La bistromanía porteña: ¿todo es un bistró? / De Martínez a Retiro, 9 que sí lo son

De los más puristas a la última generación, que juega con el concepto de identidad bistronómica sin límites. Del boeuf bourguignon al lomo a la pimienta. Del cassoulet al guiso de lentejas. De los caracoles a las rabas. Sí, las influencias francesas están, pero también hay mucho más, hasta un bistro-bodegón. Con mudanzas, aniversarios, aperturas, refacciones y nuevos reconocimientos Michelin 2026, la escena se solidifica: cada barrio tiene su bistró.

La bistromanía porteña: ¿todo es un bistró? / De Martínez a Retiro, 9 que sí lo son. Por Caro Cerimedo para MALEVA.

Abrir un restaurante en Buenos Aires parece un sueño imposible, pero cuando hay ganas y emprendedurismo gastronómico, también hay un camino creativo que puede allanar el terreno. Y marcar el rumbo de la aventura. Desde un lugar personal. En un sitio pequeño. Con calidez y refinamiento. Cada barrio tiene su bistró. Su refugio de sabores. De Martínez a Retiro, elegimos 9 que nos encantan, porque hacen un hermoso aporte a la escena dinámica de la bistromanía porteña. Porque son espacios hechos con alma y a  pulmón, donde cada chef pone sus reglas. Estos cocineros encontraron en la fórmula sagrada del restaurateur parisino la manera de abrir su propio restaurante. Y hay más: los dos Bib Gourmand que entraron hoy a la Guía Michelin 2026 son nuevos bistró porteños. 

1) Le Rêve Bistró: un sueño cumplido en la nueva esquina más parisina del Soho palermitano, con menú especial por la noche de La Bastille / Nicaragua 5001, @lerevebistro

“La escena de la gastronomía francesa en Buenos Aires tiene una historia muy fuerte, casi fundacional. Durante gran parte del siglo XX, la cocina francesa fue sinónimo de alta gastronomía en la ciudad: marcó la forma de cocinar, de organizar una cocina y de entender el servicio. Técnicas, salsas madre, brigadas… todo eso viene de ahí. No es casual que Buenos Aires haya sido vista durante años como una París de Sudamérica. Hubo cocineros que marcaron un antes y un después, llevando esa influencia a otro nivel, como Gato Dumas o Ariel Rodríguez Palacios, que no solo acercaron la cocina francesa al público local sino que también formaron generaciones enteras de cocineros con su escuela”, describe Ramiro Hernández @rama_hernandez_. Para el Chef Ejecutivo de Le Rêve, con el tiempo, esa estructura más clásica fue cambiando. Hoy la cocina francesa en la ciudad ya no es tan rígida ni formal, se volvió más cercana, más mezclada con el producto argentino y con una impronta propia de cada cocinero.

“Abrir un restaurante francés hoy no es replicar un modelo clásico, sino trabajar sobre una base muy sólida. Le Rêve, que significa ‘el sueño’ en francés, nace justamente de eso: el sueño de sus dueños de tener su propio restaurante”. La decisión de que sea un bistró es muy natural. Por la afinidad con la gastronomía francesa. Por la posibilidad que otorga este concepto para expresar lo francés desde un lugar más cercano y cotidiano. Respetando la base clásica, pero en un tono más descontracturado y accesible. 

“Sí, hay un boom, pero no necesariamente de ‘bistró’ en sí, sino de formatos más chicos, más relajados y más viables. Hoy en Buenos Aires la gastronomía está en un momento de mucha apertura pero también de mucha presión económica. Eso hace que muchos proyectos nuevos busquen modelos más simples: menos estructura, menos costo y una relación con el cliente. Ahí es donde el  bistró encaja perfecto”, define Ramiro. El chef percibe que el término se empezó a usar mucho más, a veces incluso como etiqueta estética. “Hay lugares que se definen como bistró, pero en el fondo son otra cosa”.

El verdadero cambio no es el nombre, es la intención: cocina más directa, menos formalidad, carta más corta, producto más protagonista. Eso puede ser un bistró… o no. “En definitiva, no es que todo sea bistró, sino que muchos restaurantes hoy buscan esa cercanía y esa simpleza que el bistró representa.”

El invierno es una época que se presta mucho para este tipo de cocina: más reconfortante, más de olla, con guiños a la caza, muy en línea con lo que representa Francia. En esta esquina de Palermo sirven su versión de la sopa de cebolla, cassoulet de pato, beef wellington y pesca en costra de papas, inspirada en Paul Bocuse, fundador e impulsor de la nouvelle cuisine.

