ME ENCANTÓ TU CASA

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El muy reservado Barrio Los Andes de Chacarita, visto por dentro, gracias a la magia del 48hs Open House Buenos Aires

 

Me encantó tu casa. Por Sofía Almiroty. Fotos: Victoria Schirinian.

Buenos Aires reboza de edificios de todas las épocas de una riqueza arquitectónica increíble, llenos de rincones exquisitos, originales, bellos, audaces. La mayoría – lógicamente – se trata de departamentos o casas privadas. Sólo sus dueños o sus eventuales invitados pueden disfrutarlos, apreciarlos en vivo. Pero el sábado 30 de noviembre y el 1 de diciembre, en el marco de la primera edición del festival 48hs Open House Buenos Aires, por primera vez la gente – quien quisiera, previa inscripción – pudo acceder a los ambientes “vedados” más espectaculares de la ciudad. Sesenta edificios abrieron sus puertas. Maleva hizo el recorrido y eligió cinco inmuebles que se destacan por su singularidad, personalidad y cautivante sutileza estética.

El misterioso Barrio-Parque Los Andes de Chacarita: la comunidad de la que nadie quiere irse

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Arquitectura europea popular en la «comunidad» de Chacarita

 
Esta “casa colectiva” fue construida entre 1925 y 1927 por el emblemático arquitecto Fermín Berterbide (pionero del movimiento Moderno) a pedido de la Municipalidad de Buenos Aires. El terreno ocupa 13.188 metros cuadrados donde hay 130 departamentos, un patio de deportes, una pérgola, un correo, una biblioteca y todo de uso comunitario.
Maleva entró a la casa de Karina Riesgo, dueña y Presidenta del Consorcio de esta “comunidad de autogestión”. Riesgo explica que es casi imposible comprar una casa ahí porque los dueños nunca publican un anuncio cuando quieren vender: “se lo pasan entre familiares y vecinos”. Este complejo encima es un imán para sus habitantes: cuando ella y su marido después de remodelar la casa pensaron en vender y estaban con el boleto de venta firmado, se retractaron.
Desde la ventana de su casa que da al patio comunal entran las ramas de un jacarandá y se ve el cuartito con 130 buzones a donde llega el correo de los vecinos como en los años treinta. Las ventanas de los departamentos son clásicas, del piso al techo y las cortinas de la casa de Riesgo se las hicieron los vecinos porque que entre ellos se compran y venden cosas y hacen ferias adentro del barrio. Recorrer Los Andes es como caminar por el recuerdo vivo de un barrio de antes donde todavía juegan afuera los chicos, un lugar donde hay tantos árboles que el viento todavía sopla en los pasillos.
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Servicios de antaño todavía vigentes

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Por dentro modernidad y la vista a la plaza interna del barrio privado

«Recorrer el complejo Los Andes en Chacarita es como caminar por el recuerdo vivo de un barrio de antes donde todavía juegan afuera los chicos, un lugar donde hay tantos árboles que el viento todavía sopla en los pasillos. Es una «comunidad de autogestión», los vecinos hacen ferias internas, y compran y venden objetos entre ellos. Adquirir un departamento ahí es casi imposible porque ningún vecino quiere abandonar un lugar tan especial.»

Pasaje Arribeños, una fantasía sevillana a metros del China Town de Belgrano (pero a “millas” del estrés de la gran ciudad)

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El pasaje de Arribeños como se lo ve desde la calle, al fondo hay un patio aún más secreto

 
Este pasaje en la calle Arribeños – entre Olazábal y Blanco Encalada – , que fue construido entre 1927 y 1928 es una oda al estilo neo-colonial, “dado que es una construcción puramente colonialista pero construida fuera de ese período”, explica Nicolás Dellarole, arquitecto e hijo de los dueños de la casa. El pasaje tiene pasillos abiertos donde cuelgan las santa ritas y hacia el fondo hay un patio con cuatro naranjos: ahí está la casa de los Dellarole hace más de 35 años. Tiene dos pisos y conserva zócalos originales así como el trabajo de herrería de las ventanas.
El rincón más impactante es el hall de entrada convertido en desayunador por Diana Hughes, dueña de la casa y artista plástica. La luz entra tenue creando un efecto de claroscuro cálido y da al patio de los naranjos. El segundo piso es la terraza de la casa a la que se sube por una escalera caracol que enmarca un aljibe y hace de antesala a toda la terraza techada por una pérgola de árboles. Adentro de la casa no quedan rastros de la megalópolis que late afuera. En este pasaje hay 19 casas y una lista de espera para los románticos que tienen ganas de vivir ahí.
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Luz tenue en el desayunador de la casa de una artista

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Ni rastros de la megalópolis que hay afuera

«La fachada del edificio de Sucre 4444 ( una irreverencia arquitectónica de Villa Urquiza) podría estar en una edición especial de Taschen (la editorial) sobre los más exclusivos hoteles boutique del mundo. La estética minimalista, blanca y cubista logra convivir sin desentonar con la casas bajas del barrio.»

