De un circuito de pelis independientes a videoclubs, talleres y ciclos itinerantes que proponen recuperar el tiempo para mirar con atención. 6 propuestas para volver al ritual de la pantalla compartida en espacios donde la proyección dialoga con la música, la gastronomía, la coctelería, ferias de diseño y charlas post función.

«¿Cinteamos? ¿Y si invitamos a más gente a compartir esto?» / 6 propuestas que activan las proyecciones en la ciudad (y las transforman en un plan multidisciplinario) Por Clara Cattarossi para MALEVA.
Desde hace años, el streaming y los nuevos hábitos de consumo alteraron para siempre la forma en que miramos cine –no es novedad. Y el desplome de las salas pospandemia terminó de acelerar la mutación.
Históricamente, el cine fue un arte popular y democrático. La filósofa Silvia Schwarzböck lo resume en Los monstruos más fríos (2017) al señalar que el cine “borra la tradición: no pide un saber especializado ni ningún tipo de esfuerzo, ni siquiera el de concentrarse”. Pero al mudar la pantalla al sillón, incluso la concentración se volvió un asset disputado por la segunda pantalla y el scrolling compulsivo.
Con la proliferación interminable de contenidos –que van desde ver una película fragmentada en TikTok hasta miniseries de un minuto–, la industria se adaptó para economizar la atención al mínimo. A los creadores no les queda más que aceptar lo que Schwarzböck define como la “soberanía del público” y “acostumbrarse a él, sin que puedan ignorarlo”.
Frente al consumo descartable del algoritmo, en Buenos Aires se consolida una nueva escena de espacios que buscan devolverle a las proyecciones audiovisuales su carácter de experiencia presencial y compartida. Un circuito de ciclos independientes, videoclubs, talleres y proyecciones itinerantes que proponen recuperar el tiempo para mirar con atención, para luego escuchar música, tomarse una copita y debatir la peli.
1) CINTA: donde el cielo también forma parte de la función / Gurruchaga 1791, Palermo

Esta propuesta nació casi por accidente, entre un grupo de amigos que se juntaba cada domingo con la misma pregunta: “¿Cinteamos hoy?”. Sin planearlo, ese verbo inventado terminó dándole nombre y alma a su proyecto. Y cuando surgió la posibilidad de mover esta costumbre casera a la terraza del Crêpas de Palermo, se planteó una nueva pregunta: “¿Y si invitamos a más gente a compartir esto?”.
Así nació CINTA, un ciclo de proyecciones al aire libre en la terraza de concebido como una experiencia integral. Es que para sus creadores proyectar la película era solo una parte del plan: la música de la antesala, los tragos, la gastronomía temática y las charlas que surgen al terminar los créditos completan un universo donde el cielo abierto también participa como escenografía. Ese mismo diálogo se traslada luego a sus redes, donde comparten los motivos detrás de cada elección y abren la conversación con su comunidad.
Lejos de combatir a las plataformas de streaming –a las que reconocen haber democratizado el acceso–, el ciclo busca dar respuesta a una generación que no encuentra en el cine tradicional el ritual que necesita. Como le explica Luca Cappanera, socio de CINTA, a MALEVA: “Muchas veces digo que hoy vemos más películas que nunca, pero quizás miramos menos. Y cuando miramos menos, terminamos acostumbrándonos a un cine más fácil, más homogéneo y menos arriesgado”.
El proyecto terminó mutando en algo mayor a un simple evento al aire libre. En el mismo espacio donde empezaron, CINTA pasará a comandar sus propios sectores —con proyecciones diarias de cine y videoclips en la terraza, barra interna con su propia identidad estético-narrativa, patio y vereda—. Lo que empezó como funciones entre amigos decantó en una comunidad consolidada, ya que CINTA “siempre fue una excusa para que el arte volviera a convertirse en un lugar de encuentro”, concluye Luca.
«Lejos de combatir a las plataformas de streaming –a las que reconocen haber democratizado el acceso–, el ciclo busca dar respuesta a una generación que no encuentra en el cine tradicional el ritual que necesita»
Próximas funciones en este link.
2) Videoclub de Yuki: la agencia creativa que busca rescatar el proceso de lo crafted y que proyecta videoclips, cortos y fashion films / itinerante

