Con las ventas en tiendas físicas cayendo en picada, el panorama es desalentador. Y aún así, las librerías subsisten. Ser librero es también entender que la figura del lector muta. Charlamos con ellos para entender para qué entramos hoy en una librería. Y para defender estos espacios de fantasía.

«Si hay algo que no le pedimos a este proyecto es cordura»: la aventura de tener hoy una librería y seis que tenés que conocer. Por Sol Leguizamón para MALEVA.
Hace algunas semanas cerró la histórica librería de Palermo que todas las noches dejaba libros gratis en su puerta: Nuestro Arcón. Ya es un hecho que la mitad de las ventas de las librerías argentinas se hace por Mercado Libre, plataforma cuya venta de libros creció un 41% en 2025 respecto al año anterior. A esto se le suma que las ventas en librerías físicas cayeron cerca de un 20%. La gente tiene otras prioridades, y la pregunta que nos hacemos hoy desde la mirada de seis libreros que le ponen el alma al oficio es ¿para qué entrar en una librería?
Este es un recorrido por algunas de mis librerías favoritas. Y por las personas que las hacen.
1) Magia: la librería como un espacio feliz / Thames 1619 – Palermo

«Hay dos años de obsesión en cada estante. Si hay algo que no le pedimos a este proyecto es cordura», dicen Ana y Sebas, quienes empezaron el proyecto bajo el nombre de Mandrágora cuando aún eran pareja y su foco editorial eran los libros de astrología, Tarot y esoterismo. «Nosotros siempre nos vinculamos a través de los libros, las primeras veces que nos vimos nos regalamos libros, había algo del objeto libro como fundacional. Entonces, en algún punto todo lo que terminó sucediendo parecía algo que ya estaba dado», cuenta Ana.
La ex Mandrágora y actual Magia se transforma año a año según las obsesiones de sus dueños, pero su hilo conductor tiene que ver con el interés en mostrar historias y caminos divergentes a las narrativas más regulares. «Siempre buscamos el costado, que no necesariamente es el costado independiente, sino lo que no se está leyendo en este momento; y cuando vemos que se empieza a leer, nos vamos para otro lado», explica Sebas.
La otra pata en la selección de los libros es el trabajo de saber leer la época que habitamos. «La gente cuando lee lo que busca es una emoción», y quizás la emoción que la gente anhela en estos tiempos es la ternura. «El mundo me altera y necesito cambiar los relatos que consumo para existir en este mundo. No puedo estar leyendo terror todo el día en un mundo de terror. Por eso Dorayaki de Durian Sukegawa es un hit total. Aparece un universo que estaba teñido de literatura oscura contada por mujeres latinoamericanas y de repente sale Sukegawa a tratarlo con más suavidad. Estamos necesitando suavidad”.
Esa capacidad de leer la época viene también de una convicción de fondo: para Ana y Sebas no hay una diferencia real entre leer un libro de tarot y leer una novela. Todo es, al fin y al cabo, una forma de textualizar la realidad. De ahí su interés permanente por las formas populares de producir narrativa, por los caminos que la gente encuentra para contarse el mundo, sean cuales sean. En relación a esto, ante la hipótesis de que la gente lee menos, acatan que hay lectores distintos en función de cambios culturales y digitales. Ser librero es también entender que la figura del lector muta. Ana destaca el surgimiento de los booktoks, que viene a romper con esa idea del lector clásico que lee editoriales «serias» y abre todo un sector que busca romance y ficción adolescente.
«Como libreros tenemos la obsesión de que existan ciertos libros y si no existe lo hacemos». Es por eso que también editan: durante mucho tiempo, antes de que la astrología fuera un trending topic en TikTok, hicieron mazos y libros de tarot. También publicaron un libro sobre el cultivo de hongos y su obsesión actual es la ciencia ficción latinoamericana, que hoy orienta sus publicaciones. Si hay algo placentero en su oficio es que es imposible aburrirse. «Ser librero es estar buscando agujeros de conejo todo el tiempo. Si te aburrís en esta profesión es porque estás muerto», dicen, y le suman a eso un trabajo de construir futuro: buscar historias subversivas que puedan sembrar un pensamiento nuevo y labrar un lugar de pertenencia.
