FLÂNEUR DEL MICRO (LINDO) CENTRO

El Microcentro, antes un lugar hostil para caminarlo, ahora hasta recuerda a ciudades de Europa

 
Por Matías Asconape. Fotos: Jacinto Freixas.
A cada rato me doy vuelta para ver si viene el 102 a toda velocidad. Pero es normal, pienso. Decidí perderme sin destino fijo, en plan flâneur parisino, por las recién peatonalizadas calles del microcentro. Y todavía quedan reflejos de la supervivencia, de cuando esta zona de la ciudad era un lugar hostil, neurótico, ruidoso, que apenas lo pisaba ya quería largarme. Ahora en cambio, me encontré con otro territorio, lleno de spots interesantes que antes pasaban desapercibidos. Y doscientas veces más tranquilo. Arranqué por Marcelo T. de Alvear a la altura de la 9 de julio, hasta Reconquista, después encaré Sarmiento, Rojas, Suipacha y 25 de Mayo.

 UN PUEBLO AL MEDIODÍA

Lo primero que constaté es que se puede caminar por el microcentro en pleno horario bancario y sentir que se está en un pueblo al mediodía. Y no porque la gente duerma. Sino por el silencio. Hay de todo. Gente que almuerza en medio de la calle Reconquista con un sándwich en la mano, otros fuman un cigarrillo acostados en un banco, se sientan al sol, caminan, se relajan en medio de la vorágine. Y, además, hay pocos turistas. O no tantos que hagan pensar que esto fue hecho sólo para ellos. Si tuviera que elegir un efecto concreto, diría: tranquilidad. Eso sí, me lleva un tiempo relajarme en un sitio al que siempre visité por obligación de algún trámite. Siempre, insisto, con pocas ganas.

«A cada rato me doy vuelta para ver si viene el 102 a toda velocidad. Pero es normal, pienso. Decidí perderme sin destino fijo, en plan flâneur parisino, por las recién peatonalizadas calles del microcentro. Y todavía quedan reflejos de la supervivencia, de cuando esta zona de la ciudad era un lugar hostil, neurótico, ruidoso, que apenas lo pisaba ya quería largarme.»

 

Aunque parezca mentira: esta foto fue tomada un viernes en horario bancario

MEJOR QUE FLORIDA O LAVALLE

Además, a diferencia de las peatonales tradicionales como Florida o Lavalle, las nuevas tienen menos caudal de gente. Todavía. Por momentos me siento igual a esos hinchas del equipo local que cuando el visitante hace un gol pasan del canto al silencio incómodo, de calma antes de la tormenta. Es que todavía están presentes los fantasmas del humo, de hacer equilibrio en una vereda de medio metro, del rugido de los motores amplificado en muros grises, y la mala onda de una muchedumbre frenética. Esta vez con los minutos me hice más amigo de éste nuevo microcentro hecho de pies y zapatos.

CAFÉ EN LA VEREDA, EN CALMA, CON LAS PIERNAS RELAJADAS

Las peatonales también provocaron un despliegue hacia fuera de los distintos edificios, casas y locales. Los que más aprovecharon éste “efecto fuga” son los bares, kioscos, restos, locales de ropa y hasta tintorerías que “ganaron” la calle con mesas y menús sobre taburetes en plena vereda. Quiero decir. Así como antes para caminar por Marcelo T de Alvear a la altura del Temple Bar había que hacerlo en fila india por temor al tráfico, ahora te podés tomar un café al solcito, en calma, con las piernas estiradas. De igual manera, tampoco hay que dormirse. Motos, bicis y algunos autos suelen toparse con caminadores poco concentrados. Como yo.
 

Marcelo T. ¿Quedó claro?

 

«La calle con mesas y menús sobre taburetes en plena vereda. Quiero decir. Así como antes para caminar por Marcelo T de Alvear a la altura del Temple Bar había que hacerlo en fila india por temor al tráfico, ahora te podés tomar un café al solcito, en calma, con las piernas estiradas.»

