Gran point surfero, los alojamientos más inusuales (que son toda una experiencia y una declaración de principios), las playas mejor conservadas y los atardeceres super despejados, en un entorno de campo, playa y acantilados. Zoom a la mejor zona de Chapadmalal, para descubrir un destino exclusivo que desnuda la inmensidad de la naturaleza. Y el sabor de una anchoa de banco hecha entera y el disfrute de bailar en la arena.

Se puede ser sublime y sustentable: si es bueno y es eco es dos veces bueno / Una casa viva, domos rurales hiper diseñados y playas naturales en Cruz del Sur. Por Caro Cerimedo para MALEVA
“Hasta ahí no sé si llegamos”, me advierte el auxilio mecánico cuando lo llamo porque se me quedó el auto en el medio del campo, en Cruz del Sur. Estoy a escasos metros de la ruta 11 y a media hora de Mar del Plata, pero este es otro mundo. Por estética y por filosofía. Por la unicidad del paisaje y las hermosas construcciones que se funden en él sin aniquilarlo. Aquí los vecinos se han autoconvocado para defender la reserva provincial natural, geológica y paleontológica en los acantilados marinos. Desde el Faro de Punta Mogotes hasta el arroyo Las Brusquitas, este ecosistema oficia de amortiguador fundamental del impacto de las urbanizaciones con pastizal pampeano, la vegetación nativa. Con MALEVA vinimos a descubrir este territorio: el destino más exclusivo de Chapadmalal que desnuda la inmensidad de la naturaleza. Y te compartimos nuestros datazos para vivirlo a pleno.
Casa Geo, una casa viva con verde en el alma y en los alrededores: «Nos encanta que la casita se pierda en el paisaje, estamos en un paraíso»

Los alojamientos sublimes son un rasgo distintivo de Cruz del Sur y la mejor forma de dar con ellos es Hola Sur, una red que nuclea hospedajes boutique, como esta casita divina que te regala una estadía de aire puro en un entorno silvestre, con hermosas vistas al arroyo y a la puesta del sol. Te regala silencio, noches con estrellas, días de playa y caminatas a solo 3 cuadras de Cruz del Sur y de Paradise, una de las tres playas naturales de la zona. Hecha por sus propios dueños, combinando la sabiduría ancestral con las comodidades de la vida actual: «Nuestros antepasados construían sus hogares en barro. Antes de que se usara el cemento -que debe tener poco más de 200 años- utilizaban los materiales naturales del lugar«, detalla Georgina Achatz, que estudió tres años de arquitectura y se animó a autoconstruir, junto a su marido, Juan Cruz Lanzinetti. Y aclara: «En la facultad nunca me hablaron de esta posibilidad, nunca me dijeron que podía hacer una casa en barro, yo misma. Es algo para lo que me formé sola, estudié bioconstrucción» La aventura comenzó mucho antes: en 2019, cuando en su antigua casa – todavía vivían en Mar del Plata- comenzaron a hacer huerta y un invernadero en el parque, donde ella empezó con los plantines y compostera. «Así conocí una parte de lo que nos ofrece la tierra, el alimento, el más nutritivo, el que cultivamos en casa. Y el poder sanador de las plantas medicinales, que muchas veces descartamos, como si fueran malezas».
«En la facultad nunca me hablaron de esta posibilidad, nunca me dijeron que podía hacer una casa en barro, yo misma. Es algo para lo que me formé sola, estudié bioconstrucción».
En ese camino se topó con otra realidad: que hay una técnica ideal para construir en barro en climas húmedos, como el de Mar del Plata. Y que en algunas comunidades los vecinos se ayudan entre ellos. Pero estaba en una pandemia, así que archivó la fantasía a futuro. Arrancó la obra a sus 40 y Georgi sintió que era el momento, y que todo se haría fuera de la ciudad, más alejados. «Empezamos a ver terrenos, yo me quería ir al campo. Siempre nos encantó Cruz del Sur, a Juan le gusta surfear, veníamos mucho a estas playas que son una belleza. Cuando llegué acá de tarde, con el cielo rosa, y vi el arroyo, no lo dudé: nadie nos iba a tapar esta vista. Yo sabía que esta es la zona más hermosa de Chapa. Fue una bendición, estamos en un paraíso».