El 14 de julio es la mejor excusa para celebrar La noche de la Bastilla con un pop up de @dgerachef Diego Gera y un menú especial que recupera técnicas y platos: gésier de pato confitado y aceite de nuez; terrine de cerdo y jabalí con vegetales encurtidos y mostaza casera; liebre a la royale con remolachas a la sal; tarte bourdaloue de peras y almendras con crème fraîche. 

«Hoy la cocina francesa en la ciudad no es tan rígida ni formal, se volvió más mezclada con el producto argentino y con una impronta propia de cada cocinero. El bistró otorga la posibilidad de expresar lo francés desde un lugar más cotidiano. En un tono más descontracturado y accesible. El verdadero cambio no es el nombre, es la intención: cocina más directa, carta más corta. No es que todo sea bistró, sino que muchos restaurantes hoy buscan esa esa cercanía»

El sello de la casa Le Rêve es la panera con brioche y manteca noisette. Se puede empezar con una degustación de pâté (de foie y de trucha)  & confit (de pato) con gel de membrillo para seguir con un bisque de langostinos con hinojo glaseado y emulsión de eneldo. De principal, el lomo con duxelle, hojaldre, demi-glace y puré- o el magret de pato con repollo asado, para cerrar con una versión propia de lo que puede ser una crème brûlée: finas lajas de caramelo, crema pastelera y ralladura de naranja. “Es una carta que mantiene la base francesa, pero llevada a un lugar más nuestro, más actual.” Desde 2026 se mudaron en frente de la esquina que ocuparon por seis años. No te vayas sin probar un cóctel: la barra le rinde homenaje a la coctelería clásica con creces. 

2) L’Atelier Bistró: pioneros de la nouvelle bistronomie en Buenos Aires, ¡y en zona norte! (donde 20 años es todo) /  Av. del Libertador 14520, Martínez, @bistrolatelier

En plena avenida se esconde un refugio salido de Montmartre, porque tal vez también hay coincidencias entre el histórico y bohemio barrio de artistas situado en una colina en el Distrito 18 y esta apacible área de Martínez. Aquí la elegancia parisina se combina con la frescura de los ingredientes locales, la creatividad y el cuidado por los detalles con un menú especial e inédito que celebra sus dos décadas de vida. Sí, ¡y en zona norte!, lo que vale por mil. Los faroles enmarcan el nombre del lugar, mientras que en la puerta se destaca el tradicional tableau escrito con tiza; sobre las mesas de prolijo mantel, la vajilla diseñada y fabricada artesanalmente en cerámica por Verónica Morello. La chef propietaria recuerda: “Cuando nacimos había más presencia de restaurantes franceses en Buenos Aires. Tanto mi esposo –Charly Forbes– como yo habíamos trabajado en restaurantes franceses, incluso nos conocimos trabajando en un pequeño bistró llamado Granda que estaba al mando de Cyril Cheipe, que venía de La Bourgogne. Charly también estuvo en Nectarine y con Darío Gualtieri. Yo trabajé en Au Bec Fin con Thierry Pszonka y con Fernando Trocca ni bien abrió Sucre. Todo esto ya es historia, nada queda en pie, pero han sido muy buenas bases para nosotros. Y luego de un viaje a París y con mucha pasión por tener algo propio, decidimos ir por el lado francés, que era lo que nos identificaba como cocineros.”

Para la pareja fundadora de este hito, en los últimos tiempos, con las modas que van y vienen, el bistró no era cool: estaban en auge los bodegones, los platitos, y ahora… poco a poco parece resurgir la idea de bistró. “Pero no todo es un bistró. Las características propias son menú corto a menudo con clásicos franceses-, ambiente íntimo, servicio ágil y buenos vinos”, definen

«Nos conocimos trabajando en un pequeño bistró llamado Granda, que estaba al mando de Cyril Cheipe, que venía de La Bourgogne. Charly también estuvo en Nectarine. Yo trabajé en Au Bec Fin con Thierry Pszonka. Todo esto ya es historia, nada queda en pie, pero han sido muy buenas bases para nosotros. Y luego de un viaje a París y con mucha pasión por tener algo propio, decidimos ir por el lado francés, que era lo que nos identificaba como cocineros»

