
Lejos del tumulto de gente y su fritura característica (tan injustamente deliciosa), el barrio chino de Belgrano está desarrollando también su lado gourmet. Con una historia que se remonta hacia fines de los años ochenta, cuando apenas se había instalado el primer supermercado y luego en los noventa la primer herboristería china, entre casitas bajas en un barrio residencial de clase media alta, hoy nuestro chinatown se expande con centros culturales, locales de indumentaria, salones de té, supermercados para todos los gustos y variadas propuestas gastronómicas. A los típicos bodegones mandarines y locales de comidas al paso se suman restaurantes con una cocina sofisticada y platos que solo se pueden degustar en esas cuatro manzanas de Belgrano. Con una fusión entre taiwaneses, chinos, tailandeses, coreanos y argentinos, les presentamos un recorrido con las propuestas más chic de este barrio.

Es así que hoy, al visitar el Buddha Ba, en la planta baja está el restaurante especializado en comida fusión asiática con argentina y el salón de té donde ofrecen distintas infusiones según la estación del año, siempre pensando en la comida como alimento para el alma, y donde también se dictan charlas sobre el té, su hisoria y su relación con la salud. En el primer piso se encuentra la galería de arte con salida a una terraza con un jardín oriental con infinitas variedades de bonsaii. Lo ideal es tomarse un té de jazmín en la vereda y dar una vuelta por la galería. “Las puertas están abiertas a artistas argentinos y chinos. No quiero cerrar las puertas a nadie. La casa tiene su alma y transmite cariño y recibe a todos los que la visitan”, concluye Margarita.

“Abrimos justo antes de la última navidad” dice en voz alta desde lejos uno de los cajeros de este nuevísimo supermercado dentro del barrio chino. Pero no es un super como cualquier otro. Su especialidad son los productos orgánicos y la comida saludable. “Por eso se llama Bio Market y además repartimos bolsas de papel madera en lugar de plástico, para cuidar el medio ambiente” explica Yi Feng la encargada del local. Nos cuenta que los dueños son taiwaneses y que abrieron este negocio a fines del año pasado con la idea de reunir en un mismo sitio los mejores y más variados productos nacionales e importados, enfocados en un estilo de vida sano y de conciencia con el medio ambiente “pero sin los olores de los otros supermercados y en un ambiente lindo y cuidado”.
Y es así. Con pisos blancos limpísimos y estantes de hierro cromado, encontramos una variedad infinita de tés, blends y cafés como los Twinings, HDR o los Leon de Poncho en sus variedades café de higo o café de algarrobo. Además, conservas para todos los gustos, media centena de variedades de aceite de oliva y salsas de soja, más de treinta variedades de miel y jugos orgánicos como Las Brisas, Natufresh o los suplementos dietarios de Forever. Made in USA encontramos ketchup Heinz y las famosas latas de Canada Dry y Dr. Pepper y desde Francia llegan las mostazas Grey Poupon y Maille. Al fondo, sobre unos estantes de madera, la vinoteca ofrece una selección de vinos, licores y bebidas blancas que provienen de Argentina, México, Rusia, Japón y China y una selección de vinos mendocinos orgánicos como el Vinecol o los Santa Irene. También se consiguen algunas verduras y quesos orgánicos, cientos de especies y sazones y, en el primer piso, tienen una selección de golosinas, snacks, cereales y productos para celíacos y diabéticos.

Con luces tenues, cañas de bambú, telas coloridas, ventiladores y sillas de ratán y mesas bajas con tatamis, el ambiente el Lotus Neo Thai es bien íntimo y tranquilo. Es que su dueña, Cecila Carena, es arquitecta y la encargada de la ambientación del lugar. Luego de un viaje a Tailandia, Cecilia quedó impresionada con la cultura y la comida del lugar y tuvo la necesidad de materializar todo lo que había visto, sentido y probado. Se formó en Suiza como chef e inauguró, hace más de quince años, el primer restaurante Thai de Argentina. Desde la cocina, dirigidos por Cecilia, los cocineros Luis Campos (peruano) y Gonzalo Aguirregabiria (argentino), explican que toda la comida es tailandesa pero que, inevitablemente, las distintas culturas se mezclan. La clave es combinar lo dulce con lo salado y lo agrio. Recomiendan probar el curry rojo de lomo, el curry de salmón y camarones y el curry de cordero o massaman a base de leche de coco, batata, cordero y maní. Otra opción son los pad thai, típico plato de fideos tailandeses. De postre recomiendan la mousse de banana o los buñuelos de banana con miel, coco rallado y helado de crema. Una noche cualquiera podría uno encontrar allí a Norma Aleandro o diplomáticos de la embajada de Tailandia, habitués incondicionales de Lotus.



Hace cuatro años, Tony Liu, uno de los comerciantes taiwaneses que se convirtió en referente entre sus colegas del barrio, decidió abrir un restaurante de comida china donde pudieran ir tanto argentinos como chinos y degustar platos típicos en un ambiente amplio, elegante y ambientado con sutiles detalles de Oriente. Es así que surgió China Rose, un negocio familiar, con cocineros que llegaron desde Fujian y Dalian y con el asesoramiento de la chef Michelle Clement. El salón tiene dos pisos y un pequeño patio al fondo. Es muy luminoso, los techos son altos y todos los detalles están cuidados. Las especialidades son el Pato Pekín, que debe ordenarse con un par de días de anticipación, el cerdo al lichi crocante y agridulce, el ají de pollo y el pez ardilla, abadejo frito en salsa agridulce. Los fines de semana se llena de familias y amigos que van a comer allí. En la semana es más tranquilo y se puede apreciar mejor el diseño del espacio.





