MADELEINE BOTET DE LACAZE Y EL PODER DE LA PERFORMANCE

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Madeleine se lució en el Festival Internacional de Performance de Bristol y fue asistente de la legendaria Marina Abramovic

 

MADELEINE BOTET DE LACAZE Y EL PODER DE LA PERFORMANCE. ENTREVISTA. POR SOFÍA ALMIROTY. FOTOS: PAULA ELEOD.

http://www.madeleinebotetdelacaze.com/ (para ver sus trabajos)
#MadeleineBotetEnMaleva
La performance es una disciplina artística que surge en los años 60 de la mano del arte conceptual. Performance quiere decir el arte de la acción y recién hace poco tiempo que se está masificando. Hoy, los museos más importantes del mundo le dan cabida a esta corriente que siempre ocupó un lugar marginal. El Faena este año presentó una pieza performática en su muestra de mayo y en diciembre de 2014 se inauguró una muestra en el MAMBA con intervenciones de performance. El año que viene parecería ser el año de la performance en Buenos Aires, en este marco, entrevistamos a una performer argentina que vive en Londres y asistió a la artista más emblemática de esta corriente en el mundo hoy: Marina Abramovic. ¿De qué se trata la performance?
Aquí un conmovedor video de Abramovic que recorrió el mundo con una retrospectiva en el Moma en el 2010:


 
Una chica está desnuda frente a una audiencia. En penumbras se para y sobre su propia piel, o sea, proyectándose sobre su cuerpo, se ve una imagen de sí misma. Esta chica –desdoblada en dos imágenes en simultáneo– respira, jadea, se mueve. Agarra lo que pareciera ser un pedazo de carne crudo y lo toca, lo da vueltas, lo inspecciona con las manos. Se siguen escuchando sus inhalaciones y exhalaciones mientras gira, las manos reales se entremezclan con sus manos que provienen de la proyección de ella misma. Esta chica es Madeleine Botet y esta pieza fue su primera performance, se llamó: Dwell In.
Botet es una artista argentina que en junio pasado asistió a Marina Abramovic en la Serpetine Gallery de Londres. En esa muestra que duró 512 horas, Botet era una de las asistentes que paseaban a las personas que asistían a la muestra. La puesta consistía en que la propia audiencia caminase por la galería mientras practicaba ejercicios que Abramovic y su equipo proponían. A veces se trataba de caminar en slowmotion, otras de mirar un punto fijo en una pared, de quedarse sentado o de acostarse. Así de simple son los ejercicios que Marina Abramovic está empezando a exhibir en los museos más importantes del mundo.
Madeleine Botet quedó seleccionada para participar en febrero de 2015 en el Bristol International Festival of Performance con una pieza que dura 7 horas seguidas y que está presentando por estos días (esto es lo que dicen de ella en The Guardian: http://bit.ly/1DXIC3C) también ganó una beca del gobierno inglés para financiar su próxima pieza. No solo la asistió a una de las artistas más importantes del mundo sino que además ella es performer y le cuenta a MALEVA de qué se trata.

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Su interés por el cine y la fotografía la marcaron a fuego

Hoy, los museos más importantes del mundo le dan cabida a esta corriente que siempre ocupó un lugar marginal. El Faena este año presentó una pieza performática en su muestra de mayo y este fin de semana inauguró una muestra en el MAMBA con intervenciones de performance.
 

Una nena de diez años juega con su hermano unos años más chico. Viven en una casa inmersa en la llanura del campo, lejos de la ciudad. La madre no les deja ver televisión, ni Chiquititas ni Verano del 98, así que deciden ir en busca de una antena perdida. Azarosamente la encuentran y logran dar con algunas imágenes de esos programas. Cuando escuchaban los pasos de su madre que se acercaban a su habitación, escondían la antena y apagaban la tele.
Así recuerda algunas visiones de su infancia Madeleine Botet, quizás como muchos que creemos que nuestra vocación se va forjando con el tiempo y con los años, y para los que la buscamos en los detalles más efímeros, ella encuentra su interés por el cine y luego por la fotografía en esos años de niña mirando películas y conociendo el mundo a través de los tiempos y las formas de narrar que tiene el cine.
– Yo soy muy consciente de cómo arranco las cosas. Me crié sin ver televisión, me pasé años solo viendo películas, así que mi forma de ver es cinematográfica y no tengo la cultura de los tiempos rápidos e interrumpidos de la televisión –dirá Madeleine Botet de la Caze mientras toma té en Yeite Café, el bar atelier de Jessica Trosman en Villa Crespo.
¿Qué es la performance?
Es una acción que pone al espectador en una posición de responsabilidad, en un lugar activo y que transforma por tratarse de una experiencia, como la vida misma: transcurre. Uno de los puntos claves y polémicos es que pone al espectador en un lugar incómodo, desde esta incomodidad surge la transformación. Para mí es caminar sobre un hilo finito donde podés caer en lo ridículo, en la sobreactuación, podés caer en lo que no dice nada, podés caer en la estupidez, por eso también hay tanto prejuicio alrededor. Ahora, si lo caminás y te mantenés caminando sobre ese hilo, resuena con vos y con la audiencia en niveles muy profundos.
¿Cómo empezaste a trabajar el arte de la performance?
 
