Una navegación para ver de cerca un Perito Moreno que no será igual, la apertura invernal de un hotelazo sureño, altos sabores patagónicos, chocolates de diseño y avistaje de estrellas en plena estepa, al pie de Los Andes y el río Santa Cruz.
Entre la impermanencia y la eternidad: “En realidad, el témpano que estás viendo ahora nunca se sabe cuánto va a durar” / Viaje a la edad del hielo en 5 irrepetibles de El Calafate. Por Caro Cerimedo para MALEVA.
Nos ponemos en modo patagónico con esta tremenda excursión por el fin del mundo. Para ver el glaciar como nunca: en invierno, con la cordillera nevada y sin el agobio de turistas de la temporada alta. En una experiencia irrepetible: “En realidad, el témpano que estás viendo ahora nunca se sabe cuánto va a durar. En la forma que lo estás viendo, tal vez ni permanece hasta el final de la navegación. Si encuentra otro punto de equilibrio, se parte y no lo vas a reconocer”, me advierte nuestra guía del parque natural donde hoy conocí al Perito Moreno. Al regresar del hielo, sauna y spa de pile calentita en un hotel boutique que abre por primera vez en invierno. Cordero patagónico, raviolones de trucha y tremendo cheesecake de Calafate. Estrellas como nunca antes las pudiste mirar. Todo esto y más en nuestros 5 imperdibles para vivir este patrimonio mundial de una manera inédita. Un recorrido por el ícono en su versión más íntima.
1) “Yo que lo conozco hace 11 años lo veo muchísimo más chico”: navegación por el Parque Nacional Los Glaciares para ver de cerca un Perito Moreno que nunca más será igual.

“El desprendimiento sucede porque el glaciar está en movimiento todo el tiempo. Se va quebrando como un proceso natural. Pero ya no es un glaciar estable, eso significaba que ganaba tanta masa como la que perdía. Ahora no está sucediendo eso, yo que lo conozco hace 11 años lo veo muchísimo más chico”, advierte Betina, Guía del Parque Nacional que -ubicado en la provincia de Santa Cruz- conserva más de 726 mil hectáreas de las ecorregiones Bosques Patagónicos y Estepa Patagónica.
“No tiene que ver puntualmente ni directamente con el calentamiento global: la última gran glaciación fue hace 10.000 años, y desde allí los glaciares ya empezaron a retroceder. Imaginate que el Lago Argentino en el pasado era una gran masa de hielo. Y no había industria. No es que estoy negando el calentamiento global, hasta lo siento, lo que sí pasa con el cambio climático es que acelera el proceso”, detalla Betina sobre estos enormes hielos que dominaron parte del planeta durante los últimos dos millones de años y presenciaron el nacimiento de la humanidad.
Y ahora a lo primordial: su preservación. Imposible no preguntarle su opinión sobre la ley de glaciares: “Cambiarla es una locura. Para explicarlo de forma fácil: cuando tenés el hielo en el freezer ¿por qué se conserva? Porque tenés la puerta cerrada. Si nosotros no cuidamos el ambiente periglaciar, que es la zona que rodea a los glaciares, el agua se va a empezar a contaminar. Los glaciares van a empezar a retroceder más rápido. Son la mayor reserva de agua dulce que tenemos en el planeta, somos uno de los países con más reservorios. Poner minería acá es una locura, lo va a arruinar todo. Acá tenemos el lago más grande del país, donde desembocan la mayor parte de los hielos del Campo Patagónico Sur”, explica la experta. Cuidar y disfrutar de este sitio hace referencia no sólo a la biodiversidad, también a imaginar lo que fue la era del hielo en el tercer campo de hielo continental actual más grande del planeta. Creado en 1937 y declarado Sitio de Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1981, este es el más extenso de los parques nacionales argentinos. Para ver de cerca las distintas caras del hielo, con cambios de luz constantes. En algunas partes es tan azul, con una profundidad muy intensa, y en otras blanquísimo. El cambio de colores no depende solo de los reflejos, también de la edad de los bloques. La que va es venir en invierno: más silencio y un manto blanco de nieve que potencia la escala del paisaje. Conviene ingresar temprano, cuando hay menos viento.

