No le hizo falta perder su elegancia de siempre, sino apenas un toque de hidratación gastronómica y nocturna para terminar de rejuvenecer. Como ya te lo adelantamos en MALEVA, Recoleta está en su mejor momento; y acá va la segunda vuelta de los espacios que tenés que conocer.

El glow up de Recoleta: la segunda ola de aperturas que confirma el rejuvenecimiento del barrio. Por Justina Gastaldi para MALEVA.
Qué Recoleta esté volviendo a brillar no es novedad, de hecho, lo adelantamos y comprobamos en Maleva hace ya unos meses (https://malevamag.com/2025/09/05/la-dieron-por-muerta-pero-recoleta-se-esta-prendiendo-y-fuerte-con-nuevas-propuestas-con-onda-de-verdad-desde-lounges-secretos-de-vinilos-hasta-restaurantes-bares-y-cafes-cero-predecibles/). Lo más certero es que no solo está brillando con nuevas fachadas si no con reinvenciones, con propuestas para todos los públicos y con nuevas sedes para un encuentro por fuera de los clásicos barrios de junte.
Desde una propuesta que reivindica a la fondue francesa hasta un nuevo bar que es el combo perfecto para comer y quedarse bailando con amigos, estos nuevos proyectos vienen a consolidar el glow up definitivo de una zona que ya no le teme al paso del tiempo. La timidez quedó atrás: hoy sus veredas se llenan de aire fresco y copas que celebran la vida renovada.
En esta guía bien MALEVA, traemos los nuevos spots que tenés que conocer sí o sí para redescubrir el lado más fresco de uno de los barrios más elegantes de Buenos Aires.
1. Ámbar Recoleta: encontrarse, comer bien, tomar mejor, bailar y dejar que la noche decida el resto.- Junín 1725

En una zona donde muchas propuestas parecen hablarle al mismo público desde hace años, Ámbar llega para cambiar el ritmo. Se podría decir que no es exactamente un restaurante, tampoco un bar, ni una pista de baile: es el híbrido que todos estábamos esperando. Acá, la noche puede empezar con una cena tranquila, seguir con variedad de tragos y terminar bailando con espresso martinis sin necesidad de cambiar de dirección.
Detrás del proyecto está Iggy (también fundador de Dimi Bar), que imaginó un espacio capaz de reunir en una misma noche todo lo que él extrañaba de su ciudad. «Siempre quise tener un lugar donde pudieras hacer las tres cosas: comer bien, tomar bien y quedarte. Quedarse largo. Lo suficiente como para que la cena se convierta en tragos y los tragos, en baile.”
La propuesta se despliega en un gran salón, una barra y una terraza que promete convertirse en uno de los nuevos puntos de encuentro del barrio. En la mesa conviven ostras, martinis, papas fritas, platos más elaborados y una cocina que evita caer en la falsa dicotomía entre gastronomía «seria» y diversión. Porque en Ámbar ambas cosas suceden al mismo tiempo.
La música ocupa un lugar central. De la mano de una nueva versión de Colonia Radio, el espacio funcionará también como plataforma cultural y estudio vivo, integrando programación musical y streaming a la experiencia cotidiana del lugar.
Pero lo que termina de darle identidad a Ámbar es algo menos tangible. Hay algo en el espíritu del lugar que remite a esas ciudades donde la noche tiene capas: donde se empieza temprano, se cambia de plan sin darse cuenta y nadie parece estar apurado por volver a su casa. Entre los boxes de terciopelo, las luces tenues, la música justa y una terraza que invita a quedarse hasta tarde, la sensación es la de haber encontrado un portal muy top a otra ciudad en una esquina inesperada de Buenos Aires.
Ámbar apuesta por devolverle a Recoleta algo que parecía haberse mudado a otros barrios: la posibilidad de encontrarse, comer bien, tomar mejor, bailar y dejar que la noche decida el resto.
2. Casa Veltri: Una casona histórica convertida en homenaje a la Italia contemporánea- Juncal 1642