“Lo cultural reside en la experiencia, sucede en lo presencial”, sintetiza Josefina Rodríguez Egaña, creadora de Yuki, a MALEVA. Fundado hace once años como una comunidad y plataforma para dar visibilidad a creadores independientes –y consolidado también como una agencia creativa que conecta marcas con propuestas de sensibilidad cultural–, el proyecto surgió de la propia búsqueda de Josefina por reunir a una camada que emprende desde la identidad: “Me dediqué a investigar sobre artistas que no buscaran vender su empresa al ser exitosos, sino dedicarse a lo que hacen”. Dentro de ese ecosistema, su Videoclub encarna esa misma filosofía aplicada a la pantalla, con proyecciones de videoclips, cortos y fashion films de directores emergentes e independientes.
Esta propuesta aborda el consumo audiovisual desde la presencialidad como un contrapeso directo al empacho del consumo on demand. Para Josefina, el valor está en devolverle la centralidad a la obra y al trabajo humano que la sostiene: “Hoy es muy necesario recuperar contacto con lo craft, con lo que está pensado e intencionado, lo que lleva meses de proceso detrás de la fotografía, la luz, el vestuario y la dirección”.
Con esa premisa, Videoclub trasciende la simple proyección de piezas audiovisuales y se concibe como un encuentro integral en tres momentos. Todo empieza con una convocatoria abierta para darles ventana a realizadores de todo el país, cuyas obras son curadas por referentes invitados. La experiencia –que tuvo su edición más reciente el 5 de julio en Artlab– arranca en una antesala social con DJ en vivo, tragos y una exhibición de fotógrafos de la propia red de Yuki. Tras la proyección, el evento se completa con un conversatorio con los realizadores para indagar en el detrás de escena y en las decisiones creativas que le dieron forma a cada pieza.
«Para Josefina, creadora de Yuki, el valor está en devolverle la centralidad a la obra y al trabajo humano que la sostiene: “Hoy es muy necesario recuperar contacto con lo craft, con lo que está pensado e intencionado, lo que lleva meses de proceso detrás de la fotografía, la luz, el vestuario y la dirección”»
Esta pata audiovisual se suma al ecosistema vivo de Yuki, que incluye los encuentros Young Makers Meet (donde creativos exhiben su portfolio y comparten metodologías), el podcast Circuitos Inusuales y sus programas intensivos de formación.
3) YBS Studio: esta plataforma de lifestyle presenta Experimental Ways of Filmmaking –que cruza proyecciones analógicas con música noise en vivo / dirección secreta

