
Viajando al sur de Quintana Roo, el estado más famoso de México por Cancún, llegué a Bacalar. Un pequeño pueblo mágico de pescadores, no sólo por su historia y cultura, sino también, por esconder uno de los tesoros naturales más maravillosos: la Laguna de Bacalar. Más conocida como la ¨Laguna de los Siete Colores¨, formada por cenotes, pozos naturales de agua dulce – sagrados para la cultura Maya-, que dependiendo de la profundidad de cada uno se producen impresionantes diferentes matices desde el azul intenso hasta pasar por los turquesas, celestes, esmeraldas y verdes cristalinos. Una combinación de inimaginable belleza. Esta laguna tranquila, con arena blanca y suave, se encuentra rodeada de selva.
La primera sensación al llegar fue, sin dudas, lo especial del lugar, esos lugares que sin buscar se dejan encontrar, como algunos dicen que sucede con el amor. En este caso un amor de verano. Esa primer tarde nublada, contemplé como la asombrosa laguna absorbía los colores del cielo y la luz del atardecer, para teñirse de verde cristalino, violeta, azul y gris. El agua parecía la paleta de un pintor, con cada último rayo de sol, la laguna se teñía de un color. Muy emocionada, sabía que el día siguiente iba a ser un gran día.


«Esa primer tarde nublada, contemplé como la asombrosa laguna absorbía los colores del cielo y la luz del atardecer, para teñirse de verde cristalino, violeta, azul y gris. El agua parecía la paleta de un pintor.»
Durante el día se percibe un remanso de paz, donde cada minuto pasa de forma tranquila, generando esa sensación en la que se detienen las horas y todo parece estar en el mismo lugar, para poder dejar grabado en el recuerdo este paisaje. Rodeada de palmeras y árboles tropicales, mientras pasan las elegantes y sigilosas garzas, a cada hora del día, en cada puesta de sol hasta la luna de la noche, la multicolor laguna pasa del turquesa, verde esmeralda a transparente durante el día; al azul profundo y violeta mientras cae la luz. Bajo el resplandor de la luna llena, un manto plateado genera distintos tonos de grises que cerca de la orilla es transparente.

Es muy interesante visitar el pintoresco pueblo de Bacalar, con pequeñas casas de pescadores y calles arenosas casi sin pavimentar. En el centro se encuentra la plaza principal, lugar preferido para las reuniones y celebraciones locales, donde todas las noches tanto los residentes como los visitantes pueden bailar al ritmo del danzón, adquirir artesanías y saborear la comida yucateca en los restaurantes que rodean la plaza.

«Es muy interesante visitar el pintoresco pueblo de Bacalar, con pequeñas casas de pescadores y calles arenosas casi sin pavimentar. En el centro se encuentra la plaza principal donde todas las noches tanto los residentes como los visitantes pueden bailar al ritmo del danzón, adquirir artesanías y saborear la comida yucateca.»
Se puede visitar el Fuerte San Felipe, fortaleza que fue construida para detener los ataques de los piratas. Allí también se encuentra el Museo del Fuerte San Felipe para conocer la historia desde la época de los Mayas hasta la colonización.
Los lugareños son muy amables con los turistas, la mayoría conoce las historias de piratas y leyendas del lugar. Desde el pueblo, se puede ir caminando por la orilla de la laguna hasta llegar al Cenote Azul, uno de los cenotes abiertos más espectaculares de toda la península.
Fotos: Daniela Kronenberg, destacada Riviera Maya Blog, Hotel Rancho Encantado y restaurante y club de playa La Playita.