Se podría decir que el público fiel de Recoleta pedía a gritos un lugar así. Sobre la calle Juncal renace Casa Veltri: una casona que albergó arte durante mucho tiempo y que hoy se transforma en un nuevo espacio para celebrar las raíces italianas que nos envuelven a varios en la ciudad. Con la contemporaneidad justa, acá se toma la memoria para traerla al presente con identidad propia.
Su propuesta gastronómica abarca desde pastas hechas a mano y risottos bien cremosos hasta pescados, carnes y una amplia carta de vinos. Con todos los platos diseñados por el reconocido chef Sebastián Raggiante, la excelencia está garantizada. “Cada plato es una pieza, cada preparación una expresión y cada visita, un recorrido donde el pasado y el presente dialogan de manera natural”. Si bien ya lleva unos meses en el barrio, cada vez llama más la atención de nuevos públicos que no solo buscan comer muy bien, sino también compartir un gran rato entre amigos.
El espacio funciona, además, como una cápsula del tiempo: cuenta con una decoración elegante que incluye boxes de pana y luminaria de diseño, el salón todavía conserva piezas originales de aquella época dorada: “Esas chapas de bronce que se ven, uno de los marcos colgados, la chimenea, el busto… todo eso pertenecía a la galería”.
Y el gran plus es que si comiste bien, tenés la posibilidad de recrear la experiencia en tu propia casa. Como si fuera un rincón de Roma o Milán, el restaurante suma un mercato italiano en su interior. Ahí se pueden comprar muchos de los productos que se utilizan en la cocina. Un nuevo espacio que cautiva al público fiel e instalado de Recoleta pero que atrae a varios transeúntes sin importar la edad.
3. PORTE Bar: El secreto mejor guardado para amantes del queso y los buenos cócteles. – Azcuénaga 1268.

Hay lugares escondidos que los descubren muy pocos pero que valen la pena “correr la bola”. Dentro de un petit hotel de estilo francés, está Porte Bar, a cargo de Facundo Berti y Ezequiel Cunzolo. Al estar dentro de un hotel, uno espera primero que todo, hospitalidad y buen servicio y sin duda en Porte predominan. Además, la experiencia gastronómica no se queda atrás: se construye a partir del producto, con una propuesta que se articula en torno a cuatro pilares: quesos, coctelería, cocina de bistró y vinos.
Si bien predominan platos tentadores que van desde pastas hasta bichos de mar de alta calidad, la carta de quesos es uno de los ejes centrales y se organiza por categorías, permitiendo recorrer distintos estilos y maduraciones. Dentro del portfolio quesero, en Porte Bar se reivindica la fondue. Esa excelencia de queso que supo brillar en su momento, resurge desde un lugar más amigable pero sin perder la calidad y nos propone ir a tomar algo con amigos y aprovechar para compartir esta experiencia (con reserva previa).
En la barra,“Los cócteles del Tano Cantinero”: una carta de autor que combina técnica y narrativa. Con más de dos décadas de trayectoria en gastronomía, construye una propuesta que retoma la coctelería de “vieja escuela” y la reinterpreta desde una mirada actual, con foco en el sabor, la claridad y la accesibilidad.
Para acompañar, la carta de vinos presenta una selección de etiquetas pensadas para integrarse a la experiencia, con proyectos contemporáneos y bodegas de trayectoria que combinan a la perfección con la cocina y los quesos.
4. Cucina carmela: Donde el estilo y la cocina italiana se funden. – José Leon Pagano 2697