Las excursiones lacustres parten desde Puerto Bandera y recorren el brazo norte del lago, acercándose a glaciares como Upsala y Spegazzini. Es una de las mejores formas de dimensionar la magnitud del campo de hielo patagónico, con bloques flotando a la deriva y paredes de hielo que superan los 100 metros de altura. En temporada baja además, la menor circulación de embarcaciones vuelve la experiencia más genuina. Y menos invasiva, porque la rotación de turistas genera visitas con menos impacto ambiental.
El nombre del Parque Nacional evoca la monumentalidad de los numerosos glaciares que contornean la cordillera austral. En sus movimientos, estos gigantes ríos congelados forman constantemente anárquicas siluetas, que avanzan, retroceden y se rompen. Algunas recuerdan a puentes, otras son tan intrigantes como las cavernas. Estruendos. Nunca me imaginé que estos témpanos al caer al agua suenan como truenos. Tal vez es la majestuosa naturaleza alertándonos. Despertándonos. Porque aunque así parezca, este cuadro glorioso -que se completa con lagunas y cerros imponentes como el Chaltén o Fitz Roy- no dura para siempre.
2) Esplendor El Calafate by Wyndham abre por primera vez durante toda la temporada invernal: turismo de autor a precio argentino, con calidad topísima, identidad local y estética arty

Nada como visitar este destino mundial cuando pocos lo hacen. Con paisajes nevados y menos visitantes que durante la temporada alta, el invierno en El Calafate es el mejor plan para mixear naturaleza, gastronomía y descanso en clave privada. Para gozarlo de manera boutique hay una buena nueva: este año, Esplendor El Calafate by Wyndham abre por primera vez durante toda la temporada invernal.
Para acompañar esta apuesta, el primer hotel de diseño de la ciudad santacruceña -llegó en 2006 con la visión de plantar la bandera del turismo de autor en un destino estratégico- lanzó una propuesta especial para residentes argentinos: dos noches en una habitación doble Mountain View con tremendo desayuno buffet (sí, como esos banquetes matutinos de buenas calorías cuando madrugás en la montaña para esquiar) y una cena de tres tiempos para dos con copa de vino Fin del mundo por $355.00 para compatriotas.
“Desde el inicio nuestro objetivo fue aprovechar las oportunidades en este país que, a pesar de sus vaivenes económicos, tiene destinos incomparables. Siempre creí en el turismo como motor de desarrollo de Argentina”, sostiene Carlos Braun, fundador de Turismo Doss. Así logran diversificar la oferta en uno de los parques naturales más visitados del país. Con un hotelazo de estilo sureño que se mimetiza con la inmensidad patagónica, en una ubicación que garantiza la mejor vista al Lago Argentino y accesibilidad para explorar los glaciares. Las chimeneas del lobby son espectaculares, al igual que todo el interiorismo de un refugio tan cosy como elegante. Sí, el spa es la bomba, no se vayan sin reservar unos masajes con piedras calientes. Calma. Para estar presentes. Y muy conscientes: estamos en una de las maravillas más imponentes del mundo. Gratitud.
3) Glaciar Bar & Restaurante / Av. Juan Domingo Perón 1143, El Calafate, Santa Cruz

Amplios ventanales a la postal sureña, cocina de autor, una exclusiva cava de vinos argentinos de la que saldrá una exquisita etiqueta de pinot noir y un bar panorámico para disfrutar del atardecer después de los paseos, antes de pasar a la mesa de inspiración regional.
Los ojos nunca se despegan del paisaje patagónico y el paladar tampoco, hasta el cóctel que me pido parece un glaciar. Claro, hay cordero patagónico braseado, trucha a la plancha, carnes al grill y una ensalada de remolachas asadas, brie y nueces con vinagreta de calafate. También hay pastas con ingredientes locales, como los panzotti de trucha con tinta de calamar y crema de azafrán o los sorrentinos de cordero, además de risottos, opciones vegetarianas y postres de impronta argentina.

