
Estamos a días que se termine el verano y es imposible no ponerse un poco melancólicos. Quienes hemos tenido la suerte de irnos de vacaciones sabemos que volver nunca es fácil: conectar de nuevo con las actividades de Buenos Aires cuesta (y mucho). Adiós a la temporada alta de birras al aire libre y planes que incluyen pileta. Esperar casi un año para volver a viajar, relajar y desconectar parece surrealista. ¿Se puede tener un verano eterno como cantaba Juan Ponce de León en Verano del ˈ98? Difícil, pero una escapada de pocos días tiene los condimentos ideales para volver a sentirse un poco de vacaciones. Esto fue lo que me sucedió durante los dos días que me alojé en el hotel Altos del Arapey Club de Golf & Hotel Termal, un resort de cinco estrellas que está ubicado en una zona de aguas termas del departamento de Salto (Uruguay). Las Termas del Arapey son la última joya uruguaya que los argentinos tienen que conocer. Un Uruguay distinto, sofisticado, a puro relax, y no tan obvio.

PALADARES FELICES Y ESE NO SE QUÉ INCREÍBLE DE LOS ALL INCLUSIVE
Después de haber viajado toda la noche, llego al hotel alrededor de las 7.30 de la mañana. Estoy sin servicio de datos en mi celular y eso es el puntapié inicial para poder desconectarme de la ciudad. Como todos los uruguayos, la recepcionista es súper amable y un muchacho me ayuda a subir mi equipaje a la habitación. Ingreso a mi cuarto y corro las cortinas de la ventana. La vista es impresionante. Mi balcón da al majestuoso campo de golf de 18 hoyos y 60 hectáreas del complejo. Tomo una ducha y bajo a desayunar. Si el desayuno – como dicen los nutricionistas – es una comida importante del día, sin duda acá lo saben: huevos revueltos, tostadas, fiambres, frutas, medialunas, yogures, jugos naturales y licuados. El resort cuenta con un sistema all inclusive de altísimo nivel, algo que compruebo durante mi estadía. Hay cuatro estaciones de “show cooking”: pasta, especialidades a la plancha, parrilla y horno a la pizza. Además, ofrecen salad bar y otras especialidades frías y calientes. Todos encuentran un menú acorde a su paladar y jamás, pero jamás algún comensal se quedara con hambre.


EL PUEBLO
A la mañana siguiente, me subo a una bicicleta y encaro para el pueblo de Arapey. Yanina, una de las chicas del hotel, me acompaña y se ofrece como guía. Me cuenta que en este lugar viven menos de 300 personas y la gran mayoría trabaja en actividades relacionadas con el turismo. En reiteradas oportunidades, varias personas la saludarán. Parece que estoy con una celebridad. Pasamos por la escuela del pueblo y por la zona de casas municipales. Lo que más me sorprende es la inmensa pileta de agua termal y libre acceso que se encuentra en el medio del pueblo. Hace más de 75 años se construyó para que los habitantes también pudiesen experimentar los beneficios de las termas. Hay chicos tirándose del tobogán y señoras tomando sol. Todos parecen disfrutar de este hermoso día soleado. Después de una parada en el camping, el recorrido llega a su fin. El tour es bastante corto porque el pueblo es bastante pequeño. Antes de volver al hotel, paro en un almacén para comprar uno de los mejores productos uruguayos: requesón. A la tarde, vuelvo a sumergirme en las piletas hasta que sea la hora de volver a casa y comienzo a pensar lo que será mi próxima escapada.
¿CÓMO LLEGAR?
Se puede acceder a las Termas del Arapey sólo por tierra. La empresa Flecha Bus tiene dos frecuencias semanales que salen de Retiro los días jueves y domingos por la noche. Ambos servicios llegan a la puerta del resort. Para el regreso, también hay dos servicios: viernes y lunes por la noche. Por otro lado, la empresa Coit tiene micros de Retiro a Salto los días lunes, martes, miércoles, viernes y sábados por la noche. En Salto, hay que contratar un remise para llegar al hotel. Para el regreso, tiene un servicio nocturno los días martes, miércoles, jueves, sábado y domingo que llega hasta Retiro.