La insignia de L’Atelier es el paté de foie de volaille con pan de especias, plato que entró en el segundo menú y quedó por siempre. “Hacemos varias interpretaciones de paté de pato, como presentarlo con acompañamientos dulces, como un chutney. También tenemos ostras frescas que se sirven con limón, vinagre y Tabasco. También son emblemas el steak tartare y el pato, que a veces sale tradicional con papas y salsa de pimienta verde y otras sale en versiones más audaces, con repollo braseado y salsa de curry rojo. Nos gustan las carnes de caza, ciervo, jabalí, y en invierno específicamente aparecen los platos clásicos como la soupe a l’oignon y el boeuf bourguignon o cassoulet. Ahora tenemos la propuesta del menú degustación de 5 pasos maridados, que es lo que a mí más me gusta”, propone Verónica. Increíbles las gírgolas con crumble de queso, brie caramelizado y espuma de hongos de pino, el gravlax de salmón con crema ácida de eneldo y las mollejas crocantes con tartare de tomate, puerros crocantes y papas pay. Para el plato principal, el confit o magret de canard con papas triple cocción, emulsión de hongos y champis fritos. Para el dulce, sí hay nougat glacé con salsa de frutos rojos y fondant de choco.

3) Roux: de Córdoba al País Vasco vía una esquina Michelin de Recoleta (llena de luz) que acaba de ser remodelada/ Peña 2300, @rouxresto

Vayas de día o de noche, esta esquina está llena de charme y más ahora que ha sido  totalmente actualizada para su reapertura en pisos, paneles acústicos, cortinados, mármoles, pintura y tapizados. La atmósfera continúa: una fina calidez que despliega la firma -y la magia- gastronómica de Martin Rebaudino hace casi 12 años. Roux es un pequeño gran restaurante que ofrece cocina de autor, producto estacional y federal, con influencia vasco francesa, gallega y mediterránea. Su nombre lo deja claro: remite a la primera y fundamental técnica francesa que se aprende en gastronomía, una mezcla de harina y grasa que sirve para espesar salsas, guisos y mejorar la textura de muchas recetas tradicionales. 

El chef que hoy tiene nombre propio proviene de una familia de gastronómicos que se afincó en La Cumbre y abrió un restaurante de platos de cuchara. Allí Martin aprendió desde lo más básico a amar la cocina que al terminar la escuela secundaria se fue a estudiar a Buenos Aires. Trabajó con Ramiro Rodríguez Pardo, quien junto a Miguel Brascó y otros referentes de la época, le abrieron el camino para viajar y hacer diversos stages en el País Vasco -con Martin Berasategui, en Arzac y Akelarre-, Madrid  -en el tres estrellas Michelin Zalacaín-, Galicia y en el catalán El Celler de Can Roca, donde aprendió los secretos de esas cocinas. 

Desde Roux, en una cocina de apenas 16 m2, dirige una brigada de 14 personas con Lautaro Filippi –que viene de Mirazur, en la Costa Azul con Mauro Colagreco– como jefe  de cocina y María del Rosario Muñecas como  pastelera. Su propuesta cambia semanalmente, para ofrecer los mejores productos del mercado, traducidos en platos que se destacan por sus capas de texturas y sabores, sobre una vajilla lisa que opera como lienzo. 

La carta de vinos está seleccionada por Martin y contempla las diferentes regiones vitivinícolas argentinas así como etiquetas importadas de Francia, España, Italia y la joya de la corona francesa: colecciones verticales de los Chateaux más afamados del mundo.

«Desde Roux, en una cocina de apenas 16 m2, Martin Rebaudino dirige una brigada de 14 personas con Lautaro Filippi -que viene de Mirazur, en la Costa Azul con Mauro Colagreco- como jefe  de cocina y María del Rosario Muñecas como  pastelera. Su propuesta cambia semanalmente, para ofrecer los mejores productos del mercado en platos que se destacan por sus capas de texturas, sobre una vajilla lisa que opera como lienzo»

Recomendado de la Guía Michelin Argentina en 2024, 2025 y 2026, este bistró de alta cocina de autor deslumbra por una combinación de rigor y sensatez, de autoexpresión y técnica. Martín es un capo y juega en la liga de los grandes, con la frescura total de las ostras vivas de Pocitos (Pcia de buenos Aires), el tartare de atún rojo aleta amarilla con pimentón de Cachi, aceite de sésamo, alcaparras y alcaparrones de Córdoba con demi-glace de mar o el carpaccio de langostinos de Puerto Madryn con limonetta, coulis de maní, cubos de mango, falso caviar de tinta de calamar y jugo de su coral. Y con elaboraciones complejas, como tuil crocante de maíz de los Valles Calchaquíes con ragout de arroz salvaje colorado y emulsión de girgolas silvestres trufadas; jugoso magret de canard con puré de arvejas, judías, brócoli y papa bandoneón con su jugo de asado trufado;  lomo de ciervo Axis con polenta blanca;  pesca en croute de quinoa real con puré de coliflor, ñoquis de espinaca y chipirones malvinenses. Para despedirse, tocinillo del cielo con sorbete de piña, gel de lima y praliné o la bomba que son los higos jujeños asados con helado de café, caramel toffee, sambayón y humo de romero. 

