Es tendencia: En el subsuelo, pero ¡bien arriba! / De Vicente López a Recoleta, estos espacios rajan la tierra

Un nuevo restaurante gourmet de zona norte y el último wine bar de Belgrano, dos bares ocultos en Palermo y Villa Crespo, un multiespacio y una parrilla de lujo escondidos en edificios de estilo. Este otoño, la movida “under cover” trae mundos subterráneos que conducen a las entrañas de la escena porteña.

Es tendencia: En el subsuelo, pero ¡bien arriba! / De Vicente López a Recoleta, estos espacios rajan la tierra. Por Caro Cerimedo para MALEVA. 

Cuando el sótano sale a la luz. Cuando espacios que -tradicionalmente- han sido de guardado y de depósito se resignifican en encuentros sociales con un halo de misterio y privacidad. Cuando bajar unas escaleras es pasar del otro lado del espejo. 

Esta tendencia crea otros mundos posibles, camuflados en fachadas que no dicen nada pero esconden la posibilidad de adentrarse y disfrutar en clave intimista. En espacios que mezclan la aventura de descubrir con la exclusividad de saber secretos, que yacen bajo el asfalto. La movida “under cover” es tan lúdica como enigmática. Seduce. Con jugar a las escondidas. Con revitalizar espacios alternativos que generalmente son desaprovechados o desatendidos. ¡Vamos a conocer seis lugares que pueden ser tu nuevo búnker!  

1) Entre bauleras y la rampa del garage, un sofisticado wine bar irrumpe en un edificio belgranense que fue embajada de Venezuela / PRO.VIN.CIA: Virrey Loreto 2035, subsuelo (martes y miércoles de 18 a 23 hs y jueves a sábado de 18 a 00 hs)

El nuevo clásico de Recoleta acaba de inaugurar otra locación en Belgrano, en plena zona de embajadas y calles que se llaman como los virreyes. La segunda sede del bar de vinos es por demás singular: “Creo que hoy la mejor forma de dar valor es acompañar el servicio, brindar una experiencia, en un entorno que eleve todavía más al vino como producto. Para esta apertura, elegí este espacio porque siempre quise un bar de vinos en un subsuelo. Además el lugar tiene las características de diseño y materialidad para mostrar el vino en un entorno con carácter, es como darle un poco de brillo, un tono más de noche, en un subsuelo que siempre tiene el mismo clima y vibra”, expresa Jaime Chmea. Para el fundador de Pro.Vin.Cia, que se creó primero como una vinoteca en la calle Arroyo, el vino también tiene un lado informal porque es compartir, es hablar del vino, contar la historia de cada etiqueta y por eso generó un espacio que tiene una gran mesa comunitaria y un living: “Toda la disposición invita a lo social, a interactuar con el resto del público”.

Con una curaduría de más de 200 etiquetas de todas las zonas productoras de Argentina y platitos para picotear (pimientos asados, humus, sándwich de pastrón y pepinillos, charcutería directa del productor, variedad de quesos blandos, duros y azules, tortilla de papas, anchoas de la costa) producto, vino y compañía es el lema de Pro.Vin.Cia.

«Creo que hoy la mejor forma de dar valor es acompañar el servicio, brindar una experiencia, en un entorno que eleve todavía más al vino como producto. Para esta apertura, elegí este espacio porque siempre quise un bar de vinos en un subsuelo»

En la carta conviven bodegas tradicionales en su faceta más innovadora con pequeños productores con identidad propia: “Hay una proliferación increíble de proyectos chicos, áreas emergentes como Balcarce o Chubut con características muy distintas, que me parece lo más interesante de nuestro portfolio”, agrega Jaime, que lleva más de 25 años en la industria.

Ofrecen hasta 15 opciones por copa todos los días, con una oferta que se va renovando mes a mes. ”El juego de tomar vino está en el constante descubrimiento, de una etiqueta, de un nuevo vino o de otra añada del mismo vino que probaste el año pasado”, observa Gabriel. Una exploración a la que acá se suma la peculiar locación.

Este estreno se ubica en un discreto subsuelo -que incluso ha dispuesto pequeñas barras y banquetas en la rampa del garage- al que solo se accede tras cruzar las puertas de una cafetería. Luces tenues y sillones de cuero invitan a recorrer el país a través de una buena copa de vino. “Estamos en Buenos Aires, que no es una ciudad productora sino de consumo, por ello quería evitar la obviedad de relacionarlo con las barricas y la madera, y mostrar que el vino también puede estar en un lugar cool, moderno y elegante”. Bajo un café, en el subsuelo de un edificio de los ‘80 que por 10 años fue Embajada de Venezuela y que los jueves presenta *The Society*, un encuentro pensado para degustar vinos y música, con DJ set por Iara Courbrant, de 19 a 22.

