Amanita, un mundo de sorpresas: “Todo el tiempo te vas a encontrar algo nuevo”/ El festival que es un retiro colectivo de música, arte y experiencias inmersivas

En medio del caos de los últimos días del año, los cierres, los objetivos, las metas cumplidas, el llegar a tiempo, terminar con una cosa, con otra, ir de un lado al otro, estar acá o allá y planificar lo que vendrá, surge un recreo que propone parar. Hacer unos kilómetros hacia Mercedes, a contramano de la vorágine de la ciudad, y tomar un desvío para encontrarse con un sendero, que desemboca en un bosque misterioso. Al adentrarse entre los árboles, se abre un claro, y otra energía empieza a surgir.

Amanita, un mundo de sorpresas: “Todo el tiempo te vas a encontrar algo nuevo” / El festival que es un retiro colectivo de música, arte y experiencias inmersivas. Por María Paz Moltedo

El escenario principal de Amanita

Al avanzar por el bosque, emergen, de repente, personas vestidas con plumas, maquilladas con colores flúo. Otros caminan con sombreros, envueltos en telas tipo dioses griegos. El dresscode es libre y se expresa con todo tipo de estilos. La tolerancia se hace presente. Igual que todos los sentidos. La aceptación se percibe, en las miradas, en el intercambio espontáneo, en abrazos que surgen de la nada, en las sonrisas y el paso más lento que llevan todos: como si algún tipo de magnetismo uniera a los que se animan a perderse un poco de sus rutinas y agendas para mezclarse con otros estímulos, nuevas prácticas, y seres alejados de lo cotidiano. 

Holístico. Transformacional. Un festival puede ser el antídoto para apartarse de todo durante algunos días, y replegarse en comunidad. El tiempo y el ruido de lo pendiente se esfuma por un rato, para dar paso a Amanita, en su segunda edición. Único en su tipo y su despliegue en Buenos Aires -con line up de DJs internacionales- Amanita se suma a la movida que surgió en las capitales europeas, que alojan cada vez más festivales de este porte en entornos rurales a pocas horas de la ciudad.  Como Green Gathering en Reino Unido, en Chepstow, Gales, a dos horas y media de Londres; Fusión Festival en Alemania, en Müritz Airpark, en un aeropuerto de Lärz, a dos horas de Berlín; y Boom Festival de Portugal, en Idanha-a-nova. 

«Holístico. Transformacional. Un festival puede ser el antídoto para apartarse de todo durante algunos días, y replegarse en comunidad»

Casi que nos transportamos a Transcendence Festival de Playa del Carmen, una experiencia para renacer desde la transformación del mundo interior a través de la danza, la música, ceremonias y talleres. Amanita fue una semana de convivencia inmersiva, en medio de la naturaleza, en donde la música, la creatividad, la empatía, el arte, el baile, el movimiento, la sabiduría ancestral, el yoga y los juegos se unen en un gran ritual. Lo único que hay que hacer, es dejar de hacer, para que otras cosas sucedan, y lleguen a uno, sin tener que ir a buscarlas.

No es necesario quedarse todos los días ni acampar, para poder sentir un poco de toda la mística: algunos eligen plantar bandera, otros simplemente vienen a pasar el día. Todo puede suceder en este festival, que tiene como única regla tratarse con amor y compasión. Cuidar el lugar, y el agua. Cuidarse a uno mismo, a los demás y al entorno. Respetar el descanso, la privacidad y escuchar al cuerpo. 

El line up es variado, y dura desde un amanecer, hasta el próximo amanecer: durante las 24 horas de cada día, más de 200 artistas, locales, músicos, terapeutas y facilitadores que se brindan a su público. Ofrecen arte, ceremonias colectivas, meditaciones, talleres de movimiento, tantra, música en vivo, performances, a quienes quieran ser parte. En cualquier momento y lugar del espacio algo inesperado está sucediendo. De la locura del main stage Micelio a la intimidad de Espora con sus bandas y un fogón que contagia el poder del fuego. 

«En cualquier momento y lugar del espacio algo inesperado está sucediendo. De la locura del main stage Micelio a la intimidad de Espora con sus bandas y un fogón que contagia el poder del fuego»

Diversos escenarios aparecen entre los árboles, algunos más escondidos, otros más a la vista. Construidos con madera, vestidos con lucecitas, decorados con murales y todo tipo de detalles, hay todo un inmenso equipo detrás, que trabajó varios meses en el diseño. Cocó Yanel, Merce Yacante, Luna Portnoi y Geometría Ancestral fueron algunos de los creadores de las distintas instalaciones artísticas. “La idea es que sea un mundo de sorpresas, todo el tiempo te vas a encontrar algo nuevo”, cuenta una de las encargadas del arte del escenario principal: un ojo gigante y violeta que recibe a todos, y observa sin juzgar, mientras suenan Kevin Di Serna, Deer Jade, Mai Lawson, Cyma, Rodrigo Gallardo, Liquid Bloom, Rico Loop, Toro Chamán. En un elixir de luces, sonidos, atardeceres naranjas que propone algo diferente a lo que uno puede encontrar en cualquier fiesta electrónica. “Viajamos y conocimos muchos festivales, escenarios de todo el mundo, y buscamos artistas que tuvieran algo particular, que solo puedas verlos en Amanita”, cuenta Guido, uno de los organizadores. 

