Los vinos de Maimará están haciendo ruido. Son nuevos, pequeños y súper importantes, porque son únicos. Cómo lograron tanto impacto en tan poco tiempo y dónde gozarlos a pleno durante tres días de fiesta en un marco natural impactante, que ahora también se recorre en un tren solar panorámico y pionero en dejarte a los pies de una bodega: El Bayeh.
En el pueblo más lindo del mundo, unos hermanos (¡que la están rompiendo!) ponen el paisaje en copas, la cultura quebradeña en un festival que explota, y sus criollas en boca de todos. Por Caro Cerimedo para MALEVA
Entre casitas de adobe, sitios arqueológicos, cerros de colores, técnicas agrícolas milenarias y cultura andina originaria, se esconde una región vitivinícola emergente que no es una promesa: ya se convirtió en la más destacada del país. En el nuevo mapa del vino argentino, Jujuy suena fuerte. Como los instrumentos y la música local. Copleros de los valles de la provincia explican que el canto de la región mantiene las tradiciones en su forma original, como si estuvieran refugiadas entre las montañas de este lugar, tan alejado y enraizado. De manera que las uvas criollas también se conservan junto al trabajo manual de los parceleros. Los hermanos de la familia Manzur unieron estos relatos ancestrales y los pusieron en una botella (hoy son varias, una mejor que la otra, de distintos estilos) y en el festival La Vendimia, que aplaude la cosecha, los sabores y la cultura de la Quebrada de Humahuaca. Todo sucede entre Purmamarca y Maimará, el pueblo que viene de ser destacado como el más lindo del mundo. Desde el lugar con más identidad cultural de la Argentina, su bodega El Bayeh abre la posibilidad de hacer vinos tan únicos como su terroir. Con MALEVA fuimos a vivenciar esta revolución. Vamos a recorrer la última Ruta del Vino Argentino.
«Los hermanos de la familia Manzur unieron estos relatos ancestrales y los pusieron en una botella (hoy son varias, una mejor que la otra, de distintos estilos) y en el festival La Vendimia, que aplaude la cosecha, los sabores y la cultura de la Quebrada de Humahuaca»
Del Líbano a Jujuy
Este valle andino del noroeste -acorralado por dos grandes cordones montañosos- históricamente fue un paso crucial entre el Río de la Plata y Bolivia, así como ruta de comunicación natural entre las tierras bajas del Chaco y las tierras altas de la Cordillera. Un paisaje cultural imponente y diverso, con vestigios arqueológicos y una población que conserva activamente sus costumbres. Hasta esta tierra declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003 llegó, mucho antes que ello, un joven inmigrante libanés que se apellidaba El Bayeh. Eso ya era singular para 1925: la mayoría de los inmigrantes que venían por entonces a la Argentina se afincaban en Buenos Aires, mientras él decidió seguir camino hacia el norte del país. Llegó a San Salvador de Jujuy, donde tuvo siete hijos. Uno de ellos se convirtió desde muy joven en un comerciante de frutas y verduras, que compraba a pequeños productores de la Quebrada para vender en la capital de la provincia. Casualidad o causalidad, el apellido libanés significaba “el mercante”.

«Hasta esta tierra declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003 llegó, mucho antes que ello, un joven inmigrante libanés que se apellidaba EL BAYEH. Eso ya era singular para 1925: la mayoría de los inmigrantes que venían por entonces a la Argentina se afincaban en Buenos Aires, mientras él decidió seguir camino hacia el norte del país»
Llevar un sueño al next level
Así, esta familia fue pionera en asentarse en Maimará y desarrollar un vínculo profundo con este terruño y la ilusión de emprender un proyecto vitivinícola. La tercera generación -hoy también con un tambo caprino que produce unos quesos y dulce de leche de cabra que son un espectáculo- en 2018 decide llevar adelante el sueño de elaborar vinos que sean símbolo, reflejo y expresión genuina de su Quebrada.
