¿POR QUÉ HOY EL ARTE NO GUSTA (AUNQUE NADIE SE ANIME A DECIRLO EN VOZ ALTA)? / POR SANTIAGO ENEAS CASANELLO

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¿POR QUÉ HOY EL ARTE NO GUSTA (AUNQUE NADIE SE ANIME A DECIRLO EN VOZ ALTA)? / POR SANTIAGO ENEAS CASANELLO.

¿A vos te gustó? En serio decime, a mí me parece un desastre”, me preguntó – como buscando solidaridad -, una buena conocida que me crucé en la pre inauguración de arteBA, en la exuberancia de decenas de galerías argentinas y del mundo, de obras nada que ver – que van desde cuadros de Clorindo Testa hasta unos performers que simulan masturbarse con cascos de realidad virtual -, de chicos fashionistas con sombreros y chicas elegantes con trenchs de cuero, que subían historias a sus Instagrams, y brindaban con latas de cerveza.
Mi conocida me preguntó eso en voz baja y mirando hacia los costados: porque cuando uno no comprende, o no se conmueve, o no acepta el arte de nuestros días, corre el riesgo de parecer un gil, o peor, alguien que no está, ni estética ni cultural ni socialmente a la altura de la ególotra crema de la escena arty. De hecho, también pensé bastante antes de exponerme con estas líneas. ¿Puedo escribir sobre arte si no soy especialista? Pero esta reflexión no es sobre arte sino que es sobre lo que las obras contemporáneas del año 2018 provocan entre quiénes no somos ni artistas, ni curadores, ni galeristas, y es una mezcla de perplejidad, de incredulidad, de tedio y sobre todo de desconfianza.

 ¿Puedo escribir sobre arte si no soy especialista? Pero esta reflexión no es sobre arte sino que es sobre lo que las obras contemporáneas del año 2018 provocan entre quiénes no somos ni artistas, ni curadores, ni galeristas, y es una mezcla de perpelijdad, de incredulidad, de tedio y sobre todo de desconfianza.”

“Perdón, tal vez soy yo que no sé, pero una sábana colgando del techo ¿Es arte o es una chantada?”, me dijo al oído (insisto ¿se dan cuenta que pareciera que hoy nadie se atreve a opinar sobre una obra inentendible y tal vez mediocre en voz alta?), una amiga el fin de semana, en una galería de la Boca construida en un enorme galpón, a pasos de las aguas verdosas que tiene el Riachuelo cuando la marea es alta.
El arte que ustedes crean, artistas: ¿Desde cuándo se volvió algo que a una mayoría vergonzosa y silenciosa no nos gusta? ¿Para quiénes crean obra entonces? ¿Sólo para quiénes manejan un registro sensorial críptico y elitista? Pongamos sobre la mesa algo: gran parte del arte contemporáneo y joven hoy no es provocador -, de hecho en términos políticos es distante y más bien conservador -, el mingitorio de Duchamp ya cumplió un siglo y un año, y lo que muchísimos no se animan a decir es que mucho del arte hoy es una producción mediocre, un juego bizarro, una burbuja que si fuera financiera dejaría a todos sin un peso cuando se pinche: ¿dónde está la técnica maravillosa? ¿la rebeldía temática de los maestros? ¿La belleza? No, en serio: ¿y la belleza?
Una remera blanca con un rectángulo verde colgada de una percha, un celular con la pantalla rota, un lienzo blanco con una figura geométrica roja mal pintada, una foto de una palmera plantada en una playa. Obras que seguro todas tienen un rarísimo story telling curatorial que las legitima y les pone precio, pero ¿Por qué hoy es necesario que una obra se explique tanto? ¿Por qué sin un texto al costado que la traduzca (y eso que también es asfixiante seguir el hilo de lo que escribe la mayoría de los curadores) no hay chances de asimilarlas o que te produzcan un toque más?

“El arte que ustedes crean y exponen, artistas: ¿Desde cuándo se volvió algo que a una mayoría vergonzosa y silenciosa no nos gusta? ¿Para quiénes crean obra entonces? ¿Sólo para quiénes manejan un registro sensorial críptico y elitista? Pongamos sobre la mesa algo: gran parte del arte contemporáneo y joven hoy no es provocador…”

Y lo mejor es que lo que pienso, lo piensan incluso quienes en serio, a diferencia mía, tienen herramientas teóricas y experiencia para opinar: porque una galerista prestigiosa de Buenos Aires también me comentó que – aunque no pueda decírselo a sus amigotes del mundillo del arte -, hoy gran parte de las obras que se producen le parecen “una chantada”. Palabras que se repiten: chanta, chantada. “Sin el arte, moriríamos de verdad”, escribió Nietzche. Y por eso está bueno que una obra no sea literal, no sea un simple ensayo, que rompa con el statu quo. El hombre empezó a dejar de ser un animal como los otros, cuando nuestros tatara dibujaron las cavernas. Me encantaría volver a ver obras que sean un reposo del alma y que me provoquen admiración. De manera instintiva y genuina.
Fotos: Flick R Creative Commons Nick Kenrick