Festivales con espíritu playero, casas intervenidas y esculturas a cielo abierto confirman que en Pinamar el arte no se exhibe, se vive.

Donde el arte sucede sin escenario: Pinamar, una ciudad concebida como obra. Por Clara Cattarossi para MALEVA
El ser humano es el único animal capaz de intervenir la naturaleza de manera deliberada, y una de las primeras huellas de ese gesto aparece en el Paleolítico, con las pinturas rupestres. Ahí, las cuevas y las montañas se convirtieron en lienzo. Hoy, más de cuarenta mil años después, esa pulsión de inscribirse en el paisaje sigue intacta: el arte vuelve a habitar lo natural y aparece, nada más y nada menos, que en Pinamar.
Esta ciudad balnearia existe hace casi 83 años —el 14 de febrero celebra su aniversario— y desde sus inicios el arte ocupó un lugar central. Esa impronta tiene raíces claras en la formación de quienes pensaron Pinamar desde el comienzo, influenciados por los movimientos artísticos y urbanísticos europeos del siglo pasado, una mirada que todavía define su identidad.
“Desde su fundación, Pinamar ha estado profundamente vinculada al arte. No como un agregado posterior, sino como parte constitutiva de su identidad —cuenta Vanesa Rinaldi, guía de turismo y creadora de Experiencia Pinamar, a MALEVA—. Su fundador, Jorge Bunge, era arquitecto y se formó en Múnich, Alemania, donde tuvo como docente a Theodor Fischer, uno de los impulsores de las ideas de Ciudad Jardín, que se oponían al crecimiento rígido de las grandes urbes”.
Después de más de ocho décadas, Pinamar sigue fiel al deseo de Bunge: una ciudad donde la naturaleza dialoga de forma directa con el arte. Desde MALEVA te mostramos algunos de los proyectos que hoy mantienen viva esa idea, integrando arte y naturaleza en distintos puntos de la ciudad:
1) Pinamar Arte y Naturaleza: cuando el arte deja las paredes y se vuelve parte del paisaje

Más de 80 esculturas aparecen repartidas entre el bosque, la playa, los médanos y las calles de la ciudad, formando un recorrido que se descubre caminando y sin un orden obligatorio. Son obras integradas al entorno —en su mayoría permanentes— que conviven con pinos, arena y mar, y que transforman el espacio público en un escenario activo.
El programa Pinamar Arte y Naturaleza reúne piezas de artistas fundamentales del arte argentino como Marta Minujín, Antonio Pujía, Leo Vinci, Ricardo Carpani, Carlos Alonso y Raúl Pájaro Gómez, entre otros. Hay esculturas monumentales, intervenciones más silenciosas y obras que aparecen casi de sorpresa, en rincones donde el paisaje hace su parte y completa la experiencia.
En cada escultura encontramos un QR que dirige a un sitio web con una explicación minuciosa de su historia, su significado e incluso testimonios de los artistas. Este trabajo meticuloso no muestra sino la intención y dedicación por parte de Pinamar de abogar por el arte y divulgarlo.
«El programa Pinamar Arte y Naturaleza reúne piezas de artistas fundamentales del arte argentino como Marta Minujín, Antonio Pujía, Leo Vinci, Ricardo Carpani, Carlos Alonso y Raúl Pájaro Gómez, entre otros. Hay esculturas monumentales, intervenciones más silenciosas y obras que aparecen casi de sorpresa, en rincones donde el paisaje hace su parte y completa la experiencia»
Organizadas en distintos circuitos que pasan por el Playas Art Hotel, el Vivero Forestal de Pinamar (donde nacieron los pinos que dieron nombre a la ciudad), los icónicos campos de golf y senderos del bosque, las obras se encuentran caminando. No hay un recorrido único ni una forma correcta de mirarlas: aparecen entre árboles, en claros del bosque o a la vuelta de una esquina, y proponen una manera más lenta de moverse por Pinamar, con tiempo para detenerse y dejar que el entorno haga su parte.
2) Posta Norte Art: el arte contemporáneo baja a la playa / Avenida del Mar y Del Jilguero

