UNA REFLEXIÓN ENTRE LAS DUNAS DE CALIFORNIA: ASÍ ES LA MUESTRA FOTOGRÁFICA "DESIERTO" DE LISANDRO ALOI EN EL MARQ / POR SOL DI VITO

 
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UNA REFLEXIÓN ENTRE LAS DUNAS DE CALIFORNIA: ASÍ ES LA MUESTRA FOTOGRÁFICA “DESIERTO” DE LISANDRO ALOI EN EL MARQ. POR SOL DI VITO.

Se necesitó un viajero, un arquitecto, un fotógrafo, un músico y un artesano para llegar a la muestra que se encuentra hoy en el Museo de Arquitectura y Diseño (Av. Del Libertador 999). Se necesitó a alguien como Lisandro Aloi, un atípico todo-en-uno del mundo del arte que confiesa considerarse como “un aventurero, más como estigma que como estandarte del cual estoy orgulloso; quisiera ser un Árbol”. Criollo que divide su tiempo entre su patria y Los Ángeles, este, entre sus tantas designaciones, productor audiovisual presentó su libro “Desierto” y la muestra del mismo nombre el pasado 19 de abril.
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Con más de cuarenta obras fotográficas, se trata de una curiosa bitácora de viajes realizados entre el 2015 y el 2018 a las Dunas de Algodón en el sur de California. En los tres años de cocción que llevaron a esta exposición, Aloi realizó distintas instalaciones en el desierto con reglas de medición, fotografías antiguas y sellos obtenidos en mercados de pulgas en distintos países del mundo. “Estos elementos y escenas en el desierto dan forma a metáforas de realidades cotidianas que al no tenerlas presentes nos exponen a frustraciones y a vivir distraídos con respecto al potencial de disfrute y crecimiento o autoconocimiento que hay en nuestros caminos”, explica. Con cámaras de 35mm, juegos de lentes e incluso rollos vencidos, este artista multidisciplinario no utilizó ningún retoque digital para modificar las obras que se pueden descubrir hasta el domingo 6 de mayo en aquella ex torre de agua que hoy funciona como museo.
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“Con más de cuarenta obras fotográficas, se trata de una curiosa bitácora de viajes realizados entre el 2015 y el 2018 en las Dunas de Algodón en el sur de California. En los tres años de cocción que llevaron a esta exposición, Aloi realizó distintas instalaciones en el desierto con reglas de medición, fotografías antiguas y sellos obtenidos en mercados de pulgas en distintos países del mundo.”

Una fila de reglas que representan los momentos más importantes de su vida -como las veces que leyó El Principito y cuando “tiró de la cola de su perro”- sobre el horizonte de una duna californiana es la imagen principal de la muestra. Nacido “un poco de la necesidad y otro poco de la búsqueda”, a este proyecto curado por Marina Furlanetto se lo puede definir como un intento de visibilizar el concepto de desapego: “representa todas esas reglas, objetivos a largo plazo, mandatos y obligaciones que acompañan la vida y que se van como arena entre las manos”. Un complicado juego de técnicas, una investigación visual y una exploración reiterativa, en la que incluso la veta musical de Aloi tuvo su parte. “Creo que todos los procesos creativos tienen distintos ‘métodos’ que se enriquecen entre sí. Más gráficamente, el ritmo está muy presente en estas imágenes”, revela. “La discográfica con la que tengo contrato en Los Ángeles me reclama un tercer disco y yo les mando fotitos del desierto y les digo: ‘¿no ven el ritmo?’”. “En un sacrificio extraño -que remite acaso al origen común del arte y de la magia -, Lisandro Aloi entregó sus dispositivos de cómputo y sus máquinas de registro a las inclemencias de los desiertos del oeste”, se lee en el texto curatorial. Y es en esta entrega desinteresada que Aloi encontró sosiego. “Cuando ciertos aspectos de nuestros diálogos internos están desequilibrados, o hay sensación de inconformismo e incomodidad”, admite, “este tipo de proyectos liberan cierta energía reflexiva que necesito compartir de algún modo”. ¿Y de qué se trata esta reflexión que tanto quiso expresar? Todos al MARQ a descubrirlo.
Fotos: gentileza Lisandro Aloi.
 

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