4) La Bataraza: ampliación e inauguración del segundo piso, siempre con pizarrón en la vereda y alma de barrio/ Rawson 3889, La Lucila, @la_bataraza_restaurante

Seguimos con las reaperturas que confirman que la bistromanía está en expansión: la  ampliación de este gran clásico de La Lucila que es La Bataraza. El desafío era total: agrandarse sin perder el encanto. Y lo lograron. El pizarrón sigue en la vereda, ilustrado o trabajado a mano, como los especiales del día que anuncia: bife a la manteca de París, bife de chorizo a la marsala con papas a la crema, merluzón al roquefort con papas noisette, sopa de cebolla, suprema a la mostaza, carré agridulce con puré mixto, ragout de ternera con ñoquis de rúcula, locro, guiso de lentejas, marquise de chocolate con salsa de naranjas, mousse de menta, crème brûlée.

Un bistró argentino, de zona norte, con recetas auténticas e influencia centroeuropea. Sí, hay un sabrosísimo goulash y cordero con spaetzle. Servicio informal, decoración hogareña, vajilla vintage auténtica, ambiente cotidiano. Sin pretensiones, pero con estilo. Ladrillos a la vista, vereda calefaccionada, árboles que enmarcan la experiencia. 

Siguen sin aceptar reservas: hay que llegar temprano y con paciencia porque está a tope siempre. 

«Un bistró argentino, de zona norte, con recetas auténticas e influencia centroeuropea. Sí, hay un sabrosísimo goulash y cordero con spaetzle. Servicio informal, decoración hogareña, vajilla vintage auténtica, ambiente cotidiano. Sin pretensiones, pero con estilo. Ladrillos a la vista, vereda calefaccionada, árboles que enmarcan la experiencia»

5) Smak: el proyecto más pequeño y más personal de un polaco que creó un bistró fusión desde las recetas de la infancia de su equipo/ Virrey Avilés 3488, @smak.ba

En una pequeña casa de Colegiales -que se mantiene en pie orgullosa (y casi amenazada) entre los grandes desarrollos que inundan el barrio-  funciona desde hace muy poco este bistró contemporáneo enfocado en despertar la memoria sensorial sin  pretensiones. Simple y contundente. Liderado por Max Fuzowski, un politólogo polaco amante de Oriente Medio, entusiasta de la física cuántica y periodista cultural que llegó a Buenos Aires hace tres años y lleva trabajando más de seis en el sector gastronómico. “Smak es mi proyecto más pequeño, pero a la vez el más importante de mi vida. Solo buen sabor y buena energía”, confiesa. Junto a Virginia González -que viene de Sacro y de Marta Restaurante– Max imaginó un sitio que habla de la familia venezolana de músicos donde la chef aprendió que el ritmo y la emoción también se expresan en la cocina. Identidad. “El bistró es el tipo de establecimiento gastronómico que más cerca llevo en el corazón. Un bistró es menos formal, pero aun así puede ofrecer comida de primera calidad; y esos dos aspectos -la excelencia y un ambiente relajado-son fundamentales para mí”, explica Max.

Este formato pequeño y personal les permite, ante todo, hacer realidad la idea de estar cerca de sus huéspedes: “puedo hablar con todos y conocerlos, y ellos pueden conocer a nuestro equipo. Para mí, esto es muy importante -incluso crucial- en la hostelería: la conexión y el intercambio”.

“El bistró es el tipo de establecimiento gastronómico que más cerca llevo en el corazón. Un bistró es menos formal, pero aun así puede ofrecer comida de primera calidad; y esos dos aspectos -la excelencia y un ambiente relajado-son fundamentales para mí”, explica Max.