Esa capacidad de leer la época viene también de una convicción de fondo: para Ana y Sebas no hay una diferencia real entre leer un libro de tarot y leer una novela. Todo es, al fin y al cabo, una forma de textualizar la realidad. De ahí su interés permanente por las formas populares de producir narrativa, por los caminos que la gente encuentra para contarse el mundo, sean cuales sean.
Una de las reglas de la librería es que las personas encuentren lo que no vinieron a buscar. «Mantenemos un desorden muy ordenado en ese sentido. Queremos que las personas que entran encuentren otras cosas. También que pasen por nuestro filtro, sino para qué estoy, para eso empiezo a vender por Mercado Libre. Si no puedo interferir políticamente en mi vecino que me visita, en la gente que entra a la librería, no puedo armar lazo ni conexión. Yo estoy acá ocho horas por día para ser político», afirma Sebas.
Ser político es habitar un espacio de pensamiento colectivo, un diálogo que ni siquiera tiene por qué ser sobre libros. Es por eso que en 2025 arrancaron su club de lectura. «El club nace como una respuesta al discurso de Milei en Davos. En un febrero muy triste le dije a Ana: la gente está redeprimida, tenemos que hacer algo. Así que hicimos un video en Instagram invitando a leer juntos Realismo Capitalista de Fisher y de repente se sumaron 200, 300 personas y fue un quilombo bárbaro». Desde ahí abrieron este espacio social curado por libreros donde reivindican la importancia de leer colectivamente. «Evidentemente nuestra vocación es hacer que la gente se junte porque todo lo que hacemos va hacia eso», reflexionan.
Más allá de la librería como espacio político me quedo con la idea de Ana y Sebas de que la librería es «solamente un espacio feliz». Sebas dice: «Yo también quiero imaginar un tiempo en el que no tenga que resistir nada y que la librería siga estando como un espacio de alegría y de fantasía».
2) El Jaúl: “Ser librero es un temperamento” / Gascón 1355 – Palermo

Adriano es de Costa Rica y fue en 2022 cuando decidió, junto a su exsocio Ismael, dejar sus trabajos como libreros en una librería llamada Andante, vender sus bibliotecas y con esa ganancia mudarse a Buenos Aires para empezar un proyecto propio. «Conocíamos la efervescencia de esta ciudad en términos culturales y armamos la librería a mucho pulmón, con poca plata y al principio pocos libros».
El nombre viene de allá también. El jaúl es como se le dice en Costa Rica al abedul, al árbol. Max Ximenes, artista, grabador y escritor costarricense que murió en Buenos Aires, escribió en los años 20 una novela de vanguardia que lleva ese nombre: la historia de una comunidad que vive bajo la sombra de ese gran árbol. Adriano y su socio lo eligieron como homenaje.
Para Adriano, la librería es un espacio para equivocarse en una época donde la gente tiene mucho miedo a comprar mal. Hay dos razones para ese miedo, dice: la plata escasea, pero también hay una promoción que baja desde la industria editorial más grande que convierte a la literatura en un lugar de comodidad. «La gente dejó de entrar en diálogo con el texto, perdió esa cuestión dialéctica tan importante por miedo a que el libro contradiga lo que piensan o creen. Además tiene muchas ganas de pasear los libros por la calle, porque brinda estatus. El libro se convirtió en un fetiche».
A partir de esto volvemos a la incapacidad actual de entrar a una librería para recorrerla de lado a lado, solo por el placer de buscar. Sebas y Ana desordenan los estantes para que el lector se vea forzado a desviarse del libro que tiene en mente. Adriano conversa. En latín, “con” significa unión, y “versar” es sinónimo de dar vueltas, girar, vivir. Sería algo como dar vueltas con otro. Quizás esa sea la labor librera: dar vueltas con el otro entre los estantes, de la A a la Z, para encontrar ese libro que te hace gritar «Esto fue escrito para mí».