 

Casa de la calle Martínez, una experiencia lecorbusiana en Coghlan

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«el lujo está en los espacios y en como los vivimos»: dice el dueño de la casa

 
La fachada de esta casa de la calle Enrique Martinez al 2300 a unas cuadras de la estación Coghlan puede pasar desapercibida como cualquier casa porteña en un terreno entre medianeras. Se terminó de construir hacia fines de 2002 por Sebastián Colle, arquitecto e hijo de los dueños de la casa que nos guió en el recorrido. Lo más impactante de este lugar es el juego que genera la superposición planos y líneas rectas en materiales tan claros que contrastan con el cielo. Además, es muy interesante el efecto lúdico que hacen los distintos ambientes que se alternan entre interiores y exteriores como en un rompecabezas.
“El lujo está en los espacios y en cómo los vivimos”, dice Calle a MALEVA, el creador de esta casa que no diferencia los materiales que hay en la cocina de los del lavadero, porque la idea es la continuidad y todo está dentro de un solo bloque.
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Pura luz y estilo racionalista

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La decoración también juega un papel clave en esta vivienda

 

Edificio de viviendas Sucre 4444, la irreverencia minimalista de Villa Urquiza

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hormigón gris, líneas rectas y puras

 
La fachada de este edificio podría estar en una edición especial de Taschen (la editorial) sobre los más exclusivos hoteles boutique del mundo. La estética minimalista, blanca y cubista logra convivir sin desentonar con la casas bajas del barrio. Javier Esteban y Romina Tannenbaum, los arquitectos, explican que para mantener la armonía con la cuadra decidieron retrasar la fachada tres metros de la línea municipal de la calle para dar más espacio y que no se te venga encima cuando caminás.
Este edificio tiene cuatro pisos y 16 departamentos, pasillos homogéneos, líneas rectas y puras que están combinadas con hormigón gris para armonizar el blanco que domina. Uno de los espacios más lindo es el ventanal del departamento de estos dos arquitectos que da la calle, por donde se cuelan las ramas de los árboles y, como buenos arquitectos, ni siquiera cuelgan la ropa mojada para no desentonar.  Hasta el SUM del edificio y la portería son parte de estos bloques puros en donde todos los espacios parecen iguales.
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4 pisos, 16 departamentos

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Lindísimo balcón-ventanal de una pareja de arquitectos

«El único piso habilitado para recorrer en el edificio Comega, el primer rascacielos tipo norteamericano de la Ciudad, es el quince y los guardias de la recepción tienen un señalador automático que muestra el recorrido de los ascensores, “sólo podemos ver la planta baja y el piso quince, el cero o el quince”, dice una de las voluntarias que nos guían en la visita. Es uno de los rincones más confidenciales de la ciudad, ni siquiera está permitido sacar fotos.»

 

Edificio Comega, el gran secreto súper resguardado de la Ciudad.

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Hall de entrada de acero inoxidable y escultura

 
Este edificio en Corrientes y Paseo Colón fue construido entre 1931 y 1932 como primer rascacielos racionalista de Buenos Aires bien “a la americana”, con 22 pisos y recubierto en hormigón armado. El edificio fue beneficiado por un cambio en la legislación municipal que dio lugar a esta innovación arquitectónica. Hoy, el Comega es de uso exclusivo para oficinas y personas. Pero aquí nadie quiere revelar su identidad. La confitería que estaba en el último piso fue cerrada hace un año y medio después de haber cambiado muchas veces de dueño.
El único piso habilitado para recorrer es el quince y los guardias de la recepción tienen un señalador automático que muestra el recorrido de los ascensores, “sólo podemos ver la planta baja y el piso quince, el cero o el quince”, dice una de las voluntarias que nos guían en la visita.
El hall de entrada está cubierto en acero inoxidable, algo inédito en 1931 y la escalera se afina y desaparece hacia arriba. Podría ser el rincón más resguardado y confidencial de la ciudad, ni siquiera está permitido sacar fotografías. La vista abierta al río, al obelisco y a los márgenes de la ciudad es lo que termina de coronarPara Maleva – este edificio como el favorito de la ciudad. Fue el sitio elegido para que grandes acontecimientos pudieran observarse desde la altura, como el sepelio de Carlitos Gardel o el paso del dirigible alemán Zeppelin por el cielo porteño.
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Hasta en la baranda se nota el estilo norteamericano del Comega

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Una vista urbana fantástica desde el piso 15 (y si girás la cabeza, se ve el río)

 

El festival

La primera edición de este festival inglés que se lleva acabo en veinte ciudades del mundo desembarcó en Buenos Aires de la mano de Cohabitar Urbano, una asociación sin fines de lucro que forma parte de la red global de 48h Open House. Elisa Rocca es arquitecta y artifice del festival y le cuenta a Maleva que hace un año y medio están trabajando en esta iniciativa de la que participaron 10.000 personas y se necesitó la ayuda de más de 300 voluntarios. La movida superó las expectativas de Rocca que cuenta que ya la están llamando dueños de casas para ofrecerlas para el año que viene. Con el objetivo de fomentar el vínculo creativo entre la ciudad, su arquitectura y su gente este festival abrió las puertas de casas y edificios secretos de Buenos Aires y por primera vez en Sudamérica.