Cuando la música, el bienestar y la naturaleza se encuentran: así se vivió la primera edición del Festival Cosmos en Chapadmalal.

Una experiencia cuidada y sensible, donde la música, el entorno y el encuentro marcaron el pulso de un festival que se fue desplegando de manera orgánica, acompañando el paisaje y a quienes lo habitaron.

Indios terminó de activar los cuerpos: Joaco Vitola, showman absoluto, sostuvo un setlist espectacular que dejó el terreno listo para La Gente del Bien, un proyecto colectivo con espíritu de celebración compartida.

Cuando la música, el bienestar y la naturaleza se encuentran: así se vivió la primera edición del Festival Cosmos en Chapadmalal. Por Justina Gastaldi para MALEVA.

Chapadmalal siempre fue un punto de encuentro costero para quienes disfrutamos de la calma de la naturaleza, la valoramos y la cuidamos. Tiene ese no sé qué entre lo salvaje y lo habitado: mar abierto, caminos de tierra y proyectos que crecen sin romper el paisaje.

Este año lo visité con amigos y, en esa búsqueda de experiencias que dialoguen con el entorno, nos encontramos con Cosmos: un festival que proponía exactamente eso. Música, arte y gastronomía en medio de la naturaleza, con una premisa clara de bienestar y cuidado. Tres días pensados para habitar el paisaje, no para invadirlo.

El sol empezaba a caer cuando entrábamos al predio. Desde el primer momento, la sensación fue auténtica: se notaba que era un evento hecho con ganas. La identidad visual marcaba el pulso del lugar desde el inicio, con una presencia clara de la flor del cardo —conocida científicamente como Cynara cardunculus, la flor de Chapadmalal— como símbolo: espinosa y resistente, anticipando lo que iba a ser una verdadera oda a la naturaleza.

Música, arte y gastronomía en medio de la naturaleza, con una premisa clara de bienestar y cuidado. Tres días pensados para habitar el paisaje, no para invadirlo.

Los escenarios montados entre los árboles convivían con otras propuestas que invitaban a bajar aún más el ritmo: sesiones de yoga que aparecían como pausa, un espacio para respirar, estirar el cuerpo y volver a entrar en sintonía. En paralelo, otro escenario activaba una energía distinta, con DJs musicalizando el recorrido y sumando capas sonoras al paisaje.

Las opciones de acampar para quienes elegían quedarse, los puestos de hidratación repartidos por el predio y una organización pensada desde el cuidado terminaban de construir un clima amable y consciente. En la primera jornada, el público se sentía cercano, casi de descubrimiento. Se sentía la intriga, la curiosidad y las ganas de dejarse sorprender. Esa cercanía, lejos de restar, potenció la experiencia: escuchar, bailar sin apuro, compartir cada show como un momento presente.

La música fue la gran protagonista. El Chacal , abrió una de las jornadas con su capacidad intacta de convertir cualquier escenario en un show. Le siguió Clara Cava, con banda completa, marcando el pulso de la noche y convocando con su energía vibrante y contagiosa a quienes se iban acercando al escenario. Más tarde, Indios terminó de activar los cuerpos: Joaco Vitola, showman absoluto, sostuvo un setlist efectivo que dejó el terreno listo para La Gente del Bien, un proyecto colectivo con espíritu de celebración compartida. Entre artistas locales y DJs internacionales, todo se sintió cercano, cuidado, hecho entre amigos.

Le siguió Clara Cava, con banda completa, marcando el pulso de la noche y convocando con su energía vibrante y contagiosa a quienes se iban acercando al escenario.

Entre presentaciones y sets, la gastronomía funcionó como punto de encuentro. Puestos locales, propuestas simples y bien ejecutadas, pensadas para acompañar la experiencia. La pizza margarita y los sándwiches de Casa Almendra fueron de esas elecciones que reconfortan y encajan perfecto con el clima del festival.

Puestos locales, propuestas simples y bien ejecutadas, pensadas para acompañar la experiencia.

Con el correr de los días, el predio fue recibiendo a más personas, nuevas bandas y distintas formas de encuentro. La energía se fue expandiendo, acompañando el ritmo natural del festival y el espíritu del Año Nuevo.

A veces pasa así: las propuestas más interesantes no irrumpen de golpe, sino que se construyen de a poco, en voz baja, y encuentran su público con el tiempo. Cosmos fue eso: un festival que eligió crecer sin apuro, dejando que el encuentro haga su propio camino.