La pasarela también se diseña: cómo la dirección artística transformó un mismo pabellón de La Rural en mundos distintos.

En una semana donde varios diseñadores compartieron el mismo venue, la diferencia no estuvo en los metros cuadrados sino en la mirada. Entre performances, escenografías, vacío y narrativa cinematográfica, la última edición de BAFWEEK dejó en evidencia el rol decisivo de la dirección artística en la construcción de un desfile.

La pasarela también se diseña: cómo la dirección artística transformó un mismo pabellón de La Rural en mundos distintos. Por Justina Gastaldi para MALEVA.

En la pasarela se mira la ropa. Pero a mí, lo primero que me impacta no es la tela: es la luz. Es la música, la distancia entre el público y el cuerpo que camina… Es la puesta en escena, los elementos que la componen y las estructuras que acompañan las prendas que desfilan.

En una semana de la moda donde varios desfiles compartieron la misma locación, lo que cambió no fue el espacio físico, sino la forma en la que se lo interpretó. Esta edición de Bafweek fue la prueba perfecta de que un mismo espacio puede volverse íntimo o monumental, crudo o teatral. Y detrás de esa transformación hay una figura, una disciplina: la dirección artística.

¿En qué consiste exactamente la dirección de arte? En moda, la figura del director de arte trabaja junto al diseñador para traducir una idea conceptual en una experiencia tangible. Es quien define cómo se habita el espacio, cómo se lo interviene, desde dónde se mira y qué se quiere que se sienta. No se trata solo de escenografía, se trata de construir una atmósfera que amplifique o contradiga, o tensione, o genere algo por sobre la colección. Ese es el poder de esta disciplina. 

De base, no es casualidad que La Rural haya sido la sede de esta edición. Bafweek cumple 25 años y, frente a ese aniversario, la decisión de volver al lugar donde todo comenzó funciona casi como un gesto simbólico: regresar y recordar el origen para volver a pensar el presente. La Rural no es un espacio neutro, al contrario, carga con memoria, con escala, con historia. Es uno de los espacios más emblemáticos de nuestra ciudad y transformarlo para adaptar otro tipo de disciplinas resulta bastante fascinante.

Pero lejos de ver esa estructura imponente como un límite, las marcas decidieron asumirla como punto de partida. El mismo pabellón se transformó en universos completamente distintos: hubo quienes lo despojaron, quienes lo amplificaron ; quienes lo transformaron en obras teatrales y sonidos envolvente. Lo que cambió no fueron las paredes, sino la narrativa.

«Ahí es donde la dirección artística deja de ser un detalle técnico y se vuelve protagonista silenciosa. En un venue compartido, la diferencia no está en los metros disponibles, sino en la capacidad de reinterpretarlos. Cada desfile fue, en definitiva, una forma distinta de habitar el mismo espacio y potenciar un mensaje.»

García Bello: el espacio como territorio.

Un mismo pabellón puede convertirse en paisaje. Eso fue lo que logró Juliana García Bello con “A través del viento y el agua”, una colección inspirada en la historia de Tierra del Fuego y en los primeros pobladores del territorio austral.

Con la dirección a cargo de la propia diseñadora y su equipo, el desfile dejó de ser pasarela para convertirse en experiencia sensorial. La musicalización de Qoa Kora, con sonidos sutiles, inspirados en la naturaleza e instrumentos poco convencionales, construyó un clima envolvente que desplazó la atención y la expectativa hacia algo mucho más introspectivo y emocional.

El momento decisivo llegó cuando, entre solo cuatro modelos, irrumpió un grupo de bailarinas contemporáneas. Sus movimientos oníricos pusieron en acción las prendas, pero también resignificaron el espacio: el pabellón ya no era estructura industrial, era viento, era agua, era territorio en movimiento. La dirección artística no fue una simple decoración del espacio, fue una transformación de narrativa.

Valentina Schuchner: el espacio como manifiesto.

Horas más tarde, cuando cayó el sol, Valentina Schuchner presentó “Lo siento mucho”, una colección que explora el blanco y negro como construcción histórica y símbolo de feminidad.

La intervención fue radicalmente distinta: una alfombra circular blanca en el centro del escenario organizaba el recorrido, mientras un juego de luces intensas y titilantes dialogaba con una banda sonora protagonizada por madres del pop como Charli XCX, Lana Del Rey y Madonna. Si en el desfile anterior el espacio se había vuelto paisaje, acá se convirtió definitivamente en un manifiesto.

Las 28 modelos —en alusión a los 28 días del ciclo femenino— no respondían a un circuito lineal sino que caminaban con libertad, ocupando el pabellón sin reglas, desarmando cualquier noción clásica de pasarela. Corsetería, sedas y gasas superpuestas convivían con transparencias y hasta desnudos en una puesta que oscilaba entre la delicadeza y la rebeldía. A muchos looks se les sumaban piezas botánicas de La Espina, aportando un gesto vivo que tensionaba la idea de pureza y reafirmaba la intención completa del desfile.

«Había en la atmósfera algo de esas “princesas” londinenses que rompieron la perfección femenina en los noventa: vestidos lenceros con actitud punk, maquillaje que buscaba pulcritud pero con cierta intensidad, una elegancia con intención de ser rota desde bien adentro. No era una feminidad frágil; era una feminidad consciente de toda su potencia.»

