HUENU SOLSONA: HISTORIA DE UNA CHICA TEMERARIA



 
Personaje Maleva
Huenu Solsona, historia de una chica temeraria
Por Santiago Casanello
Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, está al pie de un cerro de pendientes abruptas, casi verticales, con cima plana: la Montaña de la Mesa. El 16 de enero, una súper estrella norteamericana de los deportes extremos, Jeb Corliss, se arrojó al vacío desde la cumbre practicando el deporte del que es un referente: el Salto Base, que consiste en tirarse desde un punto fijo – por ejemplo este muchacho lo hizo desde la Torre Eiffel – y justo antes de reventarse contra el piso, abrir un paracaídas. Pero esta vez le salió mal. En medio de la caída, mientras los espectadores gritaban ooohhhh dando saltitos histéricos, un viento lo desvió, se estrelló contra unas piedras y quedó hecho un heroico puré. Terminó en terapia intensiva con medio cuerpo fracturado. Nunca perdió la conciencia. Una tarde se le apareció en el hospital una chica alta y confianzuda. Ni idea quien era. Ella lo encaró, le confesó que se había colado pero que lo hizo porque no pudo resistir las ganas de decirle cara a cara cuanto lo admiraba. “Vos me inspirás Jeb” le mandó con el chip de groupie conectado. La visitante es una argentina de 34 años que se llama Huenu Solsona. Y si bien Corliss no podía sospecharlo, tiene toda la lógica del mundo que él la inspire. Huenu, ya verán, también concibe la vida como un tránsito fugaz – “es tan corta aunque muchos se olviden” – que hay que exprimir al mango. Hasta el momento viene dando testimonio de eso.
Su historia – sus peripecias, su filosofía – podría estar siendo filmada para un reality. Huenu es una emprendedora exitosa. Muy. De la nada armó una empresa de gimnasia para mujeres que es un boom en su país adoptivo. También una aventurera intrépida. Muy. Llevó a gente aburrida de su vida rutinaria a sobrevivir como náufragos en una isla desierta en el Océano Índico, se mandó a Hong Kong sin un peso a ver si podía arreglárselas 15 días con su ingenio, cuando era chica fue campeona de ski, es pilota de helicópteros, de aviones ultralivianos, paracaidista, surfista, navegante, wakeboarder, escaladora. Sin dejar de ser una chica con inquietudes y gustos de la media: sufrir porque la dejó un novio, preguntarse sobre el comportamiento masculino, amar los zapatos con taco y los vestidos. “No es una contradicción – dice Huenu – a mí me gustan ser muchas personas en una”.
La prepotencia de la voluntad
Huenu es de Esquel, en Chubut. De hecho, Huenu es un nombre mapuche que significa cielo. Pasó su infancia en esa localidad cordillerana. Mucho camping, caminatas, deportes al aire libre. Ahí aprendió a sentirse cómoda en la naturaleza virgen. En 1989 fue campeona provincial y nacional de Ski. Pero ese mismo año concluyó su etapa patagónica y poco después – breve período de por medio en Capital – su etapa argentina. La crisis de finales del alfonsinismo provocó que su familia tuviera que emigrar a Sudáfrica donde paradójicamente, gracias a un sistema perverso como el Apartheid (que separaba a blancos de negros), les fue fácil la radicación porque se fomentaba la llegada de familias blancas (les daban todo servido, nada que ver con Estados Unidos o Europa). Pasó su adolescencia entre Canberra y Sudáfrica. Terminado el secundario se fue a estudiar hotelería a Suiza donde se convirtió en una mochilera compulsiva (pateó toda Europa). A los 24 la enamoró un snowboarder canadiense, casamiento, vida en Canadá, divorcio a los 28 y vuelta a Sudáfrica hecha un trapo, cansada “a la casita de mis viejos” como reza el Tango. “La pasé mal, venía afectada por la separación, tuve que volver a vivir con mi mamá, no tenía nada de plata solo doscientos dólares y no tenía auto en una ciudad donde no existe el transporte público” relata Huenu. El bajón, sin embargo, lo convirtió en fuerza superadora (la tan en boga resiliencia) y como dicen en la jerga de los emprendedores: activó.
