ASÍ ES LA MUESTRA DE PINTURAS SOBRE GUSTAVO CERATI EN EL CENTRO CULTURAL BORGES / POR GONZALO SÁNCHEZ SEGOVIA

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Las obras están pensadas desde las fotografías de Gustavo Cerati

 

ASÍ ES LA MUESTRA DE PINTURAS SOBRE GUSTAVO CERATI EN EL CENTRO CULTURAL BORGES. POR GONZALO SÁNCHEZ SEGOVIA. FOTOS: AZUL ARIAS. 

Como sucede con muchas de las grandes figuras de la música, la muerte de Gustavo Cerati produjo un redescubrimiento de su obra. A la artista Cecilia Mendoza (Cez, su seudónimo), ese repaso musical le provocó la necesidad de pintarlo. Así nacieron las obras que componen la muestra Un Maestro, una Causa, un Efecto, que se podrá ver, con entrada libre y gratuita, hasta el 11 de septiembre en el Centro Cultual Borges (Viamonte 527).
Las siete obras de la exhibición reproducen fotografías emblemáticas del músico ―sobre todo de su carrera solista― a las que Cez les dio su impronta. Las pinturas representan tapas de discos como Dynamo (Soda Stereo, 1992), Bocanada (1999), Siempre es hoy (2002) y Ahí vamos (2006). También hay una de Cerati en vivo, con su guitarra eléctrica Jackson, que utilizó en la primera etapa de Soda Stereo y en la última gira de la banda. La obra “Babel” se destaca por su tamaño en comparación con las demás.
Y la instalación “Lago en el cielo” es un laberinto inspirado en la canción de mismo nombre. “No fue algo planeado. Yo estaba en un proceso de aprendizaje, empezando a pintar como terapia, y coincidió con la muerte de Gustavo, miraba una foto de él y sentía que quería eso, pero pensaba cómo convertirlo en algo tangible, pintándolo ―le dijo Cez a MALEVA―, escuchando Bocanada encontré muchas referencias a Borges, en Siempre es hoy muchas a Nietzsche, simbologías en Fuerza Natural, temas que se reiteraban una y otra vez: el eterno retorno, el infinito”.

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Cez tiene Síndrome de Asperger y la pintura para ella también es una terapia creativa

«Las siete obras de la exhibición reproducen fotografías emblemáticas del músico ―sobre todo de su carrera solista― a las que Cez les dio su impronta. Las pinturas representan tapas de discos como Dynamo (Soda Stereo, 1992), Bocanada (1999), Siempre es hoy (2002) y Ahí vamos (2006).»
 

Cez empezó a pintar hace sólo tres años, a pedido de su esposo, que buscaba algo para que ella olvide su condición: unos años antes le habían diagnosticado Síndrome de Asperger. En ese momento, los médicos le aconsejaron dedicarse a tareas que explotaran su memoria, y no su creatividad, la cual, supuestamente, no tenía. Entonces se anotó en Abogacía. Pero promediando la carrera empezó a tener problemas. Le costaba sociabilizar con sus compañeros y daba la mayoría de las materias libres.
Pero también la pintura, eso que había empezado como un simple pedido de su esposo, ocupaba cada vez más espacio en su cabeza y desplazaba a todo lo demás. Tanto, que hasta decidió dejar su puesto en el banco donde trabajaba. “El Asperger no es una enfermedad, algunos dicen que es un trastorno. Yo creo que es una forma de ser que tengo. Me gusta mucho la soledad, estar en silencio. A veces la gente no lo comprende y se hace difícil. En un trabajo donde todos los días tenés que hablar con el otro para que se haga más ameno, se produce una desconexión. Con la pintura estoy horas y horas en silencio, pensando, trabajando en la computadora para después llevarlo al bastidor”, dijo Cez.

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Siempre es Hoy, tercer álbum solista de Gustavo Cerati

«Cez empezó a pintar hace sólo tres años, a pedido de su esposo, que buscaba algo para que ella olvide su condición: unos años antes le habían diagnosticado Síndrome de Asperger. En ese momento, los médicos le aconsejaron dedicarse a tareas que explotaran su memoria, y no su creatividad, la cual, supuestamente, no tenía.»

 
¿Cómo aprendiste a pintar?
Lo que es un interés común en otros, para las personas con Asperger se convierte en una obsesión. No es un fanatismo, va mucho más allá. Nos gusta mucho investigar. No fui a ningún taller, pero lo bueno es que hoy está todo a tu disposición en YouTube. Empecé a investigar los diferentes estilos, las líneas de las pinturas. Me casé y mi marido me empezó a acompañar más. Viajamos, algo que yo no había hecho hasta ese momento por miedo a subirme a un avión, fui a museos importantes. A medida que iba dominando el óleo, el tiempo de secado, las diferentes marcas, vi que podía hacer determinadas cosas con la pintura y comencé a darle mi impronta a los cuadros.
¿Qué buscaste en las fotos que elegiste para pintar?
La tapa de Bocanada, por ejemplo, es una fotografía similar a otra que le tomaron a René Magritte. Él intentó recrear eso. Si mirás la tapa del disco Gustavo no está, es él, pero al mismo tiempo no lo es, es su silueta. También jugó con una pintura de Magritte, “El hijo del hombre”. Esa pintura te provoca moverte para tratar de ver al hombre que está detrás de la manzana. Creo que Bocanada genera esa hipersensibilidad que juega con los elementos, los colores. Cuando empecé a pensar cómo pintarlo elegí un color turquesa, con el que pintaría el agua. Trabajé la imagen digitalmente, sectorizando y mezclando los colores. Me gusta encapsularlos, que sea puro, y que sea una mancha de color la que forma el cuadro. Si lo mirás de cerca parece una pintura abstracta, sin forma definida, y a medida que a te alejás aparece la imagen. Yo no sabía cómo iba quedar. Fui experimentando.

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La muestra cierra el 11 de septiembre

«La tapa de Bocanada, por ejemplo, es una fotografía similar a otra que le tomaron a René Magritte. Él intentó recrear eso. Si mirás la tapa del disco Gustavo no está, es él, pero al mismo tiempo no lo es, es su silueta. »
 

Antes de su muerte, ¿cómo era tu relación con la obra de Gustavo Cerati?
Desde que tengo uso de razón conozco a Soda Stereo. Crecí con esa banda. Le gustaba a mi tía, que lloraba escuchando sus canciones cuando era adolescente. Siempre lo vi desde el otro lado, no comprendía la emoción que generaba, porque a mí que me cuesta empatizar. Su carrera solista la descubrí a los nueve años, cuando me prestaron el CD de Amor Amarillo. Me encantó. Para mí se abrió un mundo. Creo que todos nos acostumbramos a que él estaba, editaba discos, cambiaba el sonido, siempre sacaba algo diferente, novedoso. Cuando falleció se generó eso de apreciar lo que ya no se tiene. Ahí redescubrí algo que había pasado por alto. Esta obsesión de buscar y ver qué le gustaba también me llevó a contactarme con los fans. Traté de comprenderlos porque en realidad nunca tuve fanatismo por nada.
¿Cuáles son tus planes para el futuro?
Ahora estoy trabajando en unas pinturas hiperrealistas de contorsionistas, inspiradas en una puesta en escena que realizó Anton Corbijn para la última gira de Depeche Mode. Las filmó desde una perspectiva nueva, parece que están en el agua, pero en realidad están presionadas contra un vidrio. Les estoy dando mi impronta. Son tres pinturas, que junto a otras cuatro, también tomadas de Corbijn, las voy a exponer en Madrid, Barcelona y Paris entre octubre y noviembre, en mi gira Devoción.

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