«La gente dejó de entrar en diálogo con el texto, perdió esa cuestión dialéctica tan importante por miedo a que el libro contradiga lo que piensan o creen. Además tiene muchas ganas de pasear los libros por la calle, porque brinda estatus. El libro se convirtió en un fetiche», confiesa Adriano.
Adriano dice que ser librero es un temperamento. «Vos pensá que por esa puerta puede entrar cualquier persona, a pedirte un libro sobre cualquier cosa en un estado emocional que puede ir desde la serenidad hasta la exaltación, hasta la inmensa tristeza. Y vos tenés que tener la capacidad de rastrear esa emoción en cuestión de segundos mientras salís del mostrador a la pila de libros en busca de algo que no solo le interese, sino que esté en sintonía con lo que siente en ese preciso momento». La delicadeza y el tacto detrás del trabajo de hormiga de devolver la curiosidad —acaso la única emoción necesaria para sentirse vivo— al lector en la forma de un libro.
«Los mejores libros no son los que nos reafirmen aquello que pensamos, sino los que nos renueven ese panorama», dice. Con eso en mente recomienda a Pasolini, Karl Kraus, Joseph Roth y al psicoanalista italiano Massimo Recalcati.
3) Textos Cautivos: una librería de usados en un convento / Reconquista 269 – San Nicolás
Textos Cautivos arrancó de una urgencia doméstica: la casa desbordaba libros. Omar y Mirta estuvieron veinte años casados, hace cinco están divorciados y siguen siendo socios. Un día volvieron de vacaciones y los golpéo la imagen de una casa tomada por libros. “Hay que sacar los libros de acá”, dijo Omar, y con eso en mente alquilaron un despacho chiquito arriba de la librería del Ateneo en Florida, llevaron los libros y empezaron a venderlos por Mercado Libre. Con el tiempo y por casualidad encontraron su diferencial: después de que una compañera de trabajo le pidiera a Omar un libro que no encontraba en ningún lado, empezaron a ofrecer un servicio de búsqueda de libros raros, descatalogados o agotados, línea editorial que continúan preservando.
El salto a tener una librería propia también fue obra del azar. Una mañana Mirta llegó temprano a una capacitación en microcentro y, mientras esperaba, empezó a dar vueltas por la zona. Vio una puerta abierta en Reconquista 269 y entró. Era el Convento San Ramón Nonato, fundado en 1603 por la Orden de la Merced, una de las iglesias más antiguas de Buenos Aires. Mirta entró y no se quiso ir más. «Si la librería crece y alguna vez ponemos atención al público, que sea acá», se propusieron. En 2014 cumplieron. Primero en un local pequeño escondido en la galería; luego, en 2018, en el espacio actual, con salida al patio que redefine por completo la experiencia. Entrar a Textos Cautivos implica atravesar un umbral: el ruido de la ciudad queda atrás y aparece otra temporalidad. Un jardín, un convento, libros usados. Una escena improbable en el corazón del microcentro.
El catálogo es literatura y ciencias sociales, con fuerte presencia de narrativa, poesía, ensayo y filosofía. Su otro fuerte son los precios accesibles. Lo que en una librería tradicional puede costar 30.000 pesos, en esta librería de usados se ofrece a la mitad; a lo que se le suma la mítica batea, esa cajita feliz donde los libros se acumulan sin que los precios se actualicen nunca.
Entrar a Textos Cautivos implica atravesar un umbral: el ruido de la ciudad queda atrás y aparece otra temporalidad. Un jardín, un convento, libros usados. Una escena improbable en el corazón del microcentro.
Además, en el entrepiso funciona hace tres años un taller de lectura y escritura coordinado por Lara Schaefer, poeta que llegó desde el Chaco y encontró acá la cuevita que buscaba. La consigna: leer exclusivamente autoras mujeres.
A la pregunta de qué es lo que más disfrutan del trabajo librero destacan el proceso de conseguir los libros, entrar a casas ajenas, encontrarse con libros usados que contienen los rastros de sus lectores. “Conocés gente que no conocerías de otro modo. Los libros pueden venir de alguien con mucho poder adquisitivo hasta alguien muy humilde. Y en los libros vas descubriendo notas, dedicatorias, vas conociendo al lector de ese libro. Además de que llegás a temáticas impensadas, estás constantemente aprendiendo. Así es como te vas haciendo librero casi sin querer”.