En la misma línea de proyectos que entienden el paisaje como parte de la obra, el festival Posta Norte Art propone algo simple y potente: que el arte contemporáneo suceda donde ya está pasando la vida. En plena orilla del mar, el histórico balneario Posta Norte se transforma durante el verano en un espacio de exhibición y encuentro, sin perder su espíritu playero ni su ritmo relajado.
El festival —fundado y dirigido por la artista Mora Ludueña— nació como homenaje a su abuela Marcia Ares, pionera pinamarense y fundadora del balneario, una figura central en la vida cultural de la ciudad. “Mi abuela era una loca importante que reunía a un montón de artistas”, le cuenta Mora a MALEVA. Durante décadas, Posta Norte fue un punto de encuentro natural para creadores que pasaban —o decidían quedarse— en Pinamar donde, como cuenta Mora, “se vibraba el arte”: Víctor Magariños, que vivía a pocos metros, fue íntimo amigo de Marcia, al igual que muchos otros. La lista incluye viajes compartidos con Mercedes Sosa para ver la Bienal de Escultura en la casa del padre del Che Guevara, y artistas como Beatriz Orozco, que terminó instalándose en la zona por impulso directo de Marcia.
Lejos de pensarse como una muestra tradicional, Posta Norte Art retoma ese espíritu y lo actualiza desde el presente. “Más que exhibir, la idea es generar una comunidad auténtica, interesada en el arte y en la discusión de la disciplina”, explica Mora. Por eso, las obras conviven con reposeras, arena y mar, y se activan a través de talleres, charlas y encuentros informales, donde el balneario deja de ser solo escenario para convertirse en parte del proceso creativo.
«Durante décadas, Posta Norte fue un punto de encuentro natural para creadores que pasaban en Pinamar donde, como cuenta Mora, “se vibraba el arte”: Víctor Magariños, que vivía a pocos metros, fue íntimo amigo de Marcia, al igual que muchos otros. La lista incluye viajes compartidos con Mercedes Sosa para ver la Bienal de Escultura en la casa del padre del Che Guevara, y artistas como Beatriz Orozco, que terminó instalándose en la zona por impulso directo de Marcia»
Durante enero y febrero, más de cincuenta artistas participan de distintos ciclos que se despliegan a lo largo del verano. En su segunda edición, desde el lunes 19 de enero se inaugura una nueva selección de obras con nombres como Alejandro Chaskielberg, Ale Moreyra, Juan Ignacio Cabruja, Facundo Belén, Nacho Marciano y Casiana Flores Piran, entre otros. Más que imponer un recorrido o un clima solemne, Posta Norte Art suma una capa contemporánea a un paisaje familiar y confirma que, en Pinamar, el arte también puede aparecer de manera natural, casi como quien baja a la playa y se queda un rato más de lo pensado.
3) Premio Pinamar Contemporáneo junto a arteba: cuando el arte se experimenta en el territorio

Si Pinamar Arte y Naturaleza consolidó un recorrido con obras de artistas fundamentales del arte argentino, y Posta Norte Art apuesta por el presente, la Temporada 1 de Pinamar Contemporáneo (prevista para inaugurarse en noviembre de este año) también pone el acento en lo que está pasando ahora —y en lo que puede venir—. Impulsado por arteba junto a Pinamar S.A., el premio propone pensar el territorio como un lenguaje, donde el arte contemporáneo se anima a dialogar con el paisaje, la escala del espacio público y la experiencia cotidiana de quienes habitan y recorren la ciudad.
Detrás del proyecto está Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes —y responsable de películas ya de culto como El ciudadano ilustre y Homo Argentum—, como director artístico. La curaduría de José Roca suma una mirada acostumbrada a trabajar con el paisaje y el espacio público, y termina de ordenar una propuesta donde las obras no llegan a Pinamar para imponerse, sino para aparecer en el momento justo y en el lugar indicado.
«Impulsado por arteba junto a Pinamar S.A., el premio propone pensar el territorio como un lenguaje, donde el arte contemporáneo se anima a dialogar con el paisaje, la escala del espacio público y la experiencia cotidiana de quienes habitan y recorren la ciudad»
Además, el programa se despliega por temporadas, activando el calendario cultural y corriendo el eje de la lógica puramente veraniega. Así, Pinamar Contemporáneo se suma al mapa cultural de la ciudad no como una excepción, sino como una continuidad: una forma de seguir ampliando, desde el presente, esa conversación histórica entre arte y naturaleza.
4) El Ojo y el Diamante: una casa vivida como experiencia artística / C. A. Somellera 79, Valeria del Mar