YBS Studio es una plataforma cultural y estudio multidisciplinario que funciona como un auténtico camaleón arquitectónico. Lo que nació como sede de YBS Good Company –el estudio de diseño de su creadora, Yamel Blanca– evolucionó en un espacio híbrido donde conviven la producción audiovisual, la música, el interiorismo y la formación. La versatilidad de su arquitectura permite que el espacio cambie de piel constantemente: un día alberga Republic (su fiesta codirigida junto a Juli Said) o fechas de Studio Live Concerts, y otro da lugar a propuestas como Experimental Ways of Filmmaking –que cruza proyecciones analógicas con música noise en vivo a cargo de David Angel Maruchiniak– o Music Night Videos, con videoclips seleccionados por artistas audiovisuales.
Entre sus iniciativas más sólidas se destaca Cine Vermouth, un ciclo de cine de autor y de festivales que Yamel creó en 2022 y que hoy encontró su hogar en el petit cinema del estudio. La propuesta responde a una tendencia global que busca alejarse de las salas comerciales masivas para compartir espacios hi-fi, íntimos y con una curaduría humana donde el encuentro social sea tan importante como la película.
Para Yamel, este proyecto dialoga de lleno con un momento singular del audiovisual, donde convive la tecnología a la par de una marcada búsqueda de volver a lo analógico, al grano y a lo imperfecto: “Lo analógico es cíclico, siempre vuelve a estar en tendencia y nunca deja de ser un recurso bello, con una cualidad profundamente poética que trasciende las modas y sobrevive a todos los tiempos”, le cuenta a MALEVA a propósito de ese espíritu que atraviesa al espacio.
«El proyecto responde a una tendencia global que busca alejarse de las salas comerciales masivas para compartir espacios hi-fi, íntimos y con una curaduría humana donde el encuentro social sea tan importante como la película»
Abrazando la fortaleza de un perfil multidisciplinario, Yamel logró integrar todas sus pasiones en un proyecto en constante evolución que muy pronto sumará un concept store y un health club. “Hoy mi búsqueda profesional pasa por construir un ecosistema donde el negocio sea también una forma de generar cultura. Un espacio en el que personas y marcas puedan encontrarse a través del arte, el diseño, el bienestar y el conocimiento, entendiendo que todos forman parte de una misma manera de vivir”, concluye Yamel.
A mediados de agosto se reactiva con toda la programación de eventos, y por ahora solo les podemos adelantar otra primicia: la presentación del nuevo disco de Barbarelle el 29/8.
4) Aquilea 57: el “tercer espacio” de la noche porteña que lucha contra la nostalgia / Av. Triunvirato 5184, Villa Urquiza

Este proyecto recién nacido (tiene poco más de un mes), surgió “a partir de un evento con tintes trágicos”, según le cuenta Damián Doval a MALEVA: tras la pérdida del lugar donde funcionaba Amorina Cinebar –su proyecto hermano–, sus creadores decidieron encarar el desafío de construir un espacio propio. Después de un año atravesado por el esfuerzo, los contratiempos, peleas y el trabajo arduo (“éramos como Sísifo empujando la piedra”, confiesa Damián), el proyecto abrió sus puertas para convertirse en algo más que un bar: una herramienta contra la atomización social y donde quieren que “pasen cosas”.
Para Damián, la escena actual exige superar la etapa del diagnóstico y empezar a pensar soluciones colectivas. “Desde Aquilea tratamos de generar espacios de diálogo y unir a los diferentes sectores del mundo del cine que muchas veces cargan con los mismos problemas. Es imposible resurgir sin recorrer el camino, pensar en las falencias previas y, sobre todas las cosas, juntarnos a hablar y debatir”, reflexiona.
Esa búsqueda de comunidad se materializa en la reactivación del concepto de los “terceros espacios”: un lugar donde poder ir cualquier día con la certeza de cruzarse con alguien, tomar un buen trago y entablar una conversación espontánea. Pero lejos de caer en la melancolía del pasado, la propuesta busca dinamizar la noche. “En una mirada superficial puede parecer que Aquilea es amiga de la nostalgia, pero luchamos contra ella, ya que es una vía directa hacia la momificación en la cual sigue inmersa la noche porteña”, concluye Damián.
«Esa búsqueda de comunidad se materializa en la reactivación del concepto de los “terceros espacios”: un lugar donde poder ir cualquier día con la certeza de cruzarse con alguien, tomar un buen trago y entablar una conversación espontánea»
Esa premisa se refleja en una agenda rabiosamente ecléctica y sin jerarquías donde conviven funciones de cine, exhibiciones de cortometrajes y charlas con jams de jazz, peñas folclóricas, torneos de videojuegos, escuchas de vinilos, presentaciones de discos y talleres.
Próximo ciclo de proyecciones: hoy a las 21 hs.
5) Morfilm: cuando un proyecto nace de un antojo (literalmente) y fusiona pelis con gastronomia, foodstyling y dirección de arte/ itinerante