4) Punc: militar lo raro / Dr. Luis Beláustegui 393 — Villa Crespo

Después de 10 años desde que abrió Punc, esta librería dirigida por Juana y Mariela —dos amigas y excuñadas— ya es considerada un lugar de culto para los libros ilustrados y lo que se llama «cómic indie». Juana es dibujante, trabajó de moza, de secretaria, y durante mucho tiempo fue asistente de artistas. Ya siendo madre, y buscando una rutina con más estabilidad, surgió el deseo de tener algo propio. Así fue como con Mariela, quien viene del universo del cine, decidieron alquilarle a un amigo un espacio pequeño en el barrio de Villa Crespo, en la esquina de Beláustegui y Valentín Virasoro. Una década después el tamaño del local le dio a la librería un carácter casi mítico, donde suelen entrar los vecinos del barrio con sus hijos, gente del nicho de la ilustración, personas que buscan ediciones especiales para regalar, y también gente de otros países que conocen Punc como lugar de referencia en historietas, fanzines, libros infantiles y juveniles, y de autores independientes.
La especialidad de la casa es el cómic indie: nada de Marvel, nada de DC, nada de superhéroes. «Lo que siempre nos interesó es tener cosas raras, de autores particulares», dice Juana. Durante mucho tiempo trajeron ediciones especiales de autores extranjeros, pero la circulación internacional fue mermando por razones político-culturales. Ese trabajo invisible de conseguir los libros es el más arduo del oficio y el que más las define. Una forma de militancia cultural en un nicho donde la existencia de ciertos materiales no está garantizada.
La especialidad de la casa es el cómic indie: nada de Marvel, nada de DC, nada de superhéroes. «Lo que siempre nos interesó es tener cosas raras, de autores particulares», dice Juana.
Esa especialización no es solo una consecuencia del espacio físico pequeño sino una decisión consciente. En algún momento quisieron tener poesía, libros de otras temáticas, pero con el tiempo entendieron que tener poco de algo no sirve. «Lo que te sirve es especializarte». La curaduría es lo que construye un público, y el público es lo que construye una librería.
La complementariedad entre las dos socias es la que enriquece el material. A Juana le mueve la historia, el humor gráfico, el cómic francés —sobre todo Manuel Larcenet—, el ilustrador italiano Gipi y la poesía de Juana Bignozzi. A Mariela le atrae sobre todo lo estético y lo experimental, el manga y el trabajo del dibujante belga Oliver Schrauwen.
Juana y Mariela cierran la conversación recomendando la obra de Keum Suk Gendry-Kim, historietista y autora surcoreana que se convirtió en una de las voces más importantes de la novela gráfica contemporánea. Su obra mezcla relato íntimo y memoria histórica siempre desde una experiencia femenina: en Hierba rescata las voces de las mujeres coreanas explotadas sexualmente por el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial; en La espera narra el trauma de las familias divididas por la Guerra de Corea. Un trazo directo y delicado para contar lo que la historia oficial prefiere olvidar.
5) La Paragráfica: el amor como modelo de negocio / Avenida Córdoba 1785 — Barrio Norte

«Este trabajo se puede hacer nada más que por amor. Nadie con dos dedos de frente haría de esto un negocio», dice Aquiles Ferrario, de 82 años, quien lleva adelante junto a Fernando La Paragráfica, librería icónica especializada en libros de arte, diseño, ilustración y fotografía desde 1980. Librero desde los 21 años, Aquiles cuenta que cuando era chico no había libros en su casa, por lo que descubrió ese universo «maravilloso» de la mano de amigos y conocidos. Su primer trabajo en el rubro fue en la librería Florentino, en Caballito, en el año 64. En esa época también cursó Filosofía en la UBA, carrera que ejerció dando clases hasta el golpe cívico-militar del 76 y que retomó con la vuelta a la democracia.