En las tandas comerciales canadienses pasaban la publicidad de un centro de gimnasia tipo militar para mujeres. Se acordó de eso y escuchó en su cabeza el “clinc” de las cajas registradoras. “Me encanta la actividad física, y pensé que como funcionó el pilates esto tenía que andar. Y me tiré a la pileta”. Nunca jamás había enseñado fitness, así que se hizo un cursito online. Abrió un sitio de Internet contando la propuesta. Eligió un nombre: Bootcamp Southafrica (bootcamp: campamento militar en inglés). En unas semanas, con la web y el boca a boca, ya tenía veinte clientas. La cosa prendió. Más que eso: explotó. A seis años y medio (empezó en 2005) Huenu es una sólida y conocida empresaria: Bootcamp tiene más de tres mil clientas, 105 grupos de entrenamiento, 100 empleados, sede en doce ciudades. Una selfmade woman. El servicio es un entrenamiento grupal que se realiza en lugares abiertos – plazas, campos deportivos, playas – y que recrea, de manera muy soft, la dinámica de los adiestramientos de soldados. Correr, flecciones, subir escaleras, una instructora dando órdenes (relajadas, cero sadismo, claro), silbato. El perfil de la clientela: mujeres casadas, con hijos, con trabajo. El secreto del éxito, según explica Huenu desde la patria de Nelson Mandela, está en todas las ventajas comparativas con el gimnasio: “es grupal, osea, más divertido. Hay mucha camaradería, no estás en un lugar cerrado, no hay espejos, no importa tanto como vayas vestida, los hombres no te miran”. A poco de lanzar Bootcamp le cayó un juicio como meteorito. La demandante fue una empresa que no era del rubro pero tenía el mismo nombre. “Me defendí sola porque no tenía un peso y la Corte me dio la razón, pero apelaron y yo no tenía abogado ni plata para pagar uno. Por suerte una de mis clientas me recomendó uno muy bueno que me hizo ganar el juicio y, aunque le terminé debiendo 15.000 dólares, no me cobró nada porque nos terminamos llevando muy bien. El es piloto de helicópteros como yo” relata.
Consejos de Huenu para quien quiera emprender: “lo fundamental es no tener miedo. Se teme a lo que se desconoce. Como cuando éramos chicos y nos daba miedo la oscuridad. ¿Pero que pasaba al prender la luz? No había nada”; “Por otra parte, la vida hay que atreverse a vivirla como uno quiere, a mí no me gustan los horarios ni tener jefes”; “Me ayudó mucho el hecho de ser argentina porque tenemos garra, somos muy pasionales y medio caraduras”. El fracaso o el pánico a sufrirlo no debe generar parálisis, sostiene Huenu, “porque las situaciones difíciles son las que más te enseñan”. En el panteón de los empresarios que admira sobresale el inglés Richard Branson, dueño de Virgin. Obvio: bueno para los negocios y con alma de Indiana Jones como ella (Branson ahora se obsesionó con la exploración espacial).
Sobrevivir en una isla desierta de Tailandia
Cuando su empresa ya estaba consolidada y marchaba sobre rieles, Huenu empezó a sentirse inquieta y tuvo otra idea, mucho más excéntrica: llevar gente a vivir un mes a una isla desierta. Sin comida, sin agua, sin carpa, sin relojes. Solo con una bolsita con ropa, un cuchillo, una cuchara, línea de pesca y protector solar. Peregrinó en 2008 por Singapur, Camboya y Tailandia en busca de una isla tropical que pudiera servir. Que tuviera agua potable de manantial era el único requisito. Previa reuniones con las autoridades de las regiones de islas candidatas, se decidió por una de Tailandia, de la que se comprometió a no dar la ubicación exacta. Diez valientes, entre europeos y sudafricanos, se entusiasmaron con la oferta y hacia allí partieron. “Desde chica que siempre tuve la fantasía de sobrevivir en una isla tipo Survivor” señala Huenu. Y explica: “Le avisé a las autoridades que íbamos a matar animales, que si veía una tortuga me la iba a comer. Y me dijeron: “Ok”. La isla era escenográfica: aguas turquesas, palmeras, playas de arena blanca. El paraíso, empero, resultó un territorio hostil. Conseguir alimento se complicó más de lo que preveía y solo comieron algunos pescados y una lagartija. El objetivo era quedarse 30 días, pero aguantaron 25. Y el 19 ya se habían ido tres. Huenu perdió once kilos. Perturbada por la falta de comida, un día se lanzó sobre un fruto parecido a un garbanzo. ¡Para qué!