Yo empecé con teatro a los 17 años, después de terminar el colegio estudié un año en Nueva York y cuando volví tomé clases de teatro con Julio Chávez y con Augusto Fernández, así que mi primera pasión fue el teatro. Con la actuación descubrí mi intensidad y el mundo de emociones y posibilidades que podemos expresar. Yo era muy tímida y el teatro me despertó poder conectarme con una fuerza interna mía muy propia. Después arranqué cine en la FUC porque siempre me interesó la fotografía y así que me especialicé en iluminación y cámara y me entrené y trabajé muchos años en cine. Pero después empecé a darme cuenta de que me limitaba, por el tipo de trabajo y las horas que te lleva una película, no podía hacer otra cosa, y a mi me interesaba crear un lenguaje propio a partir de diferentes elementos. Así que decidí dejar de trabajar en cine y empecé un proceso de fotografía fija, me pasé un año en un laboratorio de foto revelando en San Telmo, y por otra parte también arranqué a armar videos cuya temática era el cuerpo.

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Madeleine asegura que el performer camina por un camino delgado en el que se corre el riesgo de caer en ridículo

 

 «Me crié sin ver televisión, me pasé años sólo viendo películas, así que mi forma de ver es cinematográfica y no tengo la cultura de los tiempos rápidos e interrumpidos de la televisión…»

 
¿Qué sentiste con tu primera demostración?
Unos minutos antes me largué a llorar y entré en crisis, vino mi mentor y me dijo “estás nerviosa, recuperate y te veo adentro en dos minutos”. ¡Fue mágico!, salí al escenario y lo hice. Duró cinco minutos y todas las fichas que estaban ahí revoloteando empezaron a caer. Había una plataforma con un pedazo de carne envuelto en tela, yo caminé y de golpe se proyectó la imagen de mi cuerpo sobre mi propio cuerpo y las dos versiones de mi misma empezamos a girar. Lo que me pasó ahí cuando salí es que miré a todos y estaban mudos, en estado de shock. Ahí entendí el poder de la performance. Que lo que yo viví como ser humano la audiencia también lo estaba viviendo. El teatro te separa del escenario y el actor interpreta un papel. En la performance no es así, no te da tiempo de interpretar, vivís una experiencia, no hay una interpretación.
¿Cuál es el límite de la performance?
Hay una pieza emblemática de Marina Abramovic que marcó un punto de inflexión, y se llamó Lips of Thomas (1975). En esta pieza ella se comió un tarro de miel y se tomó un litro de vino, luego rompió la copa de la que tomaba con las manos y con uno de los pedazos de vidrio se talló una estrella en el abdomen, ¡en su propia carne! Con el vientre sangrando se acostó sobre una cruz de hielo y esperaba a que el ventilador que estaba arriba derritiera el hielo. La audiencia gemía y un grupo decidió entrar y sacar a la artista de la cruz y frenar la acción. ¿Qué hubiera pasado con la artista si la audiencia no interrumpía? La audiencia se vuelve activa. Poner el cuerpo de un lugar de riesgo, llevarte el límite para interpelar de forma extrema al espectador, eso es performance. Así que no hay límite, o eso depende del performer.
¿Por qué pensás que esto es arte?
Porque transforma y llega a niveles donde no llega la pintura y la fotografía. Una amiga una vez me dijo “me gustaría que mis cuadros generasen lo que generan tus performances”. Además, si la performance te llega te transforma, te pasa por el cuerpo y vos sos otra persona porque viviste esa experiencia, hay un antes y después de ese acto que observaste. La magia de la performance es que es transformativa, te hace pensarte y cuestionarte desde el sentimiento. Si ves a una artista tallándose una estrella y mutilándose el cuerpo, es lógico que te replantees cuál es tu responsabilidad como observador en ese contexto, y ahí radica el poder transformativo.