Y ese antojo era simple: estar mirando una película –como Pulp Fiction– y preguntarse qué increíble sería poder probar en ese preciso instante lo mismo que comen los personajes en pantalla. A partir de esa fantasía de espectador, Florencia Méndez –experta en publicidad, marketing y eventos– junto a Zacarías Kesselman, convirtió su deseo en un formato de exhibición inmersivo que hoy se despliega entre Buenos Aires y Barcelona.
La propuesta es absolutamente sinestésica: proyecciones donde se sirve en las mesas el mismo menú que aparece en escena, coordinado en el momento justo en que transcurre en la pantalla. Un trabajo de muchísima atención al detalle gastronómico que busca saciar antojos pero, sobre todo, acercar al público al cine de autor desde una experiencia de alta calidad.
Para Florencia, este cruce dialoga directamente con la forma en que consumimos cultura hoy y con la necesidad de disfrutar de espacios que nos conecten con otros: “Para que la conversación suceda después de ir al cine, tiene que habernos pasado algo que nos dé ganas de hacer, decir o escuchar algo. Me gusta que la gente interactúe, comente e intercambie ideas entre tanto contenido vacío. El cine se está convirtiendo en un refugio necesario frente a otros estímulos”, explica a MALEVA.
«La propuesta es absolutamente sinestésica: proyecciones donde se sirve en las mesas el mismo menú que aparece en escena, coordinado en el momento justo en que transcurre en la pantalla. Un trabajo de muchísima atención al detalle gastronómico que busca saciar antojos pero, sobre todo, acercar al público al cine de autor desde una experiencia de alta calidad»
Después de algunos años de pausa, Morfilm vuelve con toda con ediciones mensuales programadas hasta fin de año (y que se anuncian a través de su Instagram).
Próxima proyección: Bastardos sin Gloria + Strudel el 2/8 a las 16 hs y 20 hs en Nativo Estudio (Fraga 585, Chacarita).
6) Cine Oculto (Feria Little Horse): la pantalla grande con las comodidades de un living / ubicación secreta

Al igual que en CINTA, el germen de este pequeño cine también fue un ritual doméstico entre amigos. Dos veces al mes, Fagoz, Nati y Mati (estudiante de animación y cinéfilo) se juntaban a ver películas, sumar un mejor proyector, pedir un sillón prestado y convertir cada función en un plan infaltable. De las ganas de llevar la calidez de ese living a más personas nació Cine Oculto, un proyecto que el trío impulsa en su espacio de Feria Little Horse, donde también realizan ferias de ropa vintage y de mascotas.
Ubicada en una arquitectura atrapante de una casa de un siglo de antigüedad de Caballito, la iniciativa recibe a un grupo súper reducido de solo doce personas por función. Ahí, las tradicionales e impersonales estructuras de cine se reemplazan por sillones y mantitas para que los visitantes puedan relajarse con una copa de vino en la mano y desconectar del celular. “Hacer una película es un acto colectivo y verla también. En momentos donde tanta gente la está pasando mal, encontrar un refugio en el arte y en la comunidad a su alrededor se vuelve algo aún más valioso”, reflexiona Fagoz con MALEVA sobre la necesidad de resistir desde el encuentro directo.
«Ubicada en una arquitectura atrapante de una casa de un siglo de antigüedad de Caballito, la iniciativa recibe a un grupo súper reducido de solo doce personas por función. Ahí, las tradicionales e impersonales estructuras de cine se reemplazan por sillones y mantitas»
Más allá de la proyección envolvente, el corazón del proyecto es lo que sucede cuando se prenden las luces. Con comida y bebida de por medio, el lugar propone un espacio de debate donde las películas funcionan como el disparador ideal para la charla. “Siempre buscamos que los grupos se sientan como en casa. Notamos que la conversación se prende rápido y terminás hablando de temas profundos con alguien que recién conociste”, concluye Fagoz.
Próxima función: Volver al Futuro y Volver al Futuro II el 25 de julio a las 19 y 22 hs respectivamente.
Ya lo anticipaba en 1911 el poeta italiano Ricciotto Canudo en su Manifiesto de las Siete Artes: “el Séptimo Arte concilia de esta forma a todos los demás”. Y eso es lo que hacen estos proyectos: encontrar en lo audiovisual la consumación artística y una oportunidad para generar comunión y complicidad.