y, si bien hoy no me siento muy representada en mis primeras etapas, entiendo que en ellas también están presentes las cosas que más me gusta en la vida: la música, la literatura, la naturaleza y los animales, ya que a través de lo que me inspira busco armar pequeñas historias en las que me incluyo. No siempre soy la misma persona; sin embargo, este largo camino está conectado por todo eso. Además, siempre tengo un cuaderno conmigo, donde anoto frases y dibujo. Las imágenes escritas me inspiran y, si estoy leyendo algo o veo alguna cosa al pasar, lo registro en un boceto para no olvidarme. Todo ese material es mi gran caja de herramientas. Por último, la literatura es otra fuente porque pienso que leer a otros constituye tu propio discurso.

Tú trabajo es heterogéneo y dialoga con públicos muy diversos que consumen tú obra de maneras diferentes. ¿Cómo haces para hablarle a todos?

No tengo un público definido porque a mi obra la puede consumir alguien en la calle que pasa por al lado de un mural, un niño a través de mis ilustraciones y personas de todas partes del mundo con sus interpretaciones personales que dependen de su bagaje cultural y costumbres. Eso me motiva a querer hacer más porque creo que los mundos se unifican por medio de lo que nos gusta. Hay una mirada poética con respecto a cómo observamos la vida, por eso trato de generar pequeñas narraciones que puedan resonar en otros. Saber que tengo la posibilidad de dirigirme a un abanico tan grande me llena de felicidad y que encima suceda en estos tiempos de puro algoritmo, segmentación y planificación de manera orgánica, me parece de una ternura humana que combate todo lo que no me gusta, abrazando la libre interpretación para que cada uno aporte algo nuevo a mi obra.

«Hay una mirada poética con respecto a cómo observamos la vida, por eso trato de generar pequeñas narraciones que puedan resonar en otros.»

¿Cómo percibís hoy la calle y hacia dónde crees que va este universo que conoces tan bien? ¿Qué te gusta y qué te preocupa de este presente?

Creo que muchas cosas humanas están pasando por un punto de inflexión y cambiando a una velocidad vertiginosa. Si bien estamos en un presente un tanto distópico, el arte es algo que siempre está presente, sin importar qué situaciones complejas o angustiantes se estén viviendo porque es una salvación y por eso no es algo que se vaya a perder, pero sí percibo que hay mucho por reformular. En cuanto al ámbito urbano, con los grandes festivales alrededor del mundo que durante tantos años se hicieron y que existieron por una confluencia de condiciones que se dieron en una época de mucho furor, también es un terreno que se está modificando y no tengo claro cómo va a mutar. Igualmente, sé que las paredes siempre se van a pintar, porque es una acción primitiva que existe desde el inicio de la humanidad. Habrá que ver cuáles serán las nuevas reglas, algo que me pregunto seguido, aunque planeo seguir porque me encanta.