En esta nueva etapa, Orlando Vázquez se suma como Gerente de Alimentos y Bebidas, con el objetivo de seguir fortaleciendo la propuesta gastronómica como una experiencia integral del hotel, tanto para huéspedes como para público externo. “Los días más cortos y las temperaturas bajas invitan a una estadía más enfocada en el disfrute puertas adentro, combinando naturaleza con servicios de bienestar y gastronomía”, señala Diego Coll Benegas.
4) Una estancia de experiencias con estrellas y fuego: astroturismo sin contaminación lumínica y asado en Cruz Aike / Ruta provincial 11, Santa Cruz

18.000 hectáreas de una auténtica estancia patagónica que es hogar de 3.500 ovejas y un típico galpón de esquila. Después de una caminata para conocer el rancho y sus actividades rurales, en un encantador invernadero, te hacen un asado a la cruz. La comida arranca con una sopa humeante y cierra con un espectacular cheesecake de calafate, la fruta roja nativa que le da una acidez espectacular.
Esta vivencia se llama experiencia Manke y propone algo disruptivo, en un entorno sin contaminación lumínica ideal para observar como en ningún otro lado las constelaciones del hemisferio sur: con guías especializados, mantita y chocolate calient, en la inmensidad y la tranquilidad absoluta de la estepa patagónica. La propuesta va de 21 a 00 y es ideal para aprovechar la magia de la noche y este cielo. Hoy vamos a aprovechar que estamos afuera y bien lejos, que nos fuimos de la gran ciudad para reconocer las estrellas y planetas que nos rodean siempre, aunque no les prestemos atención, o aunque ni los podamos ver.

“Este cielo es categoría 1, nosotros en la astronomía tenemos una clasificación global de cielos que van de 1 a 9. 1, 2 y 3 son cielos aceptables, este es el mejor. En cambio, en Londres, Berlín, México, Lima, aunque lo intentes no ves nada. Y acá 1. Guau”, explica nuestro guía. No solo tiene incidencia la contaminación industrial, también los factores atmosféricos. Nubes, bruma. “En cambio aquí, aún con luna, les va a llamar la atención lo brillante que es”, señala el profesor de astronomía y astrofísica que esta noche nos va a enseñar cómo interpretar lo que vemos. “Estamos mirando algo a lo que no estamos acostumbrados, usando nuestros ojos. Lamentablemente, el 93% de la población mundial, es triste decirlo, no ve un cielo estrellado. No tiene la posibilidad de ver un cielo estrellado.”
5) Moala: chocolate a otro level de diseño, en sabor y papelería / Avenida Libertador 975, El Calafate, Santa Cruz

Cada una de sus piezas es una obra de arte, desde la textura al paquetísimo paquete que los envuelve, con creativos diseños y estampas única de la tierra (y las aguas) de los Glaciares. Para llevarse un pedacito de la Patagonia en cada tableta y cada bombón, que son tan lindos que da pena comerlos. Del primer grano de cacao hasta el último pétalo de sus tremendos toppings y sabores, los detalles se unen con lo artesanal en esta historia, que empezó a escribirse cuando el mundo se detuvo, pero las ideas no. En plena pandemia, Adrián Ramírez Cantarell encontró en el chocolate una forma de volver a empezar: el nombre Moala significa amanecer en lengua yagán. Este nuevo camino que emprendió en Ushuaia, entre montañas y viento austral, trae a su tienda de El Calafate propuestas imbatibles, como el chocolate Dubai co pistacho y kataifi, o el blanco con frambuesas y nibs. Praliné de avellanas, nueces Pecán. Morí de amor con las ovejitas rellenas de dulce de leche.
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