Pero Max no está solo, considera que existe un boom de los «neobistro» en Buenos Aires: “es una tendencia global. El mundo culinario necesita un soplo de aire fresco, una sensación de libertad”. Cómo si el fine dining se hubiera vuelto aburrido, con su búsqueda incesante de excentricidad. “Sin embargo, quienes visitan los restaurantes simplemente quieren pasar un buen momento con sus seres queridos y disfrutar de una buena comida”. Platos que reconfortan, y que no necesitan explicación. Según Fuzowski, en un contexto gastronómico atravesado por la espectacularidad, ellos eligen una cocina guiada por una huerta real y las migraciones. Smak no está vinculado a la gastronomía de ningún país en concreto. Su menú surge de la conversación con la chef y el staff sobre gustos, productos de temporada. La comida como puente: “como mezcla de culturas -más que el conflicto entre ellas- es lo que necesitamos en el mundo actual’, reflexiona Max.

Entre las entradas se destaca el paté de vieiras con bola de fraile y mermelada de frambuesa; y un tiradito con aguachile de sandía, cítricos y choclo, acompañado por tostón de plátano. También aparecen preparaciones como el panisse de boquerones con cherries confitados y mascarpone, y su versión vegana con paté de hongos. De principal, el corte del día con demi-glace de cacao, latkes de papa y tártara de choclo convive con la pesca del día servida con mousseline de coliflor, mix de hierbas y alcaparras. De postre, churro con parfait de whisky y toffee de miso.

Smak es tan sobrio como seguro. 

6) Lula: el bistró que nació en familia y conquistó Villa Ortúzar en tiempo récord con su cocina mediterránea/ Estomba 991, @lula_restaurante

La diminuta creación de Sacha Hamra y su sobrino Teo Valentini abrió puertas en septiembre y se ganó el cariño de vecinos (y público foodie) de manera inmediata. Por su menú versátil, atención amable y ambiente íntimo que cuadró orgánicamente con el ritmo pausado del barrio.

El nombre evoca a la sobrina de Sacha y hermana de Teo, la única del clan que reside fuera del país, como una forma de traerla a casa y hacerla parte en cada servicio. El proyecto -que rondaba en sus mentes desde hacía años- se activó ante la tentación de Teo de también irse a probar suerte al extranjero, lo que sirvió de empujón para animarse al desafío. Encontraron la casa, la reformaron para componer un comedor cálido en tonos claros y mesas con manteles, mientras conservaron la fachada original con grafitis. La cocina es más que a la vista: está completamente expuesta, integrada al salón, a través de una barra baja que vincula comensales y equipo. Hay siete mesas en la vereda. 

Lula tiene un menú estacional con sabores españoles e italianos, inspirados en los viajes de Teo al Mediterráneo. Trabaja el producto con técnicas tradicionales y la menor intervención posible. Esa austeridad, sin embargo, no implica timidez: “Me interesa el cruce entre lo clásico y lo punzante. No busco que los platos sean delicados y equilibrados, sino intensos y complementarios”. Lo mismo sucede en los vinos, con 20 etiquetas de pequeñas bodegas de norte a sur del país.

«Lula tiene un menú estacional con sabores españoles e italianos, inspirados en los viajes de Teo al Mediterraneo. Trabaja el producto con técnicas tradicionales y la menor intervención posible. Esa austeridad, sin embargo, no implica timidez»

Vegetales, pastas artesanales y frutos de mar: los protagonistas. Para arrancar con morrones asados con boquerones y ajos confitados y un crudo del día (siempre hay un sashimi y un tiradito con pesca fresca). De principal, los agnolotti de ricota y dátiles con manteca, avellanas y reggianito; los chipirones a la lionesa con papas fritas finitas y crocante de nduja; el calamar entero a las brasas con papas confitadas, perejil y pimentón. Para terminar, quesos de cabra y vaca con higos y zapallos en almíbar.

7) Silvino: intimidad decontracté con todo el glam  frente a la terminal del 39 / Guevara 421 @silvinoquerido

El nuevo bistró de Gaspar Natiello en Chacarita recibe y reconforta con su cocina estacional y artesanal: «La primera expresión de bistró aparece cuando entrás al local. Logramos un salón muy acogedor que recuerda a un típico bistró francés, con mesas redondas, sillas Thonet, una iluminación muy tenue, una barra antigua de madera muy linda y cómoda que le da un toque clásico, y ciertos guiños simpáticos de decoración. La vajilla aporta lo suyo y desde luego que la carta termina de redondear el concepto”. Se basan en recetas y técnicas básicas de la cocina francesa para crear platos con carácter propio.

Por la intimidad decontracté que propone es divino para citas, para comer rico en un ambiente lindo y relajado by Natiello, un apasionado del producto y experto en cocina de mar, que fundó el reconocido restaurante Ajo Negro.