La Gracia te demuestra que la mejor tecnología está en la naturaleza. “El techo vivo además de ser lindo y natural le aporta a la casa una gran aislacion térmica porque se crea una cámara de aire entre las plantas y el suelo. Es acústico y se vincula con el entorno recibiendo insectos y pajaritos. Nos encantó la idea de que la casa se pierda un poco en el paisaje… En primavera se llena de flores y tenemos un deck para tomar unos mates y disfrutar de los atardeceres. Subimos con una mantita a ver las estrellas, me siento rica”, cuenta Georgina sobre el tremendo desafío de hacer un techo vivo. Fue un tiempo de grandes aprendizajes, de valorar cómo se hacían antes las cosas. «Recuperamos un conocimiento que se perdió. Conocimos gente muy interesante que nos nutrió. Desde esa gratitud abrimos las puertas de La Gracia para que la gente pueda conocer cómo es vivir en una casita que levantamos con la tierra que pisamos. Hay muchos viajeros que quieren experimentar esto, que eligen lo artesanal.»
Su diseño de alta calidad con materiales orgánicos como la madera, el trigo y la tierra componen los muros que respiran y regulan la temperatura, creando ambientes con menor impacto. “La hicimos nosotros con nuestras manos, tardamos tres años. Es un sueño cumplido. El sueño de construir un hogar donde la naturaleza nos entregue los materiales más nobles y ancestrales. Con la tierra poder levantar paredes que respiran regulando la temperatura interior”, manifiesta Georgi. Una casa ecológica que nos abriga en invierno y hoy, nos refresca en verano.

Agua caliente por termotanque solar, sistema de tratamiento de aguas grises y negras mediante filtros botánicos. En una época donde la vida se acelera y olvidamos que el tiempo es nuestra mayor riqueza, La Gracia te espera. también repleta de arte y muebles antiguos: «Mi abuela tenía un campo en Azul , así que me traje muebles de allá, como ya los tenía en mi cabeza, pensé en diseño y el interiorismo de La Gracia en función de ellos». Con un lindísimo aparador antiguo que al abrirlo te da la gratísima sorpresa de estar repleto de juego, desde el de la vida al ajedrez, palabras cruzadas y El Estanciero. Por supuesto, hay cartas y algunos libros, de novelas cortas a El Principito e historietas de Condorito. Para que el plan sea redondo también hay yerba, café; y si luego la idea es cocinar, tiene especiero con ajo en polvo, pimentón, tomillo, ají molido, comino, cúrcuma, nuez moscada, curry. Porque el planazo, alguna noche, será quedarse a disfrutar de la casita y cocinar. Tal es así que en cuanto llegamos y cruzamos la tranquera, se acercó un pescador para ofrecernos lo que pescó hoy.
«Desde la gratitud abrimos las puertas de La Gracia para que la gente pueda conocer cómo es vivir en una casita que levantamos con la tierra que pisamos. Hay muchos viajeros que quieren experimentar esto, que eligen lo artesanal.»
Domos Aiken x Hola Sur en el oasis de Chapa: «Una experiencia memorable para quienes viajan con ganas de parar el mundo un rato»

La reinvención híper chic de los domos -las cúpulas que ocupan un lugar importante en la historia de la Humanidad, ya que desde finales de la Edad de Piedra se las utilizaba como refugio y símbolo de la eternidad por su circularidad- tienen misticismo y conciencia. Lo notarás de inmediato cuando duermas en el domo: su energía es poderosa, son como canales que reflejan sonidos y son el mejor spot para sentir el viento, la lluvia y los pájaros desde tu cama. A la vez son ecológicos: el domo es la estructura más eficiente conocida por el hombre. La forma esférica permite que el aire y la energía circulen sin obstáculos. Así, en un lote de 2200 m2 emergen los de Aiken: cuatro lofts geodésicos, tan hermosos como increíbles. Súper equipados en un minimalismo exquisito con cocina, baño privado, sala de estar y comedor, además de la habitación y zonas exteriores sociales con el combo insuperable de piscina, parrilla, fogonero y mesa comunitaria a la sombra, a 400 metros del mar. Cada domo son 32m2 de inmersión en la naturaleza.
Con más de 80 propiedades en Mar del Plata y Chapadmalal se enfocan en propiedades premium para todos los perfiles: grupos de amigos, parejas y familias y que quieran conectar con la naturaleza, la gastronomía y todo lo que tiene de mágico este lugar de la costa argentina. El plus: si vas a reservar a la web de Hola Sur directamente, tenés las mejores tarifas aseguradas. Y las estancias más singulares, con curadores y anfitriones locales que conocen cada playa y rincón de Mardel y Chapa.