«Un elixir de luces, sonidos, atardeceres naranjas que propone algo diferente a lo que uno puede encontrar en cualquier fiesta electrónica»

Templo rubí, otro escenario, un refugio íntimo dedicado al encuentro, la escucha y la celebración de lo femenino en todas sus formas. Prana, un espacio que representa el movimiento y la energía en equilibrio: desde un grupo de personas bailando al ritmo de un músico que guía un viaje sonoro, hasta reposar acostados en shavasana. O una sesión de estatic dance, donde la idea es bailar descalzos, con presencia plena y sin hablar. Mushina, J. Pool, Dafne Schilling, The Salty Yogi, son algunos de los maestros que invitaron a todos a moverse. Aerialyogui, Grupo Caracol, Vicky Lamónico, House of Amazonas fueron algunos de los performers que dieron shows en distintos momentos del día. 

Khali fue el templo de transformación, con talleres de kundalini y contact dance para conectar con la energía vital. Sound Journey, una de las vivencias, propone una experiencia inmersiva de bienestar que integra prácticas somáticas y alquimia vegetal. Nat Benitez, una de las facilitadoras, dio un taller de danza circular inspirada en las danzas tribales, que busca la investigación del gesto erótico en distintos niveles de los cuerpos. Ambrosía Somática fue otra de las experiencias: una danza somática inmersiva, a cargo de Niki y Judi, dos performers que buscan recuperar una tecnología natural olvidada: la ambrosía; un néctar de placer que nos nutre por dentro. 

En ese camino, el de nutrir el espíritu, al deambular por el bosque otros escenarios emergen: Amatista, un espacio íntimo donde el tiempo se detiene. Por Espora pasó Elias Alexander, un multiinstrumentalista, productor y compositor que fusiona música tradicional celta con electrónica. Alquimia te transporta a un lugar escondido e invita a bailar como parte de un ritual sagrado, que solo algunos comprenden. Dreamland, un lugar lisérgico, con reminiscencias al mundo funghi desde la estética y el concepto: “you deserve the love you give to others” clama un cartel. Los anteojos 3d hacen que toda la experiencia se vea sobredimensionada. Acrolandia, un lugar para aprender y explorar diferentes dinámicas en relación al yoga y la acrobacia. Al mismo tiempo, un espacio con diferentes propuestas gastronómicas reúne a todos: desde raw food de Rawvolución, hasta comida orgánica a cargo de Biovegans, Cocina Despierta, jugos naturales por El Click Orgánico, platos con productos de estación y pesca fresca a cargo de Nosu, elixires de cacao de Almarte Kakao Bar y hasta panchos “de bajón”. Además, en un espacio llamado Onamu, se daban asesorías y curadurías de alimentos y bebidas para el bienestar integral. 

Fuego sagrado es un punto de encuentro que está constantemente encendido, donde se dieron cantos, charlas e instantes que invitan a volver a lo más básico: una fogata y personas unidas alrededor. Guardiancitos del Bosque, otro espacio dedicado íntegramente a familias y chicos. Ochentongo, una especie de bar de los ochenta perdido en medio del bosque, que invita a viajar al pasado con música ochentosa, alegría, sonidos y colores que proponer liberar, reír y cantar en ronda. 

Otro mundo para descubrir es el de la cultura fungi. Expositores como Symbiosis Fungi ofrecen capacitaciones, libros, preparados y diversos productos en relación a los adaptógenos y todos sus beneficios. Primitiva es un espacio a cargo de Mariano, argentino, médico chino que decidió instalarse en las Sierras de Córdoba. En ese trance descubrió la espirulina, un superalimento, y desde entonces, difunde las bondades de esta planta. Al atardecer, en una olla gigante prepara un té especiado con canela y hierbas naturales, para que quien quiera se sirva y se sume al ritual de compartir la ceremonia. 

El espacio de Belleza India estuvo dedicado a terapias y productos relacionados al ayurveda: la medicina de la India que entiende que la salud es el bienestar de cuerpo, mente, y espíritu. Mientras Vicky baña a todos con agua de rosas y despliega pétalos de flores por doquier, cuenta lo que para ella significa este festival: “Para mí el yoga es la unión: es para el torbellino mental”. 

Fermenting Humans, es otro de los espacios que emergen para descubrir un colectivo artístico que trabaja con biomateriales y desarrolla obras de arte con productos y tintes extraídos de la naturaleza. En determinado horario convocan a quienes se acerquen, a ponerse unos oculus y vivir una experiencia inmersiva virtual en relación al universo fungi. 

Un auténtico viaje por mundos imaginarios, donde todo está librado a la exploración, sin juicios ni reglas. Perderse un buen rato en Amanita resulta ser una buena forma de encontrarse con una dimensión desconocida de uno mismo, que invita a dejar el cerebro en remojo y explorarse desde otro lugar. En un nuevo estado, más elevado y conectado a lo esencial: el disfrute de estar presentes, en lo que está sucediendo ahora mismo, y en este lugar. 

Galería:

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Fotos: Son todas gentileza para prensa del festival.