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«Un performer no ensaya, entrena»

 

«Cuando termino estoy muy cansada, me duele el cuerpo pero al mismo tiempo estoy terriblemente vitalizada. Y tengo que descargar… una vez después de hacer una performance en Canadá fuimos a una fiesta y bailé cinco horas seguidas; nunca me drogué pero creo que debe ser algo parecido.»

 
¿Hay alguna de tus performances que te haya marcado más y donde se haya manifestado esta transformación?
Hay una que hice y que se llamó “Letting go”. Entrabas a un espacio oscuro que tenía el piso cubierto en pasto. La gente entraba descalza, olía el aroma al pasto bien intenso y al fondo había una pantalla con una imagen también de pasto que se movía muy lentamente, casi imperceptible era el movimiento, y duraba un minuto. Después desaparecía la imagen. La persona pisaba el pasto, se acercaba a la imagen que era lo primero que veía y después la imagen desaparecía. En simultáneo escuchabas los sonidos que podrías oír en el bosque: viento, ramas, hojas moviéndose y sobre eso, mi voz susurrando un texto. Después entraba yo en escena. La persona me veía entrar a mí por un lado, y la imagen de mi misma proyectada en la pared por otro, nos uníamos en el medio y cada una tenía un corazón de vaca en la mano. En un momento me arrodillo y empiezo a cavar y hacer un pozo en el pasto, y la imagen de mí misma proyectada con otro corazón en sus manos también empezó a hacer lo mismo. Podías ver cuatro manos cavando en la tierra para enterrar el corazón. Ese momento para mi fue dejar ir y soltar lo que tenía muy naturalizado, se habían muerto cuatro familiares míos muy cercanos y fue muy fuerte.
¿Hubo alguna vez algún momento incómodo que hayas vivido con un espectador?
Yo en general dejo un librito afuera de las performances para que me puedan dejar mensajes y a veces algunos te hacen sentir muy mal. También hay algunos hombres que se te acercan mucho, y una está desnuda, expuesta, se te acercan mirándote de una manera afectada y libidinosa, sin ese respeto por la acción que se está exponiendo, ahí me incomodo.
 
Una vez una artista que entrevisté me dijo, “la performance se entrena pero no se ensaya”.
Estoy completamente de acuerdo. Y previamente a entrenarse hay un proceso de descubrimiento donde uno prueba cosas y está en plena creación. Ahora voy a estar dos semanas entrenando y probando alternativas que tengo en mente para definir qué muestro ahora en febrero. Pero no es un ensayo como hacen los bailarines. Preparo mi cuerpo, no tomo alcohol y elijo la dieta que sigo antes de las muestras que hago porque son muy demandantes.

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En los medios británicos más influyentes – como The Guardian – destacan su trabajo

 

«Hay una pieza emblemática de Marina Abramovic que marcó un punto de inflexión, y se llamó Lips of Thomas En esta pieza ella se comió un tarro de miel y se tomó un litro de vino, luego rompió la copa de la que tomaba con las manos y con uno de los pedazos de vidrio se talló una estrella en el abdomen, ¡en su propia carne! Al final la terminó interrumpiendo el público»

 
¿Qué pasa con tu cuerpo cuando terminas la acción performativa?
Las performances que hago duran muchas horas, de 4 a 8 aproximadamente. Cuando termino estoy muy cansada, me duele el cuerpo pero al mismo tiempo estoy terriblemente vitalizada. Y tengo que descargar… una vez después de hacer una performance en Canadá fuimos a una fiesta y bailé cinco horas seguidas; nunca me drogué pero creo que debe ser algo parecido.
¿Cuál es tu misión o tu interés profundo como artista?
Siempre sentí una gran necesidad por comunicar, encontrar la forma es lo que me llevó tiempo y aún más poder decir que soy artista. Para mí es una búsqueda constante, compleja pero fascinante. Me interés reside en la transformación, en el cambio, en preguntarnos qué nos hace sentir vivos. ¿Qué es lo que nos impulsa para adelante? El arte impulsa, el arte es una experiencia en donde uno conecta con uno mismo y ahí la transformación.