Porque la vivencia del hospedaje es todo. Están a la vanguardia de alquileres temporarios, con un porfolio único de propiedades boutique. Además de propiedades sublimes, buscamos que la estadía sea fácil, funcional, moderna y autónoma. Con check-in y check-out independiente, instrucciones antes de tu llegada y un servicio 24 horas para todo lo que necesites. “Siempre damos recomendaciones sobre dónde comer y a dónde ir. Tenemos ebooks con guías por cada temporada (acá podés ver la guía para el disfrute sin TACC ) Además hace un año tenemos Club Hola Sur, un club de descuentos y beneficios para huéspedes», describe Pauli Valero.
Creamos experiencias memorables para quienes viajan con ganas de parar el mundo un rato. Somos un equipo, para que cada escapada sea perfecta y cada huésped se sienta bienvenido, contenido, sorprendido. Con una mirada sensible al detalle y una linda obsesión por la experiencia del otro», cuenta Pauli. El enfoque combina lo mejor del servicio hotelero con la libertad y calidez de una casa bien pensada. Para los que -como nosotros- creen que viajar bien es una forma de quererse.
Tres playas naturales que son el nuevo lujo: la tranquilidad que hay que preservar

Unos pasos más al sur de Chapadmalal, un poco antes llegar a Miramar, en una bahía rodeada de acantilados, aparece Playa Redondo, con el diseño que ha tallado la erosión en este remanso, parte de La Reserva Municipal Forestal y Turística Paseo Costanero Sur. Una bellísima playa pública y natural, gestionada por la comunidad en este hit del eco turismo. En una Reserva forestal y paleontológica, que por momentos me hizo acordar a las calas que uno encuentra en el Mediterráneo
No es el único oasis: a un lado y al otro del balneario Cruz del Sur hay otras playas muy bien conservadas en su naturaleza acantilada, que es algo que me flashea mucho de Chapa. Nos pasamos la tarde en plan deporte, lectura y amigos para disfrutar la playa en este código.
Las urbanizaciones impermeabilizan los suelos, son las playas, con sus desembocaduras las que permiten que el agua de lluvia llegue al mar y el pastizal es parte del ciclo. Biólogos, geólogos y amantes de Chapadmalal se unen para divulgar la importancia de preservar la flora y fauna del área pública y natural Paradise, la playa dorada que combina naturaleza y un skatepark, algo así como un rincón urbano que un grupo de familias skaters locales armó, reutilizando restos de hormigón. Así, recuperaron parte de una antigua construcción abandonada para armar una rampa que bautizaron La Derecha, en honor a la clásica ola que rompe detrás del acantilado de Rocío del Mar.
Más al sur todavía, aparece Santa Isabel, una playa amplia y tranquila, ideal para caminar. La sinceridad del paisaje. El respeto por el territorio vivo.
Un almuerzo de mar en Socarrat Chapa y un sunset en la arena con vista al horizonte costero: dos planazos en uno

Playa, fuego y producto. Lo que los define es pesca de anzuelo recién llegada, vegetales orgánicos de la huerta y la paella de @juani.kittlein como plato insignia de un restaurante al mar, donde el almuerzo se convierte en un momento para compartir y quedarse un rato más mirando el Atlántico. Incluso hasta el atardecer, porque la cocina cierra a las 16. Arroces, mar y campo es el lema del proyecto que Juani fundó en Miramar y que hace dos temporadas tiene su sede también en Chapadmalal. En el Calamar Loco, Casa Pampa Playa. Bajo la dirección gastronómica de quien compitió (y ganó) en España por la mejor paella valenciana del mundo, claro está que la cocina está bien buena. Para empezar con un carpaccio de pulpo y un tiradito de pesca del día, que hoy es corvina rubia. Copita de vino blanco en mano llegan los principales: anchoa de banco entera, a la plancha. Y, por supuesto, una paella. Probamos la de pesca, langostinos y mejillones, también hay con tinta de calamar y calamaretis o de vegetales. Otra opción es probar la fideúa, Los postres también son ineludibles, como la crema catalana.

Desde que llegamos y comimos con vista a la piscina, nos fuimos tentando con quedarnos al after beach de Casa Pampa, con un escenario tribal y la pista, literalmente, de arena. Y eso hicimos. Con tremendo setting para un musicón, al atardecer. Durante febrero sigue la onda, desde las 19 y solo hasta las 24, cuando volvemos al silencio. Para dejar hablar a la naturaleza.
Galería




