Es una de las artistas argentinas más relevantes de su generación, reconocida por abordar temas complejos con un lenguaje disruptivo y personal, dónde el azar, la manualidad y la instalación cobran nuevos sentidos. En su larga trayectoria de acciones de arte comestible, convierte helados en lienzos efímeros y un colchón de agua en una porchetta movediza.
“Cuando buscamos la satisfacción, el placer o el deseo, no importa nada”: entrevista con Nicola Costantino, pionera en cruzar arte y gastronomía. Por Melisa Boratyn para MALEVA.
Un grupo de personas comienza a reunirse frente a una larga mesada de cocina. Algunos esperan con una copa en la mano, otros hablan entre ellos, aunque están atentos y expectantes a lo que vaya a suceder del otro lado. Mientras tanto, Nicola Costantino, una de las artistas más importantes y disruptivas del arte contemporáneo argentino, se prepara para dar comienzo a una nueva experiencia comestible. Una a una, recibe tortas heladas blancas que apoya con cuidado y luego interviene con una técnica llamada baño espejo, que permite que cada pieza brille con colores deslumbrantes e hipnotice a los futuros comensales que disfrutan de esta acción en Solar Concept Gallery de Caballito.
Hace algunos años Nicola decidió que era momento de pensar nuevas herramientas de creación y canales de comunicación que acercaran a más personal al arte, convirtiendo a la comida -en este caso los postres- en obras de arte efímeras donde una paleta expansiva y el movimiento convierten una simple intervención en una situación sensorial completa, donde aspectos como el azar, la coincidencia, el hacer manual y la instalación cobran nuevos sentidos en su extensa trayectoria. Desde Maleva, hablamos con la artista.

¿En qué momento decidiste cruzar al arte y la gastronomía en tus procesos y qué te impulsa a seguir investigando esta fusión?
El tema de la comida y lo que consumimos siempre fue central en mi recorrido desde los inicios y se hasta el día de hoy se mantiene como algo muy relevante. La primera obra que hice bajo estos parámetros, de la que casi no existen registros porque no sacamos fotos, fue en el año 1992, cuando realicé una instalación donde la gente se encontraba con una cama con un colchón de agua y una porchetta, un plato típico del sur de Italia que se hace con lechón para un grupo grande de comensales, y pollos al spiedo entre otras cosas. La gente se iba acercando y apenas se rompía el hielo, empezaban a abalanzarse y comer con las manos, mientras todo se movía. Mi deseo era demostrar que cuando buscamos la satisfacción, el placer o el deseo, no importa nada.
¿Qué te generó esa primera vivencia y qué destrabó en tu producción?
Me dio un concepto que se gestó en mi obra durante muchos años y que se manifiesta en casi todo lo que hago, desde mis Chanchobola y mi extensa producción que involucra animales, donde hablo acerca de eso que consumimos de forma masiva, en especial en este país, siempre asociado a la ganadería y lo que significa a nivel simbólico. Trabajé alrededor de la idea del costo que tiene ese tipo de consumo en el cuerpo animal que sufre a casusa de esa trituradora imparable, donde el hombre está presente como un depredador de los recursos naturales, siendo la comida uno de ellos por las formas de esclavitud que vienen con eso, que pueden resultar obvias pero que también son inevitables.
El tema de la comida y lo que consumimos siempre fue central en mi recorrido desde los inicios y hasta hoy. La primera obra que hice bajo estos parámetros -de la que no existen registros porque no sacamos fotos- fue en el año 1992, cuando realicé una instalación donde la gente se encontraba con una cama con un colchón de agua y una porchetta, un plato típico del sur de Italia , y pollos al spiedo. Se iban acercando y apenas se rompía el hielo, empezaban a abalanzarse y comer con las manos, mientras todo se movía.