El garbanzo era venenoso y le produjo una descompostura violenta con fiebre alta y vómitos por 48hs. “Un día más y me muero” pensó angustiada, pero se repuso. Enumera otras trampas: los insectos insoportables, el ruido de las olas y la luz de la luna que complicaban el sueño. Para colmo, tuvo que enfrentar algo parecido a un motín. Tres miembros del grupo hicieron una balsa de madera y anunciaron su intención de irse a recorrer la isla. “Les dije que no podían irse porque todo el grupo estaba bajo mi responsabilidad y no podían quedarse sin médico (fueron con uno), se re enojaron porque decían que no los dejaba ser libres”. “Igual fue hermoso. Fui feliz con nada” asegura Huenu.
Hong Kong
En diciembre de 2010, le picó el bichito de volver a “ser feliz sin nada”. Le propuso a una amiga de Noruega desplegar un mapa, mirar ciudades, decidirse por una y mandarse sin un peso. En definitiva lo de la isla, pero en el cemento, sorteando riesgos urbanos. El dedo lo pusieron sobre Hong Kong porque es segura y otra cultura. “Nuestra filosofía – intenta Huenu que se capte– era go with the flow, que la corriente nos lleve”. Salió todo bien. Ingenio y sonrisas bastaron. Durmieron en casas de gente de la que se hicieron amiga, en plazas, en umbrales de iglesias, en el piso de hoteles. Comieron las sobras – mucho pan lactal – de los restoranes, se metieron en los Mac Donald´s a meter mano en las papas que quedaban sobre las mesas. “Cuando me moría de ganas de tomar un café, le rogaba a alguien que me comprara uno”. Hicieron cola junto a vagabundos en refugios para gente sin techo. El último día fue un alivio. Cruzaron a la Ciudad de Shenzhen donde unos norteamericanos se apiadaron del del particular dúo y las invitaron al restorán del hotel 5 estrellas en que se alojaban. “Nos comimos todo, estábamos desaforadas” recuerda Huenu. Y tal como piensa de la isla, concluye: “fue uno de los mejores viajes de mi vida. El turismo convencional – tomar en cuentan que vivió en 14 ciudades y conoció decenas de países – me aburre”.
Una casa en los Alpes franceses
Las dos experiencias extremas le fogonearon su espíritu emprendedor. Fundó una nueva empresa –Life2thelimit – que se dedica a armar viajes a imagen y semejanza de lo que vivió en Tailandia y China. Dos opciones para el potencial cliente: destino natural – tropical, desértico, de montaña – o destino urbano. Está en pleno estudio de ciudades y lugares en cualquier lugar del planeta que puedan servir. Ya hay interesados y el plan es arrancar pronto con la primera misión. No es un servicio barato. Negocios aparte, la chubutense tiene en mente otras dos aventuras: navegar el río Amazonas en Balsa desde Iquitos (Perú) hasta Manaos (Brasil) y hacer un giro de Japón en bici. Lo del Amazonas estuvo a punto de hacerlo con un ex novio con el que cortó hace unos meses. Una onda tan pro activa y osada, perjudica a sus relaciones de pareja porque intimida – está convencida – a los hombres. “Todos quieren una Lara Croft pero después se asustan”. Lógico: se sienten menos. Y Huenu es un cubo mágico, varias dimensiones: la chica que le encanta “vestirse de secretaria, bien “citiwoman”, con pollerita y tacos altos” y después “ir a escalar una montaña” y “pasarse una semana sin ducha”. Huenu tiene un cuaderno grandote con tapa negra dura donde escribe con letra de nena aplicada sus objetivos. Muchos ya los tachó. El de la última página, que debería ser cumplido a fines de este año, es comprarse una casa en los Alpes Franceses.