2) Una guarida gastro en una torre corpo de Vicente López, con orquesta en vivo y charme de ópera / Bravado: Av. del Libertador 1410, Vicente López (lunes de 9 a 19, martes a viernes de 9 a 00:30 hs, sábados de 20 a 00:30 hs) 

Al pasear por esta cuadra, se percibe un sonido que viene del centro de la tierra. En plena Avenida Libertador, el oído y la vista se agudizan y se desvían hacia un subsuelo,  que se asoma en el bajo de un rascacielos. “El edificio de Corporación América fue diseñado por el arquitecto Rafael Viñoly: es una obra que, sin dudas, es icónica en el nuevo skyline de la ciudad. El edificio prioriza la luz natural y los espacios amplios. El subsuelo donde está ubicado Bravado es único: un refugio en la ciudad, desde donde ves no sólo el cielo, sino el veloz ritmo de la avenida desde la calma”, describe Juliana del Águila Eurnekian.

El gran salón comedor, con techos de 10 metros y completamente vidriado, se encuentra por debajo del nivel de la calle. Se accede a través de una escalera caracol, que también funciona como símbolo del proyecto. El cuidado interiorismo estuvo a cargo del estudio ARQDCO -conducido por Cony Albero y Laura Porfirio-, que trabajó en potenciar  un espacio vivo, pensado para la experiencia.

«El edificio prioriza la luz natural y los espacios amplios. El subsuelo donde está ubicado Bravado es único: un refugio en la ciudad, desde donde ves no sólo el cielo, sino el veloz ritmo de la avenida desde la calma»

Los desafíos de montar un restaurante en un subsuelo -una obra tan grande- fueron muchos, pero al mismo tiempo fue casi como una consecuencia natural. El espacio pedía ser compartido y disfrutado. Es un lugar único, no sólo en la ciudad, sino en el mundo. Sus techos eternos y la sensación de estar afuera sin estarlo, generan  ganas de permanecer ahí”, afirma Juliana.  

La música es el eje: la Orquesta Aeropuertos Argentina -compuesta por 41 chicos de entre 15 a 25 años de todo Buenos Aires- tiene su escenario central dentro del restaurante, donde tocan en vivo. “La iniciativa busca promover el desarrollo intelectual y artístico de chicos provenientes de sectores de alta vulnerabilidad. El año pasado celebramos los 10 años con un gran concierto en el Teatro Colón y desde que existe Bravado tenemos el lujo de disfrutarla todos los días mediodías y ahora las noches. A veces es un trío, otras un cuarteto o un gran concierto de 10 músicos… Va cambiando y siempre sorprendiendo. El foco es el tango argentino”, relata Juliana. Así, cada visita se convierte en un viaje de sensaciones: “Elegimos Vicente López porque queríamos traer al barrio una propuesta gastronómica distinta. Bravado nació con la intención de ser mucho más que un restaurante: un lugar de encuentro para quienes viven o trabajan acá, con un menú ejecutivo para el día a día y, con la reciente apertura nocturna, pensada también para recibir a personas de otros puntos de la ciudad. Un espacio donde uno se sienta cómodo y acogido”, resume Juliana. 

«“Los desafíos de montar un restaurante en un subsuelo -una obra tan grande- fueron muchos, pero al mismo tiempo fue casi como una consecuencia natural. El espacio pedía ser compartido y disfrutado. Es un lugar único, no sólo en la ciudad, sino en el mundo. Sus techos eternos y la sensación de estar afuera sin estarlo, generan  ganas de permanecer ahí”, afirma Juliana Juliana del Águila Eurnekian»

El restaurante de Bodega Del Fin del Mundo y Karas Wines que celebra la cocina argentina contemporánea abrió en Vicente López en un espacio imponente que se revela a quienes pasen caminando muy atentos: la espectacular fachada de vidrio de la torre que lo alberga invita a curiosear lo que suena dentro. Una puesta que interpela: músicos y sus instrumentos; mesas vestidas entre mozos elegantes que vienen y van. Este tour subterráneo se compone de música en vivo, platos clásicos argentinos y vinos de las bodegas familiares de Patagonia y Armenia. Una verdadera vivencia de arte, sabores y cultura.

