De talleres de escritura epistolar -donde si sos un nómade digital además poder recibir correspondencia- a catas de vino con narración erótica o vermú con ejercicios de narración autobiográfica. Más pastelería (artesanal, obviamente) que se vende como best seller. Los bares vuelven a ser un punto de gestión cultural. Los cafés regresan como encuentro de ideas. Hay esperanza, y cinco propuestas porteñas donde la palabra tiene valor. Donde escribir abre la posibilidad de beneficiar la mente y conectar con lo más profundo de nuestro ser.
La resistencia es gastro: bares y cafés que alzan en alto la bandera de la escritura a mano. Por Clara Cattarossi para MALEVA.
¿Cómo algo que fue una normalidad por tantos milenios, hoy es una rareza? Escribir a mano fue uno de los primeros recursos de la expresión humana, y en tiempos de una sobreestimulación constante y de un ritmo desenfrenado, pareciera que es necesario volver a ella. En un presente saturado de información, donde todo pasa demasiado rápido, volver a lo esencial deja de ser una idea romántica y empieza a sentirse como una necesidad. Mientras tanto, la letra a mano (aquella que alguna vez fue extensión natural del pensamiento) se vuelve cada vez más torpe y más ajena. Incluso pareciera que, al ver la letra de otro por primera vez, sentimos que descubrimos algo íntimo.
Los primeros registros de escritura a mano se remontan a finales del IV milenio a.C., en Mesopotamia y Egipto. Desde entonces, cambió todo (los soportes, las formas, las tecnologías) y, sin embargo, algo sigue tocando la puerta, porque seguimos volviendo a ella.
Y es que quizás escribir a mano no se trata únicamente de escribir, sino de conectar con lo interno y lo externo a través de algo tan primitivo como lo táctil. En un día a día incesante donde, según le confesó el escritor Loyds a MALEVA, “todo convive pero no necesariamente dialoga”, la escritura aparece como una forma de bajar un cambio, de desentramar la contemporaneidad. Y si empezamos a prestar atención, las personas que van solas a los cafés con sus cuadernos y lapiceras son cada vez más. No debe ser casualidad, entonces, que se haya generado una tendencia en los espacios gastronómicos de la Ciudad de Buenos Aires que ofrecen sus lugares para fomentar esta práctica.
Los primeros registros de escritura a mano se remontan a finales del IV milenio a.C., en Mesopotamia y Egipto. Desde entonces, cambió todo (los soportes, las formas, las tecnologías) y, sin embargo, algo sigue tocando la puerta, porque seguimos volviendo a ella.
1) Ifigenia Café Literario: donde lo táctil es rey / Bolívar 1049 – San Telmo

Uno de los sitios que mejor encarna esta movida es Ifigenia Café Literario, en una casona de 1925 en San Telmo: un barrio donde ciertas costumbres parecen seguir intactas. El ritmo baja, las calles adoquinadas ordenan el paso, el ruido se diluye y el arte se filtra en cada rincón.
En esa misma sintonía, Ifigenia propone un espacio rodeado de libros y antigüedades. “Hay algo en los objetos que te invita a jugar. Como los nenes que abren latitas a ver qué hay adentro… Ahí ya hay algo de la mano, que encuentra, que descubre. Una taza vieja, un poquito descascarada, que usó mucha gente… Todo eso se mezcla y algo te pasa. No está dicho, pero pasa”, le cuenta a MALEVA Isabela Nouel, creadora del café literario.
Por ello Ifigenia también es tierra fértil para la escritura a mano. No solo porque al visitarlo es común encontrarse con personas y sus cuadernitos –donde, como describe Isabela, “la gente arma su micro-mundo: mueve la plantita, acomoda la mesa, se sienta cerca de la biblioteca”–, sino también porque el espacio impulsa instancias más concretas: “Tenemos activa la terraza con un taller que estamos usando para encuentros y talleres de escritura”. De este modo, lo táctil no solo pasa por lo que se puede tocar, sino también por lo que se logra materializar a través de la mano.