Para la tremenda misión convocaron al mismísimo Matías Michelini, el viticultor mendocino reconocido como uno de los grandes referentes argentinos. Además de forjar una rápida amistad con la familia, Matías aportó a los Manzur una mirada enológica audaz y novedosa, desde la que propuso investigar y poner en valor, como nadie lo había hecho hasta el momento, los secretos de una tierra única. “Mi mirada se dirigió a unas parras muy viejas de uva criolla que había plantadas en la finca de Maimará. La uva criolla fue la primera que ingresó en América de la mano de los jesuitas y da un vino riquísimo”, expresa Matías, uno de los hacedores de vino más importantes del país y asesor de la bodega desde el primer día.

«Matías Michelini aportó a los Manzur una mirada enológica audaz y novedosa, desde la que propuso investigar y poner en valor, como nadie lo había hecho hasta el momento, los secretos de una tierra única. “Mi mirada se dirigió a unas parras muy viejas de uva criolla que había plantadas en la finca de Maimará. La uva criolla fue la primera que ingresó en América de la mano de los jesuitas y da un vino riquísimo”»
El vino necesita de un lugar especial para trascender
Porque la vid se la re banca, es una planta rastrera, que crece hasta en el balcón de casa; donde sea que la plante me va a dar uva y voy a poder hacer un vino. De ahí a que sea un buen vino hay un abismo; y a que sea un vino único, hay otro. El crack Fabricio Portelli lo explica: “La Argentina es un país privilegiado: estamos entre los diez productores principales. Obviamente la región de Cuyo, con Mendoza, es la que más historia tiene y mayor producción hace; acapara casi el 80%. También está el NOA y la Patagonia, pero ¿qué es lo que lo hace tan especial a Jujuy? Piensen que en nuestro país se hace vino desde hace casi 500 años, y acá, desde hace 30. En la Argentina hay 200.000 hectáreas, y en esta ruta del vino hay solo 70. Si son nuevos y pequeños… ¿por qué son tan importantes? Fíjense lo que están viendo por la ventana de este tren solar panorámico. Por este paisaje son únicos. Además tienen un clima ideal que les permite a los hacedores poder interpretar el lugar y embotellarlo”. Más el trabajo de todos los parceleros de la Quebrada. Porque aunque no los vendieran al mercado, acá siempre se hizo vino: todos tenían una parra en casa.

« «En nuestro país se hace vino desde hace casi 500 años, y acá, desde hace 30. En la Argentina hay 200.000 hectáreas, y en esta ruta del vino hay solo 70. Si son nuevos y pequeños…¿por qué son tan importantes? Fijense lo que están viendo por la ventana de este tren solar panorámico. Por este paisaje son únicos. Además tienen un clima ideal que les permite a los hacedores poder interpretar el lugar y embotellarlo», explica Fabricio Portelli»
Por todo esto se puede entender el impacto que están teniendo los vinos jujeños. No es una cuestión de estilos, gustos ni variedades -y eso que acá tenemos criollas centenarias, un malbec protagonista, blancas que se destacan y el secreto mejor guardado, que es el syrah. Y sin embargo, “¿hay vino en Jujuy?”, se escucha a un salteño, que se anima a preguntar en voz alta lo que muchos otros aún tampoco descubrieron. Una ruta del vino emergente y exclusiva. “El factor hombre es clave porque estamos aprendiendo a hacer vino; los primeros vinos de Jujuy son, precisamente, copia a Salta”, argumentan los conocedores. La misión de la bodega El Bayeh es clara: expresar en la copa un lugar irrepetible. “Todo está recién empezando, pero, definitivamente, es por acá”, afirma Fabricio.
Y van muy rápido. Resulta que el vino jujeño tiene hasta su propio festival, su propia feria y su propio brillo en el mapa del vino argentino. Con una identidad única como este sitio y la manera en la que se los produce. ¡Vamos a la fiesta!