En esas obras, la impronta parece estar tanto en el mensaje como en la imagen, mientras que acá parece que lo que se destaca es la experiencia. ¿En qué momento empezaste a entender a la gastronomía como un arte y un medio de comunicación?
Siempre me gustaron ambos universos, el del arte y el de la gastronomía, en igual medida solo que elegí el primero y me dediqué siempre a eso. Pero en mi mundo privado me la pasaba diseñando banquetes para agasajar a mis amigos, hasta que en un momento sentí que ya no se justificaba trabajar tanto para diseñar todo eso. Entonces decidí transformar esas acciones que hacía en obras de arte y creé un jardín donde la comida se tomaba de las flores y de las cerámicas que hago. Mis dos grandes universos se fusionaron de muchas maneras y nació algo nuevo.
¿Qué significa para vos darle a otras personas una vivencia de este tipo, donde la participación es un aspecto fundamental y la consigna principal es el goce?
Un verdadero acto de transformación puede venir de cualquiera de los sentidos, y el gusto es una forma que nos permite experimentar desde un estado sublime, aunque creo que ciertas formas de arte han despreciado estos conceptos, haciendo de la pintura la protagonista absoluta de la escena, con las consecuencias que tiene ese tipo de decisiones, que deja de lado a muchas experiencias. Pienso que crear algo que acerca a las personas al arte desde otro lugar, donde se disfruta y se comparte es aportar algo nuevo en una era que si bien se ha a reinventado, costó muchísimo trabajo conseguir.

Sin embargo, la comida ha estado presente a modo de representación a lo largo de toda la historia del arte. Vos le agregas una nueva capa, donde extraes esa imagen y la transforman en estos momentos tangibles y colectivos, que permiten que la gente esté cómoda, como decís.
Es una experiencia que hace que hasta el más estructurado se abra.
Un verdadero acto de transformación puede venir de cualquiera de los sentidos, y el gusto es una forma que nos permite experimentar desde un estado sublime, aunque creo que ciertas formas de arte han despreciado estos conceptos, haciendo de la pintura la protagonista absoluta de la escena, y dejando de lado a muchas experiencias. Pienso que crear algo que acerca a las personas al arte desde otro lugar, donde se disfruta y se comparte es aportar algo nuevo.
En tus obras hay un constante proceso de experimentación con materiales poco convencionales y técnicas que van de la fotografía a la performance, pasando por la instalación y el bioarte, donde la innovación se manifiesta constantemente. ¿Qué tipo de elaboración te resulta primordial con las tortas? Más allá de la acción como experiencia, ¿se podría decir que estás creando tus pinturas?
Esta acción de arte comestible es muy particular porque parecen vidrios o cerámicas perfectas pero son el resultado de un trabajo muy azaroso porque no puedo manejar lo que va a suceder, cuando todo el resto de mi obra no tiene nada de aleatorio sino que está absolutamente controlado. Por eso este tipo de acciones son tan diferentes. Creo que de alguna manera entiendo a las tortas como mis pinturas, lo que es curioso porque hago todo menos eso.

Esa falta de control me recuerda a proyectos Rapsodia Inconclusa, la impresionante instalación que presentaste en La Bienal de Venecia en 2012, donde en una de las instancias habías presentado una pila de gotas de hielo que representaban a las lágrimas del pueblo que se despedía de Evita. Si bien es un detalle, me hace pensar en ese devenir efímero que no se manipula como la torta que desaparece al ser devorada.
Cuando el arte sólo se trata de conservar algo, te puede llegar a cansar o desilusionar. En cambio, acá el objetivo es crear un momento donde lo que queda en la mente es el recuerdo y, si encima es uno bueno, está destinado a transformarse en algo cada vez más lindo, porque tendemos a idealizar los recuerdos y hacerlos crecer en la nuestras mentes.
En las otras experiencias comestibles tuyas en las que participé siempre sentí que la gente la estaba pasando muy bien y quería quedarse. En estos tiempos, por momentos muy convulsos, no se me ocurre algo más positivo que regalarle a otros la posibilidad de unirse alrededor del goce.
Necesitamos más vivencias así donde la gente se acerque al arte, entendiendo que no todos van a museos y galerías. En un momento yo también me cuestioné esos universos porque no es fácil exponer o tener el espacio que uno quiere para poder mostrar su obra y compartir, algo que quiero hacer permanentemente. Mi respuesta fue diseñar este tipo de iniciativas, donde lo gastronómico encaja a la perfección porque es un mundo donde siempre hay mucha concurrencia. Creo que hay que acercarse a la gente y no esperar lo opuesto para ofrecerles la posibilidad de estar cerca de la belleza, los colores y las formas que responden a la naturaleza.
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Fotos por Delfina Sevitz.