 

ESCUCHAR LAS VOCES DEL DE AL LADO

Otros que salieron de las entrañas de los edificios son los porteros. Al menos éste es el caso de Claudio Noguera (foto). Tiempo atrás, cuando aceptó ser encargado de un edificio antiguo ubicado en Marcelo T sabía que en ese lugar no podría practicar dos típicas costumbres de su profesión. Ni limpiar la vereda durante el día ni pasar las horas “muertas” apoyado contra la pared de entrada. Como necesitaba el trabajo, aceptó. “Antes estaba todo el día adentro, ahora puedo salir y estar más tranquilo, sin que me pase un colectivo por al lado”, contó a Maleva. “Ahora hay mucho más movimiento de gente”, agregó. A diferencia de antes, ahora se escucha al de al lado y dan ganas de conversar. No es poco para un lugar acostumbrado a la locura, al piquete (me pregunto si se podrá cortar una peatonal), al tráfico, a un ritmo pesado, poco amable.
 

Un local de comida naturista, que acaba de abrir (en sintonía con un centro mucho menos estresante)

 

PLATOS VEGETARIANOS, GENTE BRONCEÁNDOSE (JUGO EN MANO): ¿ESTO ES MARCELO.T?

Desde su puesto privilegiado se puede ver a dos personas que beben un jugo con el solcito de primavera de fondo en una galería improvisada en la fachada de un viejo bar de la zona. A pocos metros, todavía en Marcelo T, una tintorería negra y naranja de nombre Higa (foto), es un símbolo de los negocios de antes, cuando allí sólo pasaban colectivos. Justo enfrente, un local de comida vegetariana moderno llamado “El Club de la Ensalada”, que se instaló luego de la renovación, vende raps y platos vegetarianos y es, creo, una muestra de lo que viene. Son la cara y seca de un cambio que afectará con el tiempo a la fisionomía de cada una de las calles reformadas para peatones.

Solicito y mesas en la vereda: camino de convertirse en una tendencia (inesperada) a cuadras de la Plaza de Mayo

 

Y FRENTE A MIS OJOS: GALERÍAS DE ARTE

Intuyo que con el tiempo vendrán más apuestas comerciales que aprovechen el espacio y la tranquilidad de esas cuadras. Intento reconstruir la “vieja” Marcelo T. Sólo la recuerdo apretada y ruidosa. Ahora ya no está así. Poco antes de llegar a Florida, entre faroles y tachos de reciclaje, descubro una galería de arte que se llama BR Art. Entro. Una vez ahí, le pregunto al dueño hace cuánto está en ese local.“Tres años”, respondió David Revale, representante de pintores argentinos cuyos cuadros están uno al lado del otro en las paredes. Está un poco descolocado con el cambio. Voy a tomar partido: antes, en la locura, no me hubiera percatado que pasaba delante de una galería, ahora la vi y tuve hasta ganas de ver qué exponían.

Galerías de arte que antes pasaban desapercibidas para los peatones, ahora captan toda la atención

 

«Intento reconstruir la “vieja” Marcelo T. Sólo la recuerdo apretada y ruidosa. Ahora ya no está así. Poco antes de llegar a Florida, entre faroles y tachos de reciclaje, descubro una galería de arte que se llama BR Art. El dueño está descolocado con el cambio. Voy a tomar partido: antes, en la locura, no me hubiera percatado que pasaba delante de una galería, ahora la vi y tuve hasta ganas de ver qué exponían.»

 

¿EL CENTRO O PLAZA SERRANO UN SÁBADO?

Al llegar al bar Kilkenny, ubicado sobre Reconquista, es como si estuviera un sábado en Plaza Serrano de Palermo. Reconquista es peatonal desde 2010. Es muy posiblemente el espejo a futuro de lo que les espera a las calles que recién hace días pasaron a ser de las pisadas. En algunos locales de Reconquista que dan a la calle, las filas para comprar cruzan de lado a lado. Está claro que los peatones son los protagonistas del terreno. El ritmo a pie hace bajar de manera automática la frecuencia de la ciudad.