Tres días a pura magia
La magia es de la Quebrada, y cada año La Vendimia de El Bayeh propone un eventazo que despierta todos los sentidos: vino, cultura, gastronomía y música en un escenario que no se monta, es natural. El festival más importante del NOA está revolucionando la zona: congrega a wine lovers de la región y del mundo que buscan vivir de manera auténtica toda la sacralidad que hay en torno a la cosecha. Aquí conviven de manera armoniosa el entorno natural y las culturas locales a lo largo del tiempo. Por cierto, todo comienza con un ritual bajo el cielo jujeño, cuando muestra sus primeras estrellas, para dar paso a la mesa de territorio.
«La Vendimia de El Bayeh propone un eventazo que despierta todos los sentidos: vino, cultura, gastronomía y música en un escenario que no se monta, es natural. El festival más importante del NOA está revolucionando la zona: congrega a wine lovers de la región y del mundo que buscan vivir de manera auténtica toda la sacralidad que hay en torno a la cosecha»

En esta edición, el recorrido por los sabores y aromas de la Quebrada empezó con Florencia Rodríguez: “Lo más importante de todo es la cultura jujeña, por eso esta noche encantada tiene como lema una mesa de territorio, donde los protagonistas, además de las uvas que están embotelladas, son los productos que usamos todos los días para cocinar nosotros. Maíz, papa, barro. El tamal para mí es un plato emblemático de Jujuy. Y es un plato que se merece mucho más. Se merece estar relleno de toda la cultura de Jujuy. Entonces elegimos distintos guisos típicos, como el que nos acompaña en la Pacha Mama y otros que hacemos en diferentes ritualidades para que los puedan probar. Con diferentes harinas, hechas por diferentes personas”, sostiene la chef, que se siente re contra parte de La Vendimia desde el primer día. “Esto empezó hace cuatro años y cada vez es mejor, es más comunitario. Cada edición cambia su formato, siempre con el foco en el vino. Hay mucho trabajo. Muchos artesanos y productores. Para mantener la cultura viva de este lugar que es tan espectacular. Espero que la comida represente a las personas que vivimos acá”.
De punta a punta en un tren panorámico con el Río Grande que nos guía
Como el lugar donde más se disfrutan los vinos es donde nacen -y eso lo van a comprobar cuando vengan- es fundamental que el circuito esté armado para poder visitar el terruño. Siempre estuvieron los cerros de colores y las artesanías, y ahora llegaron el tren solar -para recorrer la Quebrada de punta a punta- y las bodegas que se abren al público. El enoturismo viene a complementar la experiencia Maimará: “Este tren debe ser la envidia de otras regiones vitivinícolas. Me animo a decir que es único en el mundo, que una bodega tenga su propia estación”. La que acabamos de inaugurar, con rituales y ceremonias, como se hace acá. Por eso con MALEVA vinimos al primer recorrido hasta El Bayeh, a la inauguración de este nuevo apeadero: la palabra que se utiliza para definir paradas intermedias entre las principales de Volcán, Tumbaya, Purmamarca, Maimará y Tilcara. Mucho hemos escuchado sobre el formato pies en la arena, pero esto es otra cosa: pies en el viñedo, literalmente. Por cierto, me hizo acordar a cuando fui a Cinque Terre, salvando las distancias de masividad. Esto es más exclusivo, es la última parada en la nueva ruta del vino argentino. Tal vez, en la primera y única bodega en el mundo que tiene su propia estación de tren: El Bayeh.

Así arrancó el segundo día del festival, con la “chaya”, una bendición ancestral. Una ceremonia tan profunda como colorida y alegre por los bienes nuevos. En esta nueva parada del Tren Solar, los amantes del vino podrán subir y bajar en El Bayeh para vivir una experiencia completa: recorrido por la viña, visita a la bodega, degustación de vinos, acompañada por empanadas y quesos de cabra producidos también por la familia Manzur. Y se viene el hotelazo boutique con mega spa, para disfrutar de la próxima cosecha con hospedaje y todo.
