Cada vez que sucede esta fiesta, en el sur de Argentina, sucede algo inédito. Volver a ella nunca es regresar, sino renacer. La fuerza natural de las montañas, los lagos y bosques amplificada con música electrónica en una celebración demencial. Hasta que el paisaje lunar ilumina a todos.

El festival donde se cosechan nuevos sonidos y visuales, que llevan a otro estado de disfrute: así fue la séptima edición Walung San Martín de los Andes. Por María Paz Moltedo para MALEVA.
Su nombre hace referencia al tiempo de abundancia para los mapuches. Y cada vez que sucede esta fiesta, en el sur de Argentina, sucede algo épico: se cosechan nuevos sonidos, fotos mentales, visuales y sonoras, que llevan a un nuevo estado de disfrute. MALEVA lo descubrió desde su primera edición, y el finde viajó a San Martín de Los andes para vivir la séptima. “Todo empezó en una aerosilla. Estábamos mirando todo y sentimos que estábamos en un lugar increíble y que estaría buenísimo aprovecharlo. En ese momento se estaban poniendo de moda las fiestas temprano como las PM y el internacional Sonar, en su edición diurna. Entonces quisimos hacer algo que fuera de día. Nos costó mucho encontrar el sitio; en la primera edición éramos 200, hoy vinieron 2500 personas”. Cuenta Leandro Fresco, uno de sus creadores, músico que acompañó a Gustavo Cerati durante toda su carrera, productor musical, artista clave de la electrónica experimental y el ambient contemporáneo.

“Todo empezó en una aerosilla. Estábamos mirando todo y sentimos que estábamos en un lugar increíble y que estaría buenísimo aprovecharlo. En ese momento se estaban poniendo de moda las fiestas temprano como las PM y el internacional Sonar, en su edición diurna. Entonces quisimos hacer algo que fuera de día. Nos costó mucho encontrar el sitio; en la primera edición éramos 200, hoy vinieron 2500 personas”.
El festival de música electrónica en medio de la imponente naturaleza neuquina por el que ya pasaron más de 35 mil peregrinos mantiene su esencia intacta, pero la evolución del evento se percibe para quienes lo eligen una y otra vez, como un nuevo baño de luna llena, de la misma forma, en que uno siempre vuelve a contemplar este fenómeno astrológico desde otro lugar, con nuevas sensaciones, percepciones o estados. Celebrarlo en luna llena es una de las claves que siempre quisieron sostener sus creadores, no por cábala, sino por su mística. La fiesta surgió con la premisa de celebrar la fusión de la energía y la fuerza natural de las montañas, los lagos y bosques de la Patagonia, con la magia de DJ internacionales y locales. Es conectar con este escenario, y elevarlo con música.

La procesión
Muchos se acercan desde Bariloche, Mendoza, Villa La Angostura, Neuquén Capital, Santiago de Chile. Otros viajan desde Buenos Aires: en el avión que sale desde Aeroparque ya se siente la previa, la gente va hablando del line up, de qué artista quiere ver, de qué look se va a poner. Se sacan fotos, con lentes, sin lentes, con amigos, sin amigos. Hay filas de pasajeros que ríen, bailan sentados y gritan, y otras con algunos que ya inician su viaje inmersivo y van escuchando música con auriculares, en su propia cápsula del tiempo.
Muchos otros emprenden viajes de horas y horas en auto, micro o camionetas para llegar. La recaudación del estacionamiento en el lugar de la fiesta se destina íntegramente a los Bomberos Voluntarios de San Martín de los Andes. Tras haber convocado a artistas como Nick Warren, Satoshi Tomiie, Øostil, Mariano Mellino, Sepha, Vasami & Rada y Carlos Alfonsín; para este año estaban previstos nuevos DJ internacionales y locales que tocarían desde las cinco de la tarde hasta la noche del 30 y 31 de enero. Pero la naturaleza impuso su propio line up: una tormenta eléctrica cayó sobre la ciudad de San Martín de Los Andes, y esto fue tomado por todo el equipo como una verdadera bendición, dada la tragedia de los incendios de la Patagonia. El festival, que podría haberse suspendido, cambió de forma y se reinventó en una fiesta de doce horas que se celebró el 1 de febrero, desde las 13 hasta la 1 de la mañana, con un continuado de DJ que resignificaron la fecha con el doble de energía. “Decidimos compilar toda la propuesta en una única fecha, para que todos puedan disfrutar la experiencia completa sin perder el line up. Walung se vive con presencia y cuidado, y creemos que la responsabilidad también es parte de lo que somos como evento”, cuenta Oliverio Sofía, referente de la música electrónica con una larga carrera internacional, integrante de Soundexile junto a Baunder.

