La resistencia es gastro: los nuevos cafés en los icónicos kioscos de diario

Entre la nostalgia y el cansancio digital, los históricos puestos de diarios ya ocupan un nuevo lugar en la ciudad. Convertidos en cafés y espacios culturales, funcionan hoy como puntos de encuentro para nuevas generaciones. Una pausa urbana donde el papel, el café y el ritual cotidiano recuperan sentido.

Alpaso, en Belgrano: uno de los pioneros de esta nueva dinámica que se volvió estándar en cuestión de meses.

La resistencia es gastro: los nuevos cafés en los icónicos kioscos de diario. Por Clara Cattarossi para MALEVA.

Es inevitable notar que la Generación Z siente una nostalgia por lo vivido y también por lo no vivido, acaso como un vestigio pandémico que representa los años perdidos. Lo vemos en diferentes tendencias (algunas ya instaladas como moda): el regreso de los vinilos, el incipiente crecimiento de la lectura en libros y, ahora, los cafés en kioscos de diarios. 

Cuando éramos niños –y hablo en primera persona del plural porque soy Generación Z–, veíamos a nuestros padres leer el diario en papel. Hoy, lo leemos desde la computadora (y hasta por Twitter desde el celu). Quieran que no, lo físico, lo analógico, requería de un tiempo: esperar a la mañana a que llegue el diario (o salir temprano de la casa, caminar hasta el kiosco y comprarlo), sentarse en la mesa del desayuno y tomarse un tiempo a solas con el papel. Casi a modo de ritual, y sin quererlo, ese rato leyendo el diario representaba una suspensión del tiempo. 

La gastronomía (como la mayoría de las expresiones culturales) son siempre síntoma de la coyuntura. Por eso no debería sorprendernos la rápida atomización de estos kioscos/café que empiezan a copar la Ciudad de Buenos Aires (y también Rosario y Córdoba Capital). A continuación, algunos de ellos: 

1) Atajo Café y Cultura: una pausa analógica en medio del ruido urbano / Santa Fe 1940

Un joven Tao Cáliz, de 21 años, representa al sector de la Generación Z que intenta buscar un punto medio entre lo digital y lo analógico, en medio de una era donde la virtualidad es tan real como la realidad misma. Por eso abrió Atajo Café y Cultura, sobre una de las avenidas más concurridas de la Ciudad de Buenos Aires. Allí no solo venden café y diarios, sino otra forma de productos culturales analógicos: vinilos, en virtud de reencontrarse con lo análogo. 

Como todo joven que pertenece a estas nuevas generaciones, el ecosistema digital lo agobia, y Atajo funciona como un registro de lo sensorial: “Creo que todo lo que apela a los sentidos va a volver. El teatro, las esculturas, el papel… todo lo que no sea inteligencia artificial. No pienso en este local solo como un café, sino como una pausa en una avenida muy ruidosa, con muchísimo movimiento, donde alguien puede sentarse a leer un diario”, le comenta Tao a MALEVA.

“Creo que todo lo que apela a los sentidos va a volver. El teatro, las esculturas, el papel… todo lo que no sea inteligencia artificial. No pienso en este local solo como un café, sino como una pausa en una avenida muy ruidosa, donde alguien puede sentarse a leer un diario”

Además, Atajo activa el puesto de diarios como espacio de encuentro a través de intervenciones artísticas y propuestas culturales que convocan a un público joven. De este modo, el kiosco recupera su función histórica como lugar de cruce y referencia urbana, pero desde una lógica contemporánea: ya no alrededor del diario, sino de experiencias compartidas en el espacio público.

“Creo que como generación nos agotamos un poco de lo tecnológico, de tanto estímulo constante, y buscamos algo más equilibrado”, concluye Tao.

2) Impresso: donde el legado urbano y familiar persiste / Cabildo 2202

En el caso de Impresso, el café funciona como una excusa para algo más profundo: recuperar un espacio urbano que parecía condenado a desaparecer. “La nostalgia puede encontrarse en recuperar espacios que se iban perdiendo. La mayoría de los puestos estaban cerrados o abandonados, y en otro momento fueron lugares emblemáticos del barrio”, confiesa Sebastián López, creador de Impresso, a MALEVA. 

Históricamente, el puesto de diarios no solo fue un lugar de venta, sino también un punto de referencia barrial: “El canillita era una fuente de consulta: la gente pasaba, preguntaba direcciones, se encontraba… Hoy eso sigue pasando, incluso sin comprar el diario”. 

Aunque reconoce que el diario en papel perdió centralidad, Seba ve en el café una forma de sostener viva esa estructura urbana: “El café aparece como una manera de que el puesto no desaparezca. Todo se digitalizó: la información, los vínculos, la vida cotidiana. Estos espacios funcionan como una forma de resistencia, de no perder el último bastión de lo cotidiano”, resume.

“Todo se digitalizó: la información, los vínculos, la vida cotidiana. Estos espacios funcionan como una forma de resistencia, de no perder el último bastión de lo cotidiano”

Pero en Impresso la nostalgia también juega otro rol: el de mantener vivo el legado familiar. El padre de Sebastián, Manolo, incursionó en la gastronomía en Buenos Aires a la temprana edad de 19, luego de llegar al país desde su Galicia natal. Seba empezó a preparar café en el bar de su papá, y hoy lo sigue haciendo en Impresso junto a su hija, Valentina, de 18 años. 

3) Alpaso: una estética joven para reconectar con el papel / Cabildo 1652 y 1580

Uno de los pioneros en asentar esta movida en Buenos Aires fue Alpaso, que de a poco va copando la Avenida Cabildo, Belgrano (y próximamente en Caballito y frente a la UADE Monserrat). Con una estética muy marcada, de un fucsia predominante que atrapa la vista, pareciera que los puestos de diario también funcionan como una estela urbana: “Creamos Alpaso con el objetivo de acercar a la juventud a las históricas paradas de diarios y revistas de la ciudad, dándole a las mismas una estética joven, alegre y colorida”, cuenta Luis Ignacio Quiroga, creador de Alpaso, a MALEVA. 

“Si bien las nuevas generaciones –Z y millennials– ya no compran el diario, sí se ven atraídas por la lectura en papel a través de revistas y cuentos de interés como novelas de distintos géneros. Creemos que en este punto entra en juego un factor nostálgico que los traslada en el tiempo. Es uno de nuestros desafíos atraer a la juventud a la lectura de papel, saliendo de las pantallas”, concluye Luis Ignacio. 

“Creamos Alpaso con el objetivo de acercar a la juventud a las históricas paradas de diarios y revistas de la ciudad, dándole a las mismas una estética joven, alegre y colorida”

No pareciera ser casual que cada uno de estos stands de café hagan uso de la palabra «pausa», y es que en una era acelerada, donde el algoritmo exige cada vez más contenidos por minuto, volver a estos pequeños rituales cotidianos se vuelven una necesidad. 

Nobleza obliga a mencionar algunos de estos kioscos/café que, lentamente, se van posicionado como un estándar de la nueva cultura argentina: Canillita (Junín 925, cerca de la Facultad de Medicina y también frente a la Facultad de Derecho), Roma Espresso (Av. Rivadavia 5391, Caballito, de la panadería Roma), Puesto Coffee (Córdoba 2098, Rosario), Diario Café y Lectura (Hipólito Yrigoyen 580, Córdoba Capital), entre otros que siguen abriendo y que reivindican (y mantienen vivos) estos emblemas de nuestra historia. 

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Fotos: Son todas gentileza para prensa de los lugares mencionados.