Bravado es un viaje de sensaciones. Es un lugar donde suceden muchas cosas a la vez: música en vivo al mediodía y a la noche, platos que sorprenden pero que también remiten a lo simple de nuestra cocina, vinos patagónicos y del Valle de Ararat… Todo se va transformando y hace que cada visita sea única”, comenta Juliana.

La noche en Bravado es mágica. Los platos elevan los productos de estación con técnica, creatividad y equilibrio entre musts y sorpresas. Los vinos de la familia aumentan la singularidad de la experiencia: Karas Wines, de Armenia, pionera en el renacimiento de la vitivinicultura en ese país, nos lleva a descubrir cepas autóctonas como Areni y Sireni. El dato: estos vinazos se pueden disfrutar por copa, por botella o en una degustación de tres etiquetas que rotan diariamente. 

«Bravado es un viaje de sensaciones. Es un lugar donde suceden muchas cosas a la vez: música en vivo al mediodía y a la noche, platos que sorprenden pero que también remiten a lo simple de nuestra cocina, vinos patagónicos y del Valle de Ararat… Todo se va transformando y hace que cada visita sea única”, comenta Juliana»

¿Qué pedimos? Impecable la ensalada de gravlax de trucha, endivias asadas, mango y radicchio. El ojo de bife madurado ofrece textura y aroma, mientras que los vegetales de estación -como zanahorias con salsa bearnesa y almendras o tartar de remolacha- aportan frescura y complejidad by el chef Mariano Szatma Szotan. Por su parte, los postres de la pastelera Ana Irie son una delicadeza, como el chajá de bizcochuelo de vainilla, crema batida, duraznos y semifreddo de dulce de leche en el interior, coronado por mini merenguitos. Un lugar que rinde homenaje a la Argentina, su música, su cocina. Una guarida para mirar sin ser visto, al mejor estilo voyerista. 

3) Home made coctelería, juego y mucha onda/  Barcito brutalista: Juan Ramírez de Velasco 1200 (jueves a lunes de 20 a 01 hs)

En la concurrida esquina de Gordo Chanta pasa mucho más de lo que se ve (¡que ya es un montón!). Debajo de la pizzería cool de Villa Crespo se oculta una zona de producción que ha sido optimizada para crear otro proyecto. “El bar nació porque teníamos un subsuelo amplio que no queríamos desaprovechar. Como nosotros venimos del mundo de la coctelería, nos pareció natural usar ese espacio para desarrollar un bar. El concepto gira alrededor de la rotavapor, una destiladora que trabaja al vacío y nos permite preservar aromas y sabores de forma muy precisa; con ella hacemos licores y destilados propios que son la base de nuestra coctelería”, argumenta Juan Carlos Ortiz. Explorar para sorprender es el motus del fundador de Gordo Chanta, que se consolidó como uno de los espacios más originales de la escena porteña: un restaurante que usa la pizza como punto de partida para traspasar la zona de confort y construir una mirada personal y estacional (en otoño, es furor la de papa a la huancaína con aceitunas negras y huacatay). Esa búsqueda también define la llegada de Barcito brutalista, donde la intuición y el juego son protagónicos. 

No queremos spoilear el efecto wow que se genera al descender por las escaleras del restaurante. Bajo tierra yace otro mundo, uno de luces de neón y buena música: “El subsuelo también genera una experiencia distinta, más íntima y enfocada en el trago. Lo pensamos como un destino en sí mismo: mucha gente viene directo a tomar algo y picar, aunque también es común que quienes comen arriba bajen después por un drink o mientras esperan su mesa”, cuenta Juan, que apunta al crecimiento desde la curiosidad.

La carta tiene dos líneas: clásicos reinterpretados con insumos hechos en casa, y tragos donde los destilados de producción propia son protagonistas, muchas veces en formato highball, más frescos y aromáticos, en este tipo de cóctel que se sirve en vaso alto con mucho hielo es donde más se lucen sus bebidas espirituosas caseras, como el gin de la casa que elaboran con enebro, coriandro, pomelo y limón. 