Donde durante años funcionó La Locanda de la mano del chef Daniele Pinna, hoy abre sus puertas Cucina Carmela, un proyecto que transforma este histórico rincón de Recoleta en una celebración de la cocina italiana más cálida y descontracturada.
Detrás de la propuesta está Nat Rosenfeld, estilista estadounidense radicada entre Buenos Aires y los circuitos de Fórmula 1, pero sobre todo una anfitriona nata. Tanto así que sus amigos hace años la apodan «Carmela», en honor a Carmela Soprano. El nombre terminó convirtiéndose en algo más que un guiño: es la esencia misma del restaurante.
Cucina Carmela toma la tradición italiana sin solemnidad ni reglas rígidas. Acá importa el producto, el sabor y esa sensación de estar comiendo en la casa de alguien que disfruta genuinamente recibir. La carta combina clásicos ejecutados con precisión y frescura, en platos que buscan reconfortar antes que sorprender. Los spaghetti al limone, uno de los favoritos de Nat, resumen perfectamente esa filosofía: simples pero muy saborosos y honestos.
La calidez también se extiende al espacio. Con luz tenue, mesas pensadas para quedarse largo rato y una atmósfera relajada, el restaurante funciona tanto para una cena íntima como para una noche de amigas donde las copas y las conversaciones se extienden. Como la propia Carmela Soprano, Cucina Carmela entiende que la comida es apenas una excusa para reunir personas alrededor de una mesa.
5. Gao Resto: Un viaje directo a los sabores de una infancia a puro sabor sin escala. – Pte. Roberto M. Ortiz 1815

¡Uno de mis lugares favoritos en Buenos Aires abrió su segunda sede y está en mi barrio!. La cocina de Karina Gao es honesta, sensible y, sobre todo, un viaje directo a los sabores de una infancia a puro sabor sin escala. Este nuevo espacio en Recoleta mantiene intacto el espíritu del proyecto original: acercar la auténtica cocina china al público porteño desde un lugar cálido, relajado y sin solemnidad.
Sobre una de las arterias más transitadas y turísticas del barrio, esta nueva sede de GAO cuenta con capacidad para 150 cubiertos distribuidos en distintos ambientes que combinan funcionalidad y carácter. En la planta baja, un gran salón con amplias mesas centrales convive con una barra imponente y cómodos sillones que invitan a quedarse, mientras que hacia el exterior, una terraza generosa extiende la experiencia hacia la vereda.
El gran secreto está en el primer piso: un sector que alberga tres mesas redondas giratorias, pensadas especialmente para replicar la dinámica tradicional china donde los platos circulan y se comparten al centro entre todos.
6. Osvaldo Café: una cafetería sin pretensiones que promueve un espacio pet friendly, relajado y honesto para todos los públicos – Billinghurst 2397

En una esquina mega transitada de Recoleta, abrió Osvaldo Café: una cafetería sin pretensiones que promueve un espacio pet friendly, relajado y honesto para todos los públicos. “Siempre iba y voy a tomar un café solo. Disfruto del momento, observo mi alrededor y me pongo reflexivo. En una de esas idas, se me ocurrió… ¿y si hago yo un café para que la gente pueda venir a disfrutar sin tantas vueltas?”, cuenta su fundador, Jero. Ahí nace Osvaldo, un proyecto bautizado en honor a su gran amigo perruno y, a la vez, a su abuelo. Un proyecto que empezó como una apuesta familiar y hoy sigue creciendo.
Con su sede de Belgrano como primer acercamiento a una comunidad fiel que buscaba sentarse a tomar un café de especialidad junto a su mascota, la marca inauguró hace menos de dos meses este nuevo espacio. Su arquitectura vidriada llama la atención de cualquier transeúnte y cumple a rajatabla ser un nuevo spot del barrio para quienes quieren encontrarse en un ambiente relajado. Además, para disfrutarlo en las épocas más frías, el espacio cuenta con estufas exteriores y mantas brindadas por el equipo, generando un refugio ideal en plena vereda. “No buscaba abrir en Recoleta, buscaba expandir Osvaldo, pero cuando encontré esta esquina no lo dudé. Creo que es un barrio familiar pero que también cuenta con muchos jóvenes que disfrutan de salir a tomar un café con amigos o hacerse una pausa para trabajar con la computadora en un ambiente relajado”.

Recoleta no está tratando de parecerse a nadie, está encontrando una nueva versión de sí misma. Más fresca, más abierta, más nocturna y mucho menos predecible. Y estas aperturas son apenas la prueba más visible de que el barrio volvió a convertirse en un lugar donde pasan cosas.