Y su pastelería está a la altura de la belleza del lugar: su hit por excelencia es la Torta Victoria invertida con fruta de estación, y su pastafrola se vende como pan caliente. También podemos encontrar muffins de zanahoria, bizcochuelo cítrico con amapolas, marujas (rosquita glaseada con hibiscus), entre otras delicias.
2) Posdata Café: escribir a mano es la única opción / Presidente Manuel Quintana 48 – Retiro

En este flamante café postal (único en su especie en Latinoamérica, ya que también funciona como unidad postal oficial del Correo Argentino y tiene su propio buzón Maculus), la consigna gira exclusivamente alrededor de la escritura a mano, como le detalla su fundadora, Caro Barone, a MALEVA, “un lugar donde facilitar el encuentro y la construcción de vínculos a través de la palabra en papel, donde la palabra tiene un valor, donde no se puede editar o eliminar mensaje”.
Cuando visité Posdata, me encontré con varias mesas ocupadas, y en ninguna había un teléfono a la vista: había gente leyendo y escribiendo cartas.
Por muchísimos años, la comunicación a través del correo fue la única para largas distancias, y eso implicaba sentarse, escribir (a mano), cerrar el sobre con un sello de cera, pegar la estampilla y dejar la carta en el buzón –confieso que la primera vez que envié una carta fue durante mi visita a Posdata, así que esto me resulta una novedad–. De cierto modo, se trata de un ritual con pasos a seguir y al que hay que dedicarle tiempo, o puesto en las palabras de Caro: “Hay una magia en ese tiempo [de escritura] que es un regalo para uno mismo y para quien recibe la carta, porque estoy convencida de que en la palabra escrita a mano está el alma de la persona que viaja para ser leída; y si escribís para vos mismo, es un regalo el poder frenar y conectar”.
La comunicación de hoy está centralizada en los dispositivos digitales, pero ¿qué pasa si algún día se decide cortar todos los cables y se apaga el mundo? Caro tiene una respuesta: “En momentos donde estamos en medio de conflictos en diferentes puntos del mundo, podrán cortar todos los cables de internet, pero el correo (que este año cumple 200 años en la Argentina) siempre estará, por eso hay que cuidarlo y fortalecerlo”. Por eso Posdata también ofrece una estación postal de 90 casillas y con suscripción mensual: para que, si sos un nómade digital además de poder enviar cartas tanto nacionales como internacionales, también puedas recibir correspondencia en esta estación.
Y para quienes no saben cómo escribir una carta (como yo hasta hace unos días), Posdata ofrece también talleres de escritura epistolar, así como clubes de lectura del género.
En cuanto a la cafetería, Posdata es muy fiel a las tradiciones cafeteras porteñas: su café es de especialidad, pero en la carta encontrás café con leche, cortado y espresso. Hay algo en esa convivencia entre lo clásico y lo contemporáneo que acompaña perfectamente el espíritu del lugar. Te tomás un café, elegís una estampilla dentro del amplio (y divino) repertorio de Posdata, te dedicás un rato a escribir y, antes de que te des cuenta, se te pasó la tarde.
Un lugar donde facilitar el encuentro y la construcción de vínculos a través de la palabra en papel, donde la palabra tiene un valor, donde no se puede editar o eliminar mensaje. Cuando visité Posdata, varias mesas estaban ocupadas, y en ninguna había un teléfono a la vista: había gente leyendo y escribiendo cartas.
Pero para quienes quieren estirar el plan, a partir de este mes abre Postal Bar: viernes y sábados hasta las 00:30 hs para escribir cartas entre vinos, cócteles y empanaditas.
3) Los Galgos: el epicentro icónico y popular de la cultura argentina / Av. Callao 501 – Recoleta

No es novedad que Los Galgos siempre fue una suerte de epicentro cultural. Su estética bien porteña y que parece resistir el tiempo invita a tertulias con amigos, o bien a ir solo con la única compañía de un cuaderno y una lapicera. Según le manifiesta Julián Díaz, gastronómico y refundador de Los Galgos, a MALEVA, este bar notable es frecuentado por escritores de diferentes disciplinas: “Edgardo Cozarinsky fue residente del bar durante sus últimos diez años. Presentó libros, recibía correspondencia y se juntaba con todo el mundo ahí; Tamara Tenembaum, también. Y el que va todos los días y escribe ahí rigurosamente es Gonzalo Demaría”. Y entre los “fieles parroquianos” que fueron “millones de veces” se encuentran autores de la talla de María Moreno, Chitarroni, Martín y Alexandra Kohan, Agustín Valle, y Horacio González.
De hecho, Mariana Enríquez “eligió Los Galgos para hacer la entrevista con Rosalía porque ella iba todo el tiempo –confiesa Julián–. Los bares son como un punto de encuentro de gestión cultural, el nodo donde se gestaron muchas cosas”.
Y para aquellos escritores amateurs –y los que no, también– hay lugar: Los Galgos organiza habitualmente talleres de escritura. Hace diez años, este bar fue sede del taller El Cuaderno Azul de Juan Sklar; y sin ir más lejos, en enero de este año el músico Gabriel Plaza dictó La canción del verano, un taller que buscó escuchar para escribir: crónicas, relatos autobiográficos, textos que se disparan a partir de la propia interpretación de una canción o de historias colectivas que se cuentan con música. Y todo esto con un café o vermú para acompañar.
Así que, ¡atenti! Que en cualquier momento se puede venir el próximo gran taller de escritura en Los Galgos.
4) Mapa del Vino: una noche dionisíaca con erotismo y vinos / Ubicación secreta – Floresta