«El subsuelo también genera una experiencia distinta, más íntima y enfocada en el trago. Lo pensamos como un destino en sí mismo: mucha gente viene directo a tomar algo y picar, aunque también es común que quienes comen arriba bajen después por un drink o mientras esperan su mesa»

4) Sala de debate para la experimentación, la conversación y la exposición de arte bajo el Kavanagh / Cora Subsuelo: Florida 1045 (lunes a viernes de 8 a 20 hs; sábados y feriados de 9 a 20 hs; domingos de 11 a 19 hs)

Aquí abajo se conversa sobre el territorio y su vínculo con la identidad argentina. Sobre la visualidad que se expande más allá de su propio límite. Es un espacio de exhibición de obras de arte, con muestras trimestrales, que también tiene su agenda cultural y eventos. “Estamos en el subsuelo del Kavanagh, con la escalera original del edificio. Ves los pluviales del edificio, das un paso más hacia las entrañas del Kavanagh”, señala Facundo Olabarrieta. El fundador del proyecto también lleva adelante la curaduría de charlas de diseño y arquitectura, encuentros con artistas y economistas sobre primeras adquisiciones de arte para jóvenes coleccionistas, sesiones de escucha de vinilo, conversaciones con compositores y talleres de moda, además de los openings, catas y banquetes.  A su vez, tienen una propuesta de cowork que podés reservar para reuniones de equipo en un subsuelo privado que está súper cuidado, como una galería de arte. 

«“Estamos en el subsuelo del Kavanagh, con la escalera original del edificio. Ves los pluviales del edificio, das un paso más hacia las entrañas del Kavanagh”, señala Facundo Olabarrieta»

“Es medio speakeasy, pero tranquilamente vos podés pedirte un café y bajar a tomarlo a Cora Subsuelo. A muchas personas les encanta este sitio y se acomodan directamente aquí. Es un espacio muy activo, que tiene su propia identidad y su propia agenda cultural, que aporta a su vez a la agenda del barrio y de la ciudad”, sostiene Facu, que viene de inaugurar la muestra de Gaspar Iwaniura Lorge, “CROMOGENIA”. El 16 de abril brindarán la charla “El salto al vacío”: qué, cómo y porqué comprar obras de arte, coordinada por Renata Zas y Coco Malizia. “Es un lugar muy exclusivo, estás en el Kavanagh. Rodeado de obras de arte”.

5) Un bar sumergido en el fondo del mar / Under: Honduras 5900 (de jueves a sábados de 21 a 02 hs) 


Tragos de autor intensos y aromáticos –como Mamá Cocha Cognac con Hennessy, té negro, especias y aceituna- en un ambiente sugerente y elegante. Ofrenda Inti demuestra que aquí hasta los tragos frutales son potentes, con whisky estilo Kentucky, licor de mandarinas y maracuyá. Tranqui que también hay opciones para paladares que prefieren menos potencia, como la frescura de Irupé, con London dry gin, tzu, lemongrass, agua de mar y tónica. Un ambiente íntimo y misterioso es la burbuja que nos envuelve en este sótano vestido de fiesta.

6) Un oasis en Recoleta con cascada, patio interno y el ritual de la parrilla argentina en clave sofisticada / Rufino: Av. Pres. Manuel Quintana 465 (todos los días desde las 19 hs)

En el subsuelo del hotel boutique Mío Buenos Aires, Rufino resguarda los sabores clásicos de la cocina nacional y suma técnicas de vanguardia. Una parrilla tan carnívora como vegetariana, donde pedir el costillar del centro de 1 kilo (que se cocina a baja temperatura por seis horas) y las zanahorias al grill, marinadas con naranja y jengibre, acompañadas con un hummus de arvejas y menta. 

“Buscamos local por la zona porque nos parecía que es atractiva tanto para turistas como para locales, porque es un lugar con mucha historia y nuestra propuesta es honrar la tradición de la parrilla, en nuestra propia versión. Rufino tiene un valor agregado, un diferencial, un toque más moderno. Por ello cuando dimos con esta posibilidad de ubicarnos dentro de un hotel, en un lugar escondido, en un subsuelo, con una cascada y un patio, pusimos manos a la obra”, explica Martín Serrano, uno de los socios. 

Producto, fuego y detalle comulgan en una experiencia cálida y distinguida que comienza desde el ingreso, a través de una escalera iluminada que conduce a un subsuelo de velas y luces tenues donde también hay neón. La pequeña terraza con cascada corona el entorno inmejorable para comer una provoleta, que se flamea en la mesa con tequila.“Es un concepto pseudo speakeasy porque, si bien está completamente abierto al público, te enterás por el boca a boca, y eso lo hace atractivo. Nos descubrís a través de un dato que te comparten. Rufino está escondido en una zona y un edificio muy concurrido, y eso está muy bueno para contar una historia, para posicionar este secreto. Además, le aporta al clima de la parrilla una fusión de intimidad con tranquilidad, creando un espacio reconfortante, sin dejar de ser moderno. Esta ubicación oculta te da la sensación de oasis dentro de la ciudad”, cierra Martín.