Luego de Florentino pasó a ser encargado de compras de la cadena Fausto y fue a partir del 78 que nació el deseo de independizarse. Así surgió Documenta, que luego de la crisis del 2001 renació en 2004 con nuevo nombre: La Paragráfica, referencia obligada para los apasionados del arte y el diseño. La librería tiene hoy 2500 títulos diferentes en una sola planta, todos comprados antes de venderlos —a diferencia de otras librerías que trabajan con material consignado. Este modelo de negocios implica invertir antes de recuperar, sostener un stock enorme y apostar por títulos que no siempre tienen una demanda garantizada.
El trabajo de Aquiles es también el de tener el oído puesto en las necesidades de cada momento. El perfil de su clientela mutó con el tiempo: antes eran mayormente personas del mundo de la publicidad; hoy el grueso viene del diseño gráfico, el diseño de moda, la fotografía y las artes plásticas.
Una primicia: En junio La Paragráfica se muda a la Galería Güemes en Florida y San Martín, una de las galerías más hermosas de Buenos Aires, en un espacio más grande que el actual.
Recomiendo ir a La Paragráfica fundamentalmente para conocer a Aquiles y dejarse deslumbrar por su conocimiento y su amor por los libros. A mí me recomendó un libro sobre Vermeer de la editorial Thames & Hudson. El papel mate del libro inglés replica de manera notable la textura de la pintura de Vermeer, y en sus reproducciones se ven cosas que ni estando en el museo frente a la obra original se pueden apreciar. Un libro que te enseña a mirar mejor un cuadro que el cuadro mismo. Eso es La Paragráfica.
Recomiendo ir a La Paragráfica fundamentalmente para conocer a Aquiles y dejarse deslumbrar por su conocimiento y su amor por los libros. A mí me recomendó un libro sobre Vermeer de la editorial Thames & Hudson. El papel mate del libro inglés replica de manera notable la textura de la pintura de Vermeer, y en sus reproducciones se ven cosas que ni estando en el museo frente a la obra original se pueden apreciar.
6) Walrus: una librería de cuento en el barrio más cool / Estados Unidos 617 — San Telmo

Él es de Estados Unidos, llegó a Argentina en el ’99 y terminó quedándose en Córdoba casi de casualidad. Ella es de Salta pero estudiaba en Córdoba. Se conocieron en la misma casa donde él alquilaba una habitación. Después vivieron en Salta, después en Buenos Aires, y entre trabajos dispersos —él daba clases de inglés y vendía fotos en Plaza Francia, ella hacía joyería— consiguieron un PH en Palermo Viejo y empezaron a preguntarse qué podían construir con ese espacio y con las cajas de libros que no dejaban de crecer. En algún momento él había querido ser escritor, pero dice que no fue su destino. Lo que quedó de esa fantasía es Walrus: una librería de cuento en el barrio más cool de Buenos Aires.
Geoffrey y Josefina fundaron Walrus en 2004, con 200 libros, un aviso en el Buenos Aires Herald y las puertas del PH abiertas al público. Dos años después, con una hija recién nacida y la confirmación de que había un mercado, se mudaron a San Telmo, donde la librería encontró su forma definitiva.
Desde el inicio la propuesta fue clara: libros usados en inglés. «Good used books in English», se lee en la puerta del local en la calle Estados Unidos 617. Para esta pareja de libreros el trabajo está en construir un ambiente que invite a quedarse. La música de rock, curada hoy por su hija, las luces tenues, el característico bordó de las paredes, los muebles de madera, todo construye un ambiente cálido e íntimo que me recordó a la mítica librería de París, Shakespeare and Company, y a la estética de las primeras ilustraciones de Alicia en el país de las maravillas, novela que inspiró el nombre de la librería.
La música de rock, curada hoy por su hija, las luces tenues, el característico bordó de las paredes, los muebles de madera, todo construye un ambiente cálido e íntimo que me recordó a la mítica librería de París, Shakespeare and Company
Sus favoritos son los clásicos norteamericanos del siglo XX: Steinbeck, Hemingway, Faulkner, Harper Lee, Toni Morrison; autores que leyeron cuando eran jóvenes y conservan esa emoción de las primeras veces que se replica cuando uno entra en esta librería-hogar de ensueño.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]