En el centro, sobre la alfombra blanca, cada modelo se detenía, posaba, performaba. Diversidad de cuerpos, una mujer embarazada, gestos de complicidad y mucho disfrute. La dirección artística del desfile —trabajada junto a Vanesa Brites, Martina del Rosario y Jimo Soriano, con musicalización de Lautaro Cutra— convirtió el espacio en un escenario donde el cuerpo femenino no era objeto de contemplación sino presencia real y vibrante.

Velasco: cuando la dirección artística es el vacío.

Velasco presentó «Invocatoria», una performance teatral que celebró quince años de oficio y herencia guaraní. La pasarela se transformó en un escenario vivo donde cuerpos en movimiento, música y técnicas manuales pusieron en primer plano la materialidad de cada prenda.

Crochet, anudados y sistemas de ajuste construyeron arquitecturas de capas adaptables, reforzando una propuesta donde técnica, memoria y funcionalidad se entrelazan.

Pero, a diferencia de otras presentaciones, acá no había escenografía ni objetos que reforzaran el discurso. El espacio permanecía prácticamente vacío. Y justamente en esa decisión potenciaba la puesta, no fue necesario nada más que eso para enaltecer un recorrido de pura historia y técnica.

Las modelos interactuaban entre sí, generando momentos performáticos donde las prendas se activaban en movimiento. Sin distracciones visuales, la atención se desplazaba hacia los gestos, los materiales y las manos detrás del proceso.

«El ejemplo deja en claro que la dirección artística no siempre implica sumar elementos al espacio. A veces, consiste en lo contrario: despejarlo para que la historia se cuente sola.»

De Crisci: el espacio como pista.

De Crisci presentó «BUENOS AIRES – MAR DEL PLATA / 2 HORAS Y MEDIA», una colección que tomó el automovilismo argentino como motor narrativo. Con trajes oficiales de carrera intervenidos, la marca partió de un universo para traducirlo en una propuesta de impronta urbana y actitud performática, donde cada look reforzaba la idea de ajuste, intervención y transformación.

La dirección artística llevó ese imaginario al espacio de manera literal pero efectiva: un auto de competición ocupaba el centro de la pasarela como pieza escenográfica principal, convirtiendo el pabellón en una especie de paddock contemporáneo. A su alrededor, los modelos circulaban como si se tratara de una coreografía mecánica, reforzando la tensión entre velocidad, estructura y cuerpo.

Más que un simple elemento decorativo, el auto de carreras funcionaba como sostén absoluto de la narrativa. Recordaba constantemente el punto de partida conceptual de la colección y organizaba el recorrido visual del desfile.

Bajo esa idea de presencia estratégica, la propuesta articuló precisión técnica y estética urbana, proyectando una identidad donde el gesto de intervenir se vuelve lenguaje.

Las Pepas: el espacio expandido.

Con «Out&About», Las Pepas apostó por una puesta que no solo intervino el interior del pabellón sino que lo desbordó hacia el exterior. Dentro del venue, una alfombra roja cubría todo el recorrido y un conjunto de espejos verticales sobre un telón también rojo, multiplicaba los reflejos de los flashes de las cámaras, generando una atmósfera intensa, casi cinematográfica. La pasarela se convertía así en un espacio de brillo y movimiento constante, donde cada paso quedaba amplificado por la luz y las mil miradas.

Pero la decisión más interesante sucedía fuera. La alfombra roja continuaba hacia el exterior del edificio, extendiendo el desfile más allá del espacio tradicional. Mientras algunos invitados observaban desde adentro, otros lo hacían desde afuera, como si la pasarela se abriera a la ciudad.

«En términos de dirección artística, no se trataba solo de ocupar el espacio, sino de expandirlo

Luz Ballestero: el desfile como narrativa cinematográfica.

El mismo pabellón volvió a mutar con la presentación de Luz Ballestero, quien regresó a Bafweek diez años después de su última participación. «Desborde», toma inspiración en el universo visual y conceptual de Pedro Almodóvar, con una moldería experimental que continúa la búsqueda disruptiva que caracteriza a la diseñadora.

La puesta en escena con referencia cinematográfica se volvió muy evidente. La diseñadora y su equipo concibieron el desfile como una secuencia narrativa dividida en actos, donde la pasarela se mezclaba con escenas casi teatrales. Más que un desfile tradicional, parecía una obra de teatro.

La escenografía —un living que evocaba la atmósfera doméstica de La habitación de al lado de Almodóvar— funcionaba como punto de partida y escenario de acción. Modelos y bailarinas aparecían progresivamente en escena, habitando el espacio como personajes. En algunos momentos, sobres rojos que tiraban al aire, agregando un gesto dramático que reforzaba la sensación de estar presenciando una escena de cine más que un simple pasareleo.

«Cuando cine y moda se encuentran, las posibilidades se expanden. En este caso, la dirección artística convirtió el pabellón en un pequeño set cinematográfico donde cada acto sumaba tensión y emoción al relato.»

Su vuelta a Bafweek no solo fue una vuelta a las pasarelas que la vieron crecer, sino también un recordatorio de que, incluso en una industria que muchas veces se sostiene a pura pasión, la experimentación sigue siendo un motor creativo.

 

///Fotos: gentileza de prensa BAFWEEK.