¿A DÓNDE VAN LOS EX NOVIOS SIN REDES SOCIALES? POR ANA LAURA CARUSO / ILUSTRACIONES: VERO ESCALANTE

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Los ex novios/as sin redes sociales quedan en un limbo donde no existe el tiempo
 

¿A DÓNDE VAN LOS EX NOVIOS SIN REDES SOCIALES? POR ANA LAURA CARUSO / ILUSTRACIONES: VERO ESCALANTE.

#TeAmoYoTampoco #SextaEntrega
Hay un lugar peor que el infierno. Es el limbo de los ex novios que no tienen redes sociales. Allí van a parar todos los hombres y mujeres que no comparten su vida privada en Internet. Una subespecie extraña, quizás más sana, que se mueve igual que hace dos décadas, cuando no se podía entrar a Twitter a ver en qué estaba el otro, cuando Instagram no nos mostraba los mejores momentos de su vida, ni Linkedin nos avisaba si había cambiado de trabajo.
Yo salí con una persona así por dos años. Una rara avis que no necesitaba mirar su celular cada treinta segundos ni compartir una foto de su almuerzo con cientos de desconocidos. Valentín era actuario y me llevaba diez años. Estructurado, decidido y ambicioso, parecía tener su vida resuelta, mientras yo todavía estudiaba, vivía con mis padres y no sabía lo que quería. Todos en mi familia lo adoraban pero un día las peleas se hicieron más frecuentes, la relación se desgastó y nos planteamos poner el punto final. O al menos, en eso estábamos…
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“Hay un lugar peor que el infierno. Es el limbo de los ex novios que no tienen redes sociales. Allí van a parar todos los hombres y mujeres que no comparten su vida privada en Internet…yo salí con una persona así por dos años. Una rara avis que no necesitaba mirar su celular cada treinta segundos ni compartir una foto de su almuerzo con cientos de desconocidos.”

Un viernes a la tarde pasé a buscar lo que me quedaba por su departamento de Villa Urquiza: un secador de pelo, el scrabble, un disco de Los Beatles, una remera de Las chicas superpoderosas, un libro de John Cheever, un cepillo de dientes, un mazo de cartas con ilustraciones de Robert Crumb, un paraguas transparente y un delantal de cocina con banderas de distintos países. Nos quedamos charlando. Estaba distinto: tomaba fernet, quería bailar… Yo no lograba relajarme, me perturbaba demasiado el cambio.
A los pocos días, me fui a Bariloche a por dos semanas. Lo extrañé durante el viaje y traté de comunicarme con él pero su celular estaba siempre apagado. Cuando volví, le escribí porque me había olvidado un libro de historietas de Matt Groening en su casa (eran excusas, quería verlo). Me contestó al día siguiente: se había ido a vivir a Suiza. Le habían ofrecido un traslado en la multinacional para la que trabajaba y no había querido dejar pasar la oportunidad. En su mail, decía que prefería no hablar más, que iba a empezar una vida nueva y que sus sentimientos habían cambiado. La frase de despedida era “mucha suerte y éxitos”, como si me estuviera echando del trabajo. ¿Cómo podía haberse ido vivir a Europa de un día para el otro? Después de pasar dos veranos y dos inviernos en Ostende, de buscar departamento para vivir juntos, de pensar el nombre de nuestros futuros hijos. Mucha suerte y éxitos.
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“Pasaron diez años desde esa ruptura, desde que se esfumó. Está vivo, sí, pero offline, flotando en el limbo de los ex novios sin redes sociales. En ese lugar está todo lo que quedó por decirse…no hay canas, no hay kilos de más, no hay hijos, no hay parejas nuevas. En ese limbo nadie envejece, nadie madura, el otro está igual que siempre…”

Fue la última vez que nos contactamos. Valentín desapareció de la faz de la tierra. A los pocos amigos que teníamos en común les fui perdiendo el rastro. Algunos se fueron a vivir afuera, otros, en pareja, se separaron. Mi orgullo no me permitió preguntar demasiado. Igual, no hubiera podido averiguar nada. A veces me acuerdo de él y lo busco en internet: Valentín Marinelli. Nada. En redes: @vmarinelli. Nada. Busco a la hermana. Ella sí tiene Facebook. Pero no tiene nada público. ¿Y los amigos? Algunos tienen una vida online pero Valentín no parece formar parte. De otros ya ni me acuerdo el nombre. ¿Se habrá dejado de ver también con ellos? ¿Tan drástica fue la necesidad de cortar con todo? ¿Y de mí qué tanto sabe?
A veces sueño con él. Cosas terribles, por lo general. Hace poco soñé que se quemaba la cara con cenizas después de la erupción de un volcán y me angustiaba pensar que había viajado tan lejos para terminar así. Otras veces sueño que nunca nos separamos y me despierto confundida.
Pasaron diez años desde esa ruptura, desde que se esfumó. Está vivo, sí, pero offline, flotando en el limbo de los ex novios sin redes sociales. En ese lugar está todo lo que quedó por decirse, el café al año siguiente para ver qué es de la vida del otro, para reafirmar que estuvo bien separarse o para confundir aún más las cosas y volver. No hay canas, no hay kilos de más, no hay hijos, no hay parejas nuevas. En ese limbo nadie envejece, nadie madura, el otro está igual que siempre. En este mundo, en cambio, solo queda la ausencia, las dudas, el vacío en el pecho y un recuerdo que se vuelve cada día más dulce porque, como dice una canción catalana, el olvido borra la otra mitad.

SOBRE VERO ESCALANTE:

VE

Es ilustradora y Directora de arte, estudió Diseño de Indumentaria en la Universidad de Buenos Aires. Trabaja desde hace doce años en distintos estudios y agencias, y hace cinco años de forma independiente, con una amplia experiencia en las áreas de diseño, ilustración y artes visuales. El estilo de Vero es vibrante, fresco y experimental, su lista de clientes incluye marcas como Adidas, Johnnie Walker Blue Label, The New York Times, Pinterest, Coca-Cola, The Ritz-Carlton NY, Nylon Mag ,entre otros. Sus ilustraciones fueron publicadas en mas de veinte libros de ilustración y diseño. Expone sus obras en muestras individuales y grupales desde el 2009.