«La primera expresión de bistró aparece cuando entrás al local. Logramos un salón muy acogedor que recuerda a un típico bistró francés, con mesas redondas, sillas Thonet, una iluminación muy tenue, una barra antigua de madera muy linda y cómoda que le da un toque clásico, y ciertos guiños simpáticos de decoración»

En este nuevo proyecto, la búsqueda está en brindar sabores conocidos con giros innovadores con fondos, caldos y salsas tradicionales de la cocina francesa bajo una mirada actual, acompañada los vinos a cargo del sommelier Elías Aguilar Ruiz. Del paté de pollo con pan tostado, jalea de frutas, pickles de pepino y mostaza antigua a los langostinos beurre blanc y la tarte tatin (mi torta francesa fav) con crema de canela.

8) Porte: fromelier, carta de bistró + fondue ¡y este jueves, cata de quesos con vinos y buena charla!, dentro de un petit hotel de estilo francés/Azcuénaga 1268, @porte.bar

Este jueves 16 de julio, a las 19:30 hay  noche de quesos, con degustación de ocho quesos artesanales, para conocer sus historias, descubrir qué hace especial a cada uno y encontrar su maridaje. La experiencia es ideal para entrar al mundo afrancesado de Porte, un proyecto íntimo en Recoleta, dentro de un petit hotel de estilo francés. Aquí el producto es el rey, y los quesos son mandatarios: un templo de la fromagerie que permite recorrer distintos estilos y maduraciones: entre los blandos, brie de noir, camembert de cabra, coeur, crottin y reblochón; de los semiduros, morbier, raclette; entre los azules, mariello. Se suman tablas de degustación curadas por el fromelier -acompañadas de destilados seleccionados de la barra de Ezequiel Cunzolo- y una sección de quesos calientes con preparaciones como raclette y tartiflette.  

La cocina de bistró de Facundo Berti sigue la estacionalidad, con pesca del Atlántico en beurre blanc anisada, lasagnette de gírgolas y champis, parmentier de cordero braseado en demi-glace y corte vacuno con papas fritas en salsa Café de París.

En este bistró, la autoría llega a los cócteles, que combinan técnica y narrativa, como Saint-Exupéry (con gin, jerez oloroso, pomelo y alcaparrón) o Baobabs (con ron añejo, jerez néctar y bitter de cacao. La cristalería -en muchos casos piezas antiguas seleccionadas por el propio Cunzolo- imprime elegancia. 

«La cocina de bistró de Facundo Berti sigue la estacionalidad, con pesca del Atlántico en beurre blanc anisada, lasagnette de gírgolas y champis, parmentier de cordero braseado en demi-glace y corte vacuno con papas fritas en salsa Café de París.  La autoría llega a los cócteles, que combinan técnica y narrativa, como Saint-Exupéry de Ezequiel Cunzolo. »

9) Chuchú: un nuevo Bib Gourmand para este bodegón-bistró que borra límites e integra influencias en los confines de Retiro/ Av. del Libertador 405, @chuchu.ba

La nueva del chef Facundo Kelemen: un bodegón-bistró que sirve platos clásicos bien hechos, en un ambiente íntimo. «En definitiva es un restaurante argentino para venir de día y de noche, una propuesta simple que tiene alcance para todo público. Nos dedicamos a desarrollar conceptos de comida argentina, por eso volvimos al bodegón, pero bien hecho y en un lugar lindo», relata Facu. En un sector recuperado del Museo Nacional Ferroviario -que conservó pisos, techos y columnas-, un espacio vacío que estaba en desuso fue reacondicionada para su aprovechamiento gastronómico a través del concepto de bistró argentino.

En la carta conviven antiguos y nuevos íconos: un lomo a la pimienta y una milanesa de bife de chorizo bien sazonada. Rabas con alioli de su tinta. Carpaccio de lomo con tapenade. Imperdible la lasaña de ragú de asado y bechamel. Un 10 la tarte tatin con crema especiada.

«Percibí que los bistró estaban teniendo una fuerte modernización, y me pareció genial hacer mismo con los bodegones, que para mí son como nuestros bistró». 

Hoy la Guía Michelin anunció los nuevos recomendados 2026 y Chuchú fue reconocido con la distinción Bib Gourmand que destaca la excelente relación calidad-precio.

«Percibí que los bistró estaban teniendo una fuerte modernización, y me pareció genial hacer mismo con los bodegones, que para mí son como nuestros bistró», detalla Facu. 

 

 

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