Este espacio en Floresta, creado por la periodista y sommelier Mariana Gil Juncal, lleva a cabo catas de vino, eventos con gastronomía y música y, lo que nos compete a nosotros, encuentros de escritura a mano.
En una noche que reúne degustación de vinos, erotismo y escritura –y en un espíritu casi dionisíaco–, Mariana junto al escritor, comediante y divulgador Manu Raffa convierten Mapa del Vino en la sede de Descubriendo los cuerpos. Este taller tiene un objetivo claro, y es “ofrecer una cita diferente con el erotismo a través de la puesta en acción de la palabra escrita y el disfrute y conocimiento de la bebida argentina por excelencia, el vino”, según le cuenta Mariana a MALEVA.
Uno creería que la solución más fácil a la hora de escribir es hacerlo a través de la computadora –de hecho, lo es–, pero para desafiar esta comodidad, Descubriendo los cuerpos apuesta por la escritura manuscrita porque “como proceso neurocognitivo, abre la posibilidad no sólo de obtener beneficios directos sobre nuestra mente y el desarrollo de la misma, sino que, además, posibilita una conexión con lo más profundo de nuestro ser –le confiesa Manu a MALEVA–. Es ahí donde interviene Descubriendo los cuerpos, en esa posibilidad que se abre frente a un ritual que parece olvidado, pero que pertenece a lo más íntimo de nuestra esencia. Porque sabemos que toda conexión comienza con una vuelta necesaria al origen”.
El próximo encuentro de Descubriendo los cuerpos tendrá lugar el 29 de mayo, y podés conseguir tu entrada en este link.
En una noche que reúne degustación de vinos, erotismo y escritura –con un espíritu casi dionisíaco–, la periodista y sommelier Mariana Gil Juncal junto al escritor, comediante y divulgador Manu Raffa convierten Mapa del Vino en la sede de Descubriendo los cuerpos. Este taller ofrece una cita diferente a través de la puesta en acción de la palabra escrita y el disfrute del vino.
5) El Rincón de Loyds: un recoveco entre palabras / Parera 50 – Recoleta

Esta librería de autor, ubicada en el concept store y cafetería Parera 50, tiene la misión de volver a tiempos desacelerados, prepandémicos: “La clave es el tiempo. La velocidad con la que circula todo hoy hace muy difícil que algo se consolide como movimiento –le cuenta Loyds a MALEVA–. Antes, una estética necesitaba años para decantar; ahora nace, circula y se agota en semanas”.
Siguiendo esta línea, el Rincón de Loyds busca correrse de lo mainstream y funciona como contrapeso, no solo desde lo que ofrece sino desde cómo se habita el espacio, la “vibra” que transmite estar rodeados de tanto conocimiento: “En un contexto donde todo compite por llamar la atención, nosotros proponemos un espacio donde alguien pueda detenerse”. Y como todo lugar que fomenta la literatura en cualquiera de sus formas, el Rincón también promueve el encuentro entre escritores para dar lugar al diálogo y al intercambio de ideas (¡como en la película Medianoche en París!).
Como adelanto, Loyds cuenta que ya está proyectando sumar talleres de escritura en la segunda mitad del año: “La idea es justamente trabajar la escritura desde lo presencial. Los talleres que estoy imaginando van a ir en esa línea: no tanto técnica en un sentido académico, sino ejercicios que ayuden a recuperar una relación más consciente con lo que uno escribe, con el ritmo, con la propia voz”. Antes de que nos demos cuenta, vamos a estar tomando cafecito en Parera 50 e intercambiando escritos.
Hay una urgente necesidad de volver a lo elemental, de conectar con nuestros cuerpos y mentes, y una manera muy sencilla de hacerlo es con tan solo una lapicera y un papel, algo al alcance de todos y que lleva nada de tiempo. ¿Y qué mejor que espacios que invitan, tanto por sus ambientes como por sus actividades, para hacerlo con un café, un vino y algo rico para comer? Ya no quedan excusas, solo una oferta amplia y divina que lo permiten.