«Mucho hemos escuchado sobre el formato pies en la arena, pero esto es otra cosa: pies en el viñedo, literalmente. Por cierto me hizo acordar a cuando fui a Cinque Terre, salvando las distancias de masividad. Esto es más exclusivo, es la última parada en la nueva ruta del vino argentino. Tal vez, en la primera y única bodega en el mundo que tiene su propia estación de tren: El Bayeh»
Hoy tuvimos “El Conversatorio”, a cargo de Daniel Manzur (h), director de la bodega que también plantó vides en 2020; la cata de vinos dirigida por Tomás Sampere -enólogo residente; y “Bodega Viva”, un espectáculo de música y baile entre las ánforas, en la voz y la danza de Rocío Manzur, fundadora del festival La Vendimia, con la música del Cuarteto Divergente. Más tarde, en una procesión guiada por un sikuri tocando la flauta andina, nos condujo a una espectacular mesa al aire libre en la terraza by la gran cocinera argentina: Dolli Irigoyen. Con vista directa a La Paleta del Pintor. ¿Se puede pedir algo más? No, porque ya nos sirvieron nuestro favorito Trópico Sur Sauvignon Blanc y ya arranca la espectacular cocina de paisaje. El menú de pasos -inspirado en las costumbres regionales y recetas que reflejan los orígenes de la familia Manzur- deslumbró con dolmas de quinoa y tahine, curry de cordero con cebada perlada, degustación de dulces regionales con quesos de La Huerta Tambo y flan de dulce de leche de cabra, todo en maridaje con cosechas que aún no salieron al mercado.
«Con vista directa a La Paleta del Pintor. ¿Se puede pedir algo más? No, porque ya nos sirvieron nuestro favorito Trópico Sur Sauvignon Blanc y ya arranca la espectacular cocina de paisaje. El menú de pasos -inspirado en las costumbres regionales y recetas que reflejan los orígenes de la familia Manzur- deslumbró con dolmas de quinoa y tahine, curry de cordero con cebada perlada, degustación de dulces regionales con quesos de La Huerta Tambo y flan de Dulce de leche de cabra, todo en maridaje con cosechas que aún no salieron al mercado»
El privilegio de probar vino en su terroir, y con sus autores
Hasta aquí regresamos al día siguiente, para vivir el Bacanal y tener el gusto de probar los vinos jujeños junto a sus hacedores. Los productores de vino tienen una necesidad creciente: hablar de ellos frente a su público. En contacto directo. Las ferias, los eventos, y los festivales en torno a él no dejan de crecer. Y en zonas impensadas o poco difundidas, como este diamante que es Jujuy. Como la Quebrada de Humahuaca. Como Maimará o el pueblo más lindo del mundo, que también acogió la Feria de Vinos de Bodegas de La Quebrada, que representan el 90% de los producidos en la provincia. Acompañaron con la fabulosa gastronomía de Casa Mocha, el nuevo hit de Huacalera que pone en valor la cocina de la región junto con recetas libanesas de la familia Manzur. ¡Obvio que fuimos a conocerlo! Pero eso es para otra nota. En el festival probamos unas tremendas empanadas regionales de quínoa y de carne y una crema de humita.
Algo que se percibe en el aire y en las letras de las canciones es que los lugareños están orgullosos de su origen, de su cultura, y quieren compartirlo con todos los que llegan hasta aquí, a través de su arte.
Has nacido entre cerros
Bajo los cielos de Maimará
Se escucha en vivo, en un despliegue impresionante de música autóctona que continuó con el Concierto Delirio electro-orquestal. Semejante fiesta no podía terminar de otra manera que con una Gran Peña Folclórica hasta la medianoche. ¡Volveremos!
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