En Valeria del Mar, a pocos minutos de Pinamar, hay una casa desde 2014 que lleva esta lógica un paso más allá. El Ojo y el Diamante fue creado por el matrimonio de artistas Norma Pedrotti y Mario Risé, y no nació como centro cultural sino como vivienda: “Somos una casa de artistas: toda la familia está comprometida con este proyecto”, le cuenta Norma a MALEVA. Quizás por eso su potencia esté justamente ahí: en haber convertido lo doméstico en experiencia artística sin perder la escala humana. Hoy, cerca del 70% de la casa está intervenido artísticamente, mientras que el resto sigue siendo el espacio donde la familia vive y habita, una convivencia que define el espíritu del proyecto.
La historia del lugar es inseparable de su dimensión familiar. La casa fue construida y transformada como un trabajo colectivo, donde los vínculos y los oficios moldearon el espacio con el paso del tiempo. “Se llama El Ojo y el Diamante porque acá hay un cuadro hecho por mi hijo, Lucas Risé, que se llama así. Lucas ha hecho la mayor parte de la obra”, cuenta Norma. A ese proceso se suma el trabajo cotidiano de Mario: “Nosotros hemos mantenido toda esta estructura, justamente con mi marido, que es muy habilidoso, sabe trabajar la madera, el hierro, todo lo que sea reparaciones”.
«La historia del lugar es inseparable de su dimensión familiar. La casa fue construida y transformada como un trabajo colectivo, donde los vínculos y los oficios moldearon el espacio con el paso del tiempo»
Ese cruce entre vida familiar y práctica artística también define la experiencia que se propone a quienes visitan la casa. El Ojo y el Diamante no ofrece una visita pasiva ni un recorrido cerrado, sino un tiempo compartido. “Se ofrece visita y recorrido por la casa, se explican los distintos lugares, con qué materiales están hechos, y después de hacer el recorrido la gente toma la merienda, se sienta tranquila, conversamos, armamos distintos tipos de debate y también toco el piano”, relata Norma, música y pianista. El arte aparece así no como algo que se exhibe y se consume, sino como algo que sucede en la convivencia, la conversación y la permanencia.
5) La Casita Literaria de Belvedere: una biblioteca a cielo abierto y metros del mar / De las Burriquetas 24
El arte adquiere muchas formas, y una de ellas es la literatura. A pocos metros del mar, la hostería Belvedere le dio un espacio a las letras con la reciente inauguración de la primera casita literaria de la costa argentina. Más que una biblioteca, funciona como una intervención mínima en el paisaje: un gesto simple que propone frenar, elegir un libro y leer con el sonido del mar de fondo.
En sintonía con otras formas de arte que se integran al entorno sin imponerse, la casita no busca acumular ni conservar, sino hacer circular. Los primeros libros son fundacionales porque inauguran ese movimiento: marcan el espíritu del proyecto y ponen a rodar una cadena de lecturas sin reglas, donde cada ejemplar puede irse, volver o desaparecer.
La iniciativa surgió de Cristina Cuoco, a partir de una idea vista tanto en Argentina como en otros países: “En muchos lugares culturales, en plazas y en espacios de arte existen estas casitas, estos lugarcitos donde uno deja libros y toma libros —le confiesa a MALEVA—. Quise incluir en el recorrido de los murales esto de las casitas literarias para combinar un poquito el arte pictórico con la lectura”. La propuesta suma así una capa de reflexión en un entorno atravesado por el verde y el movimiento constante de la ciudad y el mar, ubicado en “el único jardín que hay todavía sobreviviendo en Bunge”.
«En sintonía con otras formas de arte que se integran al entorno sin imponerse, la casita no busca acumular ni conservar, sino hacer circular»
Quienes donan un libro dejan también su nombre escrito en la casita, una marca discreta que no funciona como firma sino como rastro: la evidencia de que alguien pasó por ahí, leyó, eligió compartir y siguió camino. Así, con el tiempo, la casita se convierte en un archivo vivo y cambiante, tan expuesto al clima como a los lectores.
Independientemente de los proyectos puntuales, lo que aparece en Pinamar es una forma de entender el arte como parte de la vida cotidiana y no como un evento aislado. No se trata sólo de obras, festivales o circuitos, sino de una trama más amplia donde el paisaje, la arquitectura y la historia funcionan como materia prima creativa. El arte no llega para ocupar un lugar: ya está ahí, dialogando con el bosque, los médanos, el mar y el ritmo propio de la ciudad.
En ese cruce entre naturaleza y creación, Pinamar se afirma como un territorio que se habita y se piensa desde el arte, incluso fuera de temporada. Un lugar donde artistas y proyectos no sólo se muestran, sino que encuentran condiciones para quedarse, producir y dejar huella. Como si, después de más de ocho décadas, la idea original de ciudad jardín siguiera encontrando nuevas formas de actualizarse.
“Pinamar es mucho más que un destino de playa: es un territorio donde el paisaje, la arquitectura, la historia y el arte conviven de manera natural —concluye Vanesa—. Es sede de artistas, de creadores que eligen este lugar no solo para exhibir, sino para vivir, pensar y producir. El bosque, los médanos y el mar no son sólo escenarios: son parte del proceso creativo. Las esculturas en el espacio público, las casas de artistas, la biblioteca-centro cultural y las galerías y circuitos artísticos confirman que en Pinamar el arte no es un accesorio, sino una forma de habitar el lugar”.