“Decidimos compilar toda la propuesta en una única fecha, para que todos puedan disfrutar la experiencia completa sin perder el line up. Walung se vive con presencia y cuidado, y creemos que la responsabilidad también es parte de lo que somos como evento”
Personas de todas las edades, desde 20 hasta 65 pueden coexistir en este festival que desde sus inicios hasta hoy se realiza en El Desafío Mountain Resort, una reserva natural rodeada de montañas y verde, con una cancha de polo, un circuito de golf, algunas viviendas, y el restaurante Casa Walung, creado por Nicolás Urquiza, especializado en el desarrollo cultural y gastronómico local de San Martín de los Andes. La experiencia gastronómica suma a los estímulos constantes en la fiesta: el sushi de Pantera Bistró y Sushi Express, las pizzas de Casa Walung, sándwiches de vacío y ensaladas de Colonia Maipú, chocolates de Mamusia, marca legendaria de la zona, y los jugos y smoothies naturales de Feria Patagónica. Además, bandejas con frutas circulan por doquier para quienes quieran un shot dulce y natural. Para tomar, tragos, cerveza, gin artesanal Aconcagua y vinos.
El valle de la felicidad
Se llega al predio por un camino sinuoso de árboles, que de repente se abre y presenta un valle: las letras gigantes de Walung relucen ante todo, y los colores de las distintas carpas y espacios empiezan a confundirse con el outfit de los asistentes: mucho flúo, animal print, pero también estilos más minimalistas, de blanco, de colores crudos, telas sueltas, cuero, sombreros de paja, botas texanas. La gente suele llevar dos vestuarios: uno para celebrar el día y otro para recibir el frío de la noche, y camuflarse con el charme natural de la luna llena.
Después de pasar por el espacio de make up artístico y el sector de yoga, hay que detenerse en la Carpa Mística, de donde algunos salen llorando, otros riendo o emocionados y elevados: de ahí, nadie sale igual. La astróloga Lorena Rizzo ofrece experiencias esotéricas, junto a un equipo de terapeutas: registros akáshicos, canalizaciones y tarot. “En muchos casos este es el comienzo de una apertura a creer en otras cosas”, cuentan los organizadores. La música electrónica se corre del centro para compartir escenario con la montaña, las experiencias transformadoras y el cielo. De hecho, al aparecer la luna, un equipo de fotógrafos astronómicos invita a mirarla con mega zoom in, a través de un telescopio instalado en el medio de la fiesta. Este año, además, se sumó una propuesta paralela extendida, la Walung Week experience: durante la semana previa al festival, quienes asistieron podían sumarse a actividades como torneos de golf y polo, trekking, cabalgatas, mountain bike, y caminatas ecológicas.

En orden de aparición, los artistas Rocío Portillo, Darío Arcas, Sasha, Marcelo Vasami, Soundexile y Patrice Bäumel se encargaron de reacomodar sus sets para hacer bailar a todos los fieles en esta fecha única, al ritmo de la Luna Llena en Leo. Un post de Waldo Casal anunciaba: “Es tiempo de brillar, liberarte y avanzar. Dar el paso y moverte sin miedo”. Creer o no creer, eso fue lo que se sintió durante toda la fiesta, desde que empezó, con el sol bien alto, hasta que el paisaje lunar iluminó a todos. “Lo que más me gusta, fundamentalmente, es la individualidad que hay. Cada uno demostrando su interior libremente” clama un chico mientras bailaba al ritmo de Sasha. “El paisaje, el aire libre, el sunset, el pastito”, suma otra chica.
“Me parece muy interesante la fusión de la música y del arte con la Luna Llena, ¿no?. Que esto suceda en un paraíso natural es de lo más precioso que uno puede vivir como artista”, cuenta Rocío, la DJ mendocina encargada de abrir el festival a las 13 horas. “Estamos en una cancha de polo, en medio de la montaña, en la Cordillera. Es una cosa impresionante. Es el festival más importante del sur de la República Argentina, tiene un sello muy especial”, suma Darío Arcas, DJ oriundo de Neuquén. A las tres de la tarde, cuando el sol ardía, llegó el turno de Sasha, legendario DJ inglés, uno de los productores más influyentes de la historia de la música electrónica dentro del progressive house y progressive trance. “Traemos gente con un pasado glorioso, que son medio leyenda; no traemos al último DJ de moda. A mí me gusta pensarlo como algo casi pedagógico, porque San Martín es chico pero hay una escena creciente de DJ y artistas muy jóvenes. Por ahí ven a Sasha y no tienen idea de quién es, pero a medida que van conociendo más, se dan cuenta que tuvieron la chance de ver a un grande. Y siempre tenemos dos artistas locales, porque queremos empujar y potenciar también al pueblo. Hay muchos pibes haciendo música acá hoy, a pesar de ser un pueblo de 40 mil habitantes”, cuenta Leandro Fresco.
Al DJ de Buenos Aires Marcelo Vasami, pionero del house en Argentina desde los 90, le tocó por primera vez en su vida, dados los cambios del line up, tocar después de Sasha y no antes. “Tocar después de Sasha es un desafío muy grande. Estuve muy nervioso hasta el primer play que di, pero fue una experiencia totalmente distinta”. Él dejó al público elevado para seguir con Soundexile, el dúo argentino que gira por todo el mundo, Japón inclusive. Al caer el sol, las visuales tiñen la montaña y el clima cambia. El frío aparece, las capas de abrigo se multiplican. Levantar la mirada y observar la luna se vuelve un paso de danza casi orgánico. El cierre estuvo a cargo de Patrice Bäumel, DJ alemán, que fue parte del núcleo creativo del sello Kompakt, uno de los labels más influyentes de la electrónica europea. Al terminar su set, emocionado contó: “Vi la luna al inicio de mi set. Fue increíble. La naturaleza aquí tiene una alta vibración; es un festival muy único en el mundo”.

El próximo destino de la fiesta es Japón, Okinawa, 2027. Una isla plagada de playas y naturaleza, en el otro extremo del mundo. “El año pasado viajamos para allá y nos enteramos que la escena progressive en Tokio es muy chiquita. De repente llegamos a Okinawa y nos encantó porque uno relaciona Japón con ciudad, tecnología, en cambio acá está lleno de naturaleza. Sentimos que era el lugar para hacerla”, cuenta Fresco. Si la procesión hacia este viaje musical y sensorial en el sur de Argentina es alquímica y transformadora, quién sabe qué puede pasar, cuando Walung pise el sur de Japón.
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